La madre de Whistler
El cuadro más famoso de la pintura estadounidense estuvo empeñado. En 1878, Whistler demandó por difamación al crítico John Ruskin, que había escrito que le cobraba al público doscientas guineas por «arrojarle un bote de pintura a la cara». Whistler ganó el juicio y el jurado le concedió un cuarto de penique — un farthing, la moneda más pequeña que existía — con las costas repartidas. Fue una victoria que lo arruinó: en mayo de 1879 estaba en bancarrota, perdió la casa y sus bienes salieron a subasta. El retrato de su madre se salvó por un detalle técnico: ya estaba depositado como garantía de un préstamo, así que legalmente no era suyo y los acreedores no pudieron tocarlo. Whistler tardó años en recuperarlo.
Datos clave
- Artista: James McNeill Whistler (1834–1903)
- Título real: Arrangement in Grey and Black No. 1: Portrait of the Painter’s Mother
- Fecha: 1871
- Técnica: óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 144,3 × 162,5 cm
- Modelo: Anna Matilda McNeill Whistler (1804–1881), de sesenta y siete años
- Movimiento: Esteticismo y tonalismo – Whistler rechazaba las etiquetas
- Ubicación: Museo de Orsay, París – inv. RF 699. Comprado por el Estado francés en 1891 por 4.000 francos
El título importa
«La madre de Whistler» es un apodo, y es exactamente lo que el pintor no quería.
El título que él puso es Arreglo en gris y negro n.º 1, con el retrato como subtítulo. No es una excentricidad: Whistler titulaba sistemáticamente sus cuadros con vocabulario musical — arreglos, sinfonías, nocturnos, armonías — porque defendía que la pintura debía funcionar como la música: relaciones de tono y forma, sin obligación de contar nada.
Lo escribió sin rodeos: para él, un cuadro era «un arreglo de línea, forma y color primero», y la identidad de la persona retratada debería importarle al público tan poco como al oyente de un nocturno le importa quién inspiró la melodía.
El público hizo exactamente lo contrario. Convirtió el arreglo en «la madre», y el cuadro que pretendía ser abstracción tonal se transformó en el monumento universal a la maternidad, con sello postal incluido.
Es una de las mayores ironías de la historia del arte: la obra que mejor resume el «arte por el arte» es también la más sentimentalizada del siglo XIX.
Cómo se hizo
La anécdota que se repite — una modelo que no apareció y una madre que la sustituyó — circula desde el principio y probablemente es cierta en lo esencial, aunque no hay documento que la fije.
Lo que sí está documentado: Anna posó primero de pie, y a los sesenta y siete años no pudo sostener la postura durante las sesiones, que Whistler alargaba hasta lo inhumano. Se sentó, y de ese fracaso salió la composición.
Anna vivía con su hijo en Chelsea desde 1863. Había llegado de Estados Unidos huyendo de la Guerra de Secesión, era presbiteriana estricta y su presencia en la casa de un hijo bohemio produjo el efecto previsible: Whistler tuvo que despedir a su amante y modelo, Joanna Hiffernan, del domicilio.
Ella no lo llamaba Whistler ni James. Lo llamaba Jemie, y en sus cartas se refiere al cuadro con orgullo discreto.
Simbolismo y en qué fijarse
La estructura. Todo son rectángulos: la cortina a la izquierda, el zócalo, el marco del grabado, el escalón del reposapiés. Sobre esa retícula, la única curva es Anna. Es una composición de Mondrian con una persona dentro, cincuenta años antes.
El perfil. Absoluto, sin un grado de giro. Anna no mira al espectador ni le ofrece expresión. Es la decisión que hace el cuadro: convierte un retrato en una silueta.
El grabado de la pared. No es un adorno genérico: es Black Lion Wharf, un aguafuerte del propio Whistler de su serie sobre el Támesis, de 1859. Está colgado torcido a propósito, para romper la simetría.
La cortina. Con un estampado claro sobre fondo oscuro, desdibujado. Es la parte más «japonesa» del cuadro y la única zona con decoración.
Los grises. Hay que mirarlos con tiempo: el negro del vestido no es el negro de la cortina ni el del zócalo. La obra entera se construye con dos colores y sus intervalos, más el blanco roto de la cofia, los puños y el pañuelo que sostiene en el regazo.
Los pies. Apenas apoyados en el reposapiés, un poco separados del suelo. Es el detalle que devuelve la fragilidad humana a una composición geométrica.
