Sunflowers by Vincent van Gogh, 1888

Los girasoles (Van Gogh)

El 14 de octubre de 2022, dos activistas de Just Stop Oil vaciaron dos latas de sopa de tomate Heinz sobre este cuadro y se pegaron con cola a la pared. El lienzo sobrevivió porque estaba tras cristal; el marco italiano del siglo XVII, que el fiscal describió como una obra de arte en sí mismo, sufrió daños valorados en unas diez mil libras. En septiembre de 2024 el juez Christopher Hehir les dijo que habían estado «a la anchura de un panel de cristal» de destruir una de las obras más valiosas del mundo, y las condenó a dos años y a veinte meses de prisión. El mismo día, horas después, otros tres activistas repitieron la acción en la exposición que el museo dedicaba a Van Gogh, esta vez contra dos versiones de los girasoles a la vez.

Datos clave

  • Artista: Vincent van Gogh (1853–1890)
  • Fecha: agosto de 1888, Arlés
  • Técnica: óleo sobre lienzo, con empaste espeso
  • Dimensiones: 92,1 × 73 cm
  • Flores: quince, sobre fondo amarillo
  • Movimiento: Posimpresionismo
  • Ubicación: National Gallery, Londres – NG3863. Comprado a la familia del pintor en 1924
  • Versiones de Arlés: siete pintadas, cinco expuestas, una destruida

Las siete versiones, ordenadas

Esto es lo que más confusión genera, y merece aclararse de una vez.

Hay dos series distintas. La de París, 1887, con girasoles cortados tumbados en el suelo — cuatro cuadros, de fondo oscuro, muy diferentes. Y la de Arlés, con las flores en un jarrón, que es la famosa.

La de Arlés tiene dos tiempos:

Agosto de 1888. Van Gogh pintó cuatro lienzos en una semana, a toda velocidad, «con el entusiasmo de un marsellés comiendo bullabesa», según escribió a Theo. Los girasoles se marchitan en días y trabajaba contra el reloj, empezando al amanecer. De esos cuatro, dos son los buenos: uno con quince flores sobre fondo amarillo — este, el de Londres — y otro con catorce sobre fondo azul verdoso, hoy en Múnich.

Enero de 1889. Ya después de la crisis y la oreja, Van Gogh hizo tres repeticiones de sus propios cuadros. No son copias mecánicas: introdujo cambios. Están en Ámsterdam, en Filadelfia y en Tokio.

Y una ya no existe. La versión de seis flores, que había comprado un coleccionista japonés, ardió en agosto de 1945 en Ashiya, cerca de Kobe, durante un bombardeo estadounidense. Se conoce solo por fotografías en blanco y negro.

Para quién se pintaron

No fueron un capricho decorativo. Fueron una campaña de seducción.

Van Gogh había alquilado la Casa Amarilla de Arlés con la idea de fundar un taller de artistas del sur, y llevaba meses insistiendo a Paul Gauguin para que se instalara con él. Cuando Gauguin aceptó, Vincent se puso a decorar la casa, y en concreto la habitación que iba a ocupar su invitado.

Escribió a Theo que quería llenarla de girasoles: «nada más que grandes girasoles», doce o catorce lienzos en total, «una sinfonía en azul y amarillo». La idea era que Gauguin entrara en un cuarto tapizado de sol.

Gauguin llegó el 23 de octubre de 1888. En noviembre pintó a Vincent pintando girasoles — el retrato está en el Museo Van Gogh de Ámsterdam — y a Vincent no le gustó: dijo que ese era él, «pero yo vuelto loco».

La convivencia duró nueve semanas. El 23 de diciembre, tras una discusión, Van Gogh se cortó parte de la oreja izquierda y Gauguin se marchó de Arlés para no volver. Los girasoles son la decoración de un proyecto que fracasó.

Gauguin pidió después uno de los cuadros como recuerdo. Van Gogh se negó a darle los dos mejores y le ofreció una repetición.

Simbolismo y en qué fijarse

Amarillo sobre amarillo. Es la proeza técnica del cuadro. Fondo, mesa, jarrón y flores están en la misma familia cromática, y todo sigue leyéndose. Van Gogh lo consiguió con tres amarillos distintos y con la textura: donde no puede separar por color, separa por relieve.

El ciclo completo. Cuenta las cabezas: hay capullos cerrados, flores en plenitud, corolas ya deshojadas y una completamente seca, con las semillas a la vista. Es un bodegón que contiene el tiempo entero de una flor.

El empaste. En algunas cabezas la pintura sobresale varios milímetros del lienzo. Van Gogh trabajó con pincel y a veces directamente con el tubo. Mira el cuadro desde un ángulo lateral: el relieve se ve.

