Venus de Milo by Unknown, 100 BC

Venus de Milo

El 12 de abril de 1820, cuatro días después del hallazgo, el agente consular francés en Milo escribió a su superior describiendo una estatua «un poco mutilada, con los brazos rotos». Es el documento más antiguo que existe sobre la Venus, y zanja una discusión de dos siglos: los brazos ya no estaban cuando salió de la tierra. La historia de la pelea en la playa entre marineros franceses y griegos, en la que la estatua habría perdido los brazos durante el embarque, la inventó años después un oficial de marina que aquel mes navegaba por el mar Negro.

Datos clave

  • Artista: desconocido – quizá Alexandros de Antioquía del Meandro, según una inscripción perdida
  • Título griego: Afrodita de Milo; el Louvre la cataloga como Aphrodite, dite Vénus de Milo
  • Fecha: hacia 150–125 a. C.; el Louvre indica «hacia 100 a. C.»
  • Técnica: escultura en mármol de Paros, en dos bloques principales más piezas añadidas
  • Dimensiones: 204 cm de altura
  • Movimiento: Arte helenístico
  • Ubicación: Museo del Louvre, París – sala 345, ala Sully, planta baja. Inv. Ma 399
  • Ingreso en el Louvre: marzo de 1821, donación de Luis XVIII

Cómo se encontró, según los documentos

La historia se ha contado de tantas maneras que conviene ceñirse a lo que está en los archivos. En 2023 el investigador Vincent Touze publicó en la Revue Archéologique el estudio más completo hasta la fecha, cruzando la correspondencia diplomática, consular y naval. Esto es lo que se sostiene.

En torno al 8 de abril de 1820, un campesino de la isla de Milo – Yorgos Kentrotas, o Bottonis; los nombres varían según la fuente – buscaba piedras para un muro en su terreno, cerca de las ruinas del teatro antiguo, y dio con una cavidad en la que había una estatua femenina en dos pedazos, un brazo suelto, una mano con una manzana, dos pilares con cabezas – hermas – y un fragmento de base con inscripción.

Varios barcos franceses fondeaban en la bahía. El 11 de abril un comandante escribió al cónsul de Esmirna; el 12, el agente consular de la isla, Louis Brest, describió la pieza con los brazos rotos. Un guardiamarina de veintitrés años, Olivier Voutier, la dibujó – sus dibujos son la única imagen de cómo estaba con los pilares y la base – y se fue a Constantinopla a convencer al embajador, el marqués de Rivière, de que la comprara.

Mientras tanto un clérigo de la isla la vendió a un intermediario ottomano y la estatua fue transportada al puerto. El vizconde de Marcellus, secretario de embajada, llegó el 22 de mayo con dinero y autoridad, deshizo la venta, pagó – la cifra que circula es de unas mil piastras – y se la llevó en la goleta Estafette.

No hubo pelea. El relato de una batalla campal en el puerto lo publicó Jules Dumont d’Urville, futuro explorador de la Antártida, que había pasado por Milo semanas antes y no estaba allí en mayo. La versión ganó porque era mejor historia.

Rivière se la regaló a Luis XVIII. El rey la donó al Louvre en marzo de 1821. La base con la inscripción del escultor llegó a París con ella. Y desapareció.

La inscripción que se perdió

El fragmento de base decía, en griego: «…andros, hijo de Menides, de Antioquía del Meandro, hizo [esta obra]». Antioquía del Meandro era una ciudad de Caria, en la actual Turquía, no la Antioquía de Siria. El nombre completo era probablemente Alexandros, o Hagesandros.

La pieza encajaba con la estatua y se dibujó al llegar a París. Después nadie volvió a verla. La explicación más aceptada es que se hizo desaparecer a propósito: la inscripción databa la obra en época helenística, hacia el siglo II a. C., y el Louvre quería presentarla como una obra clásica de Praxiteles o su círculo, del siglo IV. Francia acababa de devolver a Italia la Venus de Médici, requisada por Napoleón, y necesitaba una Venus que pudiera competir con ella. Una firma de un escultor menor de provincias estorbaba.

Quedan los dibujos. Y queda la datación estilística, que confirma lo que decía la inscripción: helenística tardía, entre 150 y 100 a. C.

¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?

Kenneth Clark la llamó «la última gran obra de la Grecia antigua» y la describió como una composición barroca con efecto clásico. Es una buena definición.

