The Hunters in the Snow by Pieter Bruegel the Elder, 1565

Los cazadores en la nieve

Este cuadro nació de una deuda. Lo encargó Niclaes Jonghelinck, banquero de Amberes, para su casa de campo a las afueras de la ciudad, y formaba parte de un conjunto que decoraba una sola habitación. El 15 de febrero de 1566 —apenas unos meses después de terminarse— Jonghelinck avaló con sus cuadros una deuda fiscal de un amigo por dieciséis mil florines, y en el documento notarial figuran «dieciséis pinturas de Bruegel, entre ellas la Torre de Babel, un Cristo con la cruz a cuestas, los Meses del Año y todas las demás». El amigo no pagó. La ciudad de Amberes se quedó los Bruegel. Es, probablemente, el embargo más rentable de la historia del arte.

Datos clave

Dónde está el resto de la serie

Este es el dato que conviene fijar, porque casi todas las guías lo dan mal.

La serie tenía seis tablas, cada una para dos meses. Sobreviven cinco, y están repartidas en tres ciudades, no dos:

  • La siega del heno (junio–julio) — Palacio Lobkowicz, en el castillo de Praga. Es una colección familiar privada abierta al público, no la Galería Nacional.
  • La cosecha (julio–agosto) — Metropolitan Museum, Nueva York.
  • El regreso del rebaño (octubre–noviembre) — Kunsthistorisches, Viena.
  • Los cazadores en la nieve (diciembre–enero) — Kunsthistorisches, Viena.
  • El día sombrío (febrero–marzo) — Kunsthistorisches, Viena.

Falta la primavera, abril–mayo. Y se sabe cuándo desapareció: en 1594 la ciudad de Amberes regaló las seis al archiduque Ernesto de Austria, gobernador de los Países Bajos; pasaron después a Rodolfo II; y en el inventario vienés de 1659 ya solo constan cinco. En algún punto de esos sesenta y cinco años se perdió.

En 2018, el Kunsthistorisches reunió cuatro de las cinco en su exposición del 450 aniversario, por primera vez desde que se pintaron. La quinta no vino: el Metropolitan se negó a prestarla.

Lo que ocurre en el cuadro

Hay más detalle del que se ve de entrada, y algunas cosas no son lo que parecen.

El fuego de la izquierda no es una hoguera para calentarse. Junto a la posada, un grupo de mujeres y un niño están chamuscando un cerdo sobre un fuego de paja. Es la matanza, la tarea característica de diciembre en el calendario agrícola europeo, y era el argumento del panel.

El cartel de la posada está torcido. Cuelga de un solo gancho y se lee Dit is inden Hert — «Al ciervo». Lleva pintado a san Huberto, patrón de los cazadores, arrodillado ante el ciervo con la cruz entre las astas. Es un chiste visual: la señal del patrón de la caza, medio caída, sobre unos cazadores que vuelven sin nada.

La cacería fue un fracaso. Trece perros, flacos, con las orejas y la cola bajas. Los cazadores llevan una sola pieza: un zorro, colgado del hombro del segundo hombre. Un zorro no se come.

En el valle, la gente juega. Patinadores, jugadores de kolf —el antepasado del golf— y de eisstock, una peonza sobre el hielo, un carro atascado, una chimenea ardiendo en un tejado a la derecha que algunos leen como un incendio. Hay cerca de cien figuras.

Y las montañas no existen. Al fondo hay picos alpinos escarpados. En Flandes no hay nada parecido. Bruegel cruzó los Alpes volviendo de Italia hacia 1554 y llenó cuadernos de dibujos; aquí monta cordillera alpina sobre llanura flamenca. El paisaje es un invento.

Simbolismo y en qué fijarse

La diagonal. Empieza en las espaldas de los cazadores, arriba a la izquierda, baja por la fila de árboles y se abre al valle. Es el recurso que hace funcionar el cuadro, y no tiene precedente: lleva al espectador de la altura al llano en un solo movimiento.

Los árboles. Cuatro álamos desnudos en primer plano, colocados a intervalos decrecientes. Funcionan como una retícula que mide la profundidad.

El color. Blancos grisáceos, verdes apagados, marrones y un cielo verdoso pálido sin sol. El único naranja del cuadro es el fuego del cerdo.

Los pájaros. Urracas y cornejas en las ramas, y una que cruza el aire en el centro exacto. En Bruegel las urracas suelen significar chismorreo y mala lengua.

La perspectiva aérea. Los tonos se aclaran y se desvanecen hacia el horizonte. Es la técnica flamenca llevada a un punto que en 1565 nadie igualaba.

