The Clothed Maja by Francisco Goya, 1805

La maja vestida

La maja vestida ocupa más espacio que la desnuda. Los dos lienzos miden lo mismo, pero la figura vestida es ligeramente mayor dentro del cuadro: se aprieta contra los bordes del marco, casi sin aire alrededor. La historiadora del arte Janis Tomlinson lo formuló así: la vestida «presiona con descaro contra los límites de su marco», y eso la vuelve más atrevida que la desnuda, que en comparación resulta tímida. Es un resultado que nadie espera. El vestido no atenúa nada: la hace avanzar.

Datos clave

El mecanismo que probablemente no existió

Hay que empezar por aquí, porque es la historia que todo el mundo cuenta.

La versión popular dice que Godoy tenía las dos majas montadas en un sistema de rieles o poleas, con la vestida delante, y que la corría como una cortina para enseñar la desnuda a los invitados de confianza.

No hay ningún documento que lo acredite. Es una tradición del siglo XIX, y lo que sí sabemos apunta en otra dirección.

En noviembre de 1800, el grabador de la Casa de la Moneda González de Sepúlveda visitó el palacio de Godoy y anotó en su diario lo que vio: La maja desnuda en un gabinete apartado, junto a la Venus del espejo de Velázquez y una Venus de Tiziano. No menciona la vestida. Y no la menciona porque probablemente todavía no existía: el Prado la data entre 1800 y 1807, y su primera aparición documental es el inventario de 1808.

Es decir: la vestida llegó después, y llegó por alguna razón. La hipótesis del ocultamiento es razonable — pero el mecanismo es adorno narrativo, no dato.

No son gemelas: las separan años

La otra corrección importante.

Se repite siempre que Goya pintó las dos a la vez, como pendant. Las separan entre cinco y diez años, y la diferencia se ve a simple vista si uno sabe dónde mirar.

La desnuda está pintada con la factura suave, el dibujo cuidado y la carnación fundida del Goya dieciochesco, anterior a la transformación radical que su obra sufrió hacia 1797–98.

La vestida es del Goya de después. Mira la chaquetilla: los bordados dorados no están dibujados, están puestos a golpes rápidos de pincel cargado, casi arañazos de pasta clara sobre el fondo. La faja rosa es una mancha. El encaje de la manga, tres trazos.

Puesto de otro modo: el cuerpo desnudo está descrito y la ropa está sugerida. Goya tardó una década en poder pintar así, y esa mano es la que llevará después a los fusilamientos y a las Pinturas negras.

Qué significa «maja»

Esto es la clave del cuadro y casi nunca se explica.

Los majos y majas eran gente de los barrios populares de Madrid — Lavapiés, Maravillas, el Rastro — con una forma de vestir, de hablar y de comportarse muy marcada: chaquetilla corta y bordada, redecilla, mantilla, faja, insolencia y navaja.

Y ocurrió algo extraordinario: la aristocracia empezó a vestirse como ellos. Duquesas y marquesas adoptaron el traje de maja, aprendieron su jerga y frecuentaron sus bailes y sus toros. El fenómeno se llama majismo.

No era solo capricho. Era política de identidad. La corte de Carlos IV estaba afrancesada — moda francesa, modales franceses, ministros afrancesados —, y vestirse de maja era una declaración de españolidad frente a eso. Los ilustrados lo despreciaban; el pueblo y buena parte de la nobleza lo adoraban.

Goya fue el gran pintor del majismo. Y aquí está el detalle que cambia la lectura: nadie sabe si la mujer del cuadro es una maja de verdad o una señora disfrazada de maja. La ambigüedad era el punto.

Simbolismo y en qué fijarse

La chaquetilla. Corta, de bolero, con bordado dorado y mangas transparentes. Es la prenda que identifica el traje. Acércate a los bordados: son puro golpe de muñeca.

La faja rosa. Rodea la cintura y es la única nota cálida saturada. Rompe la gama de blancos y dorados y organiza el centro del cuadro.

La tela del vestido. Blanca, finísima, de corte imperio. No oculta el cuerpo: lo dibuja. Se adivina todo lo que la otra versión muestra, y eso es lo que la hace más inquietante, no menos.

Los zapatos. Amarillos, de punta, asomando bajo el dobladillo. Es el detalle coqueto que la desnuda no tiene y que ancla la figura en el presente.

La mirada. Idéntica a la de la otra: frontal, sostenida, con una sonrisa mínima. No pide permiso.