El escultor, quien fuera, hizo una figura del siglo II a. C. que imita el siglo IV. La cabeza pequeña, el rostro sereno y las proporciones vienen de Praxiteles. Pero el cuerpo gira sobre sí mismo en una espiral que los clásicos no usaban: la cadera hacia un lado, el hombro hacia el otro, la cabeza vuelta. Es una estatua que se mueve mientras está quieta, y solo se entiende dando la vuelta alrededor.

Y está el paño. El himatión cae por las caderas a punto de resbalar, sujeto por nada visible – en el original, por la mano izquierda perdida o por el gesto del brazo. Ese equilibrio inestable es la tensión del conjunto: un instante antes de que algo cambie.

Los brazos perdidos hacen el resto. Cada espectador completa el gesto, y eso la ha mantenido viva en la imaginación mucho más que si estuviera entera.

Cómo está hecha

No es un bloque. Los escultores helenísticos trabajaban por piezas, y la Venus se compone de dos bloques principales – el torso y las piernas con el paño – unidos a la altura de las caderas, donde el pliegue del manto disimula la junta. Los brazos, el pie izquierdo y un fragmento del pliegue eran piezas separadas, encajadas con espigas de metal: se ven los agujeros. El pie izquierdo se ha perdido.

La espalda está menos trabajada que el frente, con superficies rugosas y desconchones. La estatua estaba pensada para verse en un nicho, contra una pared, y de frente y en diagonal. La base antigua se recortó ya en la Antigüedad para adaptarla a otro emplazamiento.

Lo que se ve hoy tiene añadidos: la punta de la nariz es de yeso y el moño está pegado. En 1871, durante la Comuna de París, la estatua se escondió en un sótano de la Prefectura de Policía y una inundación despegó las piezas que se habían unido en 1821. Hubo que volver a montarla.

Qué hacían los brazos

No se sabe, y las hipótesis dicen más de cada época que de la estatua.

La manzana. Con la estatua apareció una mano que sostiene una manzana. Si es suya – el Louvre la conserva en depósito, no expuesta, y la atribución es discutida –, la Venus sería la del juicio de Paris, con el premio en la mano. Hay además un juego de palabras: melon en griego es manzana, y Melos es la isla.

El escudo. Mirándose en el escudo de Ares como espejo, con el brazo derecho cruzado. Es el gesto de una Afrodita de Capua, en Nápoles, muy parecida a esta.

Ares. Formando grupo con el dios de la guerra, apoyada en él, como en otras parejas helenísticas.

El huso. La hipótesis de 2015 de la arqueóloga Elizabeth Wayland Barber: hilando lana, con la rueca en la mano izquierda levantada y el huso en la derecha. La postura de los hombros encaja, y hay Afroditas hilanderas en la cerámica. Un diseñador la reconstruyó en tres dimensiones y la imagen circuló mucho.

La columna. Apoyada en un pilar con el brazo izquierdo, como muchas figuras de la época, lo que explicaría el hombro alto.

Ninguna se puede probar. Lo que sí se sabe es que el brazo izquierdo estaba levantado – lo indica el hombro y el agujero de la espiga – y el derecho cruzaba el cuerpo hacia el paño.

Simbolismo y en qué fijarse

La junta. Busca la línea de unión entre los dos bloques, a la altura del pliegue superior del manto. Es casi invisible de frente y clara desde el lado.

El hombro izquierdo. Está más alto y adelantado que el derecho. Es la única pista física sobre el brazo perdido.

La cara. Sigue las proporciones canónicas: la altura del rostro es tres veces la de la nariz, la nariz continúa la frente sin escalón – el perfil griego – y los ojos están hundidos para que la sombra los dibuje. No mira al espectador; mira a la izquierda y abajo.

El pelo. Recogido en un moño bajo con una cinta, y con dos mechones sueltos sobre los hombros que en el mármol son apenas un relieve.

Los agujeros. En las orejas, en la cabeza, en el brazo derecho. Son para joyas de metal – pendientes, una diadema, un brazalete – que la estatua llevaba en la Antigüedad y que se perdieron o se robaron.

La espalda. Da la vuelta completa. Verás el trabajo sin acabar, la rugosidad, los golpes de siglos. Es lo que nunca aparece en las fotos.

El tamaño. Dos metros y cuatro centímetros. Es más grande que una mujer y más pequeña de lo que sugieren las reproducciones. Se mira desde abajo, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el espectador.