La línea del jarrón. Una raya horizontal divide la vasija en dos tonos y separa la mesa del fondo. Es la única frontera clara de toda la composición.

La firma. «Vincent», a secas, pintada sobre el jarrón. Firmaba con el nombre de pila porque, decía, los franceses no sabían pronunciar «Van Gogh».

El color que ya no es el que fue. Este es el punto incómodo. Van Gogh usó amarillos de cromo, pigmentos industriales nuevos y baratos, brillantes y químicamente inestables. Con la luz se oscurecen y viran a un pardo oliváceo, y el proceso es irreversible. Los análisis de laboratorio lo han confirmado en varias versiones. El cuadro que vemos es más apagado que el que Gauguin vio en su habitación.

Por esa razón el Museo Van Gogh de Ámsterdam anunció que ya no prestará su versión: cada viaje la expone a luz y a vibraciones que aceleran la degradación.

Contexto histórico

Van Gogh llegó a Arlés en febrero de 1888 buscando la luz del sur y algo parecido a Japón. En quince meses pintó unas doscientas obras: los almendros, el puente de Langlois, la siega, su dormitorio, la terraza del café, el Ródano de noche.

El girasol no era un tema neutro para él. Ya lo había pintado en París, y en sus cartas lo asocia a la gratitud y a la amistad. En la tradición holandesa era además símbolo de devoción — la flor que sigue al sol — y en la pintura de bodegones, un motivo humilde, casi rústico.

Van Gogh sabía que estaba haciendo algo suyo. Escribió a Theo que si Manet tenía sus peonías y Quost sus malvarrosas, «el girasol es un poco mío».

Sobre Vincent van Gogh

Nació en Zundert, en el Brabante holandés, en 1853, hijo de un pastor. Fue marchante en La Haya, Londres y París; maestro en Inglaterra; predicador entre los mineros belgas. Empezó a pintar a los veintisiete años y murió a los treinta y siete.

En esos diez años hizo unas novecientas pinturas y más de mil dibujos. Vendió muy poco en vida y vivió del dinero de su hermano Theo, con quien mantuvo una correspondencia de más de ochocientas cartas que hoy es la mejor fuente que existe sobre un pintor.

Murió en Auvers-sur-Oise el 29 de julio de 1890, dos días después de dispararse en el pecho. Theo murió seis meses más tarde. Fue Johanna Bonger, la viuda de Theo, quien conservó los cuadros y las cartas, las publicó y organizó las exposiciones que crearon la reputación de Vincent. Sin ella no habría Van Gogh.

Este cuadro se lo compró la National Gallery en 1924 a la familia. Johanna había muerto un año antes.

Legado e influencia

El bodegón de flores era, antes de esto, el género menor por excelencia: ejercicio de virtuosismo, encargo decorativo, pintura para comedores. Van Gogh lo convirtió en un retrato. Después de él, Matisse y los fauves, los expresionistas alemanes y buena parte del siglo XX pintan objetos como si tuvieran temperatura emocional.

Y hay una fecha que cambió el mercado del arte. El 30 de marzo de 1987, en Christie’s de Londres, una de las repeticiones de enero de 1889 se vendió por 24,75 millones de libras — unos 39,9 millones de dólares, casi cuatro veces el récord anterior para cualquier obra de arte. La compró una aseguradora japonesa, Yasuda, y hoy está en el Museo Sompo de Tokio. Aquella cifra abrió la burbuja del arte de los años ochenta y convirtió el precio en noticia de portada.

En cultura popular, los girasoles están en pósteres, tazas, camisetas y en el imaginario global de «cuadro bonito». Esa omnipresencia tiene un efecto secundario: hace muy difícil mirarlos de verdad. Verlos en persona, con el relieve y los amarillos ensuciados por el tiempo, es una experiencia bastante distinta de la que anuncia la taza.

¿Y en España?

No hay ninguna versión de los girasoles en España, pero sí hay Van Gogh, y de la mejor época.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva Les Vessenots en Auvers, un paisaje pintado en mayo de 1890, en las últimas semanas de su vida, y que perteneció al doctor Gachet. Está en la sala 34 de la primera planta, y es la única forma de ver de cerca en España la pincelada que aquí construye los pétalos.

Y hay una conexión menos evidente. La luz que Van Gogh fue a buscar al sur es la misma que Sorolla pintaba en Valencia por esos años. Ambos salieron al aire libre, ambos cargaron el pincel, ambos renunciaron a la sombra gris en favor de la sombra de color. El Museo Sorolla de Madrid, en la casa y el jardín del pintor, es el lugar donde ver en España qué significa pintar la luz mediterránea del natural.

