Liberty Leading the People by Eugène Delacroix, 1830

La libertad guiando al pueblo

El gobierno que nació de esta revolución compró el cuadro y lo escondió. Luis Felipe, el rey que las barricadas de julio pusieron en el trono, pagó 3.000 francos por él en 1831 y lo colgó en el palacio del Luxemburgo. Al año siguiente, tras una revuelta republicana en París, se lo devolvió discretamente a Delacroix, que lo enrolló y lo guardó en el desván de una tía en Champagne. Un cuadro sobre la libertad, oculto porque daba ideas. Volvió a salir en 1848, se retiró otra vez en 1849, y no entró en el Louvre hasta 1874, once años después de la muerte del pintor.

Datos clave

  • Artista: Eugène Delacroix (1798–1863)
  • Título completo: El 28 de julio. La Libertad guiando al pueblo
  • Fecha: octubre–diciembre de 1830; expuesto en el Salón de mayo de 1831
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 260 × 325 cm
  • Movimiento: Romanticismo
  • Ubicación: Museo del Louvre, París – sala Mollien, ala Denon, primera planta. Inv. RF 129 bis
  • Última restauración: octubre de 2023 – abril de 2024

El cuadro que se puede ver desde mayo de 2024

Conviene empezar por aquí, porque quien lo vio antes de 2023 no lo ha visto.

Entre octubre de 2023 y abril de 2024, las restauradoras Bénédicte Trémolières y Laurence Mugniot adelgazaron las capas de barniz oxidado que llevaban más de un siglo amarilleando la superficie. El cuadro volvió a la sala Mollien el 2 de mayo de 2024.

Lo que cambió:

El azul, el blanco y el rojo. La bandera era el centro cromático del cuadro y el barniz la había apagado hasta el marrón. Ahora la tricolor vuelve a mandar, y se entiende que Delacroix repitiera esos tres tonos por todo el lienzo: en el fajín del obrero, en la camisa del muerto, en el cielo.

La profundidad. Las figuras se separan otra vez en planos. El chico de las pistolas, que parecía pegado a la Libertad, está claramente delante de ella.

Notre-Dame. Al fondo a la derecha, entre el humo, se distingue la torre de la catedral con una bandera tricolor izada. Antes era una mancha. El cuadro está situado geográficamente: la Île de la Cité, la orilla derecha, el corazón de París.

Y la restauración dejó dos cosas a propósito: un velo fino de barniz antiguo, para no alterar la lectura histórica, y algunos retoques viejos que tapan grietas causadas por un defecto de secado. Confirmó además que la pintura original no había sufrido ningún daño en casi dos siglos.

Qué ocurrió en julio de 1830

El 25 de julio de 1830, Carlos X firmó cuatro ordenanzas: disolvía la Cámara recién elegida, suspendía la libertad de prensa, recortaba el censo electoral y convocaba nuevas elecciones. París respondió al día siguiente.

Las «Tres Gloriosas» fueron el 27, 28 y 29 de julio. Impresores, estudiantes, obreros y antiguos soldados levantaron barricadas – se contaron más de cuatro mil –, tomaron el Ayuntamiento y las Tullerías, y en tres días la monarquía de los Borbones se acabó. Hubo entre ochocientos y mil muertos.

El resultado no fue una república. El 9 de agosto, Luis Felipe de Orleans, primo del rey depuesto, juró como «rey de los franceses» en una monarquía constitucional que gobernó dieciocho años. Los que habían muerto en las barricadas eran en buena parte republicanos; los que ganaron, banqueros y diputados liberales. El cuadro celebra una revolución cuyo desenlace decepcionó a quienes la hicieron, y eso explica la incomodidad del gobierno con él.

Delacroix no estuvo en las barricadas

Es importante, porque el cuadro parece un testimonio y no lo es.

Delacroix tenía treinta y dos años, era hijo de un ministro de la Revolución, vestía como un dandi y frecuentaba los salones. Durante los tres días se quedó en casa, en el quai Voltaire, mirando. Después se alistó en la Guardia Nacional – la milicia burguesa que se ocupaba de proteger la propiedad – y montó guardia en el Louvre.

El 18 de octubre escribió a su hermano Charles, general del Imperio, la frase que lo resume: ha empezado un tema moderno, una barricada, y si no ha combatido por su país, al menos pintará para él.

Lo pintó en tres meses, entre octubre y diciembre, en el estudio. Es el único cuadro en el que representó París y el único en el que dedicó un lienzo grande a las clases trabajadoras de su tiempo.

Quién es quién en el cuadro

Delacroix hizo algo que en 1830 no se hacía: mezclar una alegoría desnuda con gente vestida de calle, en el mismo plano.

La Libertad. No es Marianne – ese nombre se popularizó después – ni una mujer real. Es una alegoría, con el gorro frigio de los libertos romanos, los pies descalzos, un fusil de infantería en la mano izquierda y la bandera en la derecha. Tiene vello en las axilas, la piel sucia y un perfil de estatua griega. Esa mezcla de diosa y mujer del pueblo es lo que escandalizó. Un crítico del Salón la llamó verdulera; otro, mujerzuela.

