El grito
En la esquina superior izquierda del cuadro hay una frase escrita a lápiz, tan pequeña que durante más de un siglo casi nadie la vio: «Solo puede haberlo pintado un loco». Se dio por hecho que era un acto de vandalismo. En 2021 el Museo Nacional de Noruega la analizó con infrarrojos y comparó la caligrafía con los diarios del pintor. La escribió Munch. Probablemente después de que un estudiante de medicina dijera en público, en 1895, que el cuadro demostraba que su autor no estaba en sus cabales.
Datos clave
- Artista: Edvard Munch (1863–1944)
- Título noruego: Skrik; alemán: Der Schrei der Natur
- Fecha: 1893 – esta versión
- Técnica: temple y lápiz de cera sobre cartón
- Dimensiones: 91 × 73,5 cm
- Versiones: cuatro en color y una litografía
- Movimiento: Expresionismo – precursor
- Ubicación: Museo Nacional (Nasjonalmuseet), Oslo – sala Edvard Munch. Donado en 1910 por Olaf Schou
No hay un solo Grito
Conviene empezar aquí, porque la mayoría de las confusiones sobre este cuadro vienen de no saberlo.
Munch hizo el motivo cinco veces, en tres técnicas y a lo largo de casi veinte años.
| Año | Técnica | Dónde está |
|---|---|---|
| 1893 | Temple y lápiz de cera sobre cartón | Museo Nacional, Oslo – la de este artículo |
| 1893 | Lápiz de cera sobre cartón | MUNCH, Oslo |
| 1895 | Pastel sobre cartón | Colección privada – subastada en 2012 |
| 1895 | Litografía en blanco y negro | Varios museos; MUNCH conserva la piedra |
| c. 1910 | Temple y óleo sobre cartón | MUNCH, Oslo – la robada en 2004 |
Ninguna está sobre lienzo. Todas son sobre cartón o papel, lo que las hace mucho más frágiles que un óleo corriente y explica buena parte de las precauciones con que se exhiben hoy.
Un detalle reciente: el museo MUNCH ha investigado la datación de la versión pintada que tiene y sostiene que pudo hacerse ya en 1906, no en 1910. La fecha oficial se mantiene, pero con reservas.
¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?
Hay cuadros que se miran y cuadros que golpean. Este pertenece a la segunda clase, y lo hace con muy poco: un puente, un fiordo, un cielo, tres figuras.
La figura del primer plano no tiene sexo, edad ni rasgos. Es una silueta con dos agujeros por ojos y un óvalo por boca, y precisamente por eso funciona: cualquiera cabe dentro.
Y hay una cosa que casi todo el mundo lee al revés. La figura no está gritando. Está oyendo un grito. Lo dice Munch en su propio texto: sintió «un grito infinito que atravesaba la naturaleza». Las manos en las orejas no son el gesto de quien grita, sino de quien intenta no oír. El grito viene del cielo, del fiordo, de todo lo que hay detrás.
Las dos figuras del fondo, sobre el puente, siguen andando. No oyen nada.
El texto de Munch
El origen del cuadro está documentado por el propio pintor, en una anotación fechada en Niza el 22 de enero de 1892:
Caminaba por un sendero con dos amigos – el sol se ponía – de pronto el cielo se volvió rojo sangre – me detuve, sintiéndome agotado, y me apoyé en la barandilla – había sangre y lenguas de fuego sobre el fiordo negro azulado y la ciudad – mis amigos siguieron andando, y yo me quedé allí temblando de angustia – y sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.
Munch reescribió el texto varias veces, en prosa y en verso, y lo grabó en el marco de una de las versiones. El cuadro es la ilustración de un párrafo, no al revés.
El sitio se conoce. Es el camino de Ekeberg, en la colina que domina el fiordo de Oslo por el este. Hoy hay un mirador con una placa. Y hay un detalle que importa: a pocos metros del camino estaban el matadero municipal y el manicomio de la ciudad, donde en aquellos años estaba internada Laura, la hermana de Munch. Los que caminaban por allí al atardecer oían, según las crónicas, tanto a los animales como a los enfermos.
Por qué el cielo es rojo
Hay dos explicaciones científicas y ninguna es concluyente.
