Claude Monet, Water Lilies, 1906 – the surface of the Giverny pond with clusters of lilies and reflected sky, painted without a horizon line

Los nenúfares

En agosto de 1908 Monet escribió a su amigo Gustave Geffroy que estos paisajes de agua se habían convertido en una obsesión, que superaban sus fuerzas de hombre viejo, y que había destruido algunos. No exageraba: ese mismo año rajó con un cuchillo una quincena de lienzos de la serie a la que pertenece este cuadro, y aplazó dos veces la exposición en la que iba a mostrarlos. Cuando por fin la abrió, en mayo de 1909, colgó cuarenta y ocho. Este era uno de ellos.

Datos clave

  • Artista: Claude Monet (1840–1926)
  • Título original: Nymphéas
  • Fecha: 1906 – firmado y fechado abajo a la derecha
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 89,9 × 94,1 cm – casi cuadrado
  • Movimiento: Impresionismo
  • Ubicación: Art Institute of Chicago – colección Martin A. Ryerson, inv. 1933.1157
  • Primera exposición: galería Durand-Ruel, París, mayo de 1909

Primero, un error que hay que despejar

Se dice a menudo que la niebla de los nenúfares de Monet es el resultado de sus cataratas. Con este cuadro no es posible.

Monet fue diagnosticado en 1912, seis años después de pintarlo. Su visión empezó a alterar seriamente los colores hacia 1915 y se operó en 1923. En 1906 veía perfectamente. Lo que hay en este lienzo – la ausencia de horizonte, la disolución de los bordes, el agua que no es azul – es una decisión, no un síntoma.

Conviene tenerlo claro porque la explicación médica, además de falsa aquí, es una manera de restar mérito. Monet no pintó así porque no veía. Pintó así porque quería.

¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?

El cuadro elimina lo que cualquier paisaje tiene: tierra, cielo, horizonte. Queda la superficie del agua, y en ella tres cosas superpuestas – el reflejo del cielo y de los árboles, la profundidad turbia del estanque, y las hojas y flores que flotan encima.

El espectador no está en la orilla. Está encima del agua, mirando hacia abajo.

La composición es más calculada de lo que parece. Dos grupos de nenúfares, uno abajo a la izquierda y otro arriba a la derecha, enmarcan una franja de agua abierta que atraviesa el lienzo en diagonal. Es un camino de agua, y la mirada lo recorre sin encontrar dónde detenerse.

El formato casi cuadrado – noventa por noventa y cuatro centímetros – acentúa el efecto. No hay dirección privilegiada. El cuadro no es apaisado como un paisaje ni vertical como un retrato; es un fragmento recortado de algo mayor.

Cómo se hizo

El museo ha examinado el lienzo con radiografía e infrarrojos, y lo que muestran esas imágenes contradice la idea del impresionista que capta el instante.

Monet cambió la composición varias veces sobre la marcha. Desplazó grupos de nenúfares, borró otros, reforzó el reflejo de los árboles. Hay zonas donde se ven hasta tres estados distintos superpuestos.

Encaja con lo que él mismo contaba. La serie de 1903–1908 lo desesperó. En 1907 aplazó la exposición prevista en Durand-Ruel; en 1908 volvió a aplazarla, escribió la carta a Geffroy sobre la obsesión y destruyó parte de lo hecho. La exposición se abrió por fin el 6 de mayo de 1909, con el título Les Nymphéas, série de paysages d’eau, y fue un éxito completo.

Un mes después, el 3 de junio, Durand-Ruel y Bernheim-Jeune compraron este lienzo a medias por 14.000 francos. En el libro de registro de la galería figura como «Los nenúfares, paisaje de agua, serie de 1906».

Simbolismo y en qué fijarse

El agua no es azul. Es verde, malva, rosa pálido, casi negra en el centro. Cada zona es el reflejo de algo que no vemos: el cielo, los sauces, las nubes. Monet pinta lo que el agua devuelve, no el agua.

Dos pinceladas distintas. En las hojas, toques cortos, horizontales, densos. En el agua, trazos largos y fluidos que siguen la corriente. Se ven mejor a medio metro.

La franja diagonal. Desde el ángulo inferior derecho hacia arriba a la izquierda corre una banda de agua sin plantas. Es el eje del cuadro. Todo lo demás se ordena en torno a ella.

El reflejo de los árboles. Las manchas verticales oscuras en la parte superior son sauces reflejados. Están boca abajo. El cuadro, en cierto sentido, está al revés.

