A Sunday on La Grande Jatte by Georges Seurat, 1886

Un domingo en La Grande Jatte

El cuadro ha salido de Chicago una sola vez, en 1958, prestado al MoMA de Nueva York. La tarde del 15 de abril de ese año se declaró un incendio en el museo: murió un obrero, ardió un Monet de dos metros y hubo que sacar las obras a la calle. La Grande Jatte se salvó sin un rasguño. El Art Institute decidió esa misma semana que no volvería a prestarlo, y no lo ha hecho. Si quieres verlo, hay que ir a Chicago.

Datos clave

  • Artista: Georges Seurat (1859–1891)
  • Título oficial: Un dimanche après-midi à l’Île de la Grande Jatte – 1884. La fecha forma parte del título
  • Fechas: pintado entre 1884 y 1886; borde y retoques, 1888–1889
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 207,5 × 308,1 cm
  • Movimiento: Neoimpresionismo – puntillismo
  • Ubicación: Art Institute of Chicago – galería 240. Colección Helen Birch Bartlett, inv. 1926.224
  • Primera exposición: octava y última muestra impresionista, París, mayo de 1886

¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?

Todo el mundo recuerda los puntos. Lo raro del cuadro es otra cosa.

Hay unas cuarenta y ocho personas, tres perros, ocho barcas y un mono en una isla del Sena un domingo de verano, y nadie habla con nadie. Las parejas no se miran. Los niños no juegan. Los perros no se huelen. Cada figura está en su sitio como una pieza en un tablero, de perfil o de frente, sin un solo gesto que la conecte con la de al lado.

Seurat lo quiso así. Dijo que quería pintar a los modernos como las figuras de los frisos del Partenón: en procesión, esenciales, quietos. Es un cuadro sobre el ocio que no tiene alegría, y sobre una multitud que no tiene sociedad.

Y luego está el método. Un impresionista pintaba en dos tardes lo que Seurat construyó en dos años, con sesenta estudios previos, un tratado de óptica al lado y un pincel del tamaño de una cerilla.

Cómo se hizo

Seurat empezó en la primavera de 1884. Fue a la isla a dibujar con lápiz Conté, hizo pequeños paneles al óleo del tamaño de una caja de puros – unos veintiocho – y varios estudios grandes, incluido uno de las dimensiones del cuadro final, hoy en el Metropolitan de Nueva York. Lo terminó en marzo de 1885, lo dejó, y lo reabrió en otoño para cubrirlo de puntos. La primera versión era impresionista; los puntos son de la segunda.

La teoría venía de tres libros. Michel-Eugène Chevreul, químico de la fábrica de tapices de los Gobelinos, había descrito en 1839 cómo dos colores puestos uno junto a otro se modifican mutuamente. El físico estadounidense Ogden Rood había publicado en 1879 – y en francés en 1881 – un manual sobre mezcla óptica que Seurat leyó como una biblia. Y el crítico Charles Blanc había escrito sobre la posibilidad de un color científico. Seurat aplicó los tres.

La idea es simple y no funciona del todo: si se ponen puntos de azul y de amarillo lo bastante cerca, el ojo debería mezclarlos y ver un verde más luminoso que cualquier verde de tubo. Los ópticos actuales han comprobado que a la distancia normal de un museo el ojo distingue los puntos, y la mezcla no ocurre como Seurat creía. Lo que sí ocurre es una vibración, un brillo raro, que ninguna pintura anterior tenía.

Seurat detestaba la palabra «puntillismo». Prefería «cromoluminarismo». El crítico Félix Fénéon, que lo defendió desde el principio, acuñó el nombre que quedó: neoimpresionismo.

En 1888 y 1889 Seurat volvió sobre el cuadro y le pintó un borde: una franja de puntos rojos, naranjas y azules alrededor de toda la escena, en colores complementarios a los del interior. Luego lo enmarcó en madera blanca. Ese borde y ese marco son parte de la obra.

Lo que ha cambiado de color

Esto es algo que casi nadie sabe cuando se planta delante.

Seurat usó un pigmento nuevo, el amarillo de zinc, en la hierba iluminada y en varios naranjas. El amarillo de zinc es inestable: con el tiempo se oscurece y vira al marrón. Ya en vida de Seurat se notaba. Hoy las zonas de sol de la hierba son de un ocre apagado que no estaba ahí en 1886, y el contraste entre luz y sombra que Seurat calculó se ha perdido en parte.

En 2004 el Art Institute hizo una reconstrucción digital, punto a punto, de cómo debió de verse el cuadro recién terminado: mucho más claro, más verde, más chillón. No se puede restaurar – el pigmento ha cambiado químicamente y no hay forma de devolverle el color –, así que el cuadro que se ve hoy es una versión oscurecida del original. Conviene saberlo antes de juzgar los tonos.

Simbolismo y en qué fijarse

De lejos y de cerca. A cinco metros la escena es sólida, con volúmenes y sombras. A cincuenta centímetros no hay nada: manchas de color sin forma. El cuadro pide caminar hacia delante y hacia atrás, y la galería 240 lo permite.

