La vocación de San Mateo (Caravaggio)
En abril de 2021, la casa de subastas Ansorena de Madrid sacó a la venta un Ecce Homo catalogado como obra del círculo de Ribera. Precio de salida: 1.500 euros. Horas antes de la puja, varios especialistas alertaron de que podía ser un Caravaggio. El Ministerio de Cultura bloqueó la exportación, la subasta se retiró y el cuadro pasó tres años en restauración y estudio. El Museo del Prado lo expuso en 2024 como obra de Caravaggio, y en 2025 viajó a la gran retrospectiva de Roma. Se calcula que se vendió en privado por decenas de millones. Es el mayor hallazgo de la historia reciente del arte, y estuvo a punto de irse en una tarde por el precio de una bicicleta.
Datos clave
- Artista: Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571–1610)
- Título original: Vocazione di san Matteo
- Fecha: contrato de 23 de julio de 1599; instalado en julio de 1600
- Técnica: óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 322 × 340 cm
- Honorarios: 400 escudos por los dos lienzos laterales
- Movimiento: Barroco – naturalismo y tenebrismo
- Ubicación: San Luigi dei Francesi, Roma – Capilla Contarelli, pared izquierda
Quién pagó esto, y por qué importa
Conviene precisarlo, porque casi todas las versiones lo simplifican.
El cuadro no lo encargó el cardenal Del Monte. Lo pagó la herencia de Mathieu Cointrel, cardenal francés italianizado como Matteo Contarelli, que en su testamento había dejado dinero e instrucciones precisas para decorar una capilla con escenas de la vida de su santo homónimo. Cointrel llevaba muerto desde 1585.
Durante catorce años no se hizo nada. El encargo recayó primero en Giuseppe Cesari, el Caballero de Arpino — que, dato curioso, había tenido a Caravaggio trabajando en su taller como pintor de flores y frutas — y Cesari pintó la bóveda y se olvidó del resto: tenía demasiados encargos papales.
Ahí intervino Francesco Maria Del Monte, cardenal, mecenas de Caravaggio y — esto es lo decisivo — prefecto de la Fabbrica de San Pedro, la oficina vaticana que administraba las propiedades eclesiásticas. Movió los hilos para que su pintor consiguiera el trabajo.
Así que Caravaggio no fue elegido: fue colocado. Tenía veintiocho años, ninguna obra pública en su haber y de pronto dos lienzos de tres metros en una iglesia del centro de Roma.
¿Quién es Mateo?
La pregunta lleva un siglo abierta y merece plantearse bien.
La lectura tradicional: Mateo es el hombre barbado del centro, que se señala el pecho con la mano izquierda — ¿yo? — mientras mira hacia Cristo. Es la versión de todos los manuales.
La lectura revisionista: ese hombre no se señala a sí mismo, sino al joven del extremo izquierdo de la mesa, que sigue agachado contando monedas sin enterarse de nada. El gesto sería un ¿este?, no un ¿yo?. Y Mateo sería el muchacho absorto en el dinero, que ni siquiera ha levantado la cabeza.
Los dos bandos tienen argumentos sólidos. El gesto es genuinamente ambiguo en su dirección, y Caravaggio, que era un dibujante preciso, difícilmente lo dejó ambiguo por descuido.
Hay un dato que inclina la balanza para muchos: en El martirio de San Mateo, el cuadro de enfrente, el santo tiene otra cara. Compararlos en la capilla es el mejor ejercicio disponible, y el motivo por el que conviene ver los tres juntos.
La mano, y la mano de detrás
El gesto de Cristo es una cita, y es deliberada.
Caravaggio tomó la mano de Adán de La creación de Adán de Miguel Ángel, en la bóveda de la Sixtina, a quince minutos andando, y la invirtió. El brazo lánguido, la muñeca caída, el índice extendido sin tensión.
El sentido del préstamo es teológico. En la Sixtina, Dios crea a Adán; aquí, Cristo — el «segundo Adán», según san Pablo — repite el gesto de Adán para crear de nuevo a un hombre. Es un juego que cualquier romano culto de 1600 pillaba al instante.
Y hay una segunda mano. Delante de Cristo está san Pedro, de espaldas, con un manto pardo, repitiendo torpemente el mismo gesto con la suya.
Pedro no estaba en el proyecto original. Los análisis radiográficos muestran que Caravaggio lo añadió sobre la composición ya avanzada. Se ha interpretado como una concesión a la Contrarreforma: la llamada de Cristo pasa por la Iglesia, y la Iglesia es Pedro. El pintor colocó un intermediario entre Dios y el hombre, y tapó media figura de Cristo para hacerlo.
Simbolismo y en qué fijarse
La luz. Entra por arriba a la derecha, de una fuente que no vemos, en un haz oblicuo que cruza la pared del fondo. Y coincide con la luz real de la capilla, que entra por una ventana situada en esa dirección: la escena pintada y la escena del espectador comparten iluminación.
La ventana pintada. Al fondo hay una ventana con papel aceitado en vez de cristal, con los travesaños formando una cruz. No deja pasar luz. La luz que importa viene de otro sitio.
