Praying Hands by Albrecht Dürer, 1508

Manos que rezan

El cuadro para el que se hizo este dibujo ya no existe. Dürer pintó el Retablo Heller entre 1507 y 1509 para la iglesia dominica de Fráncfort, y en su tabla central, abajo a la derecha, había un apóstol arrodillado con las manos juntas. En 1613, el duque Maximiliano I de Baviera compró la tabla y se llevó el original a Múnich, dejando una copia en la iglesia. El 5 de noviembre de 1729, un incendio en la Residencia de Múnich la redujo a cenizas. De la obra más trabajada de la carrera de Dürer no queda nada: solo la copia de Fráncfort y unos pocos estudios preparatorios. Este es uno de ellos. El boceto sobrevivió al cuadro.

Datos clave

  • Artista: Albrecht Dürer (1471–1528)
  • Título original: Studie zu den Händen eines Apostels, «estudio para las manos de un apóstol»
  • Fecha: 1508
  • Técnica: pincel fino, tinta aguada y blanco de plomo sobre papel preparado y teñido de azul
  • Dimensiones: 29,1 × 19,7 cm
  • Movimiento: Renacimiento del Norte
  • Ubicación: Albertina, Viena – inv. 3116
  • Destino original: el Retablo Heller, destruido por un incendio en 1729

La hoja estaba cortada

Es un detalle que cambia cómo se mira el dibujo.

Estas manos no estaban solas en el papel. Según el propio Albertina, la hoja era originalmente apaisada y contenía además un estudio de la cabeza del mismo apóstol. En algún momento alguien la cortó en dos, y las manos quedaron en vertical, centradas, aisladas sobre el azul.

Es decir: el encuadre que ha hecho famosa esta imagen no lo decidió Dürer. Lo decidió unas tijeras.

La cabeza existe y se conserva también en Viena. Verlas separadas es ver el resultado de una edición posterior; verlas juntas, la intención original.

¿Y si no fuera un boceto?

Aquí hay una revisión reciente que merece conocerse, porque contradice lo que dicen todos los manuales.

Christof Metzger, conservador jefe del Albertina, ha propuesto que este dibujo no es un estudio preparatorio en sentido estricto. Sus argumentos:

  • El papel azul es carísimo. Es carta azzurra veneciana, teñida en la pasta, que Dürer había traído de Italia. No se gasta en un apunte de trabajo.
  • La ejecución es excesiva para un boceto: pincel finísimo, blanco de plomo aplicado con cuidado, acabado de obra terminada.
  • Las manos del dibujo y las del cuadro no coinciden del todo en tamaño.

Su hipótesis: Dürer hizo esta hoja para enseñarla. Como muestra de virtuosismo, como carta de presentación ante posibles clientes — una demostración de lo que era capaz de hacer con un pincel y tres tonos.

Metzger añade otra cosa: cree que Dürer usó sus propias manos como modelo.

La teoría no es unánime, y el Albertina sigue describiendo la hoja como estudio para el retablo. Pero cambia el sentido del cuadro: de humilde apunte de taller a autopromoción calculada de un hombre que sabía exactamente lo bueno que era.

Simbolismo y en qué fijarse

Los tres tonos. Ahí está toda la técnica. El azul del papel es el tono medio; la tinta aguada hace las sombras; el blanco de plomo, las luces. Dürer no parte del blanco: parte del medio, y construye hacia arriba y hacia abajo a la vez. Es la técnica veneciana del dibujo sobre papel teñido, y en Alemania era una novedad.

Los nudillos. Reciben el blanco más denso. Son el punto de máxima luz del dibujo.

Los puños de la camisa. Asoman bajo las muñecas, arrugados, con pliegues trabajados con la misma atención que la piel. Son parte del dibujo y casi nadie los mira.

Las venas y los tendones. Marcados bajo la piel con trazos finísimos. Dürer llevaba años haciendo estudios anatómicos y escribiendo sobre proporción.

La tensión. Los dedos no están relajados: se aprietan ligeramente, y las falanges se arquean. Rezar, aquí, cuesta esfuerzo físico.

Y el tamaño. Veintinueve centímetros de alto. Son manos grandes, casi a tamaño natural, y ese es un dato que las reproducciones en tarjetas y colgantes borran por completo.

El retablo perdido, y una queja documentada

La historia del encargo está conservada en cartas, y es una de las mejores fuentes que existen sobre cómo trabajaba un pintor renacentista.

Jakob Heller, comerciante y concejal de Fráncfort, encargó el retablo para la iglesia de los dominicos. Dürer se comprometió a pintar él mismo la tabla central — una Asunción y Coronación de la Virgen — y tardó más de dos años.

