El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina
Las líneas de lluvia son lo más difícil que se ha tallado nunca en una xilografía japonesa. Son dos bloques distintos, con las líneas en ángulos ligeramente diferentes, superpuestos para que el chaparrón tenga espesor. Cada línea es un filo de madera de cerezo de menos de un milímetro que recorre el bloque de arriba abajo sin romperse, y si el tallista se equivoca en una, hay que empezar el bloque entero. Ese hombre no firmó. En el ukiyo-e el nombre que figura es el del dibujante y el del editor; el grabador y el impresor, que son quienes hicieron esto posible, son anónimos.
Datos clave
- Artista: Utagawa Hiroshige (1797–1858)
- Título japonés: 大はしあたけの夕立 Ōhashi Atake no yūdachi – «chaparrón vespertino en el Ōhashi, en Atake»
- Serie: Meisho Edo hyakkei, «Cien vistas famosas de Edo», lámina 58
- Fecha: noveno mes de 1857
- Técnica: xilografía nishiki-e a varios colores; ōban vertical
- Dimensiones: unos 34 × 22 cm
- Editor: Uoya Eikichi
- Movimiento: Ukiyo-e
- Dónde hay ejemplares: Metropolitan Museum, Brooklyn Museum, Museo Británico, Museo Van Gogh, Museo de Zaragoza
La palabra que falta en el título
Yūdachi no es «lluvia repentina» a secas. Es una palabra concreta del japonés: la tormenta corta y violenta que estalla en las tardes de verano, después de un día de calor, y que se va tan deprisa como vino. Tiene su propia estación en el calendario poético y su propio repertorio de imágenes.
Por eso el cielo está negro solo en la franja superior, mientras abajo el río sigue claro. No es un día de lluvia: es un cuarto de hora. Todo el mundo en la estampa está corriendo porque saben que pasará pronto.
El lugar también tiene nombre propio. Shin-Ōhashi, el «nuevo gran puente», se construyó sobre el Sumida en 1693 y era uno de los tres puentes que cruzaban el río en Edo. Atake es el barrio de la otra orilla, y se llamaba así por el Atakemaru, un buque de guerra colosal del shogunato que estuvo fondeado allí en el siglo XVII y que dio nombre a todo el paraje mucho después de desguazado.
¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?
La lluvia, y lo que la lluvia hace con el espacio.
Antes de Hiroshige, la lluvia en la pintura japonesa se sugería: cielos grises, gente encorvada, paisaje difuminado. Él la dibujó. Líneas negras rectas que atraviesan la imagen de arriba abajo, por delante de todo, incluso por delante del puente y de la gente. La lluvia no está detrás de la escena: está entre la escena y nosotros.
Eso obliga al espectador a mirar a través de algo, y es lo que hizo perder la cabeza a los pintores europeos: una imagen puede tener una capa delante que no es aire.
Y la composición tiene tres puntos de vista a la vez. Miramos el puente desde arriba, en picado, como desde un tejado; la orilla de enfrente de frente, como desde el nivel del agua; y el cielo hacia arriba. Las tres cosas no pueden verse desde un mismo sitio. Hiroshige las junta sin que se note.
Simbolismo y en qué fijarse
Las dos lluvias. Mira con atención y verás dos conjuntos de líneas con inclinaciones distintas, uno sobre otro. Son dos bloques. En las buenas impresiones se distinguen; en las tardías se emborronan.
Los ocho de arriba. Cuenta las figuras del puente: hay ocho, en dos grupos que van en direcciones contrarias. Dos comparten un paraguas; uno lleva un rollo de estera de paja sobre la cabeza, sin nada más; otro corre descalzo con el kimono recogido. Nadie se mira.
La balsa. Abajo a la izquierda, en el río, un almadiero con sombrero cónico y capa de paja empuja una balsa de troncos. Es el único que trabaja en vez de huir.
La orilla oscura. Atake es una banda negra sin detalle, con dos o tres tejados apenas insinuados. Hiroshige borra medio paisaje con la lluvia y no pasa nada: el ojo lo acepta.
El bokashi del cielo. La franja negra superior es una degradación aplicada a mano, con un trapo húmedo, en cada impresión. Por eso no hay dos ejemplares iguales, y por eso en unos la tormenta es amenazante y en otros apenas una sombra.
El agua. Otro bokashi, esta vez azul, que va de oscuro en la orilla lejana a claro en el primer plano. El río es una sola mancha, sin una línea.
Los sellos. Arriba a la derecha, el cartucho rojo con el título de la serie; a la izquierda, el de la estampa. Abajo, el sello del editor Uoya Eikichi y el sello de censura con la fecha: noveno mes del año cuatro de la era Ansei.
