The Fighting Temeraire by J. M. W. Turner, 1839

El último viaje del «Temerario»

El barco del cuadro no tenía mástiles. Cuando el Temeraire hizo ese último viaje, los días 5 y 6 de septiembre de 1838, llevaba meses desarbolado en el arsenal de Sheerness: le habían quitado la arboladura, el aparejo, los noventa y ocho cañones, las anclas y todo el herraje aprovechable. Era un casco vacío. Existe un dibujo hecho en el sitio por el hermano del desguazador que lo muestra tal cual: una mole rasa, sin un solo palo. Turner le devolvió los mástiles, las vergas y una bandera. Y lo remolcaban dos vapores, no uno, amarrados uno a cada costado.

Datos clave

  • Artista: Joseph Mallord William Turner (1775–1851)
  • Título completo: The Fighting Temeraire, tugged to her last berth to be broken up, 1838
  • Fecha: 1839, expuesto en la Royal Academy
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 90,7 × 121,9 cm
  • Movimiento: Romanticismo
  • Ubicación: National Gallery, Londres – Legado Turner, 1851. Entrada gratuita
  • Votado «cuadro favorito del Reino Unido» en la encuesta de BBC Radio 4 de 2005

Turner nunca lo vendió

Este es el dato que mejor explica qué significaba el cuadro para él.

Recibió ofertas y las rechazó todas. Se conserva una nota manuscrita suya, de hacia 1845, en la que escribe: «Ninguna consideración de dinero o favor puede inducirme a prestar de nuevo a mi Darling.»

Darling — «mi querida», «mi tesoro». Lo llamaba así.

El lienzo se quedó en su estudio hasta su muerte, el 19 de diciembre de 1851, y pasó a la nación con el resto del Legado Turner: casi trescientos óleos y unas treinta mil obras sobre papel. Es de los pocos cuadros célebres de la historia que su autor no dejó salir nunca.

Todo lo que Turner cambió

La lista es larga y es deliberada.

Los mástiles. No existían. El barco iba raso.

El número de remolcadores. Fueron dos vapores de ruedas, pequeños, amarrados uno a cada banda del casco, porque ninguno solo podía con una mole de esas dimensiones. Turner pinta uno, delante, tirando.

La dirección del sol. Es el error más comentado y es imposible. El Támesis desemboca al este; el desguace de Rotherhithe está río arriba, al oeste. El Temeraire navegaba hacia el oeste, o sea, hacia el sol poniente. Turner lo puso a su espalda. Esa decisión convierte el atardecer en un adiós en vez de un destino.

El tamaño. El navío está agrandado respecto al remolcador para acentuar la desproporción entre el gigante pasivo y la máquina diminuta que lo arrastra.

Y el nombre. Aquí hay un detalle delicioso: su tripulación no lo llamaba «Fighting Temeraire» sino «Saucy Temeraire» — el Temeraire descarado, atrevido, chulo. Lo de «Fighting» es de Turner, o de la prensa. Le cambió hasta el apodo.

Ninguna de estas licencias es un descuido. Turner construyó una escena que no ocurrió para contar algo que sí estaba ocurriendo.

Simbolismo y en qué fijarse

El sol y la luna. Esto es lo que casi nadie ve. A la derecha, el sol se pone en un incendio de naranjas y rojos. Y a la izquierda, sobre el navío, hay una luna creciente pálida, con su reflejo plateado en el agua. Los dos astros están en el mismo cuadro, en lados opuestos, y el barco viaja del uno al otro.

Los dos blancos. El Temeraire es blanco amarillento, casi transparente, con los aparejos dibujados como telarañas. Parece hecho de otra materia que el resto del cuadro.

El remolcador. Negro, bajo, achaparrado, con una chimenea alta que escupe humo naranja y chispas — no gris, naranja, como si ardiera por dentro. Turner lo pinta con fuego de verdad en las entrañas.

La boya negra. Abajo a la izquierda, en primer plano, flota una boya oscura. Es lo único sólido y próximo del cuadro, y se ha leído como una nota fúnebre.

El segundo remolcador. Al fondo, lejos, otro vapor se acerca. Y más allá, un velero de tres palos fondeado, inmóvil, sin viento. La vela ya no va a ninguna parte.

El agua. Prácticamente un espejo. Turner duplica el cielo entero en la superficie y multiplica por dos el efecto del atardecer.

La pincelada del sol. Acércate: la materia está aplicada en grumos espesos, casi con espátula, mientras el navío está pintado con veladuras finísimas. El futuro tiene textura; el pasado, no.

Lo que fue el Temeraire

La historia real es mejor que la leyenda.

Botado en 1798, era un navío de línea de segunda clase con noventa y ocho cañones. En Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, iba el segundo en la columna de Nelson, justo detrás del Victory, y su papel fue decisivo: cuando el Victory quedó atrapado y Nelson caía herido de muerte, el Temeraire se metió en medio, abrió fuego y acabó capturando dos navíos franceses a la vez, el Redoutable y el Fougueux, amarrados uno a cada costado. Salió del combate con casi doscientos muertos y heridos.

