A lo largo del río durante el festival Qingming
No sabemos si el cuadro representa la primavera. El título, Qingming shanghe tu, contiene la palabra qingming, que es el nombre de la fiesta de barrido de tumbas – a principios de abril – pero que literalmente significa «claro y luminoso» y, en el lenguaje oficial de la época, «pacífico y bien gobernado». En el rollo no hay una sola ceremonia funeraria. Hay, en cambio, sandías, sombrillas, abanicos y gente vendiendo bebidas frías. Desde 1981, cuando el investigador Kong Xianyi planteó la cuestión, una parte de los especialistas sostiene que la escena es de otoño y que el título no habla de una fiesta, sino de un elogio al buen gobierno. El debate sigue abierto.
Datos clave
- Artista: Zhang Zeduan – atribuido; apenas se sabe nada de él
- Título chino: 清明上河圖 Qīngmíng shànghé tú – «cuadro de ir río arriba en Qingming»
- Fecha: principios del siglo XII, hacia 1100–1125
- Técnica: tinta y color ligero sobre seda, rollo de mano horizontal (shoujuan)
- Dimensiones: 24,8 × 528,7 cm
- Movimiento: Pintura de la dinastía Song del Norte, género jiehua
- Ubicación: Museo del Palacio, Pekín – Ciudad Prohibida
- Exposición: rarísima. Se muestra unas pocas semanas cada varios años
Un rollo no es un cuadro
Conviene entender el formato antes que nada, porque casi todas las reproducciones lo traicionan.
Un shoujuan no se cuelga. Se sostiene con las dos manos y se despliega poco a poco, de derecha a izquierda, mostrando unos sesenta centímetros cada vez – el ancho de los brazos – y enrollando por detrás lo que ya se ha visto. Nadie en el siglo XII vio los cinco metros a la vez.
Eso cambia todo. El espectador controla el ritmo, avanza, retrocede, se detiene. No hay una composición: hay una secuencia. Es una narración, y el lector la lee a su velocidad.
Los museos modernos los exponen estirados bajo un cristal de cinco metros, que es cómodo y es falso. Cuando veas una reproducción completa, tápala con las manos dejando un palmo visible y ve moviéndolas: así se miraba.
Lo que hay dentro
Las cifras que se citan varían según quién cuente, pero las habituales son unas 814 personas, 28 barcas, 60 animales, 30 edificios, 20 vehículos, 8 sillas de mano y 170 árboles, en una superficie de veinticinco centímetros de alto.
El recorrido tiene tres actos.
El campo. Empieza en la bruma, con sauces desnudos, una recua de asnos cargados de carbón y una comitiva con una silla de mano. Es lento y vacío, y prepara lo que viene.
El puente. El centro dramático. Un puente de arco de madera – el famoso hongqiao, «puente arcoíris», construido sin un solo pilar en el agua, con vigas entrelazadas – y debajo, una barca de carga que llega demasiado deprisa con el mástil aún levantado. La tripulación tira de cuerdas, un hombre lanza un cabo, otros empujan con pértigas, y desde la barandilla treinta curiosos gritan indicaciones contradictorias. Sobre el puente, además, dos comitivas – una a caballo, otra en silla de mano – se han encontrado de frente y ninguna quiere ceder el paso. Es un atasco y un accidente a punto de ocurrir, contados a la vez.
La ciudad. Se entra por una puerta monumental y se despliegan las calles: tiendas de vino con carteles, un adivino con clientela, un médico ambulante, un barbero, un vendedor de arcos, una casa de té, camellos que salen por la puerta hacia la Ruta de la Seda, y un hombre tumbado en un banco sin hacer nada.
Y aquí hay un detalle que los historiadores subrayan: la torre de vigilancia contra incendios está vacía, y los soldados de la puerta de la muralla dormitan o charlan. Varios estudiosos leen el rollo no como una celebración de la prosperidad, sino como una advertencia discreta al emperador: la ciudad es rica y está indefensa.
Si era una advertencia, llegó tarde.
Contexto histórico
Bianjing – hoy Kaifeng, en Henan – era hacia 1100 probablemente la ciudad más poblada del mundo, con cerca de un millón de habitantes. Había roto con la vieja planificación china de barrios cerrados y mercados a horas fijas: las tiendas daban a la calle, se comerciaba de día y de noche, y existía una economía de crédito con papel moneda, la primera del mundo.
El emperador Huizong (1100–1126) fue un extraordinario pintor, calígrafo y coleccionista, y un gobernante desastroso. Fundó una academia de pintura, inventó un estilo de caligrafía que lleva su nombre y arruinó el tesoro imperial en jardines y piedras ornamentales mientras los jurchen se organizaban al norte.
En 1127 los jurchen tomaron Bianjing, saquearon el palacio y se llevaron cautivos a Huizong y a su hijo. La corte huyó al sur y fundó la Song del Sur, en Hangzhou. Huizong murió en el exilio, en Manchuria, ocho años después.
