El jardín de las delicias
Este cuadro es botín de guerra. En 1568, el duque de Alba lo confiscó en Bruselas al príncipe Guillermo de Orange, el hombre que estaba encabezando la rebelión de los Países Bajos contra España. Pasó al hijo bastardo de Alba, y cuando este murió en 1591, Felipe II lo compró en la almoneda de sus bienes embargados y lo mandó a El Escorial. Allí entró en el libro de registro, el 8 de julio de 1593, sin el título que hoy conocemos: figuraba como «una pintura de la variedad del Mundo, que llaman del Madroño». Durante trescientos años, en España, esta obra se llamó «la pintura del madroño», por un árbol que aparece en el panel izquierdo y al que se está subiendo un oso.
Datos clave
- Artista: Jheronimus van Aken, «El Bosco» (c. 1450–1516)
- Fecha: 1490–1500, según la datación del Museo del Prado
- Técnica: óleo sobre tabla de roble; tríptico con las hojas pintadas por las dos caras
- Dimensiones: 205,5 × 384,9 cm abierto
- Movimiento: Primitivos flamencos
- Ubicación: Museo del Prado, Madrid – salas del Bosco, planta baja, inv. P02823
- En el Prado desde: 1939, procedente de El Escorial
El título es moderno y el original es mejor
El jardín de las delicias no es un título del Bosco ni de su época. Es una denominación del siglo XX, y como todos los títulos modernos, orienta la lectura antes de que empiece.
Los nombres antiguos dicen otra cosa. Antonio de Beatis, que lo vio en 1517, habló de «bizarrías». El inventario de El Escorial lo llamó «pintura de la variedad del Mundo». Y el bibliotecario del monasterio, fray José de Sigüenza, popularizó «la pintura del madroño».
La diferencia importa. «Jardín de las delicias» sugiere placer. «Variedad del Mundo» sugiere catálogo: un inventario de todo lo que hay, bueno y malo. Y el madroño — el árbol de fruta dulce y sabor insípido, que promete más de lo que da — era en el siglo XVI una metáfora corriente del placer efímero.
El título español antiguo es, en realidad, la mejor interpretación breve del cuadro que se ha escrito.
Nunca fue un retablo
Esto explica de un golpe por qué el contenido es el que es.
Un tríptico con bisagras hace pensar en un altar. Este no lo fue nunca. Se pintó para el palacio de una familia noble — la casa de Nassau, señores de Breda —, probablemente por encargo de Enrique III o de su tío Engelberto II. No hay contrato que lo pruebe, pero está documentado en su palacio de Bruselas en 1517.
Un retablo con este contenido — cientos de desnudos, orgías vegetales, un hombre penetrado por una flor — habría sido impensable en una iglesia. En un salón privado, delante de invitados cultos y con vino, era otra cosa: una máquina de conversación. Se abría y se cerraba como un espectáculo.
Y eso resuelve una parte del enigma: no hay que buscarle ortodoxia porque nunca se le pidió.
Simbolismo y en qué fijarse
Cerrado: la Creación. En grisalla, el tercer día del Génesis: una esfera transparente con el mundo dentro, agua, plantas y ninguna criatura viva. Arriba a la izquierda, Dios diminuto con un libro. Una inscripción del salmo 33: «Él lo dijo y todo fue hecho». Es el único momento del tríptico sin figuras humanas, y está pintado sin color. Míralo antes de mirar nada más.
Panel izquierdo: el Paraíso. Dios presenta Eva a Adán. Pero el Edén ya está averiado: un gato se lleva un ratón en la boca, un ave devora una rana, y del estanque salen criaturas imposibles. La violencia entra en el mundo antes que el pecado. En la fuente central, un búho asoma por un agujero — el búho es en el Bosco un animal de mal agüero, no de sabiduría.
El madroño. Primer plano izquierdo, con un oso trepando. El árbol que dio nombre a la obra durante tres siglos.
Panel central: el jardín. Cientos de desnudos, blancos y negros, en un paisaje sin sombra ni sufrimiento. Frutas gigantes que se comen y en las que se vive: fresas, moras, cerezas, granadas. Una cabalgata circular de hombres sobre animales rodeando un estanque de mujeres, en el centro exacto, en la única estructura geométrica del panel. Y ninguna pareja madre-hijo: en todo el jardín no hay un solo niño. Es un mundo sin consecuencias.
Panel derecho: el infierno. Cambia todo: la noche, el incendio al fondo, los negros y los naranjas. Y el castigo es irónico — a los lujuriosos y a los músicos se los tortura con instrumentos: un hombre crucificado en un arpa, otro atado a un laúd, un coro dirigido por un monstruo leyendo una partitura.
La partitura del trasero. En ese grupo, un condenado tiene música escrita en las nalgas. En 2014 una estudiante de Oklahoma, Amelia Hamrick, la transcribió asumiendo notación del siglo XVI y la colgó en internet. Se hizo viral, han salido decenas de versiones y hoy se puede escuchar. Es probablemente el detalle más famoso del cuadro fuera de los museos.