Contexto histórico
Las Cien vistas famosas de Edo se publicaron entre 1856 y 1858, a razón de tres o cuatro láminas al mes, por suscripción. Acabaron siendo 118 o 119, no cien; Hiroshige murió antes de terminarlas y dos las completó su discípulo y yerno, Hiroshige II.
Son estampas verticales, formato inusual para el paisaje, con primeros planos enormes y fondos lejanos: un árbol que ocupa media imagen, un tejado cortado, la cola de un gato. Esa manera de encuadrar – cortar el motivo por el borde, como una fotografía mal recuadrada – es lo que Degas y Toulouse-Lautrec copiaron veinte años después.
El momento importa. Edo acababa de sufrir el gran terremoto de Ansei, en octubre de 1855, que mató a unas diez mil personas y arrasó barrios enteros, algunos de los que aparecen en la serie. Y en 1854, los barcos del comodoro Perry habían forzado la apertura del país. La serie es, en parte, un retrato de una ciudad que sabe que va a dejar de existir: catorce años después Edo se llamaría Tokio y el shogunato habría caído.
Sobre Utagawa Hiroshige
Nació en Edo en 1797, hijo de un bombero del shogunato, y heredó el puesto de su padre a los doce años: fue funcionario del cuerpo de bomberos durante buena parte de su vida, un trabajo de guardias y poca actividad que le dejaba tiempo para dibujar.
Entró en el taller de Utagawa Toyohiro a los catorce. Su primer gran éxito fueron Las cincuenta y tres estaciones del Tōkaidō, de 1833–1834, nacidas de un viaje por la ruta entre Edo y Kioto. Desde entonces se dedicó casi solo al paisaje.
Produjo unas cinco mil estampas. En 1856 tomó los votos budistas sin dejar de trabajar. Murió el 12 de octubre de 1858, en la epidemia de cólera que mató a decenas de miles de personas en Edo ese otoño.
Dejó un poema de despedida: deja el pincel en el Este y sale de viaje; irá a ver los lugares famosos de la Tierra del Oeste – el paraíso búdico. Hasta en la muerte lo planteó como una serie de vistas.
Van Gogh y las letras que no sabía leer
A principios de 1887, en París, Vincent van Gogh compró de golpe seiscientas sesenta estampas japonesas en la tienda de Siegfried Bing, con la idea de revenderlas. El negocio no funcionó y se quedó con ellas. Están hoy en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, esta incluida.
Entre octubre y noviembre de ese año pintó al óleo una copia: El puente bajo la lluvia (según Hiroshige). No una interpretación: una copia, con cuadrícula, línea a línea, con los colores subidos de tono y los contrastes forzados.
Y añadió algo que no está en el original: un marco pintado, en rojo y verde, lleno de caracteres japoneses que copió de otras estampas de su colección sin poder leerlos. Investigadores del Museo Van Gogh los han descifrado: entre ellos hay la dirección de un burdel de Kioto y fragmentos de anuncios comerciales. Van Gogh creía estar poniendo poesía.
Esa copia es el punto en que aparecen en su pintura los contornos duros y los planos de color plano que definirán Arlés. Copiando a Hiroshige aprendió a ser Van Gogh.
No fue el único. Monet tenía cuarenta y ocho estampas de Hiroshige en Giverny, esta entre ellas, y siguen colgadas en las paredes de su casa.
Legado e influencia
El japonismo europeo tiene dos padres: Hokusai puso la forma, Hiroshige puso la atmósfera. De él vienen el encuadre cortado, el primer plano gigante, el uso del vacío y la idea de que el clima puede ser el tema.
La lista de deudores es larga y documentada: Whistler, Degas, Toulouse-Lautrec, Rodin, Gauguin, Van Gogh, Monet, y después los carteles del art nouveau. En Japón, el director Hayao Miyazaki ha citado a Hiroshige como referencia para pintar la naturaleza.
El puente ya no existe. El de madera se sustituyó por uno de hierro en 1912, y ese se sustituyó por el actual, de acero, en 1976. Un tramo del puente de 1912 se conserva en el museo al aire libre Meiji-mura, en Inuyama. El lugar desde el que Hiroshige miró es hoy el barrio de Nihonbashi Hamachō, con autopista elevada.
¿Y en España?
Aquí hay una historia que merece contarse entera, porque empieza con esta estampa.