La luz. Entra desde la derecha. Las sombras caen hacia la izquierda, largas, y en ellas Seurat puso azules y violetas, no grises. Es uno de los principios de Rood: la sombra es luz de otro color.

El mono. Abajo a la derecha, atado con una correa, junto a la mujer del vestido con polisón. En el argot parisino de 1886 singesse, mona, era una forma de decir prostituta. El hombre con chistera que la acompaña no es, según esa lectura, su marido.

La mujer que pesca. A la izquierda, junto al agua, con una caña. En francés pêcheuse – pescadora – suena igual que pécheresse – pecadora. Era un chiste conocido, y Seurat lo sabía.

La niña de blanco. En el centro, la única figura que mira al espectador. Todo lo demás está de perfil. Es el eje del cuadro y su única salida.

El borde. Mira los bordes del lienzo. La franja de puntos de colores complementarios es de 1889 y es parte de la pintura, no del marco. Debajo, los rayos X muestran la escena pintada hasta el borde.

Las líneas verticales y horizontales. Los troncos, las sombrillas, la orilla, las velas. Seurat organizó toda la composición sobre una retícula, y las figuras la obedecen.

Lo que no hay. No hay pinceladas visibles, no hay gesto, no hay una sola figura en movimiento salvo la niña que corre a la derecha. Es un cuadro de 1886 pintado contra todo lo que la pintura de 1886 estaba haciendo.

Contexto histórico

La isla de la Grande Jatte está en el Sena, entre Neuilly y Levallois, a las afueras de París. En 1884 era un lugar de excursión con guinguettes, alquiler de barcas y baños, al que los parisinos llegaban en tren en veinte minutos. Los domingos se llenaba de una mezcla que la sociedad del Segundo Imperio no habría permitido: obreros, empleados, soldados, burgueses, y mujeres de reputación variada.

Ese es el tema. La isla era el laboratorio de una nueva clase de ocio, y Seurat lo pintó sin celebrarlo ni condenarlo.

El cuadro se expuso en mayo de 1886 en la octava y última exposición impresionista, en la rue Laffitte. Los impresionistas de siempre estaban divididos: Monet y Renoir no participaron; Pissarro, en cambio, había adoptado el método de Seurat y consiguió que lo admitieran, con Signac y su hijo Lucien, en una sala aparte. La crítica se dividió igual. Fénéon escribió el artículo que lo consagró; otros hablaron de figuras de cartón y de una técnica de bordado.

En febrero de 1887 el cuadro viajó a Bruselas, a la exposición del grupo Les XX – el círculo de vanguardia belga –, donde causó más impacto que en París. Es el viaje que importa para España, como se verá.

Al año siguiente Van Gogh, recién llegado a París, lo vio y probó el método. Lo abandonó en meses, pero los puntos de sus cuadros de 1887 vienen de aquí.

Sobre Georges Seurat

Nació en París el 2 de diciembre de 1859, en una familia acomodada. Su padre, alguacil retirado, vivía en otra casa y aparecía los martes. Seurat tuvo siempre dinero para no vender.

Estudió en la École des Beaux-Arts, copió a Ingres y a Holbein, y salió en 1879 a hacer el servicio militar en Brest, donde dibujó el mar. A la vuelta pasó dos años solo con el dibujo – carboncillo Conté sobre papel rugoso – antes de tocar el color.

Era reservado, metódico, poco dado a hablar. Tenía una amante, Madeleine Knobloch, modelo, con la que vivía en secreto y con la que tuvo un hijo en febrero de 1890. Ni su madre ni sus amigos lo supieron hasta después de su muerte.

Murió el 29 de marzo de 1891, con treinta y un años, tras una enfermedad de pocos días. La causa no está clara: se ha hablado de difteria, meningitis y angina infecciosa. Su hijo murió dos semanas después de lo mismo. Madeleine estaba embarazada del segundo, que no sobrevivió.

Dejó siete cuadros grandes y unos doscientos paneles pequeños. Uno de los siete es este.

Legado e influencia

El neoimpresionismo duró como movimiento unos diez años y no sobrevivió a su fundador. Signac lo continuó; Pissarro lo abandonó. Pero la idea – que el color se puede construir con método – llegó lejos: a Matisse, que pintó puntillista en 1904; a los futuristas italianos; a Mondrian; a la abstracción.

El cuadro en sí tuvo una segunda vida en Estados Unidos. En 1984 Stephen Sondheim y James Lapine estrenaron en Broadway Sunday in the Park with George, un musical cuyo primer acto es la construcción de este cuadro, figura a figura, con Seurat como protagonista. Ganó el Pulitzer de teatro en 1985.

Y en 1986, en Ferris Bueller’s Day Off, el personaje de Cameron se queda mirando a la niña de blanco del cuadro, cada vez más cerca, hasta que solo ve puntos. La escena se rodó en la galería 240 y sigue siendo la razón por la que muchos visitantes llegan hasta allí.