Y se quejó amargamente. Escribió a Heller que había trabajado con un detalle y unos pigmentos — azul de ultramar, sobre todo — que hacían el precio acordado ridículo, y que no volvería a hacer un cuadro así nunca más: se ganaba más y antes con los grabados.

Cumplió su palabra. Después del Heller, Dürer no volvió a emprender un retablo de esa ambición.

Al entregarlo dio instrucciones de conservación: que lo mantuvieran limpio, que nadie lo tocara y que no le echaran agua bendita.

Dos siglos después ardió. Los paneles laterales, pintados por su taller y completados luego por Matthias Grünewald, se conservan en Karlsruhe. La copia de Jobst Harrich, hecha hacia 1615 para sustituir al original en Fráncfort, está en el Historisches Museum de esa ciudad, y es — junto con los estudios del Albertina — todo lo que queda.

La leyenda de los dos hermanos

El entry de cualquier buscador está lleno de ella, así que conviene desmontarla con precisión.

La historia dice: Dürer era uno de dieciocho hermanos de una familia pobre; él y su hermano Albert querían ser pintores; echaron a suertes quién estudiaría y quién trabajaría en las minas para pagarlo; ganó Albrecht; cuando volvió triunfante y ofreció invertir los papeles, el hermano le enseñó las manos destrozadas por el trabajo y dijo que ya era tarde; Dürer las dibujó en homenaje.

Es falsa de principio a fin.

  • Dürer era hijo de un orfebre, un artesano acomodado, no de un minero.
  • Sí fueron dieciocho hermanos, pero solo sobrevivieron tres, y ninguno se llamaba Albert.
  • El dibujo es de 1508, cuando Dürer llevaba años siendo el artista más famoso de Alemania.
  • El título original y documentado es Estudio para las manos de un apóstol.

El origen de la leyenda parece ser estadounidense y del siglo XX, probablemente una ilustración de sermón o un relato motivacional que se pegó a una imagen ya célebre y se propagó con ella.

Sobre Albrecht Dürer

Nació en Núremberg en 1471, tercero de dieciocho hermanos, hijo de un orfebre húngaro emigrado. A los trece años se dibujó a sí mismo a punta de plata con ayuda de un espejo; ese dibujo también está en el Albertina.

Viajó dos veces a Italia y volvió convencido de que el pintor era un intelectual y no un artesano. Escribió tratados de geometría, proporción y fortificación.

Su imperio real fue el grabado. Compró su propia prensa hacia 1497, fue diseñador y editor a la vez, registró su monograma AD y lo defendió ante los tribunales contra los falsificadores. Sus estampas se vendían en toda Europa y le dieron una fama que ningún otro artista de su siglo tuvo en vida.

Por eso la queja a Heller no es un capricho: Dürer había calculado que pintar salía a pérdida.

Su obra sobre papel — más de mil dibujos y acuarelas — incluye Melancolía I, la Liebre joven y el autorretrato de 1500. Murió el 6 de abril de 1528, a los cincuenta y seis años.

Legado e influencia

Es probablemente el dibujo más reproducido de la historia, y su circulación no tiene comparación: tarjetas de felicitación, colgantes, tatuajes, lápidas, estampas, esculturas de bronce en jardines de iglesias, tazas.

Esa popularidad tiene un efecto curioso: ha separado la imagen de su autor. Millones de personas reconocen las manos y no saben quién las dibujó, ni que eran de un apóstol, ni que formaban parte de un cuadro.

En la práctica artística, la hoja hizo algo importante: demostró que un estudio podía ser una obra. Durante siglos se copió en las academias como ejercicio, y la idea de que el dibujo es arte terminado y no paso previo llega desde aquí hasta Rembrandt y hasta el siglo XX.

¿Y en España?

Estas manos están en más casas españolas que cualquier otra obra de arte europea, y casi nadie sabe que son de Dürer.

Son la imagen más frecuente de los recordatorios de difuntos —esas estampas que se reparten en los funerales con el nombre, la fecha y una oración—, y una de las más habituales en lápidas, esquelas y estampas devocionales de toda España y de Latinoamérica. La imagen viajó por el circuito de la piedad popular, no por el de los museos, y por eso se reconoce sin atribuirse.

La razón de fondo es más antigua. El grabado de Dürer llegó a España en cantidades enormes durante el siglo XVI, por la ruta de Amberes y del comercio flamenco, y se convirtió en material de trabajo: pintores, escultores y bordadores españoles copiaban composiciones, figuras y detalles directamente de sus estampas. Su influencia es rastreable en la imaginería castellana y en la pintura del Renacimiento español.

La Biblioteca Nacional de España, en Madrid, conserva un fondo importante de estampas de Dürer, y el Museo del Prado tiene cuatro obras suyas: el Autorretrato de 1498 —el inmediatamente anterior al de Múnich—, las tablas de Adán y Eva de 1507 y un Retrato de hombre desconocido.

Adán y Eva son de 1507, es decir, del año en que Dürer empezaba el retablo de Fráncfort. Son contemporáneas de estas manos.

Dónde verlo hoy

Aquí hay una advertencia que conviene dar antes que nada.

El original casi nunca se expone. El papel azul teñido es extremadamente sensible a la luz, y el Albertina lo guarda en su gabinete de estampas y dibujos, mostrándolo solo en ocasiones contadas. Lo que habitualmente se ve en sala es un facsímil. No es un engaño del museo: es la única manera de que la hoja llegue al siglo XXII.

  • Albertina, Albertinaplatz 1, Viena, junto a la Ópera Estatal. Abre todos los días; los miércoles y viernes amplía horario. Consulta precios y horarios en la web.
  • Comprueba la ficha de la obra en su colección en línea antes de viajar expresamente. Si el original no está expuesto, lo dirá.
  • El museo conserva el mayor fondo de dibujos de Dürer del mundo — incluido el autorretrato a punta de plata que hizo a los trece años — y todo rota por conservación.
  • La colección permanente de pintura, la Batliner, tiene Monet, Picasso, Chagall y una de las mejores selecciones de expresionismo austriaco.
  • A pocos minutos: el Kunsthistorisches Museum, con la mayor colección de Bruegel del mundo y pintura alemana del mismo periodo.

Y el cuadro perdido: la copia de Jobst Harrich se puede ver en el Historisches Museum de Fráncfort, y los paneles laterales en la Staatliche Kunsthalle de Karlsruhe. Es lo más cerca que se puede estar hoy del retablo por el que Dürer se quejó a su cliente.

Preguntas frecuentes

¿Para qué se hizo el dibujo?

Tradicionalmente se considera un estudio para las manos de un apóstol de la tabla central del Retablo Heller, encargado por el comerciante Jakob Heller para la iglesia dominica de Fráncfort. El conservador jefe del Albertina, Christof Metzger, ha propuesto que quizá no fuera un boceto sino una demostración de virtuosismo hecha para enseñar a posibles clientes.

¿Qué pasó con el cuadro?

Ardió. El duque Maximiliano I de Baviera compró la tabla central en 1613 y la llevó a Múnich, donde un incendio en la Residencia la destruyó en 1729. Se conservan una copia de Jobst Harrich en Fráncfort, los paneles laterales en Karlsruhe y unos pocos estudios preparatorios.

¿Con qué está hecho?

Con pincel fino, tinta aguada y blanco de plomo sobre papel preparado y teñido de azul. No es un dibujo a pluma. El azul del papel funciona como tono medio: Dürer construye las sombras con tinta y las luces con blanco, sin usar nunca el blanco del papel.

¿Es verdad lo de los dos hermanos mineros?

No. Es una leyenda sin ninguna base documental, probablemente estadounidense y del siglo XX. El padre de Dürer era orfebre, no minero; en 1508 el artista llevaba años siendo el más famoso de Alemania; y el título original del dibujo es «Estudio para las manos de un apóstol».

¿De quién son las manos?

No se sabe. Christof Metzger sostiene que Dürer usó probablemente las suyas propias. Representan las de un apóstol anónimo del retablo.

¿Es cierto que la hoja estaba cortada?

Sí. Originalmente era una hoja apaisada que incluía también un estudio de la cabeza del mismo apóstol. Alguien la dividió posteriormente, y el encuadre vertical y centrado que hizo famosa la imagen no es de Dürer.

¿Se puede ver el original?

Rara vez. El papel teñido es muy sensible a la luz y el Albertina lo conserva en su gabinete de dibujos; en sala suele exponerse un facsímil. Consulta la colección en línea del museo antes de viajar.

¿Hay obra de Dürer en España?

Sí. El Museo del Prado conserva el Autorretrato de 1498, las tablas de Adán y Eva de 1507 y un Retrato de hombre desconocido; la Biblioteca Nacional guarda un fondo importante de sus estampas.

Si esta obra te ha interesado, sigue con el Autorretrato de Dürer —el mismo hombre ocho años antes, reclamando para el artista un lugar que nadie le daba— y con Melancolía I, el grabado con el que convirtió una idea abstracta en imagen.

Imagen: Studie zu den Händen eines Apostels – Albrecht Dürer (1508), Albertina, Viena. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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