Krakatoa. En 1883 la erupción del volcán indonesio lanzó a la atmósfera ceniza suficiente para teñir de rojo los atardeceres de medio mundo durante meses. Los periódicos noruegos de noviembre y diciembre de 1883 describen cielos rojos sobre Christiania. Un equipo de astrónomos de Texas defendió en 2004 que Munch vio uno de esos atardeceres, casi diez años antes de escribir el texto.
Nubes nacaradas. Investigadores noruegos propusieron en 2017 otra causa: las nubes estratosféricas polares, un fenómeno propio de las latitudes altas en invierno, que producen exactamente las ondas de color que Munch pintó. Se ven en Oslo algunas tardes de invierno, y el propio Munch pudo verlas.
Ninguna de las dos hipótesis hace falta. Munch describió una experiencia interior, y el cielo del cuadro no es un fenómeno meteorológico sino un estado de ánimo. Pero es cierto que él insistió siempre en que el cielo rojo lo había visto de verdad.
Simbolismo y en qué fijarse
La inscripción. Esquina superior izquierda, en lápiz, en noruego: Kan kun være malet af en gal Mand! Hay que saber que está para verla. Es la única frase que Munch escribió sobre un cuadro suyo, y es la respuesta a un insulto.
El cielo. Bandas onduladas de rojo, naranja y amarillo, sin nubes ni sol, aplicadas a trazos largos que se curvan como si el aire tuviera corriente. Compárese con el puente, hecho de líneas rectas: es la única geometría estable del cuadro.
El fiordo. Azul oscuro, con dos barcos apenas insinuados, y una costa a la izquierda que se retuerce como el cielo. La perspectiva del puente baja en diagonal hacia el ángulo inferior derecho y arrastra al espectador.
La figura. No tiene pelo, ni orejas visibles, ni nariz. El cráneo es una calabaza. Se ha señalado el parecido con una momia peruana expuesta en el Museo del Trocadero de París en 1889, que Munch pudo ver y que Gauguin usó en varios cuadros. Es una hipótesis razonable, no un hecho.
El cartón. Mírese la superficie: el temple es mate, el cartón asoma en varias zonas, y hay líneas de lápiz de cera visibles por encima. Es una obra hecha deprisa, con materiales baratos, y eso forma parte de su violencia.
Los otros dos. Las figuras del fondo. Sin ellas el cuadro sería un paisaje con un loco. Con ellas es un paisaje con un loco y dos personas normales que no se enteran.
Contexto histórico
Munch pintó esta versión en 1893, en Berlín, adonde había llegado el año anterior. Su primera exposición allí, en noviembre de 1892, fue cerrada por escándalo al cabo de una semana – la prensa lo llamó «el caso Munch» – y ese escándalo lo hizo famoso en Alemania de un día para otro.
El cuadro formaba parte del ciclo que Munch llamaría El friso de la vida: una serie sobre el amor, la angustia y la muerte que fue montando y remontando durante décadas. En su primera exposición se tituló, en alemán, Der Schrei der Natur, «el grito de la naturaleza».
Era la Europa del simbolismo y del fin de siglo: Strindberg, con quien Munch bebía en Berlín; Nietzsche, a quien retrató; los primeros textos de Freud, publicados en esos mismos años. La idea de que la pintura debía mostrar lo que se siente y no lo que se ve estaba en el aire. Munch fue el primero en llevarla a un cuadro que cualquiera entiende sin explicación.
Sobre Edvard Munch
Nació el 12 de diciembre de 1863 en Ådalsbruk, en el municipio de Løten, y se crió en Christiania, la actual Oslo. Su padre era médico militar y profundamente religioso.
La muerte lo rodeó desde el principio. Su madre murió de tuberculosis en 1868, cuando él tenía cinco años. Su hermana Sophie, de la misma enfermedad, en 1877, con quince. Su hermana Laura pasó gran parte de su vida en instituciones psiquiátricas. Su hermano Andreas murió en 1895, a los treinta. «Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles negros que velaron mi cuna», escribió.
Estudió en Christiania, pasó temporadas en París y vivió en Berlín en los años decisivos. En 1908, tras años de alcohol y crisis, ingresó por su cuenta en la clínica del doctor Daniel Jacobson en Copenhague. Salió ocho meses después, volvió a Noruega y su pintura se aclaró.