Contexto histórico

Milo es una isla volcánica de las Cícladas, entre Atenas y Creta, que en el siglo II a. C. era próspera por la obsidiana, el azufre y el comercio. Formaba parte del mundo helenístico: los reinos de los sucesores de Alejandro, con Alejandría y Pérgamo como capitales del arte.

La escultura helenística había roto con la calma clásica. Buscaba movimiento, emoción, virtuosismo – el Laocoonte, la Victoria de Samotracia, el Gálata moribundo. Pero hacia 150 a. C. surgió también una corriente contraria, que miraba hacia atrás e imitaba a los maestros del siglo IV. La Venus es de esa corriente: una obra nostálgica, clásica a propósito, hecha por un escultor que sabía que el estilo había cambiado y prefería el antiguo.

Probablemente estuvo en un santuario o en el gimnasio de la ciudad de Milo. Los hermas encontrados con ella eran del tipo que decoraba gimnasios. Cuando la isla decayó, en época romana y bizantina, la estatua acabó en un hueco de la ladera, quizá guardada, quizá olvidada.

Dos siglos en París

1821. Llega al Louvre y se expone en la galería de antigüedades, en el antiguo apartamento de las reinas. Se convierte en el símbolo del museo cuando la Gioconda aún no lo era.

1848. El nombre «Venus Victrix» de la etiqueta original se abandona; se queda «Venus de Milo».

1870–1871. Escondida durante la guerra con Prusia y la Comuna. La inundación la desmonta.

1939–1945. Evacuada al castillo de Valençay, en el Loira, con la Victoria de Samotracia.

1964. La única vez que ha salido de Francia. Viajó a Japón, al Museo Nacional de Tokio y a Kioto, a petición del ministro de Cultura André Malraux, un año después de la Gioconda en Estados Unidos. La vieron más de un millón y medio de personas. No ha vuelto a viajar.

2010. Reordenación de las salas griegas. La Venus vuelve a la sala donde estuvo en 1821 – la antigua Sala del Tíber – y se coloca sola, en el centro, sin vitrina, para que se pueda rodear.

2024. Para los Juegos Paralímpicos de París, el artista Laurent Perbos instaló frente a la Asamblea Nacional seis Venus de Milo de tamaño real, cada una con prótesis y un instrumento deportivo: un balón de baloncesto, una raqueta, un arco, guantes de boxeo, una jabalina, un balón de rugby. La estatua sin brazos como emblema del deporte adaptado.

Legado e influencia

Durante el siglo XIX fue el patrón de la belleza femenina en Occidente: la copiaban las academias, las escuelas, los fabricantes de yesos. Renoir no la soportaba: la llamó «un gran gendarme». Rodin, en cambio, escribió sobre ella con devoción.

Dalí hizo en 1936 su Venus de Milo con cajones, una reproducción en yeso con seis cajones abiertos en el cuerpo y pompones de visón por tiradores: la diosa como mueble del subconsciente. Está en el Art Institute de Chicago, y hay un ejemplar en el museo Dalí de Figueres.

Magritte la pintó en colores; Man Ray la fotografió atada con cuerdas; Jim Dine le puso brazos de bronce; Yves Klein la cubrió de azul. En el arte del siglo XX es el objeto clásico por excelencia, y por eso el que más se ha alterado.

Y en la cultura de masas es la imagen de «estatua antigua» sin más: en anuncios de seguros, en logotipos de perfumerías, en un capítulo de Los Simpson y en un centenar de chistes sobre brazos. Es, con la Gioconda y la Victoria, una de las tres obras que hacen del Louvre lo que es.

¿Y en España?

No hay ninguna Venus helenística de este rango en España, pero hay dos maneras de acercarse.

Bilbao. El Museo de Reproducciones Artísticas conserva, desde su fundación en 1927, un vaciado en yeso de la Venus de Milo hecho a partir del original por el taller de moldes del Louvre, junto a la Victoria de Samotracia, el Laocoonte y el Apolo del Belvedere. Son copias de taller, exactas en medidas y superficie, y se pueden ver a un metro, sin barreras, por tres euros. Para entender la junta de los bloques y la espalda inacabada, sirve tanto como el original.

