Le Déjeuner sur l'herbe by Édouard Manet, 1863

El almuerzo sobre la hierba (Manet)

El cuadro no se llamaba así. En el catálogo del Salón de los Rechazados de 1863 figura como Le Bain — «El baño» —, y el título por el que hoy lo conocemos se lo puso el propio Manet cuatro años después, en 1867, cuando montó por su cuenta un pabellón privado frente a la Exposición Universal para exhibir su obra al margen de la institución que lo rechazaba. El cambio de título cambia el cuadro: «El baño» señalaba a la mujer del fondo metida en el agua; «El almuerzo sobre la hierba» señala la cesta volcada, el pan, las cerezas y la conversación. Manet movió el foco de la desnudez a la merienda, y nadie le hizo caso.

Datos clave

  • Artista: Édouard Manet (1832–1883)
  • Títulos: Le Bain (1863); Le déjeuner sur l’herbe desde 1867
  • Fecha: 1863
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 208 × 264,5 cm
  • Modelos: Victorine Meurent, el escultor Ferdinand Leenhoff y un hermano del pintor
  • Movimiento: Realismo – la bisagra hacia el arte moderno
  • Ubicación: Museo de Orsay, París – planta baja, salas de Manet
  • Donación de Étienne Moreau-Nélaton, 1906. El museo tiene prohibido prestarlo

Dos citas, no una

La provocación de este cuadro consiste en citar a los clásicos y quitarles la coartada. Y las citas son dos, no una.

La composición viene de un grabado de Marcantonio Raimondi sobre un dibujo perdido de Rafael, El juicio de Paris, de hacia 1515. En el ángulo inferior derecho de esa estampa hay un grupo de tres divinidades fluviales: dos hombres sentados y una mujer desnuda entre ellos, en exactamente esta disposición. Manet la copió figura por figura.

Y hay un detalle que se ha señalado mucho: el gesto del hombre de la derecha, con la mano extendida, no señala nada. En el grabado original tenía sentido dentro de la escena mitológica; aquí es un gesto vacío, una cita que ya no significa. Es casi una declaración de método.

El tema viene de otro sitio: El concierto campestre, un cuadro de hacia 1510 que cuelga en el Louvre y que en época de Manet se atribuía a Giorgione — hoy se considera de Tiziano. Ahí hay dos hombres vestidos y dos mujeres desnudas en un paisaje, y a nadie le parecía escandaloso, porque eran figuras poéticas de otro tiempo.

Manet tomó la composición de Rafael y el asunto de Tiziano, y los vistió de 1863. Los hombres llevan levita, corbata, chaqueta de esmoquin y gorra de estudiante. Son parisinos reconocibles. Y en ese momento el cuadro deja de ser mitología y pasa a ser una escena que podría estar ocurriendo esa tarde en el bosque de Boulogne.

Qué pasó en 1863

El jurado del Salón oficial rechazó ese año una cantidad inusual de obras: cerca de tres mil. La protesta fue tan sonora que Napoleón III autorizó una exposición paralela, el Salon des Refusés, para que el público juzgara por su cuenta.

Fue una jugada política y funcionó a medias: miles de personas acudieron, la mayoría a reírse. Este cuadro fue la atracción principal.

Las crónicas hablan de carcajadas, de gente que volvía varias veces con amigos para enseñárselo, y de un tumulto permanente delante del lienzo. Se cuenta también que el emperador lo calificó de atentado contra el pudor, aunque la frase circula en varias versiones.

Hay que subrayar la ironía: Napoleón III creó la exposición que hizo famoso el cuadro que después condenó.

Simbolismo y en qué fijarse

La luz. Las figuras están iluminadas de frente, sin sombras graduales, como si les hubieran disparado un flash. El fondo, en cambio, está pintado con profundidad. Parecen recortadas y pegadas encima, y eso es intencionado: Manet renunció al modelado que daba volumen a la carne académica.

La bañista. Al fondo, agachada en el agua. Es demasiado grande para la distancia a la que está: si se levantara, mediría tres metros. La perspectiva no funciona, y Manet lo sabía. Fue la burla favorita de los críticos de 1863.

El bodegón. Abajo a la izquierda, la cesta volcada con cerezas, higos, un panecillo y una botella, sobre el vestido azul de Victorine. Es la parte mejor pintada del cuadro y la única donde Manet se permite virtuosismo.

La rana. En el ángulo inferior izquierdo, entre las hojas, hay una rana. Cuesta verla. En el argot parisino, grenouille designaba a una mujer de vida libre, y las grenouillères eran los merenderos del Sena con fama dudosa.

El pájaro. Un pinzón vuela en el centro exacto del cuadro, sobre las cabezas. Nadie lo mira.

La barca. A la derecha, junto a la orilla, apenas insinuada.

La mirada. Victorine mira al espectador con la barbilla apoyada en la mano y una expresión que no es seducción ni vergüenza. Es la misma mirada de Olympia, pintada ese mismo año.