Los bordes. Las hojas no tienen contorno. Se funden con el agua por los lados. Es el principio del impresionismo llevado hasta el final: no hay línea donde la naturaleza no la tiene.

La firma. Abajo a la derecha, en marrón rojizo, con la fecha. Monet fechaba estos cuadros cuando los consideraba terminados, no cuando los empezaba.

El estanque que casi no existió

Monet alquiló la casa de Giverny en 1883 y la compró en 1890. En 1893 adquirió un terreno al otro lado de la carretera y el ferrocarril, atravesado por un arroyo, y pidió permiso para desviarlo y crear un estanque.

Los vecinos se opusieron. Temían que las plantas exóticas – nenúfares de variedades híbridas, recién llegados de un vivero de Burdeos – envenenaran el agua del pueblo y del ganado. El expediente municipal se conserva, con las quejas. Monet ganó, pero tardó meses.

Construyó el puente japonés en 1895, y entre 1901 y 1903 amplió el estanque hasta casi triplicar su tamaño. Empleaba a un jardinero solo para el agua: cada mañana limpiaba las hojas de polvo y hollín del tren, y ajustaba las plantas a la posición que Monet quería.

El cuadro, en otras palabras, es un retrato de una obra de ingeniería. El estanque no es naturaleza: es un jardín diseñado para ser pintado.

Contexto histórico

1906. Cézanne muere en octubre. Picasso está pintando Las señoritas de Aviñón. Matisse y los fauves acaban de escandalizar el Salón de Otoño. La pintura europea está a punto de dejar de representar cosas.

Monet tiene sesenta y seis años, es rico, célebre y, en apariencia, está fuera de todo eso. Pinta flores en un estanque de su jardín. Pero lo que hace en estos cuadros es tan radical como lo que se hace en París: elimina el espacio, elimina el objeto, deja solo la superficie y el color. Los pintores americanos de los años cincuenta lo entenderían así.

Un detalle sobre Chicago: la ciudad fue el primer lugar de América donde Monet triunfó. En 1891 el matrimonio Palmer compró veinte cuadros suyos de golpe; llegarían a tener noventa. Martin Ryerson, el coleccionista que legó este lienzo, visitó a Monet en Giverny en 1920; se conserva una fotografía de los dos junto al estanque. Chicago tiene hoy la mayor colección de Monet fuera de París: treinta y tres pinturas.

Sobre Claude Monet

Nació en París el 14 de noviembre de 1840 y creció en Le Havre, donde el pintor Eugène Boudin lo convenció de pintar al aire libre.

En 1874 expuso Impresión, sol naciente con un grupo de amigos rechazados por el Salón. El crítico Louis Leroy usó el título para burlarse de todos ellos, y la burla se quedó como nombre.

Pasó décadas de pobreza. Su primera mujer, Camille, murió en 1879; Monet la pintó en el lecho de muerte. El éxito económico llegó en los años noventa, con las series de almiares y catedrales.

Desde 1897 hasta su muerte pintó el estanque de Giverny: unos 250 cuadros. En 1912 le diagnosticaron cataratas; en 1923 se operó del ojo derecho. Los últimos años los dedicó a las Grandes Decoraciones, los paneles de la Orangerie, que donó a Francia el día del armisticio de 1918 y que se instalaron en 1927, después de su muerte.

Murió en Giverny el 5 de diciembre de 1926, a los ochenta y seis años. Dejó unas dos mil pinturas.

Legado e influencia

Los nenúfares fueron un fracaso de crítica durante décadas. Cuando la Orangerie abrió en 1927, la prensa francesa los consideró la obra de un anciano que ya no veía. Los paneles estuvieron años sin apenas visitantes.

Los rescataron los americanos. En los años cincuenta, cuando Rothko, Pollock y Still trabajaban a gran escala sin figura, un crítico neoyorquino acuñó el término «impresionismo abstracto» y señaló a Monet como precedente. En 1955 el MoMA compró un panel de nenúfares; ardió en el incendio del museo en 1958, y el museo compró otro. Desde entonces la reputación no ha dejado de subir.

En el mercado, un Nymphéas en fleur alcanzó 84,7 millones de dólares en 2018, y en noviembre de 2024 otro lienzo de 1914–1917 se vendió por 65,5 millones en Nueva York.

Y en la cultura popular el estanque de Giverny es lo que Monet significa: postales, calendarios, fondos de pantalla. La popularidad tiene un precio. Hace olvidar que estos cuadros, en 1909, eran lo más avanzado que se podía ver en París.

¿Y en España?

