Un bar del Folies-Bergère
El reflejo es posible. En el año 2000, el historiador del arte Malcolm Park montó una reconstrucción fotográfica del bar, con maniquíes y un espejo, y demostró que todo encaja si el espectador no está delante de la camarera, sino bastante más atrás y desplazado a la derecha. Y su conclusión invierte ciento veinte años de interpretaciones: la conversación que todo el mundo daba por hecha entre la camarera y el cliente del sombrero de copa no está ocurriendo. El hombre queda fuera del campo visual del pintor, a la izquierda, y ni siquiera la mira.
Datos clave
- Artista: Édouard Manet (1832–1883)
- Título original: Un bar aux Folies-Bergère
- Fecha: 1882. Su último gran cuadro
- Técnica: óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 96 × 130 cm
- Modelo: Suzon, camarera real del local
- Movimiento: Realismo y pintura de la vida moderna – Manet nunca expuso con los impresionistas
- Ubicación: The Courtauld Gallery, Londres – Somerset House, colección Samuel Courtauld
- Expuesto en el Salón oficial de 1882
El espejo: lo que sabemos ahora
Durante más de un siglo se dieron por buenas dos explicaciones: o Manet no sabía dibujar en perspectiva — lo dijeron los críticos de 1882 — o falseó el reflejo deliberadamente por motivos expresivos.
La segunda es cierta, pero solo a medias, y la investigación reciente ha afinado mucho.
Lo que demostró Park: colocando el punto de vista más atrás y desplazado hacia la derecha, la escena entera se reconstruye tal como Manet la pintó. El reflejo desplazado no es un error: es lo que se ve desde un sitio concreto y poco intuitivo.
Y la consecuencia es importante: el hombre del sombrero de copa no está delante de la camarera. Está a la izquierda, fuera del encuadre, y mira hacia otro lado. La escena de seducción o de transacción que todo el mundo ve — el cliente inclinándose hacia ella — es un espejismo óptico producido por el encuadre.
Lo que Manet sí manipuló: hay un estudio preparatorio en el que la camarera aparece desplazada a la derecha, en una posición coherente con el reflejo. En el lienzo definitivo la movió al centro y dejó el reflejo donde estaba. También desalineó las botellas del mostrador respecto a las del espejo.
Es decir: Manet partió de una perspectiva real, rara pero posible, y después la forzó un poco más. El propio museo lo describe como un juego de reflejos que reproduce la desorientación del local.
Quién es ella
Se llamaba Suzon y era camarera de los Folies-Bergère. Manet la conoció allí, y posó para él en el estudio, junto a un mostrador montado con botellas de verdad. Él ya estaba muy enfermo y trabajaba sentado buena parte del tiempo.
Le hizo además un retrato individual, que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Dijon.
Y hay que decir lo que el cuadro dice sin decirlo. Las camareras de los Folies-Bergère eran, en la práctica, parte de la oferta del local. Guy de Maupassant, que frecuentaba el sitio, las describió sin rodeos como «vendedoras de bebida y de amor». El promenoir del music-hall era un lugar de contratación conocido por todo París.
Manet no lo ilustra: lo plantea. Coloca a la mujer exactamente al mismo nivel que las botellas, de frente, ordenada en la vitrina, con el ramo de flores en el escote como si fuera otro artículo. Y después le da una cara que no vende nada.
Simbolismo y en qué fijarse
La mirada. Directa y ausente a la vez. Ni invita ni rechaza. Es lo que convierte el cuadro en un problema: está trabajando, y está en otro sitio.
El bodegón. Sobre el mármol: champán, vino, licor de menta verde y dos botellas de Bass Pale Ale inglesa, con su triángulo rojo — una de las primeras marcas registradas del mundo, de 1876. Esa cerveza señala al público internacional del local.
La firma escondida. Manet firmó y fechó el cuadro en la etiqueta de la botella de la esquina inferior izquierda. Hay que acercarse.
Las mandarinas. En una copa, a la izquierda. Algunos las leen como alusión a la disponibilidad sexual; otros, simplemente como color.
Las piernas verdes. Arriba a la izquierda, en el espejo, asoman dos botas verdes colgando del vacío: son los pies de una trapecista en pleno número. Es el detalle más comentado del cuadro y ocupa diez centímetros cuadrados.