Contexto histórico

El París de 1863 estaba siendo demolido y reconstruido por el barón Haussmann: bulevares nuevos, parques nuevos y una burguesía con tiempo libre y ferrocarril de cercanías. La merienda campestre del domingo era el ocio de moda, y los bosques de Boulogne y Vincennes y las orillas del Sena se llenaban de gente.

Esos merenderos tenían fama. Se sabía que las mujeres que iban a esas excursiones con hombres solteros no eran sus esposas, y todo el mundo hacía como que no. El cuadro pone eso sobre un lienzo de dos metros por dos y medio — un formato reservado a la pintura de historia — y lo cuelga en una exposición pública.

Ese es el escándalo real: no el desnudo, que se veía a decenas en cualquier Salón, sino el reconocimiento.

Sobre Édouard Manet

Nació en París en 1832, hijo de un alto funcionario del Ministerio de Justicia que lo quería magistrado. Suspendió dos veces el examen de la Escuela Naval y llegó a embarcarse como grumete rumbo a Río de Janeiro antes de que la familia cediera.

Estudió seis años con el académico Thomas Couture y copió incansablemente en el Louvre: Tiziano, Velázquez, Goya, Hals. Su modernidad viene de mirar mucho a los antiguos, no de ignorarlos.

Fue el pintor que más escandalizó a su siglo y el que menos quería escandalizar. No participó nunca en las exposiciones impresionistas, pese a ser amigo y referencia del grupo: siguió presentándose al Salón oficial año tras año, buscando el reconocimiento de la institución que lo humillaba.

Llegó tarde: Legión de Honor en 1881, con cuarenta y nueve años. Murió el 30 de abril de 1883, a los cincuenta y uno, once días después de que le amputaran una pierna por complicaciones de una sífilis avanzada.

Los modelos

Victorine Meurent (1844–1927) es la mujer desnuda. Fue la modelo de Manet durante una década, y también la de Olympia, de La cantante callejera y de El ferrocarril.

Lo que casi nadie cuenta es que era pintora, y que expuso en el Salón de París en 1876, 1879, 1885 y 1904. En 1876 el jurado aceptó su cuadro y rechazó el de Manet. La leyenda de que murió alcoholizada y en la miseria es falsa: vivió en Colombes con su compañera Marie Dufour y murió a los ochenta y tres años.

El hombre recostado, con bastón y gorra, es Ferdinand Leenhoff, escultor neerlandés y hermano de Suzanne Leenhoff, la pianista con la que Manet se casaría al año siguiente.

El hombre del gesto es uno de los hermanos del pintor — las fuentes se dividen entre Eugène y Gustave. Eugène acabaría casándose con la pintora Berthe Morisot.

Es decir: el cuadro que escandalizó a Francia está poblado por la familia del pintor.

Legado e influencia

Monet reaccionó de inmediato. En 1865, con veinticinco años, empezó su propio Déjeuner sur l’herbe: doce figuras vestidas, luz real filtrada entre las hojas, y un formato descomunal de más de seis metros. No lo terminó. Lo dejó como garantía de un alquiler impagado, la tela se enmoheció y años después Monet recuperó lo que quedaba y cortó los fragmentos salvables. Dos de ellos cuelgan hoy en el mismo Museo de Orsay, a pocos metros del Manet que los provocó.

Cézanne, Tissot y Gauguin hicieron sus versiones. Y Picasso convirtió el cuadro en una obsesión de tres años: entre 1959 y 1962 produjo veintisiete pinturas, más de un centenar de dibujos, linóleos, maquetas de cartón y hasta cinco esculturas de hormigón a partir de esta composición.

Y hay un legado conceptual mayor: este es el cuadro que establece que el arte puede incomodar en vez de complacer, y que el pintor puede citar la tradición para señalar sus trampas. Casi todo lo que llamamos arte moderno arranca de ahí.

¿Y en España?

Hay dos hilos, y el segundo explica algo sobre el método de Picasso que suele pasarse por alto.

El primero es Velázquez. En agosto de 1865, huyendo del escándalo de Olympia, Manet viajó a Madrid y vio por fin originales en el Museo del Prado. Escribió a Fantin-Latour que Velázquez era «el pintor de pintores» y que ante el Retrato de Pablo de Valladolid el fondo desaparecía y solo quedaba el aire alrededor del hombre. Ese fondo sin profundidad es el de este cuadro, pintado dos años antes a partir de reproducciones. En 1865 confirmó lo que ya hacía.

El segundo es Picasso, y es más interesante de lo que parece. Picasso desmontó dos cuadros canónicos con el mismo método y en años casi seguidos:

  • Las meninas de Velázquez, en 1957: cincuenta y ocho lienzos pintados en cuatro meses, encerrado en el piso alto de su villa de Cannes.
  • El almuerzo sobre la hierba de Manet, entre 1959 y 1962: veintisiete lienzos y más de un centenar de dibujos.

