The Scream by Edvard Munch, 1893

El grito

¿Sabías que El grito no representa el grito de una persona, sino el grito que la propia naturaleza lanzó sobre Edvard Munch? El artista noruego lo describió así en su diario: caminaba al atardecer cuando el cielo se volvió rojo sangre y sintió que un alarido infinito atravesaba el paisaje. Esa experiencia visceral, casi alucinatoria, se convirtió en una de las pinturas más reconocidas de toda la historia del arte.

Datos clave

¿Qué hace que «El grito» sea inolvidable?

Hay obras que se contemplan y obras que te golpean. El grito pertenece firmemente a la segunda categoría. Lo extraordinario no es solo su imagen —esa figura deformada con la boca abierta— sino que Munch logró pintar algo que todos hemos sentido pero que nadie antes había sabido mostrar: la angustia pura, el vértigo de existir.

Lo que distingue a esta obra de cualquier otra representación del miedo es su universalidad. No importa tu cultura, tu época ni tu idioma: esa figura te habla directamente al estómago. Por eso ha sobrevivido más de un siglo y sigue siendo igual de perturbadora hoy que el día en que Munch la terminó.

Además, no es una sola obra. Munch realizó cuatro versiones entre 1893 y 1910, en distintos soportes y técnicas, lo que demuestra que esta imagen lo obsesionó durante años. No fue un accidente creativo, fue una búsqueda.

Contexto histórico

El año 1893 es un momento bisagra en la historia del arte europeo. El Impresionismo ya había sacudido los cimientos de la pintura académica, pero una nueva generación de artistas quería ir mucho más lejos: no representar lo que se ve, sino lo que se siente.

Europa vivía además una época de profunda transformación social. La industrialización acelerada, el crecimiento de las ciudades y los primeros debates sobre la psicología moderna —Freud publicaría sus primeras obras apenas unos años después— creaban un caldo de cultivo perfecto para el arte introspectivo y perturbador que Munch estaba gestando.

En ese contexto, El grito fue una bomba cultural. Cuando se expuso bajo el título alemán Der Schrei der Natur («El grito de la naturaleza»), muchos espectadores la encontraron escandalosa e incomprensible. Hoy sabemos que estaban ante la obra fundacional del Expresionismo, un movimiento que marcaría el arte del siglo XX de forma definitiva.

Simbolismo y en qué fijarse

Si alguna vez tienes la suerte de estar frente a esta obra, te damos una pequeña guía para exprimir cada centímetro del lienzo.

  • El cielo ondulante: Fíjate en cómo el cielo no es estático. Sus curvas rojas y anaranjadas no siguen ninguna lógica natural; vibran, se retuercen. Munch convirtió el aire mismo en algo amenazante.
  • La figura central: Esa silueta de aspecto fantasmagórico no tiene género ni edad definida. Es intencionadamente genérica para que cualquier persona pueda identificarse con ella.
  • Las dos figuras al fondo: Casi nadie las nota a primera vista, pero en el puente hay dos figuras oscuras y serenas. Representan la indiferencia del mundo ante el sufrimiento individual. Un detalle pequeño, un contraste brutal.
  • El puente diagonal: La línea recta y fría del puente choca violentamente con las curvas orgánicas del paisaje. Es la tensión entre lo racional y lo emocional hecha geometría.
  • Los colores: Munch usó rojos, naranjas y amarillos estridentes, no para representar un atardecer bonito, sino para generar una sensación física de malestar. El color aquí no describe: agrede.

Sobre Edvard Munch

Edvard Munch nació en Løten, Noruega, en 1863, y desde muy joven estuvo marcado por la pérdida. Su madre murió de tuberculosis cuando él tenía cinco años; su hermana Sophie falleció de la misma enfermedad una década después. La muerte, la enfermedad y la angustia no fueron temas que Munch eligió libremente: fueron su vida.

Estudió arte en Christiania —la actual Oslo— y luego viajó a París y Berlín, donde absorbió las influencias del Postimpresionismo y el Simbolismo. Pero Munch nunca fue un seguidor; siempre fue un pionero. Su serie El friso de la vida, de la que El grito forma parte, es uno de los proyectos más ambiciosos e íntimos de todo el arte moderno.

Sufrió una crisis nerviosa en 1908 que lo llevó a ingresar en una clínica psiquiátrica. Paradójicamente, al salir de ella su obra se volvió más luminosa. Vivió hasta los 80 años y donó toda su producción a la ciudad de Oslo.

Legado e influencia

Pocas obras han permeado la cultura popular con tanta fuerza. El grito ha inspirado desde la película de terror Scream hasta emoji de teléfono, pasando por referencias en publicidad, cómics y decenas de películas. Andy Warhol lo serigrafió. Los Simpson lo parodiaron. Es, en pocas palabras, el icono del miedo moderno.

En el mundo del arte, su influencia sobre el Expresionismo alemán —Kirchner, Kokoschka, Nolde— fue determinante. La idea de que el color y la forma pueden transmitir estados emocionales sin necesidad de representar la realidad fielmente viene, en buena medida, de esta obra y de Munch.

En 1994 y en 2004, dos versiones de la obra fueron robadas en espectaculares golpes que acapararon titulares en todo el mundo, lo que solo aumentó su aura de obra maldita e irresistible.

Dónde ver la obra hoy

La versión más célebre de El grito se encuentra en el Nationalmuseet (Museo Nacional) de Oslo, inaugurado en su nueva sede en 2022, frente al Ayuntamiento de la ciudad, a orillas del fiordo. Es uno de los museos más modernos y accesibles de Escandinavia.

Algunos consejos prácticos: compra las entradas con antelación en la web del museo para evitar colas, especialmente en verano. La obra está expuesta con medidas especiales de seguridad, pero puedes acercarte lo suficiente para apreciar la textura del soporte. Dedica también tiempo a las otras salas de Munch en el museo: su Madonna y su Pubertad son igualmente impactantes. Si vas a Oslo, el antiguo Museo Munch (ahora el Museo Munch en Bjørvika) conserva otras versiones y una colección enorme de su obra.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas versiones de El grito existen?

Existen cuatro versiones realizadas por Munch entre 1893 y 1910, en distintos soportes: dos pinturas, un pastel y un grabado. Cada una tiene ligeras diferencias y se encuentra en distintas colecciones noruegas.

¿Por qué la figura de El grito no tiene rasgos faciales definidos?

Munch la concibió como un símbolo universal de angustia, no como un retrato. Al eliminar rasgos concretos, consiguió que cualquier espectador pudiera proyectarse en ella, haciéndola infinitamente más poderosa.

¿Es verdad que El grito fue robado?

Sí. En 1994 una versión fue robada de la Galería Nacional de Oslo y recuperada meses después. En 2004, otra versión fue sustraída del Museo Munch a plena luz del día; fue recuperada en 2006.

¿Por qué el cielo de El grito es rojo?

Munch describió en su diario haber visto un atardecer de nubes rojo sangre sobre el fiordo de Oslo. Algunos investigadores creen que pudo ser un efecto atmosférico provocado por la erupción del volcán Krakatoa en 1883, cuyos efectos en los cielos europeos duraron años.

¿Cuánto vale El grito?

En 2012, una versión en pastel de 1895 se subastó en Sotheby’s por aproximadamente 119,9 millones de dólares, convirtiéndose en ese momento en la obra más cara jamás vendida en subasta.

Si El grito ha despertado tu curiosidad por el arte expresionista y las obras que cambiaron la historia, te invitamos a explorar otras pinturas igual de fascinantes en nuestro sitio. Hay muchas historias que descubrir, y cada una es tan apasionante como esta.

Imagen: El grito – Edvard Munch (1893). Licencia: Public Domain. Fuente: Wikimedia Commons.

Entradas Similares

  • La Mona Lisa

    ¿Sabías que La Mona Lisa mide apenas 77 × 53 centímetros? La obra más famosa del mundo cabe perfectamente en una maleta de mano, y sin embargo, cada año más de nueve millones de personas se apiñan en el Louvre para verla durante unos pocos segundos desde detrás de una barrera de seguridad. Hay algo…

  • La noche estrellada

    ¿Sabías que La noche estrellada fue pintada desde la ventana de un manicomio, y que Van Gogh la consideraba un fracaso? Hoy cuelga en el MoMA de Nueva York como una de las obras más reconocidas de toda la historia del arte occidental. La distancia entre lo que el artista pensaba de su trabajo y…

  • El nacimiento de Venus

    ¿Sabías que El nacimiento de Venus no fue pintada para una iglesia ni para un palacio real, sino probablemente para decorar una villa privada de los Médici como una celebración pagana de la belleza femenina? En pleno siglo XV, cuando el arte religioso dominaba Europa, Botticelli se atrevió a glorificar a una diosa desnuda con…

  • La joven de la perla

    Pocos cuadros en la historia del arte han generado tanta fascinación como La joven de la perla, y sin embargo durante siglos nadie supo quién era esa muchacha ni cómo se llamaba el cuadro. Durante décadas se le llamó simplemente «cabeza de fantasía» o «retrato de muchacha», hasta que, casi al final del siglo XX,…

  • La Última Cena

    ¿Sabías que La Última Cena de Leonardo da Vinci nunca fue pintada sobre un lienzo? Leonardo eligió experimentar con temple y óleo directamente sobre la pared seca del refectorio, renunciando al tradicional fresco húmedo. Esa apuesta arriesgada hizo que la pintura comenzara a deteriorarse apenas veinte años después de terminada. Y sin embargo, aquí seguimos,…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *