The Tower of Babel by Pieter Bruegel the Elder, 1563

La torre de Babel

La torre se está construyendo mal, y es a propósito. Mira los arcos del nivel inferior: están levantados sobre roca en pendiente, de modo que las columnas no son verticales y cada anillo se inclina un poco más que el anterior. El conjunto no sube en horizontal: gira en espiral y se va escorando hacia la izquierda. Además, los pisos altos están empezados antes de terminar los bajos, y algunas zonas ya se desmoronan mientras otras todavía se cubren de andamios. Bruegel no pintó una torre que Dios derribará: pintó una torre que se va a caer sola.

Datos clave

Quién lo pagó, y por qué importa

Este cuadro tiene una de las procedencias mejor documentadas del siglo XVI, y comparte historia con otra obra célebre.

Lo encargó Niclaes Jonghelinck, banquero y coleccionista de Amberes, el mismo hombre que le encargó a Bruegel la serie de los Meses del Año. Llegó a tener dieciséis cuadros suyos, colgados en su casa de campo a las afueras de la ciudad para enseñarlos en banquetes.

En febrero de 1566, Jonghelinck avaló con toda esa colección una deuda de un amigo, y el documento notarial enumera «la Torre de Babel» entre las obras. El amigo no pagó. Los cuadros pasaron a la ciudad de Amberes ese mismo año.

Después el rastro es continuo: en 1604 ya figura en la colección del emperador Rodolfo II; en 1659, en la del archiduque Leopoldo Guillermo; de ahí, a la colección imperial vienesa y al museo actual. Nunca ha habido la menor duda sobre su autoría, entre otras cosas porque está firmado y fechado, algo que Bruegel no siempre hacía.

Un detalle de contexto: 1563 es el año en que Bruegel se mudó de Amberes a Bruselas. Este cuadro es su despedida de la ciudad que aparece al fondo.

La ciudad del fondo es Amberes

Esto es lo que convierte el cuadro en algo más que una ilustración bíblica.

A la derecha de la torre, entre la bruma, hay una ciudad portuaria con tejados escalonados flamencos, muelles, grúas de carga y barcos de vela. No hay nada mesopotámico en ella. Es Amberes, o una ciudad como Amberes, y Bruegel vivía allí cuando lo pintó.

Y Amberes en 1563 era, literalmente, una Babel. Era el puerto más rico de Europa, con más de cien mil habitantes y colonias de comerciantes portugueses, españoles, italianos, ingleses, alemanes y hanseáticos. Se oían decenas de lenguas en la bolsa. Los predicadores de la época la comparaban con Babilonia por su riqueza y su desorden moral, y el paralelo estaba en el aire.

Poner la torre de Babel junto a Amberes no era ilustrar el Génesis: era señalar a la ciudad por su nombre.

Las tres torres

Bruegel pintó este tema tres veces, y conviene ordenarlas.

La primera, hacia 1552–1553, durante su estancia en Roma: una miniatura sobre marfil, hecha probablemente en el círculo del miniaturista croata Giulio Clovio, en cuyo inventario se menciona. Está perdida.

La segunda es esta, de 1563, la «Gran Torre».

La tercera, la «Torre pequeña», en el Museum Boijmans Van Beuningen de Róterdam. Mide 60 × 74,6 cm — la mitad de alto y la mitad de ancho, es decir, una cuarta parte de la superficie — y no está fechada; se sitúa entre 1563 y 1568.

Las dos comparten composición, y las radiografías muestran que la de Róterdam se parecía todavía más a esta en sus primeras fases, antes de que Bruegel la modificara. Pero difieren en mucho: la torre de Róterdam es más oscura, está más avanzada, no tiene rey en primer plano y su arquitectura es distinta.

Simbolismo y en qué fijarse

El Coliseo. La torre es, sin disimulo, el anfiteatro Flavio de Roma multiplicado en altura: los mismos arcos superpuestos, las mismas pilastras entre ellos. Bruegel lo había visto en los años cincuenta, medio derruido y ocupado por viviendas y talleres. Eligió como modelo de la soberbia humana la mayor ruina del mayor imperio. Y para un público protestante de 1563, «Roma» significaba además otra cosa.

El rey. Abajo a la izquierda, un monarca con corona, capa y séquito, ante el que unos canteros se postran de rodillas sobre la piedra. La tradición lo identifica con Nemrod, aunque el Génesis no lo nombra como constructor: esa atribución viene de Flavio Josefo. Es diminuto comparado con lo que manda construir.

La roca. La torre no está sobre suelo llano: engulle un afloramiento rocoso que asoma entre los arcos del lado izquierdo. Construir sobre ese desnivel es lo que provoca toda la inclinación.