El marco dorado. Cruza el lienzo de lado a lado a la altura de las muñecas de la camarera. Localizarlo es la clave para entender qué es reflejo y qué no.
La multitud. En el espejo, una masa de sombreros de copa, guantes blancos y prismáticos de teatro, pintada a manchas. Hay más de cien personas en el cuadro y solo una tiene rostro.
Las lámparas. Globos de luz eléctrica — el local fue de los primeros de París en instalarla — reflejados en el espejo, que aplanan las sombras y dan esa luz difusa e irreal.
Contexto histórico
Los Folies-Bergère abrieron en 1869 en el número 32 de la rue Richer y se convirtieron en el emblema del ocio parisino: un music-hall donde en una misma noche había cantantes, pantomima, opereta, acróbatas, trapecistas y números con animales, mientras el público paseaba, bebía y se miraba.
No era un teatro: era un lugar donde se iba a ser visto. El espectáculo estaba en la sala tanto como en el escenario, y por eso Manet pinta de espaldas al escenario y de frente a la barra.
El cuadro se expuso en el Salón oficial de 1882. La crítica se centró en la perspectiva y se burló. Manet murió once meses después, el 30 de abril de 1883, a los cincuenta y uno, de complicaciones de una sífilis avanzada: le habían amputado una pierna once días antes.
Había recibido la Legión de Honor apenas un año antes, en 1881, con cuarenta y nueve años. Llegó el reconocimiento y llegó el final casi a la vez.
Sobre Édouard Manet
Nació en París en 1832, hijo de un alto funcionario del Ministerio de Justicia. Estudió seis años con el académico Thomas Couture y copió sin parar en el Louvre.
Escandalizó a su siglo dos veces seguidas: con El almuerzo sobre la hierba en 1863 y con Olympia en 1865. Y no quería escandalizar. Nunca participó en las exposiciones impresionistas, pese a ser el referente del grupo: seguía presentándose al Salón oficial, año tras año, buscando el reconocimiento de la institución que lo humillaba.
Su influencia sobre Monet, Renoir y Degas fue decisiva, y siempre la ejerció desde fuera.
Legado e influencia
Este cuadro se convirtió en el texto fundamental sobre la mirada en la pintura moderna. El historiador T. J. Clark le dedicó un capítulo entero de La pintura de la vida moderna (1984), leyéndolo como retrato de las contradicciones de clase del París de Haussmann. Las lecturas feministas han vuelto sobre él sin descanso.
Y ha generado descendencia directa. Picture for Women, de Jeff Wall (1979), es una fotografía de gran formato que el propio artista describió como un remake de este cuadro: una mujer, un espejo, una cámara y el espectador atrapado dentro del dispositivo.
Su primer propietario fue el compositor Emmanuel Chabrier, amigo íntimo de Manet, que lo colgó sobre su piano. Pasó después por varias manos hasta que lo compró el industrial textil británico Samuel Courtauld, que en 1932 fundó con su colección el Courtauld Institute of Art.
¿Y en España?
La conexión es directa y está reconocida por el propio museo: este cuadro es un diálogo con Las meninas de Velázquez.
El mecanismo es el mismo. En el cuadro de Velázquez, un espejo al fondo refleja a los reyes, que están donde estamos nosotros; el espectador queda así absorbido dentro de la escena, en un lugar que no le corresponde. Manet hace exactamente eso, con un espejo que ocupa toda la pared y un reflejo que nos coloca delante de la barra.
Y no es casualidad. Manet vio Las meninas en el Museo del Prado en agosto de 1865, cuando huyó a Madrid tras el escándalo de Olympia. Escribió entonces a su amigo Fantin-Latour que Velázquez era «el pintor de pintores» y el mayor que había existido. Diecisiete años después, en el último cuadro de su vida, construyó su propia versión del problema que Velázquez había planteado en 1656.
El paralelo no es un invento moderno, aunque se intensificó cuando Michel Foucault abrió Las palabras y las cosas (1966) con un análisis de Las meninas centrado precisamente en el lugar imposible del espectador. A partir de ahí, los dos cuadros se leen juntos.