La postura. Los brazos cruzados tras la nuca repiten la Ariadna dormida, una escultura antigua de las colecciones reales. Es una pose clásica sobre un canapé de moda madrileña.

El encuadre. Compárala con la desnuda: hay menos margen alrededor de la figura. Ese par de centímetros son la diferencia entre una mujer expuesta y una mujer que se adelanta.

Contexto histórico

Manuel Godoy, guardia de corps extremeño convertido en primer ministro a los veinticinco años, era el hombre más poderoso y más odiado de España. Reunió una colección extraordinaria — Velázquez, Tiziano, Murillo — y tenía un gabinete reservado solo para desnudos, práctica habitual entre coleccionistas europeos de la época.

Cayó en marzo de 1808 con el motín de Aranjuez. Sus bienes fueron embargados por orden de Fernando VII, y en el inventario que el francés Frédéric Quilliet hizo durante la ocupación las dos majas figuran como «gitana desnuda» y «gitana vestida», calificadas de obscenas.

Los cuadros pasaron a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y allí quedaron guardados.

En marzo de 1815, restaurado Fernando VII y reinstaurada la Inquisición, el tribunal citó a Goya para que explicara por qué había pintado las obras, por encargo de quién y con qué intención. Su declaración no se conserva, pero consta que alegó haber seguido el ejemplo de Tiziano y de Velázquez. No hay constancia de condena.

Conviene precisar una confusión frecuente: no fue la Inquisición quien confiscó la colección de Godoy en 1808. Eso lo hizo el gobierno de Fernando VII. La Inquisición intervino siete años después, y el procedimiento tenía trasfondo político: venía tras la caída del valido y en plena purga de todo lo asociado al régimen anterior.

Sobre Francisco de Goya

Nació en Fuendetodos, Zaragoza, en 1746, hijo de un dorador. La Academia de San Fernando lo rechazó dos veces. Empezó pintando cartones para la Real Fábrica de Tapices — precisamente escenas de majos y majas en meriendas y verbenas — y llegó a primer pintor de cámara en 1799.

En 1793 una enfermedad grave lo dejó sordo a los cuarenta y seis años. Vivió treinta y cinco más sin oír nada, y su obra cambió por completo: de los cartones luminosos a Los caprichos, de ahí a la guerra y finalmente a las Pinturas negras.

Este cuadro está justo en la bisagra. Es del momento en que la mano ya ha cambiado pero la mirada todavía disfruta.

Murió en Burdeos el 16 de abril de 1828, a los ochenta y dos años, y está enterrado en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, bajo la cúpula que pintó al fresco en 1798.

Los sellos de 1930

La historia menos conocida y la mejor, y afecta directamente a este cuadro.

En 1930, con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla y del centenario de la muerte de Goya, Correos emitió una serie de treinta y dos sellos. Tres de ellos reproducían La maja desnuda. Están considerados de los primeros sellos del mundo con el desnudo de una mujer común, no de una figura mitológica.

Salieron a la venta en junio y tres días después se interrumpió la distribución. Se habían vendido unos veintinueve mil. El escándalo fue notable en los sectores conservadores, y Estados Unidos llegó a rechazar correo franqueado con ellos.

Y aquí está el detalle perfecto: el grabador José Sánchez-Toda había preparado también una versión con la maja vestida, por si la desnuda resultaba rechazada. Lo contó él mismo en 1969, en su libro sobre el arte de grabar sellos.

Es decir: ciento treinta años después, alguien volvió a usar la maja vestida exactamente para lo mismo — tapar a la otra. La función que la tradición atribuye al cuadro de Godoy está documentada, sin ninguna duda, en una imprenta de 1930.

Legado e influencia

La pareja de majas redefinió la representación del cuerpo femenino en Occidente al eliminar la coartada mitológica. La Olympia de Manet, de 1863, hace lo mismo sesenta años después y provoca el mismo escándalo en París. Manet estuvo en Madrid en 1865 y la deuda con Goya es reconocida.

Pero la vestida tiene además una descendencia propia: inauguró la idea de que la ropa puede ser más erótica que su ausencia. Todo el juego posterior entre insinuación y exhibición — en la pintura del XIX, en la fotografía, en la publicidad — parte de una comparación que Goya montó en dos lienzos del mismo tamaño.