La mariposa. Whistler firmaba con un monograma en forma de mariposa, dibujado dentro de un pequeño cartucho. Búscalo en la cortina, arriba a la izquierda.
Contexto histórico
Whistler expuso el cuadro en la Royal Academy de Londres en 1872, y estuvo a punto de no entrar. El jurado lo rechazó, y solo se admitió cuando Sir William Boxall, director de la National Gallery y miembro del comité, amenazó con dimitir si no se colgaba. Entró, se colgó mal, y pasó desapercibido.
Whistler no volvió a exponer en la Royal Academy.
La Inglaterra victoriana esperaba de un retrato que contara algo: el cargo, la fortuna, la virtud del retratado. Un cuadro que declaraba abiertamente que la modelo era un elemento compositivo resultaba incomprensible o insolente, y de ahí al juicio con Ruskin había un paso corto.
En Francia lo entendieron antes. Cuando en 1891, con la mediación de su amigo el poeta Stéphane Mallarmé, el Estado francés lo compró para el Museo del Luxemburgo, se convirtió en el primer cuadro de un artista estadounidense adquirido por un museo público francés. Pagaron 4.000 francos, mucho menos de lo que habría dado un coleccionista americano. Whistler prefirió el prestigio.
Sobre James McNeill Whistler
Nació en Lowell, Massachusetts, en 1834, y pasó parte de su infancia en San Petersburgo, donde su padre, ingeniero, construía el ferrocarril para el zar. Ingresó en la academia militar de West Point y lo expulsaron por suspender química; años después bromeaba con que, si el silicio hubiera sido un gas, él habría sido general.
Se instaló en París en 1855 y después en Londres. Nunca volvió a Estados Unidos.
Su obra viene de tres fuentes: Velázquez — los fondos neutros, los negros, la figura aislada en el espacio —, la estampa japonesa — la asimetría, el plano, el recorte — y la música.
Fue un personaje público: dandi, deslenguado, autor de un libro titulado El gentil arte de hacerse enemigos. El juicio contra Ruskin lo arruinó y lo hizo famoso a la vez. Se rehízo en Venecia con una serie de aguafuertes, volvió a Londres y murió allí en 1903.
Anna murió en 1881, en Hastings, sin haber visto el reconocimiento del cuadro. Está enterrada allí.
Legado e influencia
Es probablemente la pintura estadounidense más reconocible del mundo, y su fama se construyó en un momento muy concreto.
Entre 1932 y 1934, en plena Gran Depresión, el cuadro hizo una gira por Estados Unidos. Se expuso en el MoMA y en una docena de ciudades, y las colas dieron la vuelta a la manzana. En un país arruinado, la imagen de una madre austera y paciente funcionó como icono moral. En 1934 el servicio postal emitió un sello de tres centavos por el Día de la Madre, con el cuadro reproducido — y, significativamente, con un jarrón de flores añadido que Whistler no pintó.
Desde entonces está en todas partes: en Los Simpson, en Mr. Bean — la película de 1997 construye su trama entera alrededor de este lienzo —, en anuncios, en portadas, en miles de parodias.
Y hay una descendencia seria. La idea de que un cuadro puede ser poderoso por lo que omite — la contención, el vacío, la figura sola en un interior — llega directa a Edward Hopper. Whistler es también el puente entre el realismo europeo y la abstracción: cuando Kandinsky escriba que un cuadro es una armonía de colores, estará usando el vocabulario que Whistler impuso.
¿Y en España?
La conexión es más directa de lo que parece, y va en la dirección contraria a la habitual: no es España la que recibe, es Whistler el que viene a buscar.
Velázquez fue su modelo declarado. Whistler lo estudió en las copias y los grabados, planeó repetidamente un viaje a Madrid — llegó a estar en la frontera en 1863 y dio media vuelta — y nunca consiguió ver los originales del Prado. Su obsesión era conocida en su círculo y se convirtió en una broma recurrente: el pintor que construyó una carrera sobre Velázquez sin haber pisado nunca la sala de las Meninas.
La deuda se ve igualmente. Los fondos neutros sin profundidad medible, la figura recortada contra la penumbra, la gama construida sobre negros y grises, los retratos de cuerpo entero sobre suelos indefinidos: todo eso sale de Velázquez, filtrado por reproducciones.