Dicho de otro modo: el cuadro que inaugura la mirada moderna y el que la cierra en el siglo XIX plantean el mismo problema con el mismo instrumento. Uno está en Madrid, el otro en Londres, y los separan doscientos veintiséis años.
Dónde verlo hoy
Está en The Courtauld Gallery, en Somerset House, Strand, Londres. Metro Temple, Covent Garden o Charing Cross.
- La galería reabrió en noviembre de 2021 tras una reforma de varios años, con salas nuevas y una presentación completamente renovada. Las guías anteriores a esa fecha no sirven.
- Reserva en línea con franja horaria. El museo es pequeño, con aforo limitado, y se agota en fines de semana.
- Colócate primero a tres metros y después a un metro. De lejos, la escena es legible; de cerca, todo lo que hay detrás de la camarera se deshace en manchas y se entiende que es un reflejo pintado a golpes.
- Localiza el marco dorado del espejo a la altura de sus muñecas. Sin eso no se distingue qué es real y qué reflejo.
- Busca las botas verdes arriba a la izquierda y la firma en la etiqueta de la botella abajo a la izquierda.
- Y muévete a la derecha. Aléjate y desplázate lateralmente: es aproximadamente el punto de vista que reconstruyó Malcolm Park, y el cuadro cambia.
- La colección es pequeña y excepcional: Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Seurat, Toulouse-Lautrec, Modigliani y más obra de Manet, todo en pocas salas.
Y el local existe. Los Folies-Bergère siguen funcionando en el número 32 de la rue Richer de París, en el noveno distrito, con programación de espectáculos y musicales. La fachada art déco actual es de 1926, posterior al cuadro, pero el sitio es el mismo.
¿Por qué algunos cuadros te atrapan y otros no? La neurociencia lleva dos décadas intentando responderlo, con resultados menos claros de lo que suele contarse: qué le hace el arte al cerebro.
Preguntas frecuentes
¿Es imposible el reflejo del espejo?
No. En 2000, el historiador del arte Malcolm Park demostró con una reconstrucción fotográfica que la escena es físicamente posible si el punto de vista está más atrás y desplazado a la derecha. Lo sorprendente es la consecuencia: el hombre del sombrero de copa queda fuera del encuadre, a la izquierda, y no está mirando a la camarera.
Entonces, ¿Manet no manipuló nada?
Sí que lo hizo. En un estudio preparatorio la camarera aparece desplazada a la derecha, de acuerdo con su reflejo; en el lienzo final la movió al centro y dejó el reflejo donde estaba. También desalineó las botellas del mostrador respecto a las del espejo.
¿Quién era la modelo?
Suzon, camarera real de los Folies-Bergère. Posó en el estudio de Manet junto a un mostrador montado con botellas. El pintor le hizo además un retrato individual que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Dijon.
¿Qué hay en la barra?
Champán, vino, licor de menta verde y dos botellas de Bass Pale Ale inglesa con su triángulo rojo, una de las primeras marcas registradas del mundo. En la copa de la izquierda, mandarinas. Y en la etiqueta de la botella del extremo inferior izquierdo, la firma y la fecha del pintor.
¿Qué son las piernas verdes de arriba?
Los pies de una trapecista en pleno número, reflejados en el espejo. Son lo único que Manet muestra del espectáculo.
¿Qué tiene que ver con Las meninas?
El mecanismo. Velázquez usa un espejo al fondo para colocar al espectador dentro de la escena; Manet hace lo mismo con un espejo que ocupa toda la pared. Y lo hace a conciencia: había visto Las meninas en el Prado en agosto de 1865, y escribió entonces que Velázquez era «el pintor de pintores».
¿Existe todavía el local?
Sí. Los Folies-Bergère siguen abiertos en el número 32 de la rue Richer de París. La fachada art déco es de 1926, posterior al cuadro.
¿Fue el último cuadro de Manet?
Su último gran lienzo. Lo expuso en el Salón de 1882 y murió once meses después, el 30 de abril de 1883, a los cincuenta y un años.
Si esta obra te ha interesado, sigue con Las meninas — el cuadro del que sale el espejo que organiza este — y con Olympia, la otra gran mujer de Manet que mira al espectador y no le ofrece nada.
Imagen: Un bar aux Folies-Bergère – Édouard Manet (1882), The Courtauld Gallery, Londres, colección Samuel Courtauld. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