Y en España las dos majas son, probablemente, las imágenes más reproducidas después de Las meninas: han estado en sellos, en monedas, en museos de cera y en la portada de cualquier manual escolar.

Dónde verla hoy

Está en el Museo del Prado, en las salas de Goya de la planta primera, colgada junto a La maja desnuda. Comprueba el plano a la entrada: el museo reorganiza con cierta frecuencia.

  • Horario: de lunes a sábado de 10 a 20; domingos y festivos de 10 a 19. No cierra los lunes.
  • Precio: 15 euros. Gratuita para menores de 18 y estudiantes de la UE hasta los 25.
  • Las dos últimas horas son gratuitas todos los días — de 18 a 20 de lunes a sábado y de 17 a 19 los domingos —, no solo los lunes ni solo algunos días. No se reserva: hay cola en la puerta de Goya desde una hora antes.
  • Haz la comparación al revés de como la hace todo el mundo. No mires la ropa: mira la pincelada. Acércate cincuenta centímetros a los bordados de la chaquetilla y después a la piel de la desnuda. Son dos pintores distintos con diez años entre medias.
  • Y compara los márgenes. Mira cuánto espacio queda alrededor de cada figura. La vestida está más cerca del borde, y por eso resulta más agresiva.
  • Entra a las 10. Las salas de Goya son de las más concurridas del museo.
  • En el mismo museo: El tres de mayo y El dos de mayo en la sala 64, las Pinturas negras en la planta baja y Las meninas en la sala 12.

Este cuadro forma pareja con otro, y esa relación se cuenta mal casi siempre. Sobre las obras famosas que existen en varias versiones —y las que solo lo parecen—: obras famosas con varias versiones.

Preguntas frecuentes

¿Es cierto que tapaba a la maja desnuda con un mecanismo?

Es una tradición del siglo XIX sin respaldo documental. Lo que sí consta es que en noviembre de 1800 un visitante vio la desnuda en un gabinete apartado de Godoy, junto a la Venus del espejo de Velázquez y una Venus de Tiziano, y no menciona la vestida — que probablemente aún no existía.

¿Se pintaron las dos a la vez?

No. El Prado data la desnuda hacia 1795–1800 y la vestida entre 1800 y 1807. La diferencia de factura es evidente: la piel de la desnuda está fundida y descrita; la ropa de la vestida está puesta a golpes rápidos de pincel.

¿Cuál de las dos es más provocadora?

Paradójicamente, la vestida. Los lienzos miden lo mismo, pero la figura vestida ocupa más superficie y se aprieta contra los bordes del marco. Janis Tomlinson señaló que eso la vuelve descarada frente a una desnuda comparativamente tímida.

¿Qué significa «maja»?

Eran los hombres y mujeres de los barrios populares de Madrid, con una forma de vestir y comportarse muy característica. A finales del siglo XVIII la aristocracia adoptó su traje y sus maneras — el majismo — como reacción frente a la moda francesa dominante en la corte. No se sabe si la mujer del cuadro es una maja de verdad o una dama vestida de maja.

¿Por qué fue Goya ante la Inquisición?

En marzo de 1815, siete años después de la caída de Godoy, el tribunal lo citó para que explicara por qué había pintado las obras, por encargo de quién y con qué intención. Alegó haber seguido el ejemplo de Tiziano y Velázquez. No hay constancia de condena. No fue la Inquisición quien confiscó la colección en 1808: eso lo hizo el gobierno de Fernando VII.

¿Qué pasó con los sellos?

En 1930 Correos emitió tres sellos con La maja desnuda para el centenario de Goya. La distribución se interrumpió a los tres días por el escándalo y Estados Unidos rechazó correo franqueado con ellos. El grabador había preparado además una versión con la maja vestida, por si la otra era rechazada.

¿Quién es la modelo?

No se sabe. La candidata más plausible es Pepita Tudó, amante y después esposa de Godoy. La identificación con la duquesa de Alba fue refutada ya en 1867: las facciones no coinciden, y en 1800 la duquesa tenía cuarenta años y estaba gravemente enferma.

¿Cuándo entraron en el Prado?

En 1901, procedentes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde habían permanecido guardadas casi un siglo.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La maja desnuda — la otra mitad, anterior y pintada con otra mano — y con Olympia de Manet, que hizo lo mismo en París sesenta años después con idéntico resultado.

Imagen: La maja vestida – Francisco de Goya (1800–1807), Museo del Prado, Madrid. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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