Las nubes. El último nivel terminado ya está por encima de ellas, y una nube rodea la torre a media altura. Sigue habiendo pisos en obra por encima.

Los andamios y las grúas. Están pintados con exactitud técnica: ruedas de ardilla —esas enormes ruedas huecas donde caminaban hombres para accionar la grúa—, poleas, rampas, cabrestantes. Bruegel había visto obras reales.

La gente. Cientos de figuras de dos o tres milímetros, cada una haciendo algo distinto: tallar, izar, transportar, descansar, discutir. Hay casas habitadas dentro de la propia torre, con ropa tendida.

La luz. Entra por la izquierda y deja el lado derecho en sombra, subrayando que hay una mitad viva y otra que se apaga.

Contexto histórico

En 1563 los Países Bajos eran territorio de la Corona española y la tensión era máxima. Felipe II gobernaba desde Madrid, la Inquisición actuaba, y en 1566 estallaría la furia iconoclasta que abrió la revuelta y la guerra de los Ochenta Años. Bruegel moriría en 1569, en plena represión del duque de Alba.

El tema de Babel tenía en ese momento una carga doble. Por un lado, la confusión de lenguas era la metáfora obvia de la fractura religiosa: católicos, luteranos, calvinistas y anabaptistas predicando en la misma ciudad sin entenderse. Por otro, la soberbia del constructor apuntaba al poder absoluto, y nadie tenía que explicarlo.

Bruegel nunca dijo qué quería decir. Era demasiado listo para ponerlo por escrito, y esa ambigüedad es la razón de que el cuadro colgara sin problemas en casa de un banquero católico.

Sobre Pieter Bruegel el Viejo

Nació hacia 1525, probablemente en el Brabante, y fue admitido como maestro en el gremio de San Lucas de Amberes en 1551. Viajó a Italia entre 1552 y 1554, llegó hasta Sicilia, cruzó los Alpes y volvió sin haber copiado a ningún italiano: lo que trajo fueron dibujos de montañas y una torre pintada en marfil.

Empezó ganándose la vida con diseños para grabado, para el editor Hieronymus Cock, que los vendía anunciando a «el nuevo Bosco». La deuda con El Bosco está en toda su obra temprana.

Lo llamaron «Bruegel el Campesino», pero la etiqueta engaña: era un hombre culto, con amistades humanistas, que vivía en la ciudad y pintaba para banqueros y cardenales. No era un campesino; pintaba campesinos para quien podía pagarlos.

Se casó en Bruselas en 1563 —el año de este cuadro— y murió allí el 9 de septiembre de 1569, con poco más de cuarenta años. Se conservan unas cuarenta pinturas suyas.

Legado e influencia

Bruegel fijó para siempre el aspecto de la torre de Babel. Antes de él, las representaciones eran torres cuadradas o escalonadas; después, prácticamente todas son cónicas, con anillos de arcos y espiral ascendente. Hendrick van Cleve, Lucas van Valckenborch y decenas de pintores flamencos repitieron el modelo durante un siglo.

En el cine y la ciencia ficción, esa silueta es el arquetipo de la ciudad vertical y del proyecto desmesurado: se rastrea en Metrópolis de Fritz Lang, en Blade Runner y en buena parte del imaginario distópico del siglo XX.

Y hay un uso institucional con ironía incorporada: el edificio del Parlamento Europeo en Estrasburgo, con su fachada circular y su estructura inacabada, se asocia habitualmente con esta pintura, y en los años noventa el propio Parlamento llegó a usar la imagen de Bruegel en un cartel con el lema de la unión de lenguas. No todo el mundo consideró que fuera una buena elección.

¿Y en España?

Hay una coincidencia de fechas que merece contarse, porque las dos torres son contemporáneas exactas.

El 23 de abril de 1563 se colocó la primera piedra del Monasterio de El Escorial. Ese mismo año, en Amberes, un súbdito de Felipe II firmaba un cuadro sobre una construcción colosal que no se iba a terminar.

No hay ninguna relación documentada entre las dos cosas, y no conviene forzarla. Pero el paralelo es real: el Escorial fue el mayor proyecto constructivo de la Europa del siglo XVI, levantado por el monarca más poderoso del mundo, y se tardó veintiún años en completarlo. La diferencia es que aquel sí se acabó — el 13 de septiembre de 1584 — y sigue en pie a una hora de Madrid.

Hay además un epílogo sombrío para la ciudad del fondo. El 4 de noviembre de 1576, las tropas españolas amotinadas por falta de paga saquearon Amberes durante tres días. Se calcula que murieron unas siete mil personas y ardieron cerca de mil edificios. Se le llamó la Furia Española, y hundió para siempre la primacía comercial de la ciudad, que pasó a Ámsterdam.

