La clase de danza
La sala no existía. Degas pintó este cuadro en 1874, y lo situó en una de las salas de ensayo de la ópera de la rue Le Peletier — que se había incendiado la noche del 28 al 29 de octubre de 1873, y ardido hasta los cimientos. El hombre que dirige la clase, apoyado en el bastón, es Jules Perrot, leyenda del ballet romántico y coreógrafo de Giselle: tenía unos sesenta años y la Ópera de París acababa de no renovarle el contrato. Es decir: un maestro que ya no enseñaba allí, en un edificio que ya no estaba en pie, dirigiendo una clase que nunca tuvo lugar. El cuadro más «documental» del impresionismo es una ficción completa.
Datos clave
- Artista: Edgar Degas (1834–1917)
- Título original: La classe de danse
- Fecha: 1874
- Técnica: óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 83,5 × 77,2 cm
- Comitente: Jean-Baptiste Faure, barítono de la Ópera y coleccionista
- Movimiento: Impresionismo – Degas se llamaba a sí mismo realista
- Ubicación: Metropolitan Museum of Art, Nueva York – galería 815, legado de la señora Harry Payne Bingham, 1986
- Versión hermana: Museo de Orsay, París, 85 × 75 cm
Hay dos, y las encargó el mismo hombre
Conviene aclararlo, porque se confunden constantemente.
Degas pintó dos cuadros casi idénticos de la misma clase: uno está en el Metropolitan de Nueva York y otro en el Museo de Orsay de París. Ambos miden alrededor de ochenta centímetros, ambos muestran a Perrot con el bastón, y ambos son, según el Met, las obras más ambiciosas que Degas dedicó a la danza.
Los dos los encargó Jean-Baptiste Faure, el barítono más famoso de la Ópera de París y uno de los grandes coleccionistas de su época — llegó a tener decenas de Manet y de Degas. Fue él quien prestó la versión de Nueva York a la segunda exposición impresionista, en 1876.
Y Faure está en el cuadro, aunque no se le vea. En la pared, junto al espejo, hay un cartel de Guillermo Tell de Rossini: era el papel con el que Faure había triunfado. El comitente firmó la obra con un cartel.
Qué está pasando realmente
No es un ensayo cualquiera, y la diferencia importa.
En la sala hay unas veinticuatro mujeres, y no todas son bailarinas: varias son madres. Iban con sus hijas a las clases y esperaban sentadas, leyendo el periódico o cosiendo. Una de ellas, a la derecha, lee tranquilamente mientras su hija espera.
Y lo que se está celebrando es un examen. La chica del centro, en el claro que dejan las demás, ejecuta una attitude — la postura sobre una pierna con la otra doblada detrás — ante el maestro. El resto aguarda su turno.
Eso explica la mezcla de tensión y aburrimiento. Unas están siendo evaluadas y otras llevan horas esperando. Una se rasca la espalda, otra se ajusta un lazo, otra está sentada sobre el piano.
Las «pequeñas ratas»
Hay un contexto social que el cuadro no muestra directamente y que conviene conocer.
A las alumnas del cuerpo de baile de la Ópera se las llamaba petits rats, «pequeñas ratas». Entraban con siete u ocho años, casi todas procedían de familias obreras muy pobres, y su sueldo era un ingreso real para sus casas. Ascender en el escalafón podía sacar a una familia de la miseria.
Y había un sistema. Los abonnés — abonados adinerados del teatro — tenían acceso a los bastidores y a la sala de ensayo, y la práctica de «proteger» a una bailarina a cambio de favores sexuales estaba normalizada. Las madres que esperan en las sillas negociaban a menudo esos arreglos.
Degas lo sabía perfectamente y lo pintó una y otra vez: en muchos de sus cuadros de bailarinas hay un hombre de chistera al fondo o en un rincón. No es un espectador casual.
La misma realidad está detrás de la Pequeña bailarina de catorce años, su escultura más famosa, cuya modelo, Marie van Goethem, acabó expulsada de la Ópera.
Simbolismo y en qué fijarse
El suelo. Ocupa casi un tercio del lienzo y está vacío. Las tablas marcan una diagonal potente que organiza toda la escena y empuja la mirada hacia el fondo. Ese vacío es la decisión más audaz del cuadro.
El punto de vista. Alto, descentrado, como desde una esquina de la sala. No hay un centro; el maestro está a un lado, el grupo a otro y en medio no hay nada. Es un encuadre de fotógrafo, y Degas lo aprendió de la fotografía y de la estampa japonesa.