Después sirvió treinta años más, y terminó de buque prisión y de depósito en Sheerness.

Sus cañones dispararon por última vez en 1838, en salvas por la coronación de la reina Victoria. Meses después lo subastaron.

Lo compró el desguazador John Beatson por 5.530 libras — cerca de medio millón de libras actuales — y organizó el traslado como una procesión fúnebre: la maroma de remolque tenía casi sesenta centímetros de grosor, y ningún barco tan grande había remontado nunca el Támesis hasta el Pool de Londres. Hubo que esperar a las mareas vivas del 5 y 6 de septiembre.

Hay un dato que da la medida del momento: de los veintisiete barcos que Nelson mandó en Trafalgar, catorce ya habían sido desguazados. No estaban desmontando un barco: estaban desmontando una época.

Contexto histórico

1838 y 1839 son los años en que la máquina de vapor gana definitivamente. El primer vapor había cruzado el Atlántico en 1838; los ferrocarriles se extendían por Inglaterra; y la Royal Navy, que había dominado el mundo con la vela, estaba sustituyendo su flota.

Turner tenía sesenta y cuatro años y llevaba cuarenta pintando el mar. No era un nostálgico simple. Cinco años después pintaría Lluvia, vapor y velocidad, con una locomotora lanzada sobre un puente en medio de la tormenta, y allí la máquina no es el villano: es lo sublime.

Los dos cuadros cuelgan en el mismo museo y hay que verlos seguidos. Uno llora lo que se va; el otro celebra lo que llega. Los pintó el mismo hombre con cinco años de diferencia.

La obra se expuso en la Royal Academy en 1839 y el éxito fue inmediato. Thackeray escribió que era «tan grandiosa como cualquier pintura que haya colgado de los muros de una academia».

Sobre J. M. W. Turner

Nació en Covent Garden, Londres, el 23 de abril de 1775, hijo de un barbero y fabricante de pelucas que exponía y vendía los dibujos del niño en el escaparate de la tienda. Su madre murió internada en el manicomio de Bethlem.

Entró en la Royal Academy a los catorce años y expuso allí a los quince. A los veintiséis era miembro de pleno derecho, el más joven posible.

Viajó sin parar por Inglaterra, Francia, Suiza e Italia, llenando más de trescientos cuadernos de apuntes. Su obsesión era la luz, y su obra evolucionó hacia algo que en su época pareció incomprensible: formas disueltas en atmósfera, colores sin contorno. Un crítico dijo que pintaba «con yema de huevo y jabón».

Vivió los últimos años de forma excéntrica, bajo nombre falso, en una casa de Chelsea. Murió el 19 de diciembre de 1851 y está enterrado en la catedral de San Pablo.

Legó su obra a la nación con una condición que el Estado incumplió durante un siglo: que se expusiera junta. Hoy el grueso está en la Clore Gallery de la Tate Britain.

Legado e influencia

Turner es el gran antecedente del impresionismo. Monet y Pissarro vieron sus cuadros en Londres en 1870–71, refugiados de la guerra franco-prusiana, y lo dijeron por escrito: la disolución del contorno en luz pura venía de ahí.

Y este cuadro concreto tiene una vida pública que pocos tienen:

  • 2005: votado cuadro favorito del Reino Unido en la encuesta de BBC Radio 4.
  • 2012: aparece en Skyfall. Bond y Q se sientan delante de él en la National Gallery, y Q comenta lo que siente ante «un gran navío arrastrado ignominiosamente al desguace». Es el resumen argumental de la película dicho en voz alta delante de un cuadro.
  • 2020: el Banco de Inglaterra lo pone en el billete de veinte libras, junto al autorretrato de Turner. Está hoy en los bolsillos de todo el país.

Sir Henry Newbolt le dedicó una balada, y es en buena parte por ella por lo que el título larguísimo se abrevió como hoy lo conocemos.

¿Y en España?

El barco de este cuadro se hizo famoso disparando contra la flota española, y esa batalla tiene en España su propia elegía.

Trafalgar, 21 de octubre de 1805, frente al cabo del mismo nombre, en la costa de Cádiz. La flota combinada franco-española perdió unos veinte navíos y varios miles de hombres. Fue la mayor catástrofe naval de la historia de España y liquidó de hecho su poder marítimo.

Entre los barcos hundidos estaba el Santísima Trinidad, construido en La Habana en 1769: con ciento cuarenta cañones en cuatro puentes, era el mayor buque de guerra del mundo. Lo apodaban El Escorial de los mares. Capturado en el combate, se fue a pique en el temporal de los días siguientes.

Murieron dos de los mejores marinos españoles: Cosme Damián Churruca, a bordo del San Juan Nepomuceno, y Federico Gravina, que aguantó cinco meses antes de morir en Cádiz por la herida del brazo.