La ciudad del rollo dejó de existir. Kaifeng fue además sepultada varias veces por las inundaciones del río Amarillo: la Bianjing de esta pintura está hoy bajo varios metros de limo, y las excavaciones han encontrado capas de ciudades superpuestas. El rollo es, literalmente, el mejor plano que queda.
Sobre Zhang Zeduan
Hay que ser honesto: todo lo que se sabe de él cabe en un párrafo, y procede de una sola fuente.
Al final del rollo, escrita en 1186 – sesenta años después de la caída de Bianjing –, hay una nota de un tal Zhang Zhu. Dice que Zhang Zeduan era de Dongwu, que de joven fue a la capital a estudiar, que después se dedicó a la pintura, que perteneció a la academia imperial y que se especializaba en jiehua: la pintura de arquitectura y embarcaciones hecha con regla, un género técnico y poco prestigioso. Añade que pintaba barcas, puentes, mercados y caminos con maestría.
Eso es todo. Las fechas «1085–1145» que circulan son conjeturas modernas, no datos. No se conserva ninguna otra obra suya con atribución firme. El pintor más famoso de China es una firma sin biografía.
Un rollo robado por el último emperador
La historia posterior del objeto es casi una novela.
Entró y salió de la colección imperial al menos cinco veces en ochocientos años. Lo tuvieron los Jin, los Yuan, los Ming; un funcionario lo robó de palacio escondiéndolo en su equipaje en el siglo XVI; el emperador Qianlong lo recuperó en el XVIII y lo selló con su sello.
En los años veinte, Puyi, el último emperador, expulsado del trono pero todavía viviendo en la Ciudad Prohibida, organizó con su hermano Pujie la salida clandestina de más de mil doscientas obras de la colección imperial, regaladas oficialmente «a su hermano» y sacadas en cajas. Esta era una de ellas. Fue con él a Tianjin y después a Changchun, capital del estado títere de Manchukuo.
Cuando el régimen se hundió en 1945, el depósito fue saqueado y las obras se dispersaron por Manchuria. El rollo se recuperó, y a principios de los años cincuenta, al inventariar lo devuelto, los especialistas del Museo del Palacio se dieron cuenta de lo que tenían: la versión más antigua conocida, la única atribuible a la dinastía Song. Se anunció en 1954.
Las otras versiones
Se conocen más de treinta rollos con este título, y conviene no confundirlos.
La versión Qing. La más vistosa y la más reproducida no es la de Pekín. En 1736, cinco pintores de la corte de Qianlong – Chen Mei, Sun Hu, Jin Kun, Dai Hong y Cheng Zhidao – hicieron una reinterpretación completa: más de once metros de largo, colores vivos, arquitectura de estilo Qing y escenas que Zhang Zeduan nunca pintó, como un teatro y un jardín occidental. Está en el Museo Nacional del Palacio de Taipéi, y es la que sale en la mayoría de los libros y calendarios.
Ver las dos seguidas es instructivo: la Song es gris, terrosa y observada; la Qing es brillante, ordenada y decorativa. Ochocientos años separan a un reportero de un decorador.
Y hay un problema con el final. El rollo de Pekín termina de golpe, en una calle, sin cierre. Buena parte de los especialistas cree que falta un tramo – quizá el palacio imperial, quizá una vuelta al campo – perdido en alguno de sus muchos viajes.
Legado e influencia
En China es el cuadro. No hay comparación posible: aparece en libros de texto, sellos, billetes conmemorativos, videojuegos, series de televisión – en diciembre de 2024 se estrenó El código del río en Qingming, un thriller histórico de veintiséis episodios – y en cualquier discusión sobre identidad nacional.
En la Expo de Shanghái de 2010, el pabellón chino presentó una versión animada de 128 metros de largo por 6,5 de alto, en la que las figuras caminaban, los barcos navegaban y la escena pasaba del día a la noche cada cuatro minutos. Fue la atracción más visitada de la Expo y después recorrió Hong Kong, Macao, Taipéi y Singapur con colas de horas.
Y conviene señalar lo que la obra hizo en la historia de la pintura: convirtió a la gente corriente en tema. En una tradición donde el paisaje monumental y el retrato de dignatarios lo ocupaban todo, alguien decidió pintar a un aguador, a un mendigo y a un hombre que discute por el paso en un puente, y les dedicó cinco metros de seda.
¿Y en España?
No hay ninguna versión de este rollo en España, ni es probable que la haya. Pero hay arte chino de primer nivel, y en un sitio que casi nadie espera.
El Museo Oriental de Valladolid, en el Real Colegio de los Padres Agustinos, es la mejor colección de arte chino de España. Se formó con lo que los misioneros agustinos trajeron de China y Filipinas a lo largo de cuatro siglos: bronces rituales, porcelanas de las dinastías Ming y Qing, sedas bordadas, marfiles, monedas, pintura y una sección de arte filipino única en Europa. Está abierto al público, la entrada es barata y está prácticamente vacío.