El punto de vista. Estamos por encima de los cazadores, en el aire, sin ningún lugar desde el que se pudiera mirar así. Es una vista imposible, y eso es lo que la hace cinematográfica.

Contexto histórico

El invierno de 1564–1565 fue excepcionalmente duro en los Países Bajos, uno de los más severos del siglo, dentro del periodo frío que los climatólogos llaman Pequeña Edad de Hielo. Los canales se helaron, hubo hambre y el paisaje nevado entró en la pintura flamenca como tema propio. Bruegel inventó prácticamente el género del paisaje de invierno, y ese mismo año pintó también el Paisaje invernal con trampa para pájaros, su obra más copiada.

La política se estaba tensando. Felipe II gobernaba los Países Bajos desde Madrid, la Inquisición apretaba, y un año después de este cuadro, en 1566, estalló la furia iconoclasta y comenzó la revuelta que llevaría a la guerra de los Ochenta Años. El duque de Alba llegó en 1567. Bruegel murió en 1569, en plena represión.

Sus Meses no son, sin embargo, un cuadro político: son la actualización de una tradición muy antigua, la de los trabajos de los meses de los libros de horas medievales —como los del duque de Berry—, sacada del margen de un manuscrito y convertida en pintura monumental para la pared de un banquero.

Sobre Pieter Bruegel el Viejo

Nació hacia 1525, probablemente en el Brabante, y entró como maestro en el gremio de San Lucas de Amberes en 1551. Viajó a Italia entre 1552 y 1554 llegando hasta Sicilia, y volvió sin haber copiado a nadie: lo que se trajo fueron dibujos de montañas.

Empezó ganándose la vida con diseños para grabado, trabajando para el editor Hieronymus Cock, y sus primeras estampas se vendían como «del nuevo Bosco». La influencia de El Bosco es evidente en su obra temprana y se le encargaban precisamente por eso.

Lo llamaron «Bruegel el Campesino» por sus escenas de bodas y kermeses, y la etiqueta se la puso el biógrafo Karel van Mander, que contó que se disfrazaba para colarse en fiestas de aldea. Es una leyenda engañosa: Bruegel era culto, vivía en la ciudad, tenía amistades humanistas y pintaba para banqueros y cardenales. No era un campesino: pintaba campesinos para quien podía pagarlos.

Se casó en Bruselas en 1563 y murió allí el 9 de septiembre de 1569, con poco más de cuarenta años. Se conservan unas cuarenta pinturas suyas.

Sus hijos, Pieter el Joven y Jan, fueron pintores; el primero hizo carrera copiando a su padre, a quien apenas conoció.

Legado e influencia

Bruegel convirtió el paisaje en protagonista, y de ahí sale toda la pintura holandesa del siglo XVII: Avercamp, que hizo del patinaje sobre hielo un género entero, y Ruisdael.

En el cine, es el cuadro más citado de la historia de la pintura. Andréi Tarkovski lo usó dos veces: en Solaris (1972), donde la cámara lo recorre mientras suena Bach, y en El espejo. Lars von Trier abre Melancolía (2011) con la tabla ardiendo en un plano a cámara lenta. Y su influencia se rastrea en Roy Andersson y en el cine de Europa del Este.

En poesía, hay que corregir una confusión muy extendida. El poema de W. H. Auden Musée des Beaux Arts, de 1938, no habla de este cuadro: habla del Paisaje con la caída de Ícaro, que está en Bruselas — de ahí el título del poema.

El poema sobre esta obra lo escribió William Carlos Williams. Se titula The Hunters in the Snow y abre Pictures from Brueghel, el libro con el que ganó el Pulitzer póstumo en 1963.

¿Y en España?

Hay Bruegel en Madrid, y uno de los cuadros tiene una historia reciente extraordinaria.

El Museo del Prado conserva dos obras suyas.

El triunfo de la Muerte, de hacia 1562: un ejército de esqueletos arrasando un paisaje, con un carro de calaveras, ahorcados, ruedas de tormento y un rey moribundo al que un esqueleto le enseña el reloj de arena. Entró en las colecciones reales españolas en el siglo XVII y se restauró entre 2017 y 2018, recuperando detalles que llevaban siglos ocultos bajo barnices.

El vino de la fiesta de San Martín es el hallazgo. Es un tüchlein —temple sobre lienzo, una técnica frágil de la que apenas sobrevive nada— de casi tres metros de ancho, que representa a una multitud abalanzándose sobre una cuba de vino nuevo. Estaba en una colección privada española y no se sabía que era de Bruegel. El Prado lo identificó, lo restauró y lo adquirió en 2010. Es una de las dos únicas pinturas sobre lienzo de Bruegel que se conservan en el mundo.