El chico de las pistolas. A la derecha, con una gorra de estudiante y dos pistolas de caballería demasiado grandes para él. Es el personaje que Victor Hugo tendrá delante cuando invente a Gavroche en Los miserables, treinta años después.

El del sombrero de copa. A la izquierda, con escopeta de caza, chaleco y corbata: un burgués. Circula desde el siglo XIX la idea de que es un autorretrato de Delacroix; no hay ningún documento que lo apoye y el Louvre no la sostiene. Más probablemente representa a su clase, que se sumó al levantamiento.

El obrero arrodillado. Con un delantal, una faja roja y un sable de infantería: un trabajador, quizá un impresor – el oficio que encabezó las protestas por la censura –. Mira hacia arriba, hacia la Libertad.

El herido del primer plano izquierdo. Se incorpora, con la camisa manchada, y es el único que la mira a los ojos. Lleva un pañuelo rojo y blanco.

Los muertos. Dos en primer plano. Uno, boca abajo, con uniforme de coracero: un soldado del rey. El otro, a la izquierda, en camisa, sin pantalones y con un solo calcetín: la tradición dice que los saqueadores desnudaban los cadáveres. Delacroix no los idealiza. Están donde el espectador pondría el pie.

Simbolismo y en qué fijarse

La pirámide. La composición es un triángulo: los muertos en la base, la Libertad en el vértice. Es la estructura de las pinturas de historia clásicas, aplicada a un motín.

El humo. Ocupa la mitad superior derecha y no deja ver nada salvo la torre de Notre-Dame. Es pólvora, y es también la excusa para que el fondo sea abstracto.

Los tres colores repetidos. Azul, blanco y rojo aparecen en la bandera, en el pañuelo del herido, en la faja del obrero, en la camisa del muerto. Delacroix los desperdiga para que el ojo circule.

La firma. Abajo a la izquierda, sobre una viga de la barricada: «Eug. Delacroix 1830».

El tamaño. Dos metros y sesenta de alto. Las figuras son casi de tamaño natural y el borde inferior está a la altura del suelo: el espectador está al pie de la barricada, no delante de un cuadro.

La pincelada. De cerca, en los muertos y en el humo, es suelta y rápida, con manchas de color puro yuxtapuestas. Es la técnica que Delacroix había sacado en parte de los paisajes de Constable que vio en 1824, y la que los impresionistas recogerían.

Sobre Eugène Delacroix

Nació el 26 de abril de 1798 en Charenton-Saint-Maurice, cerca de París. Su padre oficial, Charles Delacroix, fue ministro de Asuntos Exteriores del Directorio; se ha especulado siempre con que su padre real fuera Talleyrand, que sucedió a Charles en el cargo y protegió al pintor toda su vida. No hay prueba.

Huérfano a los dieciséis años y sin dinero, entró en el taller de Pierre Guérin, donde coincidió con Géricault. Expuso por primera vez en 1822. En 1824, con La matanza de Quíos, se convirtió en la cabeza visible del Romanticismo frente a Ingres y la línea académica.

Su vida fue de encargos oficiales y de trabajo constante: los techos del Palacio Borbón, del Luxemburgo y del Louvre, la capilla de los Ángeles en Saint-Sulpice. Dejó más de ochocientas pinturas y un Diario que es el mejor documento sobre el arte del siglo XIX escrito por un artista.

Murió el 13 de agosto de 1863 en su casa de la plaza de Furstenberg, hoy el Museo Nacional Eugène Delacroix, a cinco minutos de Saint-Germain-des-Prés. Está enterrado en Père-Lachaise.

Legado e influencia

Es probablemente la imagen política más reproducida que existe. Aparece en carteles de mayo del 68, en pancartas de sindicatos, en portadas de periódicos cada vez que hay una revuelta en cualquier parte, y en incontables parodias.

El billete de 100 francos – el más usado en Francia entre 1978 y 1995 – llevaba a Delacroix en el anverso y un fragmento de este cuadro en el reverso. Coldplay lo puso, con el título del disco escrito encima a brochazos, en la portada de Viva la Vida or Death and All His Friends, en 2008.

La figura de la Libertad terminó fundiéndose con Marianne, el busto que preside los ayuntamientos franceses y aparece en sellos y monedas. Y la composición – una figura alzando algo sobre una masa – se convirtió en la gramática básica del cartel político del siglo XX, en todos los bandos.

El 7 de febrero de 2013, mientras el cuadro estaba prestado al Louvre-Lens, una visitante de veintiocho años escribió con rotulador «AE911» en la parte inferior derecha. La inscripción se retiró sin dificultad: el barniz protegió la pintura.

¿Y en España?

Delacroix estuvo aquí, y le importó.