En cuanto a obra suya en España, no hay Whistler en las colecciones públicas españolas de primer nivel. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid es el sitio donde ver a sus contemporáneos del otro lado del Atlántico — Sargent, Homer y la pintura estadounidense del XIX, un fondo poco común en Europa — y donde entender en qué tradición se movía.
Dónde verla hoy
Está en el Museo de Orsay, esplanade Valéry Giscard d’Estaing, en la orilla izquierda del Sena. Metro Solférino, línea 12, o RER C, estación Musée d’Orsay.
- Cierra los martes. Abre de martes a domingo de 9:30 a 18; los jueves hasta las 21:45.
- Entrada general en torno a 16 euros. Gratis para menores de 18 y ciudadanos de la UE hasta 25 años, con documento. Primer domingo de mes gratuito para todos, y lleno.
- Compra en línea con franja horaria; sin reserva, la cola supera media hora casi siempre.
- El cuadro viaja mucho. Es una de las obras que Orsay presta con más frecuencia a exposiciones internacionales, y ha estado fuera de París durante meses en varias ocasiones recientes. Comprueba en la web del museo que está expuesto antes de ir expresamente a verlo.
- Los jueves después de las 19 el museo se vacía. Es el mejor momento de la semana.
- Míralo de lejos primero. A ocho metros la composición se lee como una retícula de rectángulos; de cerca aparecen los intervalos de gris y la pincelada, mucho más fluida de lo que sugieren las reproducciones.
- En las mismas plantas están los impresionistas, Olympia de Manet y la Noche estrellada sobre el Ródano de Van Gogh. Whistler conocía a Manet y a Degas personalmente.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el título verdadero?
Arrangement in Grey and Black No. 1: Portrait of the Painter’s Mother. Whistler titulaba sus obras con vocabulario musical — arreglos, sinfonías, nocturnos — porque defendía que la pintura no tenía que contar nada. El apodo popular es justo lo que él intentaba evitar.
¿Es cierto que otra modelo no apareció?
Es la versión que circula desde el principio y probablemente algo hay de cierto, aunque no está documentada. Lo que sí se sabe es que Anna posó primero de pie y que, con sesenta y siete años, no pudo sostener la postura en sesiones largas. La composición sentada nació de ahí.
¿Qué es el grabado de la pared?
Black Lion Wharf, un aguafuerte del propio Whistler de 1859, de su serie sobre el Támesis. Está colgado ligeramente torcido para romper la simetría de la composición.
¿Qué pasó en el juicio contra Ruskin?
Ruskin escribió en 1877 que Whistler cobraba doscientas guineas por «arrojarle un bote de pintura a la cara al público». Whistler lo demandó por difamación y ganó, pero el jurado le concedió un farthing — un cuarto de penique — y el juez repartió las costas. Whistler quebró en mayo de 1879.
¿Estuvo empeñado el cuadro?
Sí. Antes de la bancarrota, Whistler lo había depositado junto con otras obras como garantía de préstamos, de modo que no formaba parte de sus bienes embargables. Eso lo salvó de la subasta, pero tardó años en poder recuperarlo.
¿Por qué está en Francia?
Porque el Estado francés lo compró en 1891 por 4.000 francos, con la mediación de Stéphane Mallarmé, para el Museo del Luxemburgo. Fue el primer cuadro de un artista estadounidense que entró en un museo público francés. Whistler prefirió el prestigio al dinero que le habría dado un coleccionista de su país.
¿Cómo se hizo tan famoso?
Por una gira estadounidense entre 1932 y 1934, en plena Gran Depresión, con colas multitudinarias, y por el sello postal de tres centavos del Día de la Madre de 1934 — que añadió un jarrón de flores que Whistler nunca pintó.
¿Está siempre expuesto?
No necesariamente. Orsay lo presta con frecuencia a exposiciones internacionales y ha pasado temporadas largas fuera de París. Conviene comprobar la ficha de la obra en la web del museo antes de viajar.
Si esta obra te ha interesado, sigue con Las meninas — el cuadro de Velázquez que Whistler persiguió toda su vida sin llegar a ver — y con La gran ola de Kanagawa, la tradición japonesa de la que sacó la asimetría, el plano de color y el recorte que organizan este retrato.
Imagen: Arrangement in Grey and Black No. 1: Portrait of the Painter’s Mother – James McNeill Whistler (1871), Museo de Orsay, París. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