Y hay un paralelo literario exacto con este cuadro. En 1873, Benito Pérez Galdós abrió los Episodios Nacionales con Trafalgar, narrado por un muchacho embarcado en el Santísima Trinidad, que ve hundirse el buque y con él un mundo entero. Es, como el cuadro de Turner, una elegía por una era naval que se acaba — escrita treinta y cuatro años después del lienzo, desde el bando perdedor.

Dónde ver esto en España: el Museo Naval de Madrid, en el paseo del Prado, conserva modelos, cartas náuticas y objetos de Trafalgar, incluido material del Santísima Trinidad, y es de los museos menos visitados y más interesantes de la ciudad. En Cádiz, el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando guarda los restos de Gravina y Churruca.

Para Turner, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva obra suya.

Dónde verla hoy

Está en la National Gallery, Trafalgar Square, Londres — una plaza que lleva el nombre de la batalla en la que combatió el barco del cuadro. Metro: Charing Cross o Leicester Square.

  • La entrada es gratuita. Conviene reservar en fines de semana para evitar la cola de seguridad.
  • En mayo de 2025 el museo reabrió el ala Sainsbury y recolgó toda la colección. La numeración de salas cambió: las guías anteriores a esa fecha no sirven. Comprueba el plano a la entrada o la ficha de la obra en la web.
  • Míralo junto a Lluvia, vapor y velocidad, también de Turner y también en el museo. Son el mismo tema con la conclusión contraria.
  • Busca la luna sobre el navío, a la izquierda. Está pálida y cuesta verla, y cambia el cuadro.
  • Acércate al sol. La pintura está aplicada en grumos espesos; el barco, en veladuras transparentes. Son dos técnicas distintas en el mismo lienzo.
  • Ve un viernes por la tarde. El museo amplía horario y las salas se vacían.
  • En el mismo edificio: Los girasoles de Van Gogh, La carreta de heno de Constable y El matrimonio Arnolfini de Van Eyck.

Y el resto de Turner: la Clore Gallery de la Tate Britain, también gratuita, con el grueso del legado — centenares de óleos y miles de acuarelas y cuadernos.

Preguntas frecuentes

¿La escena ocurrió así?

No. El barco iba desarbolado, sin mástiles ni aparejo, porque se los habían quitado antes de venderlo; lo remolcaban dos vapores amarrados a los costados, no uno tirando; y el sol está en el lado equivocado, porque iban río arriba, hacia el oeste, es decir, hacia el poniente. Turner cambió todo eso a propósito.

¿Por qué se llama «Fighting Temeraire»?

Porque lo decidió Turner. Su tripulación lo llamaba Saucy Temeraire, el «descarado». El título completo de la obra es The Fighting Temeraire, tugged to her last berth to be broken up, 1838.

¿Qué hizo el barco en Trafalgar?

Iba el segundo en la columna de Nelson, detrás del Victory. Cuando este quedó atrapado, el Temeraire intervino y capturó dos navíos franceses a la vez, el Redoutable y el Fougueux. Tenía noventa y ocho cañones y salió del combate con cerca de doscientas bajas.

¿Turner lo vendió alguna vez?

Nunca. Rechazó todas las ofertas y dejó escrito que ninguna consideración de dinero o favor podía inducirle a prestar «a mi Darling». El cuadro se quedó en su estudio hasta su muerte en 1851 y pasó a la nación con el Legado Turner.

¿Dónde está la luna?

En el lado izquierdo, sobre el navío, pálida y fina, con su reflejo en el agua. El cuadro contiene el sol y la luna a la vez, en extremos opuestos.

¿Cuánto costó el barco?

Se subastó por 5.530 libras al desguazador John Beatson: alrededor de medio millón de libras de hoy. Sus cañones habían disparado por última vez ese mismo año, en salvas por la coronación de la reina Victoria.

¿Sale en alguna película?

En Skyfall (2012), en la escena en que Bond y Q se sientan delante del cuadro en la National Gallery. Desde 2020 está además en el billete británico de veinte libras.

¿Qué relación tiene con España?

El Temeraire combatió en Trafalgar contra la flota combinada franco-española, la mayor catástrofe naval de la historia de España. Allí se perdió el Santísima Trinidad, el mayor buque de guerra del mundo, construido en La Habana. Pérez Galdós abrió los Episodios Nacionales con una novela sobre esa batalla, narrada desde ese barco.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Lluvia, vapor y velocidad — el mismo pintor cinco años después, con la máquina como protagonista y sin una gota de nostalgia — y con La carreta de heno de Constable, el otro gran paisaje inglés de la época, en el mismo museo y con la posición contraria sobre el campo y el progreso.

Imagen: The Fighting Temeraire, tugged to her last berth to be broken up, 1838 – J. M. W. Turner (1839), National Gallery, Londres, Legado Turner. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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