The Creation of Adam by Michelangelo, 1512

La creación de Adán

Los dedos que se tocan no son de Miguel Ángel. En algún momento del siglo XVI una grieta atravesó la bóveda justo por el punto de contacto, y un trozo de yeso se desprendió llevándose parte de la mano de Adán. El pintor Domenico Carnevali rehízo las falanges hacia 1565, un año después de la muerte de Miguel Ángel. Lo que todo el mundo fotografía, imprime y tatúa – el hueco entre los dos índices – es, en el lado de Adán, una restauración.

Datos clave

¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?

Hasta 1511 la creación del hombre se pintaba de una manera: Dios de pie, con los pies en el suelo, modelando a Adán del barro o levantándolo de la mano. Así está en la puerta del Baptisterio de Florencia, en el relieve de Ghiberti que Miguel Ángel conocía de niño.

Miguel Ángel quitó el suelo. Dios vuela. Llega desde la derecha envuelto en un manto que se hincha como una vela, rodeado de figuras que lo sostienen, y extiende el brazo. Adán está tumbado, recién hecho, con el brazo apoyado en la rodilla, y levanta la mano sin fuerza. Los dedos no se tocan.

Ese hueco es la invención. La vida no se transmite por contacto físico sino por algo que salta entre dos puntos – y Miguel Ángel lo pintó dos siglos y medio antes de que nadie hablara de electricidad. Todo el fresco está construido para que el ojo vaya hacia ese centímetro vacío: la diagonal de Dios, la diagonal de Adán, y en medio nada.

Lo otro que hizo fue pintar a Dios como un anciano de barba blanca, musculoso, con el cuerpo visible bajo una túnica ligera. No había precedente para esa figura. Es la imagen de Dios Padre que Occidente ha usado desde entonces.

Cómo se pintó la bóveda

Conviene contarlo bien, porque el relato popular está lleno de errores.

Julio II quería doce apóstoles. El encargo de 1508 era modesto: los apóstoles en las pechinas y decoración geométrica en el resto. Miguel Ángel, que se consideraba escultor y no quería el trabajo, acabó proponiendo algo mucho mayor – nueve escenas del Génesis, profetas, sibilas, antepasados de Cristo, más de trescientas figuras – y el papa aceptó. El contrato se firmó el 10 de mayo de 1508.

No pintó tumbado. Diseñó un andamio propio, apoyado en los muros sin tocar el suelo, sobre el que trabajaba de pie con la cabeza echada hacia atrás. Lo describe él mismo en un soneto a su amigo Giovanni da Pistoia: el bocio que le ha salido en el cuello, la barba hacia el cielo, la nuca en la espalda, la pintura que le gotea en la cara, la columna doblada como un arco. En el margen del manuscrito dibujó un monigote de pie pintando hacia arriba. El manuscrito se conserva en la Casa Buonarroti de Florencia. La leyenda del pintor tumbado viene de una mala lectura de una frase latina del siglo XVI y de la película de Charlton Heston.

Dos campañas. Empezó por el lado de la entrada y avanzó hacia el altar. En agosto de 1511 el papa quiso ver la primera mitad, se desmontó el andamio, y Miguel Ángel vio su obra desde el suelo por primera vez. Comprobó que las figuras eran demasiado pequeñas y estaban demasiado llenas de detalle para verse a veinte metros. La segunda mitad – la que incluye La creación de Adán – está pintada más grande, más simple y más rápido. El estilo cambia en medio del techo, y se nota.

Terminó en octubre de 1512. La bóveda se inauguró el 31 de octubre, víspera de Todos los Santos. Julio II murió cuatro meses después.

Un fresco se pinta sobre yeso húmedo, por secciones diarias llamadas giornate. Cuando el yeso seca, ya no se puede corregir. La creación de Adán ocupa unas dieciséis giornate: la figura de Adán, en cuatro; la de Dios, en más. La mano de Adán es una jornada entera de trabajo.

Simbolismo y en qué fijarse

La capilla está a veinte metros del suelo y llena de gente. Conviene saber de antemano qué se busca.

Las dos manos. La de Dios está tensa, con el índice extendido hasta la última falange. La de Adán cuelga: el índice apenas se levanta, la muñeca está floja. No es un encuentro entre iguales. Uno da, el otro está a punto de recibir.