Vivió sus últimos treinta años en Ekely, una finca a las afueras de Oslo, rodeado de sus propios cuadros, que se negaba a vender. Murió el 23 de enero de 1944, durante la ocupación alemana, y dejó toda su obra a la ciudad de Oslo: más de mil pinturas, miles de dibujos y grabados. Ese legado es el museo MUNCH.
Dos robos
El cuadro ha sido robado dos veces, y las dos veces se recuperó.
12 de febrero de 1994. El día de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Lillehammer, con la atención policial en otra parte, dos hombres apoyaron una escalera contra la fachada de la Galería Nacional, rompieron una ventana, descolgaron esta versión y se fueron. Tardaron cincuenta segundos. Dejaron una nota: «Gracias por la mala seguridad». La pintura apareció en mayo, en una operación conjunta de la policía noruega con Scotland Yard, y volvió intacta.
22 de agosto de 2004. A las once de la mañana, con el museo abierto, dos hombres armados y encapuchados entraron en el antiguo Museo Munch, arrancaron de la pared la versión de 1910 y la Madonna, y huyeron en coche. Los visitantes lo grabaron. Las obras estuvieron dos años desaparecidas y se recuperaron el 31 de agosto de 2006. El Grito volvió con una mancha de humedad en la esquina inferior izquierda que no ha podido eliminarse: se decidió dejarla, y hoy es parte de la historia de ese cartón.
Después del segundo robo, los dos museos de Oslo instalaron las medidas de seguridad que se ven hoy: cristal blindado, vitrinas cerradas, anclajes a la pared.
El intento de 2022
El 11 de noviembre de 2022, tres activistas climáticos del grupo Stopp Oljeletinga entraron en la sala del Museo Nacional. Dos intentaron pegarse con pegamento al cuadro mientras el tercero grababa, gritando consignas sobre la inacción política. No llegaron a tocar la pintura: el cristal blindado instalado tras los robos lo impidió, y el personal los redujo en segundos. La sala cerró unas horas; el cuadro no sufrió daño alguno.
Legado e influencia
Es probablemente la imagen de la angustia más reconocible que existe. El emoji de «cara gritando de miedo» deriva directamente de ella. La máscara de Ghostface, en la película Scream de 1996, también. Los Simpson la han parodiado más de una vez.
Andy Warhol la serigrafió en 1984, dentro de una serie dedicada a Munch. En pintura, los expresionistas alemanes – Kirchner, Nolde, Heckel – la tenían en la cabeza cuando fundaron Die Brücke en 1905; Munch fue, para ellos, el precedente decisivo.
En mayo de 2012 la versión al pastel de 1895 se subastó en Sotheby’s de Nueva York por 119,9 millones de dólares – en ese momento, el precio más alto pagado nunca por una obra en subasta. La compró el financiero Leon Black. Es la única versión que no está en Noruega y la única que casi nadie ha visto: se expuso unos meses en el MoMA en 2012–2013 y desde entonces permanece en manos privadas.
¿Y en España?
No hay ningún Grito en España, pero sí hay Munch, y bastante más del que se cree.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza conserva cuatro obras suyas: Paisaje costero (1881), Atardecer (1888), Encuentro en el espacio (1899) y Gansos en un huerto (1911). De ellas, Atardecer es la que conviene ver: retrata a su hermana Laura, la que acabaría internada, sentada sola junto a una casa a la orilla del fiordo. Es la misma melancolía que cinco años después se convertiría en grito.
El Thyssen dedicó a Munch una exposición monográfica, Arquetipos, entre octubre de 2015 y enero de 2016, con unas ochenta obras prestadas por Oslo. Fue la mayor muestra del pintor celebrada en España.
Dónde ver la obra hoy
Hay que ir a Oslo, y en Oslo hay dos museos. Conviene saber qué hay en cada uno.
Museo Nacional (Nasjonalmuseet), Brynjulf Bulls plass 3, junto al Ayuntamiento y el muelle de Aker Brygge. Abrió su nuevo edificio en junio de 2022. Aquí está la versión de 1893, la de este artículo, en la sala dedicada a Munch, con la Madonna, La niña enferma, La danza de la vida y otros cuadros del friso.
- Cierra los lunes. Consulta horarios en la web.
- Entrada de adulto en torno a 160 coronas; menores de 18 gratis; gratis con el Oslo Pass. Un jueves por la tarde al mes la colección permanente es gratuita – y es el momento más lleno.