Son el mismo procedimiento aplicado a las dos obras que para él definían la pintura: una del Siglo de Oro español, otra del nacimiento de la modernidad francesa. Las desarmaba pieza por pieza y las volvía a montar decenas de veces hasta agotarlas.

La serie de Las meninas está completa en España: Picasso la donó en 1968 al Museu Picasso de Barcelona, donde ocupa varias salas. Es la única serie suya conservada íntegra en un museo, y es la manera más directa de entender cómo trabajaba cuando se enfrentaba a un cuadro como este.

Y una nota de contexto: la merienda campestre también tiene su cuadro español, anterior. La pradera de San Isidro de Goya, de 1788, en el Prado, retrata a todo Madrid merendando en la orilla del Manzanares. Es alegre, diminuto y no escandalizó a nadie.

Dónde verlo hoy

Está en el Museo de Orsay, esplanade Valéry Giscard d’Estaing, en la orilla izquierda del Sena. Metro Solférino, línea 12, o RER C.

  • Está en la planta baja, en las salas dedicadas a Manet y al realismo — no en el nivel impresionista de arriba. Mucha gente sube directamente al quinto piso y se lo salta.
  • Cierra los martes. Abre de martes a domingo de 9:30 a 18; los jueves hasta las 21:45.
  • Entrada general en torno a 16 euros. Gratis para menores de 18 y ciudadanos de la UE hasta 25 años. Primer domingo de mes gratuito para todos.
  • Los jueves después de las 19 el museo se vacía. Es el mejor momento de la semana.
  • No lo busques fuera de París: la donación de Moreau-Nélaton de 1906 incluye una prohibición expresa de préstamo y depósito. Este cuadro no viaja.
  • Míralo junto a Olympia, que está en la misma zona: la misma modelo, el mismo año, dos escándalos consecutivos.
  • Busca la rana en el ángulo inferior izquierdo y el pinzón en el centro. Y acércate al bodegón de la cesta: es la mejor pintura del lienzo.
  • En el mismo museo, los fragmentos supervivientes del Déjeuner de Monet, el Baile en el Moulin de la Galette de Renoir y Degas.

Hay además una versión más pequeña del cuadro, anterior o posterior según los especialistas, en la Courtauld Gallery de Londres.

Preguntas frecuentes

¿Por qué escandalizó?

No por el desnudo — en cualquier Salón había decenas — sino porque no tenía coartada. Los hombres visten ropa contemporánea, el lugar es reconocible y la mujer mira al espectador. Manet tomó una composición de Rafael y un tema de Tiziano y les quitó la mitología, dejando una escena que podía estar ocurriendo esa misma tarde a las afueras de París.

¿De dónde copió la composición?

De un grabado de Marcantonio Raimondi sobre un dibujo perdido de Rafael, El juicio de Paris, de hacia 1515: el grupo de divinidades fluviales del ángulo inferior derecho. El tema, en cambio, procede de El concierto campestre del Louvre, atribuido entonces a Giorgione y hoy a Tiziano.

¿Por qué la bañista del fondo es tan grande?

Porque Manet lo decidió así. La perspectiva no funciona a propósito: era una manera de señalar que las reglas académicas ya no se aplicaban. Fue la burla favorita de los críticos de 1863.

¿Quiénes son los modelos?

Victorine Meurent, modelo habitual de Manet y ella misma pintora admitida en el Salón; el escultor Ferdinand Leenhoff, cuñado del pintor; y uno de los hermanos de Manet, Eugène o Gustave según la fuente.

¿Por qué se llamaba «El baño»?

Así figuró en el catálogo del Salón de los Rechazados de 1863. Manet lo rebautizó Le déjeuner sur l’herbe en 1867, en la exposición privada que montó por su cuenta frente a la Exposición Universal.

¿Qué hay escondido en el cuadro?

Una rana en el ángulo inferior izquierdo — grenouille era en el argot parisino una mujer de vida libre — y un pinzón volando en el centro exacto de la composición.

¿Viaja a exposiciones?

No. La donación de Étienne Moreau-Nélaton de 1906 incluye una prohibición expresa de préstamo y depósito. Solo se puede ver en el Museo de Orsay.

¿Qué hizo Picasso con él?

Entre 1959 y 1962 produjo veintisiete pinturas, más de cien dibujos, linóleos y cinco esculturas de hormigón a partir de esta composición. Es el mismo método que había aplicado en 1957 a Las meninas de Velázquez, cuya serie completa —cincuenta y ocho lienzos— donó al Museu Picasso de Barcelona.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Olympia — pintada el mismo año, con la misma modelo, y el escándalo que remató este — y con Las meninas, el otro cuadro que Picasso desarmó pieza por pieza.

Imagen: Le déjeuner sur l’herbe – Édouard Manet (1863), Museo de Orsay, París, donación Moreau-Nélaton. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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