No hay ningún cuadro de nenúfares en España. Pero sí hay Monet, y uno especialmente relevante para esta historia.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza conserva La casa entre las rosas, pintado en el verano de 1925 – la fachada de la casa de Giverny vista desde el jardín. Es uno de los últimos cuadros de Monet, y tiene una particularidad: es de después de la operación de cataratas. En julio de ese año Monet escribió a un amigo que veía mucho mejor, que trabajaba como nunca y que, si sus lentes fueran aún mejores, solo desearía vivir hasta los cien años.

Ver ese cuadro y compararlo con el de Chicago es la mejor manera de comprobar lo que la vista hizo y no hizo en Monet. El de 1925 tiene la paleta más variada y las pinceladas más cortas de sus últimos años. El de 1906 no necesitaba corrección alguna.

El Thyssen tiene otros Monet en la colección permanente, entre ellos El deshielo en Vétheuil, de 1880, y El puente de Charing Cross, de 1899.

Dónde ver la obra hoy

El cuadro pertenece al Art Institute of Chicago, en el 111 de South Michigan Avenue, junto a Millennium Park, en el centro de la ciudad.

Un aviso antes de nada. Entre abril de 2025 y julio de 2026 el lienzo estuvo prestado a una exposición itinerante sobre jardines en China – Pekín, Suzhou, Ningbo y Hong Kong. Ha vuelto, pero conviene comprobar en la web del museo que está colgado antes de ir expresamente.

  • El museo cierra los martes. Abre lunes, miércoles y de viernes a domingo de 11 a 17, y los jueves hasta las 20. Cerrado en Acción de Gracias, Navidad y Año Nuevo.
  • Entrada de adulto no residente en torno a 32 dólares; menores de 14 años gratis. Los residentes en Illinois tienen tardes de jueves gratuitas en primavera y verano – y son las más llenas.
  • Compra en línea con franja horaria. Los fines de semana hay cola virtual y esperas de media hora o más.
  • Los jueves por la tarde es la mejor hora: las salas de impresionismo se vacían después de las seis.
  • Las salas de impresionismo francés están en la segunda planta del edificio antiguo. Además de este cuadro, el museo tiene otro nenúfar – Estanque de nenúfares, de 1917–1919 –, seis almiares de la serie de 1890–1891 y la Estación Saint-Lazare.
  • En la misma zona: Un domingo en la Grande Jatte de Seurat, El dormitorio de Van Gogh, y en la planta de arte americano Nighthawks de Hopper y American Gothic.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos cuadros de nenúfares pintó Monet?

Unos 250 entre 1897 y 1926, en formatos que van del lienzo de caballete a los paneles de dos metros de alto por más de cuatro de ancho de la Orangerie. Este es de la serie de 1903–1908, la primera en la que eliminó por completo la orilla y el horizonte.

¿Influyeron las cataratas en este cuadro?

No. Monet fue diagnosticado en 1912, seis años después de pintarlo, y su visión no alteró los colores hasta 1915 aproximadamente. Lo que se ve aquí es una elección deliberada. Los cuadros afectados por las cataratas son los de 1915–1922, con dominantes rojizas y amarillas.

¿Está siempre expuesto en Chicago?

Normalmente sí, pero viaja. Entre 2025 y 2026 estuvo quince meses en China. Consulta la web del museo antes de ir.

¿Por qué el formato es casi cuadrado?

Porque Monet quería eliminar cualquier orientación de paisaje. Sin horizonte y sin dirección dominante, el lienzo funciona como un fragmento de superficie, no como una vista.

¿Cuánto vale un nenúfar de Monet?

Los que han salido al mercado se mueven entre 40 y 85 millones de dólares. El récord es de 84,7 millones, en 2018. Este está en un museo público y no se vende.

¿Se puede visitar el estanque de Giverny?

Sí. La casa y los jardines de Monet abren de abril a principios de noviembre. Los nenúfares florecen entre junio y septiembre; en mayo lo que está en flor son las glicinas del puente japonés. Está a unos ochenta kilómetros de París; el tren llega a Vernon y desde allí hay autobús o cinco kilómetros a pie.

¿Hay algún Monet en España?

Sí, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. El más relacionado con esta historia es La casa entre las rosas, de 1925, pintado en Giverny tras la operación de cataratas. No hay ningún cuadro de nenúfares en España.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Un domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte de Seurat – en el mismo museo, en la misma planta, y pintado veinte años antes con la idea contraria: que la luz se construye punto a punto, no se disuelve.

Imagen: Nymphéas – Claude Monet (1906), Art Institute of Chicago, colección Martin A. Ryerson. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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