- El cuadro está siempre expuesto. A diferencia de las versiones del MUNCH, esta no rota.
- Está tras cristal blindado, pero la sala permite acercarse a un metro. La inscripción a lápiz se ve con luz rasante desde la izquierda.
MUNCH, en el barrio de Bjørvika, junto a la Ópera, a cinco minutos a pie de la estación central. Abrió el 22 de octubre de 2021: trece plantas, inclinadas veinte grados hacia el fiordo, con la mayor colección de Munch del mundo – casi 27.000 obras.
- Las tres versiones del museo – la pintura de 1910, el dibujo de 1893 y la litografía – están en una rotonda oscura de la cuarta planta, y se muestran una cada hora. Mientras una está a la vista, las otras dos descansan tras persianas. El cambio es a la hora en punto. Si quieres ver una versión concreta, hay que calcular.
- Los miércoles de 18 a 21 horas la entrada es gratuita, salvo en julio y agosto.
- Reserva en línea en verano; los fines de semana de junio a agosto se agotan las entradas.
- La planta doce y la trece tienen bar y restaurante con la mejor vista del fiordo.
Los dos museos están a veinticinco minutos a pie o a un tranvía de distancia. En un día se ven los dos.
Y el lugar del cuadro: el mirador de Ekeberg, en la colina del sureste, con el tranvía 13 o 19 hasta Ekebergparken. Hay una placa donde estuvo Munch. El fiordo sigue ahí; el cielo depende del día.
¿Por qué algunos cuadros te atrapan y otros no? La neurociencia lleva dos décadas intentando responderlo, con resultados menos claros de lo que suele contarse: qué le hace el arte al cerebro.
Esta obra existe en más de una versión. Si te interesa saber cuántas hay, dónde están y cómo distinguirlas, tenemos una guía completa: obras famosas con varias versiones.
Preguntas frecuentes
¿La figura está gritando?
No. Según el texto del propio Munch, la figura oye «un grito infinito que atraviesa la naturaleza» y se tapa los oídos. El grito viene del paisaje, no de la persona.
¿Cuántas versiones hay?
Cuatro en color – dos de 1893, una de 1895 y una de hacia 1910 – y una litografía de 1895. Tres están en el museo MUNCH de Oslo, una en el Museo Nacional de Oslo y la de 1895 al pastel en una colección privada.
¿Qué dice la inscripción del cuadro?
«Solo puede haberlo pintado un loco», a lápiz, en noruego, en la esquina superior izquierda. En 2021 el Museo Nacional confirmó que la escribió Munch, probablemente como respuesta a las críticas que lo tacharon de enfermo mental en 1895.
¿Es verdad que fue robado?
Dos veces. La versión de 1893 en 1994, de la Galería Nacional, recuperada tres meses después. La versión de 1910 en 2004, del Museo Munch, junto a la Madonna, recuperada en 2006 con daños de humedad que no se han reparado.
¿Por qué el cielo es rojo?
Munch dijo haberlo visto así. Las explicaciones propuestas son los atardeceres provocados por la erupción del Krakatoa en 1883 y las nubes nacaradas propias del invierno noruego. Ninguna está probada, y el cuadro no pretende ser un documento meteorológico.
¿Cuánto vale?
La única versión que ha pasado por el mercado, el pastel de 1895, se vendió en 2012 por 119,9 millones de dólares. Las cuatro restantes pertenecen a museos públicos noruegos y no tienen precio.
¿Cuál es la mejor manera de ver las versiones de Oslo?
En el Museo Nacional la versión de 1893 está siempre expuesta. En el MUNCH las tres versiones rotan cada hora en la rotonda de la cuarta planta; si quieres verlas todas, hay que quedarse tres horas o volver.
¿Hay Munch en España?
Sí. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid tiene cuatro obras suyas, entre ellas Atardecer, de 1888, que retrata a su hermana Laura. No hay ninguna versión de El grito.
Si esta obra te ha interesado, sigue con La noche estrellada de Van Gogh – pintada cuatro años antes por otro hombre que también acabó en una clínica, y que también convirtió el cielo en el retrato de un estado de ánimo.
Imagen: Skrik – Edvard Munch (1893), Museo Nacional de Noruega, Oslo. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