La ropa. Los cinco de la mesa visten a la moda romana de 1600: jubones acuchillados, sombreros con plumas, espadas, una gorra forrada de piel. Cristo y Pedro van descalzos y con túnica. Dos épocas en un mismo cuarto.
Las monedas. Sobre el tapete oscuro, contadas y apiladas. Es una escena de contabilidad, y Caravaggio la pinta con la atención que un bodegonista holandés daría a unos limones.
Los dos que no se enteran. El joven de la izquierda, agachado sobre el dinero, y el hombre con gafas a su lado siguen a lo suyo. La revelación ocurre y la mitad de la sala no la ve.
La espada. El joven del extremo derecho, de espaldas, lleva una. Es el detalle que sitúa la escena en una taberna, no en una oficina.
Lo que no hay. Ni aureolas — salvo un hilo finísimo sobre la cabeza de Cristo, casi invisible —, ni ángeles, ni nubes, ni cielo.
Contexto histórico
Roma en 1600 era la capital de la Contrarreforma. El Concilio de Trento había establecido que la imagen religiosa debía ser clara, emocionalmente directa y capaz de mover a la devoción del pueblo llano. La teoría estaba escrita; faltaba alguien que la pintara.
Caravaggio la pintó, y fue demasiado lejos para muchos. Le reprocharon los pies sucios, las arrugas, las caras de la calle — usaba modelos reales del barrio, incluidas prostitutas para las vírgenes — y le rechazaron varias obras.
La primera versión de La inspiración de San Mateo, el cuadro del altar de esta misma capilla, fue rechazada porque el santo parecía un campesino analfabeto con los pies sucios en primer plano. Caravaggio pintó otra. La rechazada acabó en Berlín y ardió en 1945, en los últimos días de la guerra. Solo quedan fotografías en blanco y negro.
El año jubilar de 1600 llenó Roma de peregrinos. Estos dos lienzos se instalaron justo a tiempo, y convirtieron a Caravaggio en el pintor más comentado de la ciudad de la noche a la mañana.
Sobre Caravaggio
Nació en Milán en 1571 y se crió en el pueblo de Caravaggio, del que tomó el nombre. Llegó a Roma hacia 1592 sin nada, y pasó años pintando frutas y flores en talleres ajenos.
Su vida fue violenta y está documentada en los archivos judiciales romanos: denuncias por agresión, por insultar a guardias, por tirarle un plato de alcachofas a la cara a un camarero. Llevaba espada con licencia y la usaba.
El 28 de mayo de 1606 mató a un hombre, Ranuccio Tomassoni, en una pelea que empezó por una apuesta de pelota. Huyó con una condena a muerte encima y no volvió a pisar Roma.
Pasó cuatro años en fuga — Nápoles, Malta, Sicilia, Nápoles otra vez — pintando obras cada vez más oscuras y más rápidas. Murió el 18 de julio de 1610 en Porto Ercole, en la costa toscana, a los treinta y ocho años, mientras viajaba hacia Roma para recibir un perdón papal que estaba en camino. La causa sigue discutiéndose: fiebres, infección, envenenamiento por plomo de sus propias pinturas.
Después lo olvidaron durante tres siglos. Lo recuperó la crítica del siglo XX, sobre todo Roberto Longhi, y hoy es uno de los pintores más populares del mundo.
Legado e influencia
El caravaggismo se extendió por Europa en menos de veinte años: Artemisia y Orazio Gentileschi, Ribera, Georges de La Tour, Honthorst, Rembrandt. La Judit de Artemisia Gentileschi es incomprensible sin este lenguaje.
Y hay un legado más reciente. Martin Scorsese ha dicho que aprendió a encuadrar mirando a Caravaggio, y que Malas calles nació en parte de estas escenas de taberna con luz lateral. La iluminación del cine negro — foco duro, sombras profundas, el resto en negro — desciende directamente de esta capilla.
Y el mercado lo persigue. Se le atribuyen menos de setenta obras seguras, y cada aparición es un acontecimiento mundial: el Ecce Homo de Madrid en 2021, la Judit de Toulouse encontrada en un desván en 2014 y vendida en 2019.
¿Y en España?
La conexión es mayor de lo que parece y tiene un capítulo muy reciente.
El Ecce Homo de Madrid. En abril de 2021, la casa Ansorena puso a subasta un cuadro catalogado como del círculo de José de Ribera, con precio de salida de 1.500 euros. Pertenecía a una familia madrileña desde el siglo XIX. Horas antes de la puja, la alarma de varios expertos y del Museo del Prado hizo que el Ministerio de Cultura lo declarara inexportable y la subasta se retirara.
Tras tres años de restauración y estudio, la atribución a Caravaggio se consolidó. El Prado lo expuso entre mayo y octubre de 2024, con entrada gratuita, y en 2025 formó parte de la gran retrospectiva del Palacio Barberini de Roma. Se vendió en privado por una cifra que la prensa situó en decenas de millones de euros. Es el hallazgo del siglo, y ocurrió en un catálogo de subasta de barrio.