Madrid. El Museo del Prado tiene una de las mejores colecciones de escultura clásica de España, formada por Felipe V y Cristina de Suecia, con varias Afroditas romanas de tipo helenístico – la Venus del delfín, la Venus de la concha – que muestran de qué familia viene la de Milo. Están en las salas de escultura de la planta baja.

La Venus de Milo nunca ha estado en España, y no lo estará: el Louvre no la presta desde 1964.

Dónde ver la obra hoy

La estatua está en el Museo del Louvre, ala Sully, planta baja, sala 345 – la Sala de la Venus de Milo. La numeración antigua, «sala 16», aparece todavía en muchas guías; es la misma sala.

  • El Louvre cierra los martes. Abre de 9 a 18, y los miércoles y viernes hasta las 21:45. Cualquier guía que diga que los martes hay nocturno está equivocada.
  • Compra la entrada en línea con fecha y hora; sin reserva se puede no entrar. Desde enero de 2026 los visitantes de fuera de la Unión Europea pagan una tarifa más alta.
  • Desde la pirámide, sigue las indicaciones «Sully» y «Antiquités grecques». Se atraviesa la rotonda de Marte y la sala de Diana, y en la sala de paredes de mármol rojo, a la derecha, está. Diez minutos.
  • No hay multitud. A diferencia de la Gioconda, se puede llegar hasta la estatua, rodearla, quedarse el tiempo que se quiera. Es una de las pocas obras célebres del museo que permite eso.
  • Da la vuelta completa. Empieza por la izquierda de la estatua – su derecha –, que es el ángulo para el que se concibió. Sigue por la espalda. Termina de frente.
  • En la misma sala, normalmente, la Venus de Arles – hasta el 31 de octubre de 2026 está prestada a Arles – y la Diana de Versalles.
  • La Victoria de Samotracia está a cinco minutos, en lo alto de la escalera Daru, camino del ala Denon. Las dos juntas son media hora bien empleada.

El museo tiene planes de reforma a diez años que afectan sobre todo al ala Denon y a la Gioconda. Las salas griegas no están en el proyecto, pero conviene comprobar la ubicación antes de ir.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no tiene brazos?

Ya no los tenía cuando se encontró en 1820: el primer documento, del 12 de abril de ese año, la describe con los brazos rotos. Se perdieron en la Antigüedad o en los siglos en que estuvo enterrada. La historia de que se rompieron en una pelea durante el embarque es una invención posterior.

¿Quién la esculpió?

Un fragmento de base con inscripción, encontrado con ella y perdido después en el Louvre, nombraba a un escultor de Antioquía del Meandro, en Caria, probablemente llamado Alexandros. La pieza desapareció, según la hipótesis más aceptada, porque databa la obra en época helenística y el museo prefería atribuirla al siglo IV.

¿Qué sostenía en las manos?

No se sabe. Las hipótesis principales: una manzana – se encontró una mano con una manzana junto a ella –, un escudo a modo de espejo, un huso y una rueca, o el brazo de Ares. El hombro izquierdo levantado indica que ese brazo estaba en alto.

¿Es de un solo bloque?

No. Son dos bloques principales unidos a la altura de las caderas, bajo el pliegue del manto, más brazos, pie izquierdo y un trozo del paño tallados aparte y encajados con espigas. La nariz es de yeso.

¿Ha salido alguna vez del Louvre?

Dos veces por seguridad – en 1870 y en 1939 – y una por exposición: en 1964 viajó a Tokio y Kioto. No se ha prestado desde entonces.

¿En qué sala está?

Sala 345 del ala Sully, planta baja, la misma que se llamaba sala 16 antes de la renumeración. Está sola en el centro, sin vitrina, y se puede rodear.

¿Hay alguna copia en España?

Sí, un vaciado en yeso hecho por el taller del Louvre, en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao. El Prado tiene Afroditas romanas del mismo tipo en sus salas de escultura.

¿Cuándo está abierto el Louvre?

Todos los días salvo los martes, de 9 a 18; miércoles y viernes hasta las 21:45. Consulta la web antes de ir: los horarios cambian por temporada.

Si esta obra te ha interesado, sigue con la Victoria de Samotracia – helenística, mutilada, francesa desde el siglo XIX, y a cinco minutos de aquí – y con El nacimiento de Venus de Botticelli, la diosa que en 1485 volvió a tener brazos, y con ellos se cubrió.

Imagen: Afrodita de Milo – autor desconocido (c. 150–100 a. C.), Museo del Louvre, Ma 399. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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