La Victoria de Samotracia
El ala derecha es de yeso. Cuando Charles Champoiseau encontró la estatua en 1863, del ala derecha quedaban unos fragmentos sueltos, y en la restauración de 1880–1884 el Louvre decidió reconstruirla en escayola como imagen especular de la izquierda, que sí estaba casi entera. También son de yeso el pecho izquierdo, la zona del cinturón y buena parte de la espalda. Lo que millones de personas fotografían desde la escalera Daru es, en un tercio, obra de un restaurador del siglo XIX llamado Félix Ravaisson-Mollien. Y la restauración de 2014 decidió dejarlo así.
Datos clave
- Artista: desconocido – probablemente un taller de Rodas
- Título griego: Niké de Samotracia; en francés, Victoire de Samothrace
- Fecha: hacia 200–190 a. C.
- Técnica: escultura en mármol. La figura, en mármol de Paros; la proa, en mármol gris de Lartos, de Rodas
- Dimensiones: figura, 244 cm; monumento completo con proa y pedestal moderno, unos 5,5 m
- Movimiento: Arte helenístico
- Ubicación: Museo del Louvre, París – rellano superior de la escalera Daru, ala Denon, planta 1. Inv. Ma 2369
- Descubrimiento: 15 de abril de 1863, Charles Champoiseau, Samotracia
- Última restauración: septiembre de 2013 – julio de 2014
¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?
Es una mujer alada que acaba de posarse en la proa de un barco, con el viento de cara. La tela se pega al vientre y a los muslos, se arremolina entre las piernas y vuela hacia atrás. Las alas todavía están abiertas. Es el segundo exacto entre volar y estar de pie.
Nadie había esculpido eso. La escultura griega clásica representaba el reposo; la helenística, el movimiento – pero aquí no es una figura que se mueve, sino el aire moviéndose alrededor de una figura. El viento no se puede tallar y este escultor lo talló.
Y hay una segunda cosa. Falta la cabeza, faltan los brazos, y no importa. Es de las pocas obras en las que la mutilación funciona a favor: sin rostro, la estatua es solo cuerpo, tela y viento. Nadie ha propuesto en serio reconstruirla.
Cómo se encontró
Charles Champoiseau era vicecónsul de Francia en Adrianópolis – hoy Edirne, en Turquía – y arqueólogo aficionado. En la primavera de 1863 fue a excavar a Samotracia, una isla montañosa del norte del Egeo, entonces otomana, donde se veían las ruinas de un santuario antiguo.
El 15 de abril dio con el torso. Después, en los días siguientes, con más de un centenar de fragmentos de tela, alas y plumas, y con un montón de bloques de mármol gris que no entendió. Embaló la estatua en cajas y la envió a Francia. Llegó al Louvre en mayo de 1864 – no en 1863, como suele decirse – y se expuso en la Sala de las Cariátides, sin alas, sin base, como un torso más.
En 1875 una misión austriaca dirigida por Alexander Conze estudió el santuario y comprendió lo que eran los bloques grises: la proa de un barco de guerra. Publicaron una reconstrucción en papel. Champoiseau volvió en 1879, embarcó los bloques y los trajo a París.
Entre 1880 y 1884 Félix Ravaisson-Mollien, conservador de antigüedades, montó el conjunto: el torso sobre el cuerpo, el ala izquierda con sus fragmentos originales, el ala derecha en yeso, el pecho y el cinturón completados, la estatua sobre la proa. Decidió no reconstruir ni la cabeza ni los brazos. Y colocó el monumento en lo alto de la escalera Daru, que Hector Lefuel acababa de construir para Napoleón III, en el eje central, de frente.
Desde 1884 no se ha movido de allí – salvo en 1939, cuando la bajaron por una rampa de madera para evacuarla al castillo de Valençay, y en 2013, para restaurarla.
Dónde estaba en Samotracia
El santuario de los Grandes Dioses de Samotracia era uno de los centros religiosos más importantes del mundo griego: un culto mistérico, con iniciaciones nocturnas, al que acudían reyes y generales. Filipo II de Macedonia conoció allí a Olimpia, la madre de Alejandro.