¿Y en España?

No hay ningún Seurat en museos españoles. Pero el puntillismo llegó a España por un camino directo, y pasa por este cuadro.

El pintor asturiano Darío de Regoyos vivía en Bruselas en los años ochenta y fue miembro fundador de Les XX, el grupo que expuso La Grande Jatte en 1887. Regoyos conocía a Seurat, era amigo íntimo de Signac y de Théo van Rysselberghe, y vio el cuadro en Bruselas antes que casi nadie fuera de París.

Volvió a España con el método. Sus cuadros de los años noventa – vistas del Cantábrico, paisajes vascos y castellanos – son los primeros puntillistas pintados en el país. El Museo de Bellas Artes de Bilbao tiene la mejor colección; el Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo, otra importante.

En el Thyssen hay dos Signac, que es lo más cerca de Seurat que se puede estar en Madrid.

Dónde ver la obra hoy

El cuadro está en el Art Institute of Chicago, 111 South Michigan Avenue, en la galería 240 de la segunda planta del edificio antiguo, con el impresionismo francés.

  • El museo cierra los martes. Abre lunes, miércoles y de viernes a domingo de 11 a 17; los jueves hasta las 20.
  • Entrada de adulto no residente en torno a 32 dólares; menores de 14 gratis. Compra en línea con franja horaria; los fines de semana hay cola virtual.
  • Los jueves después de las cinco es el mejor momento. Los residentes en Illinois entran gratis en algunas tardes de jueves, pero la galería se vacía igual.
  • Camina. Empieza a seis metros, en el otro extremo de la sala. Avanza despacio hasta tocar la barrera. Retrocede. Es el único cuadro en el que este ejercicio es la experiencia misma.
  • Fíjate en el marco: es blanco, plano, y se fabricó en 2022 para reproducir el que Seurat quería. Durante ochenta años el cuadro tuvo marcos dorados.
  • En la misma zona: los Nenúfares de Monet, El dormitorio de Van Gogh, y varios paneles preparatorios de Seurat para este cuadro. Al lado, en la planta de arte americano, Nighthawks y American Gothic.
  • El puente peatonal Nichols conecta Millennium Park con la tercera planta del ala moderna. Es la mejor manera de entrar.

La isla existe. Está entre Neuilly-sur-Seine y Levallois-Perret, a diez minutos en metro de la Défense, y hoy es un barrio residencial de bloques y chalets. No queda nada del prado de Seurat, pero el río y la orilla están donde estaban.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tardó Seurat?

Dos años, entre 1884 y 1886, con una interrupción: la primera versión estaba terminada en marzo de 1885, y la cubrió de puntos en el otoño siguiente. En 1888–1889 volvió a intervenir para añadir el borde. Hizo unos sesenta estudios preparatorios.

¿Cuántas personas hay en el cuadro?

Unas cuarenta y ocho, según el recuento habitual, más tres perros, ocho barcas y un mono. Solo una de ellas mira al espectador: la niña de blanco del centro.

¿El ojo mezcla los puntos de verdad?

No como Seurat creía. A la distancia normal de un museo el ojo sigue distinguiendo los puntos y la mezcla óptica completa no se produce. Lo que sí produce el método es una vibración luminosa que la mezcla en la paleta no consigue.

¿Qué significa el mono?

En el argot parisino de la época, singesse era una forma de decir prostituta. Su presencia junto a la pareja elegante de la derecha cambia la lectura de esa pareja. La mujer que pesca a la izquierda es un juego de palabras similar.

¿Se ve como lo pintó Seurat?

No. El amarillo de zinc que usó en la hierba iluminada se ha oscurecido y virado al marrón. El museo hizo en 2004 una reconstrucción digital del aspecto original, mucho más claro. El cambio es químico y no puede revertirse.

¿Ha salido alguna vez de Chicago?

Una vez, en 1958, prestado al MoMA de Nueva York. Ese mes hubo un incendio en el museo. El cuadro no sufrió daños, y el Art Institute decidió no volver a prestarlo.

¿Cuánto costó?

En 1900 el hermano de Seurat lo vendió por 800 francos. En 1924 el coleccionista de Chicago Frederic Clay Bartlett lo compró en París por 20.000 dólares y lo donó al museo en 1926 en memoria de su mujer.

¿Hay algún Seurat en España?

No. El puntillismo llegó a través de Darío de Regoyos, que vio este cuadro en Bruselas en 1887 y lo practicó en España. Sus obras están en Bilbao y Oviedo. El Thyssen tiene dos Signac.

Si esta obra te ha interesado, sigue con los Nenúfares de Monet, en la misma planta del mismo museo – veinte años después, con la idea contraria: que la luz se disuelve, no se construye – y con La noche estrellada, pintada tres años después de esta por un hombre que probó los puntos de Seurat y los abandonó.

Imagen: Un dimanche après-midi à l’Île de la Grande Jatte – 1884 – Georges Seurat (1884–1886), Art Institute of Chicago. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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