El cuerpo de Adán. Es un atleta griego recostado, con la pose de los dioses fluviales de la escultura antigua que Miguel Ángel había estudiado en Roma. Pero la cabeza tiene algo que la escultura antigua no tenía: está mirando, esperando. Es un cuerpo perfecto que todavía no está vivo.

La figura bajo el brazo de Dios. Una mujer joven, con los ojos abiertos hacia Adán, y al lado un niño. Las lecturas tradicionales dicen Eva, aún por crear, «en la mente de Dios». Otras, la Sabiduría divina de los Proverbios, o la Virgen María con el Niño – lo que convertiría la escena en una anticipación de toda la historia cristiana. Miguel Ángel no dejó explicación.

El manto. En 1990 el médico Frank Meshberger publicó en la revista JAMA que el contorno del manto rojo y las figuras que lo llenan coinciden con un cerebro humano visto de lado: el lóbulo frontal, el tronco, la cisura de Silvio. Miguel Ángel diseccionaba cadáveres y conocía el cerebro. La hipótesis se ha repetido mucho; los historiadores del arte la consideran sugerente y no demostrable, y no hay ningún texto de la época que la apoye.

El fondo. No hay nada. Ni paisaje, ni horizonte, ni arquitectura. Adán está sobre una roca verde y Dios en el aire, y entre los dos, un vacío gris. Es la única escena de la bóveda sin un solo elemento de escenario.

Las dos diagonales. El cuerpo de Adán forma una línea que sube de izquierda a derecha; el grupo de Dios, una línea que baja de derecha a izquierda. Se cruzan exactamente en el hueco entre los dedos.

Los colores. Rosa, lila, verde ácido, naranja. Hasta 1990 nadie los había visto: cuatro siglos de hollín de velas y cola animal los habían apagado hasta el marrón. La restauración los devolvió y provocó una polémica que todavía no se ha cerrado.

La restauración que cambió al pintor

Entre junio de 1980 y abril de 1994, un equipo del Vaticano dirigido por Gianluigi Colalucci limpió toda la bóveda, centímetro a centímetro, con esponjas y disolventes suaves. La financió la cadena japonesa Nippon TV a cambio de los derechos de reproducción – que es la razón por la que hoy está prohibido fotografiar en la capilla.

Lo que apareció debajo de la suciedad fue un Miguel Ángel que nadie conocía: colorista, brillante, con contrastes de tonos que parecían de un pintor manierista. La imagen de un artista de paleta sombría y escultórica, construida durante siglos, se vino abajo.

Un grupo de críticos, con el estadounidense James Beck a la cabeza, sostuvo que los restauradores se habían llevado, junto con la suciedad, una capa de retoques en seco que el propio Miguel Ángel había aplicado sobre el fresco terminado – las sombras, los matices. El Vaticano respondió que esas capas eran de restauraciones posteriores. La discusión sigue abierta entre especialistas, y no hay forma de resolverla: lo que se quitó ya no está.

En una esquina de la bóveda se dejó sin limpiar un pequeño rectángulo, como testigo de cómo estaba todo antes.

Contexto histórico

La Capilla Sixtina se construyó entre 1473 y 1481 para Sixto IV, como capilla del palacio papal y sede de los cónclaves. Sus muros los pintaron Botticelli, Perugino, Ghirlandaio y Rosselli con historias de Moisés y de Cristo. El techo era un cielo azul con estrellas doradas.

Hacia 1504 la bóveda se agrietó y hubo que reforzarla. El cielo estrellado se perdió, y Julio II decidió que había que pintar algo nuevo.

Julio II – Giuliano della Rovere, sobrino de Sixto IV – era un papa guerrero que dirigía ejércitos en persona y quería hacer de Roma la capital del mundo. Tenía a Bramante construyendo la nueva basílica de San Pedro, a Rafael pintando sus habitaciones y a Miguel Ángel, primero, esculpiendo su tumba. La tumba se aplazó y Miguel Ángel acabó en el techo, contra su voluntad.

Eran los años en que Lutero visitaba Roma – lo hizo en 1510 – y volvía a Alemania escandalizado por el lujo. La Reforma empezó cinco años después de inaugurarse la bóveda.

Sobre Miguel Ángel

Nació el 6 de marzo de 1475 en Caprese, en el Casentino toscano, donde su padre era podestà. Entró a los trece años en el taller de Ghirlandaio y al año siguiente en el jardín de esculturas de Lorenzo el Magnífico, donde vivió como uno más de la casa.

Antes de la Sixtina ya había hecho la Piedad de San Pedro, con veinticuatro años, y el David, con veintinueve. Se consideraba escultor y lo repitió toda su vida; firmaba las cartas «Michelangelo scultore».

Después: la sacristía de los Médici, el Moisés, el Juicio Final en la pared del altar de la misma capilla – veinticinco años después de la bóveda –, la cúpula de San Pedro, la plaza del Capitolio. Y más de trescientos poemas.

Murió en Roma el 18 de febrero de 1564, a los ochenta y ocho años. Su sobrino sacó el cuerpo de la ciudad a escondidas para enterrarlo en Florencia, en Santa Croce, donde está.

Legado e influencia

Es la imagen religiosa más reproducida de la historia y hace tiempo que dejó de ser religiosa. Las dos manos aparecen en el cartel de E.T., en anuncios de móviles y de cerveza, en camisetas, en el logotipo de laboratorios y hospitales, y en una parte considerable de los memes que circulan cualquier día.

En arte, fijó dos cosas: el cuerpo masculino ideal – el Adán de la Sixtina es la referencia de la anatomía heroica durante tres siglos – y la figura de Dios Padre como anciano barbudo, que antes no existía en esa forma.

Y estableció que un techo podía ser la obra principal de un edificio. Antes de 1512 la bóveda era el lugar del cielo azul y las estrellas. Después, fue el lugar más ambicioso de cualquier iglesia o palacio.

La capilla hoy: cónclaves y multitudes

La Sixtina sigue siendo lo que era en 1481: la capilla donde se elige al papa. En mayo de 2025, tras la muerte de Francisco, se cerró al público durante casi dos semanas para el cónclave que eligió a León XIV. Se retiran los andamios de visitantes, se instala una estufa con chimenea para las fumatas, se sellan las ventanas y los cardenales votan bajo La creación de Adán. Es el único uso de la capilla para el que fue construida.

El resto del año recibe unas veinticinco mil personas al día. La densidad del público y el calor que desprende son el mayor problema de conservación del fresco, y los Museos Vaticanos instalaron en 2014 un sistema de climatización y una iluminación led diseñados para ello.

¿Y en España?

Hay muy poco de Miguel Ángel en España, pero lo que hay tiene una historia extraordinaria.

El San Juanito de Úbeda. Una escultura de mármol del Bautista niño, de hacia 1495, atribuida a Miguel Ángel con veinte años. Llegó a España en el siglo XVI como regalo a Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, y se colocó en la capilla del Salvador de Úbeda, en Jaén. En 1936, al principio de la Guerra Civil, fue destrozada a golpes: quedó en catorce fragmentos. Los pedazos se guardaron durante décadas. Entre 1994 y 2013 el Opificio delle Pietre Dure de Florencia – el laboratorio que restauró el David – la recompuso, y volvió a Úbeda. Es la única escultura de Miguel Ángel en España y una de las pocas fuera de Italia.

Dos dibujos en el Prado. Un estudio de hombro y brazo derecho y otro de un brazo, ambos a lápiz, hechos entre 1536 y 1541 como preparación para el Juicio Final de la propia Sixtina – uno para un bienaventurado, otro para un demonio. Llegaron con el legado Fernández Durán en 1931 y los especialistas británicos Turner y Joannides confirmaron la mano del maestro. Se exponen rara vez, por la fragilidad del papel.

No hay ninguna pintura de Miguel Ángel en España. Tampoco fuera del Vaticano, salvo dos tondos y una tabla en Florencia y Londres: Miguel Ángel pintó muy poco sobre tabla, y casi todo lo demás está en techos y paredes de Roma.

Dónde ver la obra hoy

La Capilla Sixtina está dentro de los Museos Vaticanos, con entrada por el Viale Vaticano, en Roma. No existe entrada solo a la capilla: se llega al final del recorrido del museo, después de kilómetro y medio de galerías.