La Victoria estaba en la parte más alta del recinto, sobre el teatro, en un nicho rectangular abierto en la ladera. La proa se asentaba en un estanque: un depósito con agua y rocas, de modo que el barco pareciera navegar. Y estaba colocada en oblicuo – de tres cuartos, con el lado izquierdo hacia el espectador –, porque se veía desde abajo, desde el teatro y desde el camino que subía.
El Louvre lo sabía en 1884 y la puso de frente de todos modos, para el efecto de la escalera. La restauración de 2014 lo discutió y la dejó como estaba: ciento treinta años de frontalidad habían creado su propia tradición.
Un bloque de la parte trasera de la proa nunca salió de la isla. Está en el museo de Samotracia, donde también hay una copia en yeso de la estatua.
Qué celebra
No hay inscripción ni dedicatoria. Solo hay pistas.
El mármol de la proa es de Lartos, en Rodas. Los rodios eran la primera potencia naval del Egeo hacia el año 200, y dedicaban monumentos con proas de barco. La hipótesis mayoritaria es que la Victoria es una ofrenda rodia por una batalla naval de los años 190, probablemente contra Antíoco III de Siria – las batallas de Side y de Mioneso, en 190 a. C., en las que Rodas combatió con Roma.
Una propuesta más reciente, de 2018, sitúa la victoria unos años antes, contra Filipo V de Macedonia, en las guerras en que Rodas y Pérgamo detuvieron su expansión por el Egeo. En cualquier caso: una victoria de Rodas, celebrada en un santuario internacional para que todo el mundo griego la viera.
El estilo apunta en la misma dirección. El tratamiento del paño – arremolinado, con los pliegues cortados a bisel – es el mismo que aparece en el friso del Gran Altar de Pérgamo, tallado en las décadas siguientes. El escultor de la Victoria pudo formarse o trabajar en ese círculo.
La mano que apareció en 1950
Ochenta y siete años después del descubrimiento, una misión de la Universidad de Nueva York y del Instituto Arqueológico Austriaco, dirigida por Karl Lehmann, encontró en la ladera, junto al nicho, la palma de la mano derecha de la estatua, con el pulgar y el anular. Dos dedos más, hallados por los austriacos en 1875 y guardados en Viena, resultaron ser de la misma mano y se devolvieron.
La mano cambió la interpretación. Está abierta, con los dedos extendidos. No sostenía una trompeta, ni una corona, ni un estandarte, como se había supuesto durante un siglo. Era un gesto: el brazo derecho levantado y la mano abierta, saludando o anunciando. Se conserva en una vitrina junto a la estatua, en el rellano.
Simbolismo y en qué fijarse
Las dos alas. La izquierda – a la derecha del espectador – es original, recompuesta de fragmentos; se ve la diferencia de textura y las juntas. La derecha es yeso teñido. En 2014 se le añadió a la izquierda una pluma original que llevaba décadas en los almacenes.
El paño. Dos prendas: un quitón fino, casi transparente, pegado al cuerpo por el viento, y un manto grueso que se enrolla en las caderas y vuela hacia atrás. Entre las piernas, la tela forma un remolino. Es el pasaje más virtuoso de la estatua y hay que mirarlo desde el lado izquierdo.
El azul. Los análisis de 2013 encontraron restos de pintura azul en las alas y en una franja del bajo del manto. La estatua estaba, al menos en parte, pintada.
La pierna adelantada. La derecha, con el pie apoyado en la proa; la izquierda, atrás, todavía en el aire. Es el paso de aterrizaje. Hasta 2014 un puntal de metal sostenía la pierna izquierda; se retiró.
La proa. No es decorativa: es un barco de guerra reconocible, un tipo con espolón y dos hileras de remos, tallado con precisión naval. Le faltan los extremos delanteros de todos los bloques.
Lo que no hay. Cabeza, cuello, brazos, pie derecho, pantorrilla y pie izquierdos, y el bajo del paño por detrás. Es más de lo que parece. La estatua es, en superficie, algo más de la mitad de lo que fue.
Desde dónde mirarla. Desde abajo, en el arranque de la escalera, para el efecto de aparición. Desde el rellano, de cerca, para la tela. Y desde el lado izquierdo, en la galería que rodea el rellano, que es el ángulo para el que se hizo.