Las figuras cortadas. Varias quedan partidas por el borde del lienzo. En la pintura académica eso era un error; aquí es el recurso que produce la sensación de escena sorprendida.
El espejo. Al fondo a la izquierda, refleja una ventana y un trozo de ciudad. Amplía la sala y aporta la única luz exterior.
El cartel de Rossini. Junto al espejo. La firma del comitente.
La regadera. En el suelo, a la izquierda. Servía para humedecer las tablas y que no resbalaran. Es el tipo de detalle que solo pone quien ha estado allí muchas veces.
El perrito. Abajo a la derecha, casi invisible.
Los blancos. No hay un solo blanco puro en los tutús: hay rosas, azules, grises y amarillos. El contrapunto son los lazos de colores de las cinturas — rojo, naranja, verde — que Degas distribuye como puntos de acento por toda la sala.
Degas no era impresionista y lo decía
Esto no es un matiz de manual: era una postura militante.
Degas organizó las exposiciones impresionistas y participó en siete de las ocho, pero rechazaba la etiqueta. Quería que el grupo se llamara independientes o realistas. Detestaba el término.
Y no practicaba casi nada de lo que define al impresionismo. Despreciaba la pintura al aire libre — dijo que si él fuera el gobierno pondría policía vigilando a los que pintan paisajes del natural —, no le interesaba la luz cambiante y trabajaba en el estudio, a partir de cientos de dibujos preparatorios.
Su declaración más citada lo resume: «Ningún arte fue nunca menos espontáneo que el mío.»
Lo que sí compartía era el tema — la vida moderna — y el encuadre. Lo demás lo hacía al revés que Monet.
Contexto histórico
La Salle Le Peletier fue la sede de la Ópera de París desde 1821. Ardió en la noche del 28 al 29 de octubre de 1873, en un incendio que duró veintisiete horas y del que se culpó al sistema de iluminación de gas.
El Palais Garnier, en construcción desde 1861, se inauguró en enero de 1875. Entre una cosa y otra, la Ópera pasó dos años sin casa propia.
Degas tenía abono y acceso a los bastidores, y conocía la vieja sala de memoria. Cuando la pintó ya no existía, y él eligió reconstruirla en vez de pintar la nueva.
Fue también el momento exacto en que el grupo impresionista nació: la primera exposición independiente se celebró en abril de 1874, en el estudio del fotógrafo Nadar.
Sobre Edgar Degas
Nació en París en 1834 en una familia de banqueros — el apellido original era De Gas, que él simplificó. No tuvo que vender para vivir hasta que el banco familiar quebró en 1874, el año de este cuadro, y tuvo que hacerse cargo de las deudas de su hermano.
Se formó copiando en el Louvre, viajó a Italia y empezó pintando historia clásica. Hacia 1865 lo abandonó todo por la vida contemporánea: caballos de carreras, cafés, planchadoras, sombrereras y, sobre todo, bailarinas. Dedicó al ballet más de la mitad de su obra, unas mil quinientas piezas entre óleos, pasteles, dibujos y esculturas.
Su vista empeoró desde los treinta y pocos años. Por eso pasó del óleo al pastel — más directo, más rápido — y después a la escultura en cera, que podía trabajar casi a tientas. Al final estaba prácticamente ciego.
Hay que decir también lo incómodo: Degas fue un antisemita declarado. Durante el caso Dreyfus rompió con amigos de toda la vida, entre ellos el pintor Camille Pissarro, que era judío, y no volvió a dirigirle la palabra. Murió solo, en París, el 27 de septiembre de 1917.
Legado e influencia
Degas cambió cómo se encuadra una imagen. El punto de vista alto y descentrado, la figura cortada por el borde, el primer plano vacío, el sujeto de espaldas: todo eso pasó de sus cuadros al cartel, a la fotografía y después al cine.
Y cambió el ballet como tema. Antes era decorado; después de él es trabajo. La imagen que el mundo tiene hoy del ballet — la barra, el espejo, el suelo de madera, el cansancio entre ejercicio y ejercicio — es la de Degas, y se reproduce en cada academia de danza del planeta.
Su influencia llega directa a Toulouse-Lautrec, a Bonnard, a Vuillard y a la fotografía del siglo XX.
¿Y en España?
Hay Degas en Madrid, y hay además un vínculo español en el origen de todo este mundo.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza conserva Bailarina basculando (Bailarina verde), un pastel y gouache de hacia 1877–1879 que es la mejor obra de Degas en España. Es el mismo tema visto desde arriba, con el punto de vista imposible que solo él usaba, y con el color del pastel que el óleo no puede dar. Está en la planta primera.