  • Precio: 20 euros la entrada general, más 5 de reserva en línea; 10 la reducida. Menores de 7 años gratis.
  • Reserva en la web oficial, con día y hora. En temporada alta las entradas se agotan con semanas de antelación; en taquilla, la cola puede pasar de dos horas y no garantiza entrar.
  • Abre de lunes a sábado; cierra los domingos, salvo el último de cada mes, que es gratuito de 9 a 14 con último acceso a las 12:30 – y es el día más masificado del mes. Hay aperturas nocturnas los viernes en algunas temporadas.
  • Los primeros turnos de la mañana son casi imposibles de conseguir sin visita guiada de «primer acceso». Si no, entra a última hora: las salas empiezan a vaciarse noventa minutos antes del cierre.
  • Prohibido fotografiar y prohibido hablar. Los vigilantes repiten «silenzio» cada pocos minutos. Es la única sala de los museos donde ocurre.
  • Hombros y rodillas cubiertos; con pantalón corto hasta la rodilla se entra.
  • Localiza el panel. La creación de Adán es el cuarto de los nueve del centro contando desde la pared del altar, la del Juicio Final. Mira primero el Juicio, después vuélvete y busca las manos. Está más cerca del altar que de la entrada.
  • Unos prismáticos pequeños cambian la visita. La bóveda está a veinte metros y a simple vista los dedos son un punto.
  • Hay bancos en los laterales. Siéntate: es la única manera de mirar hacia arriba más de un minuto sin marearse.

Antes de llegar: las Estancias de Rafael, con La escuela de Atenas, pintadas en los mismos años a cincuenta metros. Rafael vio la primera mitad de la bóveda en 1511 y añadió a su fresco, después, una figura en el estilo de Miguel Ángel: el Heráclito sentado en los escalones tiene la cara de Buonarroti.

¿Por qué algunos cuadros te atrapan y otros no? La neurociencia lleva dos décadas intentando responderlo, con resultados menos claros de lo que suele contarse: qué le hace el arte al cerebro.

Preguntas frecuentes

¿Miguel Ángel pintó tumbado?

No. Trabajó de pie sobre un andamio de su propio diseño, con la cabeza hacia atrás, durante cuatro años. Lo describe en un soneto conservado en Florencia, con un dibujo al margen que lo muestra en esa postura. La leyenda del pintor tumbado es posterior.

¿Los dedos son originales?

Los de Dios, sí. Los de Adán fueron repintados por Domenico Carnevali hacia 1565, después de que una grieta en la bóveda hiciera caer parte del yeso original en ese punto.

¿Quién es la mujer bajo el brazo de Dios?

Se han propuesto Eva, la Sabiduría divina y la Virgen María. Miguel Ángel no dejó explicación y el programa iconográfico de la bóveda no la nombra.

¿El manto de Dios tiene forma de cerebro?

Un médico estadounidense lo propuso en 1990 y la comparación es llamativa. Ningún documento de la época lo apoya y los historiadores del arte lo tratan como una hipótesis, no como un hallazgo.

¿Por qué no se pueden hacer fotos?

Porque la cadena japonesa Nippon TV financió la restauración de 1980–1994 a cambio de los derechos de reproducción. La prohibición se mantiene desde entonces, aunque los derechos exclusivos han expirado. El silencio obligatorio responde a que la capilla sigue siendo un lugar de culto.

¿Cuánto se tarda en ver la capilla?

Desde la entrada del museo, entre una hora y media y dos hasta llegar, siguiendo el recorrido corto. Dentro, el tiempo no está limitado, pero la densidad de público hace difícil quedarse más de veinte minutos.

¿Hay algo de Miguel Ángel en España?

Una escultura – el San Juanito de la capilla del Salvador de Úbeda, destrozada en 1936 y recompuesta en Florencia – y dos dibujos preparatorios para el Juicio Final en el Museo del Prado. Ninguna pintura.

¿Cómo se relaciona con La escuela de Atenas?

Rafael pintaba las Estancias del mismo palacio en los mismos años. Vio la primera mitad de la bóveda en 1511 y respondió añadiendo a su fresco la figura de Heráclito con el rostro de Miguel Ángel, en un trozo de yeso pintado aparte. El añadido se distingue todavía.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La escuela de Atenas – a cincuenta metros, pintada al mismo tiempo, por el rival – y con el David, la escultura que hizo siete años antes y que él consideraba su verdadero oficio.

Imagen: La creazione di Adamo – Miguel Ángel (c. 1511), bóveda de la Capilla Sixtina, tras la restauración de 1994. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

Entradas Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *