View of Delft by Johannes Vermeer, 1660

Vista de Delft

La frase famosa es de una carta. En mayo de 1921, Proust escribió a su amigo Jean-Louis Vaudoyer: «Desde que vi en el museo de La Haya la Vista de Delft, supe que había visto el cuadro más bello del mundo.» Quien muere delante de él es un personaje: el escritor Bergotte, en La prisionera, que sale de casa enfermo para ver una exposición y se desploma contemplando «un pequeño lienzo de pared amarilla». Proust vivió año y medio más. Pero sí tuvo un episodio real: en mayo de 1921, ya muy enfermo, fue al Jeu de Paume de París a ver este cuadro prestado, y sufrió un mareo delante de él. Escribió la muerte de Bergotte después.

Datos clave

  • Artista: Johannes Vermeer (1632–1675)
  • Título original: Gezicht op Delft
  • Fecha: hacia 1660–1661
  • Técnica: óleo sobre lienzo, con ultramar natural y empastes con partículas gruesas
  • Dimensiones: 96,5 × 115,7 cm
  • Movimiento: Siglo de Oro neerlandés
  • Ubicación: Mauritshuis, La Haya – inv. 92. Adquirido por el Estado neerlandés en 1822
  • Género: es el único paisaje urbano de gran formato de Vermeer

Qué estamos viendo exactamente

Conviene identificarlo, porque casi nada de esto existe ya.

Vermeer miró hacia el norte desde la orilla sur del Kolk, el puerto interior de Delft, probablemente desde la ventana alta de una casa del Schieweg. Lo que se ve es el frente sur de la ciudad, con la muralla y dos puertas de agua.

A la izquierda, la Puerta de Schiedam, con un reloj en la torre. Marca poco más de las siete.

A la derecha, la Puerta de Rotterdam, con dos torres gemelas y un puente levadizo que da paso al canal hacia Rotterdam.

En el centro, al fondo, la torre de la Nieuwe Kerk, la única parte del cuadro que recibe luz plena.

Las dos puertas fueron demolidas en el siglo XIX cuando Delft desmanteló sus murallas. La Nieuwe Kerk sigue en pie. El punto desde el que Vermeer pintó existe todavía, y hay una placa.

Se puede fechar por las campanas

Hay dos relojes en este cuadro, y los dos dicen algo.

El primero es el de la Puerta de Schiedam, pintado con detalle: poco después de las siete de la mañana. Las sombras y la dirección de la luz concuerdan: el sol viene del sureste, es temprano, y las nubes acaban de abrirse.

El segundo es la torre de la Nieuwe Kerk. En ella se distinguen las campanas del carillón, que se instaló en abril de 1660 y se desmontó al año siguiente para reparaciones. Ese detalle sitúa el cuadro en 1660 o 1661, y es la base de la datación que usa el museo.

Es decir: una ciudad concreta, un verano concreto, una hora concreta. Vermeer, que en sus interiores suprimía toda referencia temporal, aquí la fijó con precisión de notario.

El pequeño lienzo de pared amarilla

Esto merece un apartado, porque es la pregunta que trae a mucha gente a este cuadro y no tiene respuesta.

En el pasaje de La prisionera, Bergotte lee a un crítico que menciona «un pequeño lienzo de pared amarilla» tan bien pintado que, mirado aisladamente, parece una pieza de arte chino. Va a verlo, lo encuentra, y muere.

Nadie sabe cuál es. Los candidatos son tres o cuatro, todos en el grupo de edificios de la derecha:

  • El tejado amarillo a la izquierda del edificio de las torres. Es lo más luminoso de esa zona — pero es un tejado, no una pared.
  • El paño de muro entre la puerta y el cuerpo de guardia, con tres chimeneas encima.
  • La franja de pared clara del extremo derecho, que no es especialmente amarilla.

Y hay un dato técnico que complica y enriquece el asunto: el análisis de Arthur Wheelock mostró que ese tejado se pintó primero en color salmón y Vermeer lo cubrió después con una capa densa de amarillo, de textura idéntica a la que usó en la torre de la Nieuwe Kerk. Es decir: sí hay un amarillo puesto a propósito, y es el punto más trabajado del cuadro.

Pero Proust escribía probablemente de memoria, o a partir de una reproducción en blanco y negro y de lo que le había contado Vaudoyer. La descripción más famosa del arte occidental puede no corresponder a nada concreto, y eso, para un libro sobre la memoria, es casi perfecto.

Simbolismo y en qué fijarse

La línea del horizonte. Está muy baja: la ciudad ocupa una franja estrecha y el resto es cielo y agua. Más de la mitad del lienzo son nubes. Ningún paisajista holandés de su época dio tanto espacio al aire.

La sombra en primer plano. Toda la orilla cercana, el agua y las dos puertas están en penumbra. La luz cae detrás, sobre los tejados del fondo. Es el mecanismo del cuadro: la ciudad está iluminada y nosotros no.

La arena rosada. En la orilla, a la izquierda. Proust la menciona expresamente en el pasaje de Bergotte, junto a «unas pequeñas figuras de azul».

Las figuras. Siete u ocho personas en la orilla, de dos centímetros. Dos mujeres conversando a la izquierda, un grupo junto a la barca. Son la escala de todo lo demás.

Los pointillés. Puntos de pintura espesa en los cascos de las barcas, en los muros y en el agua. Acércate: en algunas zonas Vermeer cargó la pasta con partículas gruesas para que la luz rebote de forma irregular. Es óptica aplicada.

El reflejo. No es un espejo: es más oscuro, más corto y está quebrado. Vermeer sabía que el agua no repite, interpreta.

El azul del cielo. Ultramar natural, lapislázuli molido, más caro que el oro por peso. Lo usó también en la sombra de las nubes.

Contexto histórico

Delft era una ciudad de unos veinticinco mil habitantes, próspera por la cerveza, los tapices y, cada vez más, la cerámica azul que acabaría llevando su nombre. Tenía cámara de la Compañía de las Indias Orientales y astilleros.

Y había sufrido una catástrofe reciente. El 12 de octubre de 1654, el polvorín del Estado, con unas noventa mil libras de pólvora, estalló en el centro de la ciudad. Se le llama el Trueno de Delft. Murieron centenares de personas, un barrio entero desapareció y se rompieron cristales a kilómetros.

Entre los muertos estaba Carel Fabritius, el mejor pintor de la ciudad, alumno de Rembrandt y probablemente la vía por la que las ideas del maestro llegaron a Delft. Tenía treinta y dos años; se conservan una docena de obras suyas, y una de ellas, El jilguero, cuelga hoy a pocos metros de este cuadro en el Mauritshuis.

Vermeer pintó esta vista seis años después de la explosión, desde el lado de la ciudad que no ardió.

Sobre Johannes Vermeer

Nació en Delft en 1632 y no se movió de allí. Hijo de un posadero y tratante de cuadros, se casó con Catharina Bolnes, se convirtió al catolicismo y vivió en casa de su suegra. Tuvieron quince hijos; once sobrevivieron.

Pintaba dos o tres cuadros al año y completaba sus ingresos con la compraventa de arte. Fue decano del gremio de San Lucas de Delft en dos ocasiones.

Lo arruinó la guerra. En 1672, el Rampjaar, Francia invadió la República y el mercado del arte desapareció de un día para otro. Murió en diciembre de 1675, a los cuarenta y tres años, cargado de deudas; su viuda tuvo que entregar dos cuadros al panadero para saldar una cuenta de pan. Está enterrado en la Oude Kerk de Delft.

Lo olvidaron durante casi dos siglos. Lo rescató el crítico francés Théophile Thoré-Bürger, que publicó en 1866 el primer catálogo de su obra y lo llamó «la esfinge de Delft». No se conserva ni un dibujo suyo: ni bocetos, ni estudios, ni grabados. Solo unas treinta y cinco pinturas.

Cómo llegó al museo

El cuadro salió a subasta en Ámsterdam en 1822, en la venta de la colección Stinstra. El Estado neerlandés lo compró por 2.900 florines, una suma altísima para la época y por una obra de un pintor que todavía no era famoso.

La operación se hizo por iniciativa del rey Guillermo I, y fue una apuesta: alguien en la corte vio lo que había. Entró en el Mauritshuis y no ha salido salvo para exposiciones contadas — entre ellas la de París de 1921 que estuvo a punto de tumbar a Proust, y la gran muestra Vermeer del Rijksmuseum de 2023.

Legado e influencia

Su descendencia es doble.

Pictórica. Cuando Thoré-Bürger lo recuperó en 1866, los pintores franceses encontraron en él a un precursor: cielo que ocupa dos tercios del lienzo, atmósfera como tema, reflejos quebrados, luz de una hora concreta. Impresión, sol naciente, que Monet pintó en un puerto al amanecer doce años después, plantea exactamente el mismo problema — con la diferencia de que Monet lo resolvió en una sesión y Vermeer en meses.

Literaria. Proust convirtió el cuadro en un emblema de lo que el arte puede hacer y no explica. Después vinieron Vaudoyer, Paul Claudel, Salvador Dalí escribiendo sobre Vermeer, la novela de Tracy Chevalier y su película, y una industria editorial entera.

Hay una consecuencia curiosa: esta pintura tiene más lectores que espectadores. Mucha gente que nunca la ha visto conoce la frase.

¿Y en España?

No hay ningún Vermeer en España — ni en el Prado, ni en el Thyssen, ni en ninguna colección del país —, pero este cuadro tiene un vínculo español directo, y está justo en el centro.

La torre iluminada del fondo es la Nieuwe Kerk. Dentro está el mausoleo de Guillermo de Orange, el príncipe que encabezó la rebelión de los Países Bajos contra la Corona española.

En 1580, Felipe II lo declaró fuera de la ley y ofreció veinticinco mil escudos a quien lo matara. Cuatro años después, el 10 de julio de 1584, el borgoñón Balthasar Gérard le disparó en la escalera del Prinsenhof de Delft, a menos de un kilómetro del punto desde el que Vermeer pintó. Guillermo fue enterrado en la Nieuwe Kerk, y en 1614 se le levantó el mausoleo de mármol negro y blanco que Hendrick de Keyser terminó en 1623.

Desde entonces, esa iglesia es el panteón de la Casa de Orange-Nassau, la dinastía reinante de los Países Bajos.

Así que en el centro exacto de este paisaje sereno, bajo la única luz plena del cuadro, está la tumba del hombre que Felipe II mandó asesinar y cuya muerte no impidió la independencia neerlandesa. Vermeer pintó esto doce años después de la Paz de Münster, por la que España reconoció por fin a la República. No hay ninguna prueba de que lo pensara. Pero cualquier habitante de Delft en 1660 sabía lo que había dentro de esa torre.

Para pintura neerlandesa del XVII en España, las salas de Flandes y Holanda del Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza. Para Vermeer, hay que ir allí.

Dónde verla hoy

Está en el Mauritshuis, Plein 29, La Haya: un palacio del siglo XVII a orillas del estanque Hofvijver, junto al Parlamento.

  • Cierra los lunes por la mañana — abre a las 13 — y el resto de días de 10 a 18; los jueves hasta las 20. Entrada en torno a 20 euros; gratis para menores de 18.
  • Reserva en línea. Es un museo pequeño, con unas doscientas obras en dos plantas, y se llena.
  • Está en la primera planta, en la misma zona que La joven de la perla. El Mauritshuis tiene tres Vermeer: estos dos y Diana y sus ninfas.
  • Quédate diez minutos. Es un cuadro que no se entrega deprisa: primero se ve la ciudad, después la luz, y al final las nubes, que son la mitad del lienzo.
  • Acércate a las barcas. Los granos de pintura espesa se ven a treinta centímetros y no salen en ninguna reproducción.
  • En el mismo museo, El jilguero de Carel Fabritius, La lección de anatomía del doctor Tulp de Rembrandt y obras de Rubens, Holbein y Jan Steen. Dos horas bastan.

Y Delft está a quince minutos en tren. La ciudad conserva el trazado del cuadro: se puede ir al punto exacto desde el que Vermeer miró, junto al Hooikade, donde hay una placa. Las dos puertas ya no están, pero la torre de la Nieuwe Kerk sigue ahí, se sube, y dentro está el mausoleo. En el Prinsenhof se ven todavía los impactos de bala de 1584 en la pared de la escalera.

A una hora, en Ámsterdam, el Rijksmuseum, con La lechera y otros tres Vermeer.

Preguntas frecuentes

¿Proust murió delante de este cuadro?

No. Quien muere es Bergotte, un personaje de La prisionera. Proust sí sufrió un mareo ante el cuadro en la exposición del Jeu de Paume de París, en mayo de 1921, y murió año y medio después. La frase sobre «el cuadro más bello del mundo» está en una carta suya a Jean-Louis Vaudoyer de ese mismo mes.

¿Cuál es el «pequeño lienzo de pared amarilla»?

No se sabe. Hay tres o cuatro candidatos en el grupo de edificios de la derecha, y el más citado es un tejado, no una pared. Se ha demostrado que Vermeer pintó ese tejado primero en salmón y lo cubrió después con una capa densa de amarillo, así que el detalle existe; pero Proust escribía probablemente de memoria.

¿Se puede fechar con precisión?

Bastante. Las campanas del carillón visibles en la torre de la Nieuwe Kerk se instalaron en abril de 1660 y se retiraron al año siguiente, lo que sitúa el cuadro en 1660 o 1661. El reloj de la Puerta de Schiedam marca poco más de las siete de la mañana.

¿Existe todavía ese paisaje?

En parte. Las dos puertas de agua se demolieron en el siglo XIX. La torre de la Nieuwe Kerk sigue en pie y se puede subir. El punto desde el que Vermeer pintó, junto al Hooikade, está señalizado.

¿Qué hay dentro de la torre del centro?

El mausoleo de Guillermo de Orange, asesinado en Delft en 1584 por un hombre que buscaba la recompensa ofrecida por Felipe II. Desde entonces la Nieuwe Kerk es el panteón de la familia real neerlandesa.

¿Es el único paisaje de Vermeer?

El único paisaje urbano de gran formato. Se conserva también La callejuela, mucho más pequeña, en el Rijksmuseum, y las fuentes antiguas mencionan otra vista de una casa de Delft que se ha perdido.

¿Cómo llegó al Mauritshuis?

Lo compró el Estado neerlandés en 1822, en la subasta de la colección Stinstra en Ámsterdam, por 2.900 florines, por iniciativa del rey Guillermo I. Vermeer todavía no era famoso.

¿Hay Vermeer en España?

Ninguno. De las aproximadamente treinta y cinco obras conservadas, ninguna está en una colección española.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La joven de la perla — que cuelga en la sala de al lado — y con La lechera, donde Vermeer hizo lo contrario: en vez de fijar una ciudad, una hora y una fecha, eliminó todo rastro de tiempo y de lugar.

Imagen: Gezicht op Delft – Johannes Vermeer (c. 1660–1661), Mauritshuis, La Haya. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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