Y el ballet parisino de aquellos años estaba lleno de España. En el Segundo Imperio, la danza española fue la gran moda de París: compañías enteras de bailarines andaluces actuaban en los teatros del bulevar, Manet pintó a Lola de Valence y a un grupo de bailarines españoles, y el ballet Don Quijote de Petipa — estrenado en 1869 — llevó el repertorio español al escenario académico.
Degas participó de esa fiebre. Entre sus esculturas en cera hay una Danza española, con la bailarina en una torsión que no tiene nada de académica y todo de flamenca.
Para ver ese mundo en España, el Museo del Baile Flamenco de Sevilla y, para la pintura, las salas del XIX del Museo del Prado.
Dónde verla hoy
Está en el Metropolitan Museum of Art, 1000 Fifth Avenue, Nueva York, en la galería 815, dedicada a la pintura europea del siglo XIX.
- Cierra los miércoles. Abre de domingo a martes y jueves de 10 a 17, y viernes y sábados hasta las 21.
- La entrada solo es «lo que quieras pagar» para residentes en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, con documento. Para el resto es de precio fijo — en torno a 30 dólares — y da acceso durante tres días consecutivos, incluidos los Cloisters.
- Ve un viernes o sábado por la tarde. Las galerías europeas se vacían a partir de las 18.
- Mira el suelo. El tercio vacío del primer plano es lo que hace moderno este cuadro y es lo que nadie mira.
- Busca el cartel de Rossini junto al espejo, y la regadera en el suelo a la izquierda.
- En el mismo museo: la Pequeña bailarina de catorce años y una de las mejores colecciones de Degas del mundo, con decenas de pasteles y bronces.
Y la otra versión está en el Museo de Orsay de París, en el nivel 5. Verlas las dos en un mismo viaje es imposible, pero compararlas en alta resolución en las webs de los dos museos, sí: las diferencias en la disposición de las figuras y en la luz son el mejor ejercicio que ofrece la obra.
Esta obra existe en más de una versión. Si te interesa saber cuántas hay, dónde están y cómo distinguirlas, tenemos una guía completa: obras famosas con varias versiones.
Preguntas frecuentes
¿Hay dos cuadros iguales?
Casi. Uno está en el Metropolitan de Nueva York y otro en el Museo de Orsay de París, con medidas parecidas y la misma escena. Los dos los encargó el barítono y coleccionista Jean-Baptiste Faure.
¿La escena es real?
No. Es una escena imaginada, situada en una sala de ensayo de la ópera de la rue Le Peletier que se había incendiado en octubre de 1873, el año anterior a la pintura. Y el maestro que la preside, Jules Perrot, ya no tenía contrato con la Ópera de París.
¿Quién es el hombre del bastón?
Jules Perrot, uno de los grandes bailarines y coreógrafos del ballet romántico, coautor de Giselle. Tenía unos sesenta años. Se ha interpretado que Degas lo pintó al frente de la clase como forma de devolverle una autoridad que la institución le había retirado.
¿Qué están haciendo las bailarinas?
Un examen. Una de ellas ejecuta una attitude ante el maestro mientras el resto espera. De las veinticuatro mujeres de la sala, varias no son bailarinas sino madres que acompañan a sus hijas.
¿Era Degas impresionista?
Organizó las exposiciones del grupo y participó en siete de las ocho, pero rechazaba la etiqueta y prefería llamarse realista. Despreciaba la pintura al aire libre y trabajaba en el estudio a partir de cientos de dibujos. Dijo que ningún arte fue nunca menos espontáneo que el suyo.
¿Por qué pintó tantas bailarinas?
Por el movimiento y por el acceso: tenía abono en la Ópera y entrada a los bastidores. Dedicó al tema más de la mitad de su obra, unas mil quinientas piezas. También por razones económicas: se vendían bien.
¿Cómo llegó al Metropolitan?
Por legado de la señora Harry Payne Bingham, en 1986. Está expuesta en la galería 815.
¿Hay Degas en España?
Sí. El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva Bailarina basculando (Bailarina verde), un pastel de hacia 1877–1879 que es su mejor obra en el país.
Si esta obra te ha interesado, sigue con la Pequeña bailarina de catorce años — la misma Ópera, la misma realidad social y el escándalo que Degas provocó al enseñarla — y con Un bar del Folies-Bergère, donde Manet pinta el otro lado del espectáculo parisino: a quien está detrás del mostrador.
Imagen: La classe de danse – Edgar Degas (1874). Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons. Nota: existen dos versiones casi idénticas, una en el Metropolitan de Nueva York y otra en el Museo de Orsay de París.