El hombre-árbol. El centro del infierno: un tronco hueco con piernas de barca rota y una taberna en el vientre. Su cabeza, coronada por una gaita, se gira y mira al espectador. Muchos historiadores creen que es un autorretrato del Bosco. No hay prueba.
Las orejas con cuchillo. Dos orejas gigantes atravesadas por una hoja, avanzando como un tanque. Nadie ha explicado convincentemente qué son.
Las interpretaciones, ordenadas por solidez
Conviene separarlas, porque circulan al mismo nivel y no valen lo mismo.
La advertencia moral. La lectura mayoritaria y la que sostiene el Prado: paraíso, caída y castigo, con el panel central como imagen del pecado disfrazado de placer. Es la que defendió Sigüenza en 1605 cuando tuvo que explicar por qué colgaba semejante cosa en un monasterio: escribió que el Bosco pintaba al hombre tal como es por dentro, y que los demás pintan al hombre por fuera.
La alquimia. Se han identificado en las estructuras del cuadro alambiques, matraces y fases del proceso alquímico, y explican bien la forma de las fuentes y las torres. No dan cuenta del conjunto.
La secta adamita. Propuesta a mediados del siglo XX: el panel central mostraría las creencias de los Hermanos del Libre Espíritu, para quienes el desnudo y la unión sexual restauraban la inocencia anterior a la caída. Ha perdido apoyo: no hay ningún documento que vincule al Bosco con ese grupo, y sí muchos que lo vinculan con una cofradía mariana perfectamente ortodoxa, a la que perteneció desde 1486.
El paraíso alternativo. Una corriente moderna lee el panel central no como pecado sino como lo que habría ocurrido si Adán y Eva no hubieran caído: la humanidad multiplicándose en inocencia. Es minoritaria y explica bien la ausencia de violencia y de vergüenza.
Ninguna cierra el cuadro, y ese es el punto.
Contexto histórico
El Bosco vivió toda su vida en ‘s-Hertogenbosch, una ciudad de unos veinticinco mil habitantes en el ducado de Brabante. No consta que viajara a Italia ni a ningún sitio lejano.
Su nombre real era Jheronimus van Aken; firmaba «Jheronimus Bosch», por su ciudad. Era hijo, nieto y bisnieto de pintores. Se casó con una mujer de familia acomodada, vivió con holgura y fue miembro destacado de la Ilustre Cofradía de Nuestra Señora, una hermandad religiosa de la élite local. Murió en 1516 y su funeral se celebró en la capilla de la cofradía.
Es decir: nada en su biografía sugiere al visionario marginal que la leyenda romántica inventó. Era un notable de provincias con un taller próspero y una imaginación sin equivalente.
Su época era la de la devotio moderna, el fin de siglo con obsesión escatológica, las imágenes impresas de demonios que empezaban a circular por miles, y la certeza compartida de que el infierno era un lugar físico.
La pelea de 2016
Merece contarse, porque es el episodio más reciente y el menos conocido.
Para el quinto centenario de la muerte del pintor, un equipo neerlandés — el Bosch Research and Conservation Project — examinó durante seis años todas las tablas atribuidas al Bosco con reflectografía infrarroja y fotografía de altísima resolución, y publicó un nuevo catálogo razonado.
El resultado incendió el asunto. El equipo retiró al Bosco obras que el Prado considera suyas — entre ellas Las tentaciones de San Antonio y La mesa de los pecados capitales, atribuidas a su taller o a seguidores — y le devolvió otras que estaban descartadas.
El Prado respondió con su propia exposición del centenario y mantuvo sus atribuciones. Hubo un enfado institucional considerable y el debate sigue abierto. Lo que nadie discute es este tríptico: es del Bosco, sin sombra de duda.
De las obras cuya autoría no se cuestiona, cinco están en España: El jardín de las delicias y El carro de heno en el Prado, y San Juan Bautista, La adoración de los Magos y Cristo con la cruz a cuestas en El Escorial.
Legado e influencia
Durante el siglo XVII y XVIII el Bosco pasó de moda: se le tuvo por un pintor de disparates y diabluras. Lo rescató el siglo XX.
Los surrealistas lo adoptaron como precursor. Miró, Ernst y sobre todo Dalí vieron en él a alguien que pintaba lo que Freud llamaría inconsciente cuatro siglos antes de que existiera la palabra. La lectura es anacrónica — el Bosco pintaba un sistema simbólico compartido, no sueños privados — pero fue la que lo devolvió a los museos.
En cultura de masas, el tríptico está en todas partes: la portada del tercer álbum de Deep Purple, de 1969, es un detalle de esta obra. Ha aparecido en cine, videojuegos y desfiles de moda, y es probablemente la pintura anterior a 1600 más presente en la cultura pop.