Para las cartas, existe la edición completa en español, con los dibujos incluidos: es el mejor comentario que se ha escrito sobre este cuadro, y lo escribió el autor.

Dónde verlo hoy

Está en la National Gallery, en Trafalgar Square, Londres. Metro Charing Cross o Leicester Square.

  • La entrada es gratuita, como en todos los museos nacionales británicos. Se recomienda reservar en fines de semana para evitar la cola de seguridad.
  • Abre todos los días de 10 a 18; los viernes hasta las 21. Cierra el 24, 25 y 26 de diciembre y el 1 de enero.
  • En mayo de 2025 el museo reabrió el ala Sainsbury y recolgó toda la colección. La numeración de salas ha cambiado respecto a las guías anteriores: comprueba el plano a la entrada o la ficha de la obra en la web.
  • Está tras cristal desde antes de 2022 — eso es lo que lo salvó — y con vigilancia reforzada. El reflejo molesta: colócate ligeramente de lado.
  • Mira el relieve. Desde un ángulo rasante, el empaste proyecta sombra propia. Es lo que ninguna reproducción transmite y lo que justifica el viaje.
  • Ve un viernes a partir de las 19. Las salas de posimpresionismo, llenas de grupos por la mañana, se vacían.
  • En el mismo museo, a pocos metros, La carreta de heno de Constable, El Temerario de Turner y El matrimonio Arnolfini de Van Eyck.

Las otras versiones: Museo Van Gogh de Ámsterdam — que ya no la presta —, Neue Pinakothek de Múnich, Philadelphia Museum of Art y Museo Sompo de Tokio. Y en Arlés, la Fundación Van Gogh y el recorrido señalizado por los lugares que pintó; la Casa Amarilla no existe: la destruyó un bombardeo aliado en junio de 1944.

Esta obra existe en más de una versión. Si te interesa saber cuántas hay, dónde están y cómo distinguirlas, tenemos una guía completa: obras famosas con varias versiones.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas versiones hay?

De la serie de Arlés, siete: cuatro pintadas en agosto de 1888 y tres repeticiones de enero de 1889. Cinco se exponen — Londres, Ámsterdam, Múnich, Filadelfia y Tokio — y una ardió en 1945 en un bombardeo sobre Japón. Además existe una serie anterior, pintada en París en 1887, con las flores tumbadas en el suelo.

¿Para qué los pintó?

Para decorar la habitación que Paul Gauguin iba a ocupar en la Casa Amarilla de Arlés. Van Gogh quería llenarla de girasoles antes de que llegara. La convivencia duró nueve semanas y terminó con el episodio de la oreja.

¿Qué pasó con la sopa?

El 14 de octubre de 2022 dos activistas de Just Stop Oil lanzaron dos latas de sopa de tomate sobre el cuadro y se pegaron a la pared. El lienzo estaba acristalado y no sufrió daños; el marco del siglo XVII, sí. Fueron condenadas en septiembre de 2024 a dos años y veinte meses de prisión. Ese mismo día otros tres activistas repitieron la acción contra dos versiones a la vez, en la exposición del museo.

¿Es verdad que los colores están cambiando?

Sí. Van Gogh usó amarillos de cromo, pigmentos industriales inestables que con la luz viran hacia un pardo oliváceo de forma irreversible. Está documentado en análisis de laboratorio, y por eso el Museo Van Gogh de Ámsterdam ha dejado de prestar su versión.

¿Cuánto valen?

El de Londres no está en el mercado. Como referencia, una de las repeticiones se vendió en Christie’s en marzo de 1987 por 24,75 millones de libras, entonces casi cuatro veces el récord mundial para una obra de arte.

¿Cuál es el título correcto?

Van Gogh los llamaba simplemente girasoles, y el museo cataloga la obra como Sunflowers. Él mismo describió el proyecto como «una sinfonía en azul y amarillo».

¿Se pueden fotografiar?

Sí, sin flash y para uso personal, como en toda la colección permanente de la National Gallery. El cristal refleja mucho: sitúate en ángulo.

¿Hay Van Gogh en España?

Les Vessenots en Auvers, de 1890, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Ninguna versión de los girasoles.

Si esta obra te ha interesado, sigue con El dormitorio en Arlés — la otra habitación de la misma casa, pintada en las mismas semanas y con la misma intención decorativa — y con La noche estrellada sobre el Ródano, pintada a dos minutos de allí, un mes después de estos girasoles.

Imagen: Sunflowers – Vincent van Gogh (agosto de 1888), National Gallery, Londres, NG3863. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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