La restauración de 2013–2014
En septiembre de 2013 la estatua bajó de la proa por primera vez desde 1884. Se la sometió a ultravioleta, infrarrojos, rayos X, microespectrografía y análisis del mármol. Los veintitrés bloques de la proa se desmontaron uno a uno, se dibujaron y se estudiaron.
Los objetivos eran limpiar – la superficie llevaba un siglo de mugre parisina y un baño de tinte del siglo XIX que unificaba mármol y yeso – y decidir qué hacer con las reconstrucciones antiguas. Se decidió conservarlas: el ala derecha de yeso, el pecho, el cinturón. Se adelgazó el cuello, se afinó el arranque del brazo izquierdo, se reintegraron dos fragmentos de pluma y nueve de la base, y se quitó el puntal.
La operación costó unos cuatro millones de euros. Un millón vino de una suscripción pública – «Tous mécènes!» – con más de seis mil donantes. La estatua volvió a la escalera en julio de 2014, más blanca, más gris en la proa, y con el contraste entre los dos mármoles restaurado.
Contexto histórico
Hacia 200 a. C. el Mediterráneo oriental estaba repartido entre los reinos nacidos de la muerte de Alejandro – Macedonia, Siria, Egipto, Pérgamo – y algunas ciudades independientes, entre ellas Rodas, rica por el comercio y dueña de la mejor flota. Roma acababa de entrar en escena.
El arte de la época se llama helenístico y es lo contrario del clásico: teatral, virtuoso, hecho para impresionar. El Laocoonte, el Gálata moribundo, el altar de Pérgamo y esta Victoria son sus obras maestras, y todas se tallaron en el siglo y medio anterior a que Roma se quedara con todo.
La Niké alada era un tipo antiguo – la de Peonio en Olimpia, del siglo V, ya bajaba del cielo –, pero esta es la primera que se pone sobre un barco. Es un monumento militar que no muestra la batalla: solo el momento en que la diosa llega a comunicarla.
Sobre el escultor
No se sabe quién fue. No hay firma, y las inscripciones que se encontraron en el santuario no lo nombran.
Se sabe que era rodio o trabajaba para Rodas; que conocía la escultura de Pérgamo, o la anticipó; y que dominaba el mármol de Paros hasta el punto de tallar una gasa. Un nombre que se ha propuesto es Pitócrito de Rodas, autor de un relieve con proa en la acrópolis de Lindos, pero es una conjetura.
En el mundo helenístico los grandes escultores firmaban, y muchos nombres se conservan. Que el de este se perdiera es mala suerte, no anonimato voluntario.
Legado e influencia
La cita más famosa sobre esta estatua es un insulto. En 1909 Filippo Tommaso Marinetti publicó en Le Figaro el Manifiesto futurista, y en su punto cuarto declaró que un automóvil de carreras, rugiendo, es más bello que la Victoria de Samotracia. La eligió a ella porque era la imagen del movimiento que el arte antiguo había producido, y el futurismo quería superarla. El insulto la convirtió en el patrón de la velocidad.
El resto viene de ahí. La marca Nike lleva el nombre de la diosa – no de la estatua –, pero su logotipo, el swoosh de 1971, se dibujó como una estilización del ala. La figurilla de Rolls-Royce, el Espíritu del éxtasis de 1911, es una mujer con la tela al viento que se ha comparado con ella desde el principio, aunque su escultor, Charles Sykes, usó una modelo viva. Yves Klein la cubrió de azul en 1962. Está en logotipos de aerolíneas, en trofeos, en la cabecera de un centenar de instituciones.
Y está, con la Gioconda y la Venus de Milo, en la tríada que define el Louvre. De las tres es la única que se puede ver sin cola y sin cristal.
¿Y en España?
No hay ninguna Niké helenística de este rango en España, pero hay una forma de verla de cerca.
El Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao, fundado en 1927, conserva un vaciado en yeso de la Victoria de Samotracia hecho por el taller de moldes del Louvre a partir del original, con la proa. Está a un metro, sin barreras, en una sala donde también hay vaciados de la Venus de Milo, el Laocoonte y el Apolo del Belvedere. Es la única manera, en España, de rodear la estatua y de ver el paño desde el lado para el que se talló.
