La noche estrellada de Van Gogh: dónde está expuesta y qué se ve en ella
Mucha gente da por hecho que La noche estrellada está en Ámsterdam, en el Museo Van Gogh. No lo está. Nunca lo ha estado. El cuadro se encuentra en Nueva York desde 1941, y esa confusión es probablemente el error más repetido sobre esta obra.
Datos clave
- Artista: Vincent van Gogh (1853–1890)
- Año: junio de 1889
- Técnica: Óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 73,7 × 92,1 cm
- Movimiento: Posimpresionismo
- Dónde está: Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York
¿Dónde está expuesta La noche estrellada?
En el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, en el 11 West 53rd Street, Manhattan.
Forma parte de la colección permanente y se expone habitualmente en las salas de pintura y escultura de la quinta planta. El MoMA reorganiza sus salas con cierta frecuencia, así que conviene comprobar la ubicación exacta en la web del museo el mismo día de la visita.
Por qué mucha gente la busca en Ámsterdam
El Museo Van Gogh de Ámsterdam tiene la mayor colección del artista del mundo: más de doscientas pinturas y centenares de dibujos. Es una suposición razonable que su obra más famosa esté allí. Pero no es el caso.
Sí conviene saber que existe otra pintura con nombre parecido: Noche estrellada sobre el Ródano, de 1888, que está en el Musée d’Orsay de París. Es un cuadro distinto, pintado un año antes y en otra ciudad. Buena parte de la confusión viene de ahí.
Consejos prácticos
El cuadro es uno de los puntos con más aglomeración del museo. Hay casi siempre gente delante. Si puedes, ve entre semana y a primera hora, o al final de la tarde. El MoMA abre todos los días.
Una advertencia útil: la obra es más pequeña de lo que casi todo el mundo espera. Setenta y tres por noventa y dos centímetros. Quien llega imaginando un lienzo monumental suele quedarse desconcertado unos segundos.
Lo que se ve desde aquella ventana, y lo que no
Van Gogh pintó este cuadro desde el asilo de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint-Rémy-de-Provence, donde ingresó voluntariamente en mayo de 1889. La ventana de su habitación tenía barrotes y daba al este.
Ahora bien, conviene separar lo real de lo inventado:
- Real: la línea de colinas de los Alpilles al fondo. Van Gogh las pintó varias veces desde la misma ventana.
- Real, pero desplazado: los cipreses. Existían en los alrededores, pero en la vista real no ocupaban ese primer plano ni esa escala.
- Inventado: el pueblo del valle. La iglesia de campanario afilado no corresponde a ninguna construcción provenzal; su forma recuerda a las iglesias de los Países Bajos.
- Inventado: el cielo. Ninguna configuración astronómica real coincide con lo que aparece pintado.
Es decir, no es una vista. Es una vista más lo que Van Gogh decidió añadirle.
La estrella de la mañana
Hay un elemento del cuadro que sí tiene un origen documentado. En una carta a su hermano Theo escrita esa primavera, Van Gogh cuenta que había mirado el campo desde su ventana mucho antes del amanecer, cuando no se veía nada salvo el lucero del alba, que le pareció enormemente grande.
Ese lucero es Venus, visible en el cielo de Provenza en aquellas semanas. En el cuadro se corresponde con el punto luminoso más grande, situado a la izquierda, junto al ciprés. No es una estrella cualquiera: es el único astro del lienzo que puede rastrearse hasta una observación concreta.
El cielo en movimiento
Las espirales que recorren el firmamento son lo primero que todo el mundo recuerda. Van Gogh las construyó con pinceladas cortas, curvas y muy cargadas de materia, aplicadas en direcciones que se enfrentan entre sí.
Se ha señalado en varias ocasiones que estos remolinos guardan un parecido llamativo con la representación matemática de la turbulencia en fluidos. Conviene tomarlo con cautela: es una observación sugerente, no una demostración, y no hay razón para pensar que Van Gogh persiguiera nada parecido. Lo que sí buscaba, según sus propias cartas, era pintar la noche como algo vivo y no como una ausencia de luz.
Van Gogh no estaba satisfecho
Este es un detalle que suele sorprender. En su correspondencia, Van Gogh se refirió a sus estudios nocturnos con una mezcla de interés y decepción, y llegó a calificar el resultado de exagerado o fallido. La obra que hoy encabeza cualquier lista de pinturas imprescindibles no le parecía a su autor un logro.
Merece la pena tenerlo presente cuando se está delante del cuadro. Lo que vemos como una declaración cerrada y perfecta era, para quien lo pintó, un experimento que no había terminado de salir.
Sobre Vincent van Gogh
Nació en Zundert, en los Países Bajos, en 1853. No empezó a pintar en serio hasta los veintisiete años, después de trabajar como marchante, maestro y predicador. En poco más de una década produjo alrededor de dos mil obras entre pinturas y dibujos. Murió en Auvers-sur-Oise en julio de 1890, a los treinta y siete años.
Dos precisiones que casi siempre se cuentan mal:
No vendió un solo cuadro en vida. Es la leyenda más repetida sobre él y es falsa. La viña roja, comprada por la pintora Anna Boch en 1890, es la venta mejor documentada, pero hay constancia de otras ventas e intercambios. Lo cierto es que tuvo muy poco éxito comercial, no que careciera absolutamente de él.
Su enfermedad no tiene diagnóstico establecido. Se han propuesto epilepsia del lóbulo temporal, trastorno bipolar, porfiria, intoxicación por absenta y varias hipótesis más. Ninguna está confirmada, y diagnosticar retrospectivamente a partir de cartas es un ejercicio poco fiable. Lo documentado es que sufrió crisis graves y recurrentes, y que él mismo buscó ayuda ingresando en Saint-Rémy.
Cómo llegó al MoMA
El cuadro entró en la colección del Museum of Modern Art en 1941 a través del legado testamentario de Lillie P. Bliss, coleccionista y una de las tres mujeres que fundaron el museo en 1929.
El MoMA acababa de cumplir doce años. Adquirir esta obra en ese momento contribuyó a fijar la idea, entonces discutida, de que el arte de finales del siglo XIX pertenecía ya a la historia del arte moderno y no a la actualidad.
Una nota final
Van Gogh pasó en Saint-Rémy poco más de un año y produjo allí unas ciento cincuenta pinturas. Es un ritmo difícil de asimilar: casi una obra cada dos días, desde una habitación de un centro psiquiátrico, con la vista limitada a un jardín, unas colinas y un trozo de cielo.
La noche estrellada es una de esas ciento cincuenta. No la que él consideró mejor, ni la que más trabajó. Simplemente la que el mundo eligió después.
Imagen: La noche estrellada – Vincent van Gogh (1889). Licencia: Public Domain. Fuente: Wikimedia Commons.