Lo que ya había. El Museo del Prado conserva David vencedor de Goliat, de hacia 1600, y el Palacio Real de Madrid, Salomé con la cabeza del Bautista, una de sus últimas obras.
Y la descendencia. El pintor español que mejor asimiló a Caravaggio fue José de Ribera, que vivió en Nápoles — territorio español entonces — y que es, en buena medida, el puente por el que el tenebrismo entró en España. Detrás vienen Zurbarán y los primeros bodegones de Velázquez, que en Sevilla, antes de ir a la corte, pintaba viejos, huevos friéndose y cacharros con luz lateral y fondo negro.
Por eso el Ecce Homo pudo pasar por un Ribera durante doscientos años sin que nadie sospechara: en España, Caravaggio y sus seguidores se confunden porque la influencia fue total.
Dónde verla hoy
Está en la iglesia de San Luigi dei Francesi, Piazza di San Luigi dei Francesi, a dos minutos de la Piazza Navona y cinco del Panteón.
- La entrada es gratuita. Es una iglesia en funcionamiento, no un museo.
- La Capilla Contarelli es la quinta a la izquierda, al final de la nave lateral. La vocación está en la pared izquierda de la capilla; enfrente, El martirio; sobre el altar, La inspiración.
- Lleva monedas de un euro. Hay una máquina que enciende la iluminación de la capilla durante un par de minutos. Sin ella, los cuadros se ven a media luz — que es, dicho sea de paso, como los vio el siglo XVII.
- Cierra a mediodía. Abre por la mañana y por la tarde con un intervalo de varias horas cerrado, y los horarios cambian; consúltalos antes. Los domingos por la mañana hay misa.
- Ve temprano o al final de la tarde. A media mañana hay cuarenta personas delante de la capilla y grupos con guía a gritos.
- Mira los tres en orden: izquierda (la llamada), altar (la escritura del evangelio), derecha (el martirio). Es una vida entera en tres paredes, y es la razón por la que Caravaggio pintó la luz entrando por donde entra.
- Prohibido el flash y respeta el silencio: se celebran cultos.
Y a diez minutos andando, en Santa Maria del Popolo, están La conversión de San Pablo y La crucifixión de San Pedro, también gratis y también con máquina de monedas. Son las dos mejores horas de arte gratuito que ofrece Europa. En la Galleria Borghese, con entrada y reserva, hay seis Caravaggios más.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Mateo en el cuadro?
No hay consenso. La lectura tradicional lo identifica con el hombre barbado del centro que se señala el pecho. La revisionista sostiene que ese hombre está señalando al joven agachado sobre las monedas al otro extremo de la mesa, y que Mateo es ese muchacho, que ni siquiera se ha enterado. El gesto es genuinamente ambiguo.
¿De dónde viene el gesto de Cristo?
De la mano de Adán en La creación de Adán de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, invertida. La cita es teológica: Cristo, el «segundo Adán», repite el gesto de la creación para crear de nuevo a un hombre.
¿Quién es la figura delante de Cristo?
San Pedro. Las radiografías demuestran que Caravaggio lo añadió cuando la composición ya estaba avanzada, tapando parte de la figura de Cristo. Se interpreta como una concesión a la doctrina contrarreformista: la llamada divina llega a través de la Iglesia.
¿Quién pagó el encargo?
La herencia del cardenal francés Mathieu Cointrel — Matteo Contarelli —, muerto en 1585, que había dejado dinero e instrucciones en su testamento. Caravaggio consiguió el trabajo gracias a la intervención del cardenal Del Monte, prefecto de la Fabbrica de San Pedro. El contrato es del 23 de julio de 1599, por 400 escudos.
¿Es verdad que un Caravaggio estuvo a punto de subastarse en Madrid por 1.500 euros?
Sí. Ocurrió en abril de 2021 con un Ecce Homo catalogado como del círculo de Ribera. La subasta se detuvo horas antes, el Estado bloqueó la exportación, y tras tres años de estudio y restauración el Museo del Prado lo expuso como Caravaggio en 2024.
¿Hay obra de Caravaggio en España?
Sí: David vencedor de Goliat en el Museo del Prado y Salomé con la cabeza del Bautista en el Palacio Real de Madrid, además del Ecce Homo recuperado, hoy en colección privada.
¿Cuánto cuesta verla?
Nada. San Luigi dei Francesi es de entrada libre. Conviene llevar monedas de un euro para el sistema de iluminación de la capilla.
¿Dónde está exactamente dentro de la iglesia?
En la Capilla Contarelli, la quinta a la izquierda, y concretamente en la pared izquierda de la capilla. Los otros dos cuadros del ciclo están enfrente y sobre el altar.
Si esta obra te ha interesado, sigue con Judit decapitando a Holofernes de Artemisia Gentileschi — el tenebrismo de Caravaggio llevado a un extremo que él no alcanzó — y con La creación de Adán, la mano que Cristo repite aquí invertida.
Imagen: Vocazione di san Matteo – Caravaggio (1599–1600), Capilla Contarelli, San Luigi dei Francesi, Roma. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