El Museo del Prado tiene en sus salas de escultura antigua varias Nikés romanas de pequeño formato y relieves con Victorias, que dan idea del tipo. Y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en su sección griega, expone cerámica de la época con la diosa alada bajando del cielo.
Dónde ver la obra hoy
La estatua está en el Museo del Louvre, en lo alto de la escalera Daru, en el ala Denon – no en la Richelieu, como dicen algunas guías –, a medio camino entre la planta baja y la primera. Es el punto de paso obligado hacia la Gioconda, y por eso todo el mundo la ve y casi nadie se para.
- El Louvre cierra los martes. Abre de 9 a 18, y los miércoles y viernes hasta las 21:45.
- Compra en línea con fecha y hora. Desde enero de 2026 los visitantes de fuera de la Unión Europea pagan una tarifa más alta.
- Desde la pirámide, sigue «Denon». La escalera Daru está a cinco minutos, tras las salas de escultura italiana. La estatua se ve desde abajo, en el eje, nada más llegar al pie de la escalera.
- Sube y rodéala. El rellano permite dar la vuelta casi completa. La vitrina con la mano derecha está a la izquierda de la estatua.
- Ve a las 9 o después de las 19 un miércoles o viernes. A media mañana la escalera es un río de gente que sube hacia la Gioconda y no se puede estar quieto.
- Se puede fotografiar sin flash. Es la obra célebre del Louvre que mejor sale en las fotos, porque no tiene cristal.
- A cinco minutos, en la planta baja del ala Sully, la Venus de Milo – en la sala 345, no en la 16, que es la numeración antigua.
Y Samotracia existe. Es una isla griega de tres mil habitantes, con ferry desde Alexandrúpoli, y el santuario se visita: el nicho de la Victoria sigue en la ladera, vacío, con el estanque delante. Es uno de los lugares arqueológicos más solitarios de Grecia.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no tiene cabeza?
Se perdió en la Antigüedad o en los siglos en que el santuario estuvo abandonado, probablemente al derrumbarse la estatua por un terremoto. Nunca se ha encontrado, ni los brazos. Sí apareció, en 1950, la mano derecha.
¿Las alas son originales?
La izquierda sí, recompuesta con los fragmentos hallados en 1863. La derecha es de yeso, hecha en 1880–1884 como copia invertida de la izquierda. También son de yeso el pecho izquierdo, el cinturón y parte de la espalda. La restauración de 2014 conservó todo eso.
¿Qué tenía en la mano?
Nada. La mano derecha, encontrada en 1950, está abierta, con los dedos extendidos. El brazo estaba levantado en un gesto de saludo o de anuncio, no sosteniendo un objeto.
¿Qué batalla celebra?
No se sabe. La proa es de mármol de Rodas, y lo más probable es que sea una ofrenda rodia por una victoria naval de hacia 190 a. C., contra Antíoco III o, según otra hipótesis, contra Filipo V de Macedonia unos años antes.
¿Estaba pintada?
Al menos en parte. Los análisis de 2013 detectaron restos de azul en las alas y en el bajo del manto.
¿Por qué está en el Louvre y no en Grecia?
Porque en 1863 Samotracia era territorio otomano y Champoiseau la excavó y exportó con permiso de las autoridades del Imperio, como era práctica entonces. Grecia no ha presentado una reclamación formal comparable a la de los mármoles del Partenón, aunque la cuestión se plantea periódicamente.
¿Cuánto mide?
La figura, 244 centímetros. Con la proa y el pedestal moderno, el monumento supera los cinco metros y medio.
¿Hay alguna copia en España?
Sí, un vaciado en yeso del taller del Louvre en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao, con la proa, que se puede rodear.
Si esta obra te ha interesado, sigue con la Venus de Milo – helenística, mutilada, encontrada por un cónsul francés en una isla griega y a cinco minutos de aquí – y con el David de Miguel Ángel, la otra estatua que se hizo para verse desde abajo y en oblicuo, y que se acabó poniendo de frente.
Imagen: Niké de Samotracia – autor desconocido (c. 200–190 a. C.), Museo del Louvre, Ma 2369, tras la restauración de 2014. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