Federico Torralba Soriano (1913–2012), catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, vio una impresión de Lluvia sobre el gran puente de Atake y quedó tan impresionado que empezó a comprar arte japonés. Siguió durante más de medio siglo. Esa obsesión, que arranca en este papel, produjo la mejor colección de arte de Asia oriental de España: estampas, libros ilustrados, pinturas, caligrafías, lacas, esculturas.
La legó al Museo de Zaragoza, que la expone en su sección de arte oriental, en la plaza de los Sitios. Es una colección pública, gratuita y casi desconocida fuera de Aragón. En 2016 el museo le dedicó una gran muestra, Hiroshige y su época, con más de ciento cincuenta piezas.
Fuera de Zaragoza, hay ukiyo-e en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (colección de José Palacio, comprada en subastas parisinas en los años veinte), en el Museo Oriental de Valladolid (268 grabados de los periodos Edo y Meiji) y en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Si esta estampa te interesa y estás en España, el sitio es Zaragoza. Y la razón de que lo sea es esta misma imagen.
Dónde ver la obra hoy
Conviene decirlo antes que nada: no existe un museo donde esta estampa esté siempre colgada. El papel y los pigmentos vegetales se degradan con la luz de forma irreversible, así que los museos las guardan en reserva y las exponen por rotación, unas semanas cada varios años.
- Comprueba antes de ir. En la ficha de la obra, en la web del Metropolitan, del Museo Británico o del Brooklyn Museum, figura si está expuesta. Si dice «not on view», no está.
- Metropolitan Museum, Quinta Avenida 1000, Nueva York. Galerías japonesas en la segunda planta, con una sala de rotación de estampas que cambia varias veces al año. Entrada por donación voluntaria solo para residentes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut; para el resto, unos 30 dólares. Cierra los miércoles.
- Brooklyn Museum conserva una serie completa de las Cien vistas, en excelente estado, y es la referencia para comparar impresiones.
- Museo Van Gogh, Ámsterdam: tiene el ejemplar que poseía Vincent y su copia al óleo. Cuando se exponen juntos – no siempre –, es la mejor lección de japonismo que existe.
- Museo de Zaragoza, entrada gratuita, con la colección Torralba.
- Lo que siempre se puede ver: las imágenes en alta resolución que publican en abierto el Met y el Brooklyn Museum, ampliables hasta el grano del papel. Para comparar las dos capas de lluvia, funcionan mejor que una vitrina.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el título?
«Chaparrón vespertino en el gran puente, en Atake». Yūdachi designa en japonés la tormenta breve y violenta de las tardes de verano. El puente es el Shin-Ōhashi, sobre el río Sumida; Atake es el barrio de la orilla opuesta.
¿Cómo se imprimió la lluvia?
Con dos bloques distintos, con las líneas en ángulos ligeramente diferentes, superpuestos. Tallar líneas finas, largas y continuas en madera es la operación más difícil del grabado japonés. El tallista es anónimo, como todos.
¿Van Gogh la copió?
Sí, al óleo, entre octubre y noviembre de 1887, a partir de un ejemplar de su propia colección. Añadió un marco con caracteres japoneses copiados de otras estampas que no sabía leer: entre ellos, la dirección de un burdel de Kioto.
¿De qué serie forma parte?
De las Cien vistas famosas de Edo, publicadas entre 1856 y 1858. A pesar del título acabaron siendo 118 o 119 láminas, y las últimas las terminó Hiroshige II después de la muerte del maestro.
¿Existe el puente?
No el de la estampa. El de madera se sustituyó en 1912 por uno de hierro, y ese por el actual de acero en 1976. Un tramo del de 1912 se conserva en el museo Meiji-mura, en Inuyama.
¿Se puede ver de forma permanente?
No. Todas las impresiones rotan por conservación. Consulta la ficha en la web del museo antes de viajar.
¿De qué murió Hiroshige?
De cólera, en octubre de 1858, durante la epidemia que asoló Edo, un año después de publicar esta lámina.
¿Hay algo suyo en España?
Sí, y mucho. El Museo de Zaragoza conserva la colección de Federico Torralba, la mejor de arte oriental del país, que el coleccionista empezó a reunir precisamente después de ver esta estampa. También hay ukiyo-e en Bilbao, Valladolid y la Biblioteca Nacional.
Si esta obra te ha interesado, sigue con La gran ola de Kanagawa – la otra estampa japonesa que todo el mundo reconoce, del maestro con el que a Hiroshige siempre se le compara – y con La noche estrellada de Van Gogh, pintada dos años después de copiar este puente, con lo que aprendió aquí.
Imagen: Ōhashi Atake no yūdachi – Utagawa Hiroshige (1857), de la serie Cien vistas famosas de Edo. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