Y hay una conexión histórica más amplia. Los Países Bajos eran territorio de la Corona española, y buena parte del arte flamenco llegó a Madrid por esa vía: El Bosco, cuya colección del Prado es la mejor del mundo, entró así. Bruegel pintó estos cazadores siendo súbdito de Felipe II, un año antes de que estallara la revuelta que separaría para siempre a los dos países.

Dónde verla hoy

Está en el Kunsthistorisches Museum, Maria-Theresien-Platz, Viena, en la galería de pintura de la primera planta.

  • El museo tiene doce Bruegel —de las cuarenta pinturas suyas que existen—, la mayor concentración del mundo, y están casi todos en la misma sala. Esa habitación es, con pocas discusiones, la mejor sala monográfica de un pintor que existe.
  • Cierra los lunes fuera de temporada alta; en verano abre a diario y los jueves amplía horario. Consulta la web.
  • Compra la entrada en línea. Hay billete combinado con el Tesoro Imperial.
  • Acércate mucho. Las figuras del valle miden entre uno y tres centímetros y están completamente resueltas: se distingue quién patina, quién se ha caído y quién lleva un carro.
  • Y después aléjate hasta el fondo de la sala. A seis metros aparece la estructura diagonal entera y el cuadro se convierte en otra cosa.
  • Busca el cartel torcido de la posada, el zorro sobre el hombro y el cerdo en el fuego.
  • En la misma sala: La torre de Babel, El día sombrío, El regreso del rebaño, La boda campesina, El combate entre don Carnal y doña Cuaresma y Los juegos de niños.
  • Si el museo tiene abierta la aplicación Inside Bruegel, merece la pena: permite ver los mismos cuadros en infrarrojo y en rayos X, con el dibujo subyacente.

El resto de la serie: el Metropolitan de Nueva York y el Palacio Lobkowicz de Praga. Este último está dentro del recinto del castillo, es una colección familiar privada y suele estar vacío.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos cuadros tenía la serie y dónde están?

Seis, una por cada bimestre. Sobreviven cinco: tres en el Kunsthistorisches de Viena, una en el Metropolitan de Nueva York y una en el Palacio Lobkowicz de Praga —no en la Galería Nacional checa—. Falta la de abril y mayo, que desapareció entre 1594 y 1659.

¿Quién lo encargó?

Niclaes Jonghelinck, banquero de Amberes, para su casa de campo. En febrero de 1566 avaló con dieciséis cuadros de Bruegel una deuda de dieciséis mil florines contraída por un amigo; al no pagarse, las obras pasaron a la ciudad de Amberes, que en 1594 se las regaló al archiduque Ernesto de Austria.

¿Fue buena la cacería?

No. Los cazadores llevan una sola pieza, un zorro, colgada del hombro; los perros van con la cabeza y la cola bajas. Y el cartel de la posada, con san Huberto, patrón de los cazadores, cuelga torcido de un solo gancho.

¿Qué están haciendo junto al fuego?

Chamuscar un cerdo. Es la matanza, la tarea agrícola característica de diciembre, y el asunto propio del panel. No es una hoguera para calentarse.

¿Existen esas montañas?

No en Flandes. Son picos alpinos que Bruegel dibujó al cruzar los Alpes de vuelta de Italia, hacia 1554, y que montó aquí sobre un paisaje llano. El escenario es una composición, no un lugar.

¿Es cierto que inspiró a Tarkovski?

Sí. Aparece en Solaris (1972) y en El espejo. Y Lars von Trier abre Melancolía (2011) con la tabla ardiendo a cámara lenta.

¿Y el poema de Auden?

No es sobre este cuadro. Musée des Beaux Arts, de 1938, habla del Paisaje con la caída de Ícaro, que está en Bruselas. El poema dedicado a los cazadores lo escribió William Carlos Williams y abre Pictures from Brueghel, Pulitzer póstumo de 1963.

¿Hay Bruegel en España?

Sí, dos obras en el Museo del Prado: El triunfo de la Muerte, de hacia 1562, restaurado en 2018, y El vino de la fiesta de San Martín, una pintura sobre lienzo identificada en una colección privada española y adquirida por el museo en 2010.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La torre de Babel — del mismo pintor y en la misma sala de Viena — y con El jardín de las delicias del Bosco, el pintor cuyo nombre usaban los editores de Amberes para vender los primeros grabados de Bruegel.

Imagen: De jagers in de sneeuw – Pieter Bruegel el Viejo (1565), Kunsthistorisches Museum, Viena. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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