El Prado le dedicó en 2016 una de sus exposiciones más visitadas de la historia, con casi seiscientas mil personas.
Dónde verlo hoy
Está en el Museo del Prado, en las salas del Bosco de la planta baja — habitualmente la 56A —, junto al resto de su colección. Conviene comprobar el plano a la entrada: el museo reorganiza.
- Horario: de lunes a sábado de 10 a 20; domingos y festivos de 10 a 19. No cierra los lunes.
- Precio: 15 euros. Gratuita para menores de 18 y estudiantes de la UE hasta los 25.
- Las dos últimas horas son gratuitas todos los días — de 18 a 20 de lunes a sábado, de 17 a 19 los domingos —, no solo los lunes. No se reserva: hay cola en la puerta de Goya desde una hora antes, y la sala del Bosco es de las que antes se llenan.
- Entra a las 10. Este cuadro necesita tiempo y necesita acercarse mucho; a mediodía hay tres filas de gente delante.
- Míralo en el orden correcto: primero el exterior en grisalla — el Prado lo muestra reproducido junto a la obra, ya que las hojas están abiertas —, después izquierda, centro y derecha. El tríptico es una secuencia, no una imagen.
- Acércate y aléjate varias veces. A tres metros es un paisaje; a cincuenta centímetros, un catálogo de escenas independientes. Las figuras miden dos o tres centímetros.
- En la misma sala: El carro de heno, La mesa de los pecados capitales, La extracción de la piedra de la locura y Las tentaciones de San Antonio. Es la mayor concentración de Bosco del mundo.
- Y el resto del museo. Con la misma entrada, a pocos minutos: Las meninas en la sala 12, las pinturas negras de Goya en esta misma planta y los cuadros de mayo en la sala 64.
Y una visita complementaria: el Monasterio de El Escorial, a una hora de Madrid en tren, donde el tríptico estuvo cuatro siglos y donde siguen los otros tres Boscos indiscutidos. Ver el lugar para el que Felipe II lo destinó explica más que cualquier cartela.
Preguntas frecuentes
¿Cómo llegó a España?
Como botín. Lo confiscó el duque de Alba en 1568 a Guillermo de Orange, líder de la revuelta de los Países Bajos. Pasó a Fernando de Toledo, hijo de Alba, y a su muerte en 1591 lo compró Felipe II en la subasta de sus bienes. Lo envió a El Escorial en 1593, y de allí pasó al Prado en 1939.
¿Por qué se llamaba «la pintura del madroño»?
Por el madroño del panel izquierdo, con un oso trepando, y porque esa fruta — dulce a la vista y sosa al gusto — era una metáfora corriente del placer que promete más de lo que da. El nombre lo usó fray José de Sigüenza en El Escorial. El jardín de las delicias es un título del siglo XX.
¿De cuándo es exactamente?
El Prado lo data entre 1490 y 1500. La dendrocronología del roble da 1460–1466 como fecha de tala, lo que solo fija un límite inferior. La fecha de 1505 que circula no está respaldada.
¿Era el Bosco un hereje?
No hay ninguna evidencia. Era miembro destacado de la Cofradía de Nuestra Señora de ‘s-Hertogenbosch, una hermandad ortodoxa de la élite local, desde 1486, y su funeral se celebró en su capilla. La teoría de que perteneció a la secta adamita es del siglo XX y carece de apoyo documental.
¿Se puede escuchar la música del cuadro?
Sí. En 2014 una estudiante estadounidense, Amelia Hamrick, transcribió la partitura escrita en las nalgas de un condenado del panel del infierno. Circulan varias interpretaciones en internet.
¿Es un retablo de iglesia?
No, y nunca lo fue. Se pintó para el palacio de la casa de Nassau, una familia noble, donde estaba documentado en 1517. Un retablo de altar con este contenido habría sido impensable.
¿Qué dice el Prado que significa?
El museo mantiene la lectura moral: paraíso, pecado y condena, con el panel central como imagen del placer engañoso. Es la interpretación que ya defendió el bibliotecario de El Escorial en 1605. Conviven otras — alquímica, adamita, paraíso alternativo — y ninguna explica el conjunto.
¿Cuántos Boscos hay en España?
Cinco de autoría indiscutida: El jardín de las delicias y El carro de heno en el Prado, y San Juan Bautista, La adoración de los Magos y Cristo con la cruz a cuestas en El Escorial. Hay más obras en el Prado cuya atribución se discutió públicamente en 2016 con el equipo investigador neerlandés.
Si esta obra te ha interesado, sigue con El carro de heno — el otro tríptico del Bosco en el Prado, con el que forma pareja intelectual y del que conviene no confundirse: en español ese título designa también un paisaje inglés de Constable — y con La torre de Babel de Bruegel, el heredero directo de esta manera de llenar una tabla de gente diminuta.
Imagen: El jardín de las delicias – El Bosco (1490–1500), Museo del Prado, tríptico abierto. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