La Amberes que Bruegel pintó al pie de la torre desapareció trece años después, y no por confusión de lenguas.

Bruegel en España: el Museo del Prado conserva El triunfo de la Muerte, de hacia 1562 —un año anterior a este cuadro y restaurado en 2018—, y El vino de la fiesta de San Martín, un raro temple sobre lienzo identificado en una colección privada española y adquirido por el museo en 2010.

Dónde verla hoy

Está en el Kunsthistorisches Museum, Maria-Theresien-Platz, Viena, en la galería de pintura de la primera planta, en la sala dedicada a Bruegel.

  • El museo tiene doce Bruegel, la mayor concentración del mundo, casi todos en la misma sala.
  • Cierra los lunes fuera de temporada alta; en verano abre a diario, y los jueves amplía horario. Consulta la web.
  • Acércate cuanto puedas. Hay cientos de figuras de dos o tres milímetros, y la diferencia entre ver «una torre» y ver lo que realmente pasa en ella son treinta centímetros de distancia.
  • Busca la roca que asoma entre los arcos del lado izquierdo: es el origen de toda la inclinación.
  • Busca las ruedas de ardilla de las grúas y la ropa tendida en las viviendas del interior de la torre.
  • Y después aléjate hasta el fondo de la sala para ver la espiral entera y la ciudad del fondo.
  • En la misma sala: Los cazadores en la nieve, El día sombrío, El regreso del rebaño, La boda campesina y Los juegos de niños.
  • Si está disponible, la aplicación Inside Bruegel del museo permite ver los mismos cuadros en infrarrojo y rayos X.

La versión pequeña está en el Museum Boijmans Van Beuningen de Róterdam. Conviene comprobar su situación antes de viajar: el museo cerró su sede principal para una reforma de varios años y ha expuesto la colección en otros espacios de la ciudad, entre ellos el depósito abierto Depot Boijmans Van Beuningen.

Esta obra existe en más de una versión. Si te interesa saber cuántas hay, dónde están y cómo distinguirlas, tenemos una guía completa: obras famosas con varias versiones.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la torre está torcida?

Porque está mal construida, y Bruegel lo pintó a propósito. La base engulle un afloramiento rocoso en pendiente, de modo que los arcos del nivel inferior no son verticales, y cada anillo se inclina un poco más. Además, los pisos superiores se están levantando antes de terminar los inferiores, y algunas zonas ya se desmoronan.

¿Cuántas versiones hay?

Tres. Una miniatura sobre marfil pintada en Roma hacia 1552–1553, hoy perdida; esta, de 1563, en Viena; y la «Torre pequeña», de 60 × 74,6 cm, en el Museum Boijmans Van Beuningen de Róterdam.

¿Qué ciudad se ve al fondo?

Una ciudad portuaria flamenca, con tejados escalonados, muelles y barcos: Amberes, o una ciudad como Amberes, donde Bruegel vivía en 1563. Era entonces el puerto más rico de Europa y una babel real de lenguas y nacionalidades.

¿Quién es el hombre de la corona?

Tradicionalmente se identifica con Nemrod, aunque el Génesis no lo menciona como constructor de la torre: esa atribución procede de Flavio Josefo. Aparece en primer plano a la izquierda, con su séquito, ante unos canteros arrodillados.

¿Por qué se parece al Coliseo?

Porque Bruegel lo tomó como modelo. Había estado en Roma en los años cincuenta y vio el anfiteatro medio derruido y ocupado por viviendas. Usar la mayor ruina del mayor imperio como imagen de la soberbia humana es parte del argumento.

¿Quién lo encargó?

Niclaes Jonghelinck, banquero de Amberes, el mismo que encargó la serie de los Meses del Año. Llegó a tener dieciséis Bruegel. En 1566 los avaló como garantía de una deuda ajena y pasaron a la ciudad de Amberes.

¿Cuánto mide?

114 × 155 cm. La versión de Róterdam mide 60 × 74,6 cm, es decir, la cuarta parte de superficie.

¿Hay Bruegel en España?

Sí, dos obras en el Museo del Prado: El triunfo de la Muerte, de hacia 1562, y El vino de la fiesta de San Martín, adquirido en 2010.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Los cazadores en la nieve — del mismo pintor, el mismo comitente y la misma sala de Viena — y con el Coliseo, el edificio real que Bruegel usó como modelo para pintar el fracaso.

Imagen: De toren van Babel – Pieter Bruegel el Viejo (1563), Kunsthistorisches Museum, Viena. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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