En 1832 formó parte de la delegación francesa enviada al sultán de Marruecos, y en el viaje de vuelta, en mayo, pasó por Andalucía: Algeciras, Cádiz, Sevilla. Fueron pocos días, pero llenó cuadernos de dibujos y anotaciones, y volvió con una paleta distinta. Además, fue uno de los primeros artistas franceses que estudió a fondo los Caprichos de Goya, de los que copió varias láminas. La violencia, el humor negro y la libertad de factura de Goya están detrás de buena parte de su obra posterior.

Lo que no hay es cuadros. La presencia de Delacroix en colecciones españolas fue casi inexistente hasta que abrió el Museo Thyssen-Bornemisza en 1992, que conserva obra suya en la colección permanente – la vía más directa para verlo en Madrid.

La gran ocasión fue la retrospectiva del Prado en 2011–2012, la primera aproximación seria al pintor en España y la mayor muestra suya desde la del Louvre de 1963. La Libertad no vino: no se presta.

Dónde ver la obra hoy

El cuadro está en el Museo del Louvre, en la sala Mollien del ala Denon, primera planta – una de las grandes salas rojas de pintura francesa del siglo XIX. Muchas guías dan el número «sala 77»; la numeración ha cambiado y en los planos actuales figura como Mollien.

  • El Louvre cierra los martes. Abre de 9 a 18, y los miércoles y viernes hasta las 21:45. Desde enero de 2026 los visitantes de fuera de la UE pagan una tarifa más alta.
  • Reserva en línea con fecha y hora; sin ella se puede no entrar.
  • Desde la pirámide, sigue «Denon». La sala Mollien está subiendo la escalera Daru, pasada la Victoria de Samotracia, a la izquierda. Diez minutos.
  • En la misma sala están los otros dos grandes Delacroix – La muerte de Sardanápalo, restaurado en 2023, y La entrada de los cruzados en Constantinopla – y a pocos metros La balsa de la Medusa de Géricault. Es el recorrido que explica de dónde sale este cuadro.
  • No hay cola. A diferencia de la Gioconda, se puede estar delante el tiempo que se quiera, a dos metros, sin cristal.
  • Retrocede hasta el fondo de la sala. El cuadro se pintó para verse desde lejos; a cinco metros el humo se ordena y aparece Notre-Dame.

Y a quince minutos a pie, cruzando el Sena, el Museo Nacional Eugène Delacroix, en la plaza de Furstenberg: su última casa y su estudio, con el jardín. Entrada incluida en el billete del Louvre el mismo día o en los dos siguientes.

Preguntas frecuentes

¿Representa la Revolución de 1789?

No. Conmemora la Revolución de Julio de 1830, las «Tres Gloriosas» del 27, 28 y 29 de julio, que derribaron a Carlos X. El título completo empieza con la fecha: «El 28 de julio».

¿Quién es la mujer?

Nadie real: es una alegoría de la Libertad, con gorro frigio. La identificación con Marianne, símbolo de la República, es posterior. En 1831 varios críticos la insultaron por parecer demasiado del pueblo y demasiado poco diosa.

¿El hombre del sombrero de copa es Delacroix?

Es una leyenda muy extendida sin ningún apoyo documental. El Louvre no la sostiene. Delacroix no estuvo en las barricadas: pasó los tres días en casa y después montó guardia con la Guardia Nacional.

¿Es verdad que estuvo escondido?

Sí. El Estado lo compró en 1831 y lo colgó en el Luxemburgo; en 1832 se lo devolvió al pintor, que lo guardó enrollado en un desván. Reapareció en 1848, se retiró en 1849, se expuso en la Exposición Universal de 1855 y entró en el Louvre en 1874.

¿Qué cambió con la restauración de 2024?

Se adelgazaron los barnices oxidados que amarilleaban el cuadro. Volvieron el azul, el blanco y el rojo de la bandera, se recuperó la separación entre planos y se distingue la torre de Notre-Dame al fondo con una bandera tricolor. La pintura original estaba intacta.

¿En qué sala está?

En la sala Mollien, ala Denon, primera planta, junto a los otros grandes formatos de Delacroix y a La balsa de la Medusa. Volvió allí el 2 de mayo de 2024.

¿Ha sido atacado?

En febrero de 2013, durante un préstamo al Louvre-Lens, una visitante escribió con rotulador en la parte baja del lienzo. El daño fue superficial y se limpió.

¿Hay Delacroix en España?

Poco. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid tiene obra suya; el Prado le dedicó una retrospectiva en 2011–2012. Delacroix sí estuvo en España, en mayo de 1832, y copió los Caprichos de Goya, que influyeron decisivamente en su pintura.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La carreta de heno de Constable – el cuadro que Delacroix vio en París en 1824 y que le hizo repintar el fondo del suyo – y con El 3 de mayo de 1808 de Goya, el otro gran cuadro europeo sobre una insurrección popular, pintado dieciséis años antes y con la conclusión contraria.

Imagen: La Liberté guidant le peuple – Eugène Delacroix (1830), Museo del Louvre, París. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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