La razón de que exista es histórica: durante dos siglos y medio, el galeón de Manila unió Acapulco con Filipinas, y por esa ruta entró en España una cantidad enorme de objetos chinos. Buena parte del arte asiático que hay en el país llegó por ahí, no por el comercio decimonónico que llevó el japonismo a París.
Además, el Museo de Zaragoza conserva la colección de Federico Torralba, con obra china junto a la japonesa; el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid tiene porcelana y lacas chinas; y CaixaForum ha traído varias muestras de arqueología china en los últimos años.
Dónde ver la obra hoy
Aquí hay que ser muy claro, porque es el punto en que fallan todas las guías.
El rollo casi nunca se expone. Es seda del siglo XII: la luz, la humedad y el simple hecho de desenrollarlo lo dañan. El Museo del Palacio lo saca unas semanas cada varios años, y cuando lo hace, es un acontecimiento nacional.
La última gran ocasión fue el otoño de 2015, en la exposición por el noventa aniversario del museo. El fenómeno que se produjo tiene nombre propio en chino: Gùgōng pǎo, «la carrera del Museo del Palacio». En cuanto abrían las puertas, miles de personas echaban a correr a través de los patios de la Ciudad Prohibida para ponerse en la cola. Las esperas llegaron a las diez horas. El museo repartió agua y taburetes y amplió el horario hasta la madrugada. Cada visitante disponía de unos minutos delante de la vitrina.
- Comprueba antes de viajar. Si vas a Pekín específicamente por esto, consulta el calendario de exposiciones temporales del Museo del Palacio. Fuera de esas fechas, no está.
- La entrada general a la Ciudad Prohibida es barata, se compra en línea con antelación y con documento de identidad o pasaporte, y el aforo diario es limitado. Las exposiciones especiales pueden requerir entrada aparte.
- Lo que sí está siempre: la versión Qing de 1736, en el Museo Nacional del Palacio de Taipéi, que tampoco se expone de continuo pero sale con más frecuencia.
- Y lo que está siempre disponible: las digitalizaciones en alta resolución. El proyecto de la Universidad de Columbia y el módulo de Harvard permiten recorrer el rollo entero, ampliando cualquier detalle, con anotaciones. Para una obra pensada para verse por tramos y despacio, la pantalla funciona mejor que una vitrina de cinco metros con cien personas detrás.
- Y está Kaifeng, la ciudad. La Bianjing de la pintura está enterrada, pero el parque temático Qingming Shanghe Yuan reconstruye a tamaño real el puente arcoíris y varias calles del rollo. Es una reconstrucción, no un resto, y hay que saberlo.
Preguntas frecuentes
¿Representa el festival Qingming?
No está claro. Qingming es el nombre de la fiesta de barrido de tumbas, pero también significa «claro y luminoso» y, por extensión, «pacífico y bien gobernado». En el rollo no aparece ninguna ceremonia funeraria, y varios detalles – sandías, abanicos, sombrillas – apuntan al otoño. El debate lleva abierto desde 1981.
¿Cuántas personas hay?
Unas 814, según el recuento más citado, además de unas 28 barcas, 60 animales, 30 edificios y 170 árboles. Las cifras varían según quién cuente y qué considere una figura.
¿Quién fue Zhang Zeduan?
Casi no se sabe. La única fuente es una nota escrita en 1186 al final del rollo por un tal Zhang Zhu, que dice que era de Dongwu, que estudió en la capital, que perteneció a la academia imperial y que se especializaba en pintura de arquitectura. Las fechas de nacimiento y muerte que circulan son conjeturas.
¿Por qué se le llama «la Mona Lisa china»?
Por su condición de obra máxima de una tradición, por la cantidad de copias e interpretaciones que ha generado y por su peso en la identidad cultural del país. La comparación es útil pero engañosa: esta no es un retrato, es una narración de cinco metros que se lee por tramos.
¿Está completo?
Probablemente no. El rollo termina de forma abrupta en una calle, y muchos especialistas creen que falta un tramo final perdido a lo largo de sus siglos de viajes y robos.
¿Cuál es la versión que se ve en los libros?
Suele ser la de 1736, hecha por cinco pintores de la corte de Qianlong, mucho más larga y colorida, que está en Taipéi. La de Zhang Zeduan, en Pekín, es gris, terrosa y más pequeña.
¿Se puede ver en Pekín?
Solo en exposiciones excepcionales. La última grande fue en 2015, con colas de hasta diez horas. El resto del tiempo permanece guardado por conservación.
¿Hay arte chino importante en España?
Sí. El Museo Oriental de Valladolid, formado por los agustinos con material traído de China y Filipinas, es la mejor colección de arte chino del país. También hay obra china en el Museo de Zaragoza y en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid.
Si esta obra te ha interesado, sigue con La gran ola de Kanagawa – siete siglos después, en otro país, otra imagen que un imperio convirtió en emblema – y con La ronda de noche, el otro cuadro que retrata a una ciudad entera en un solo momento.
Imagen: detalle de Qingming shanghe tu – atribuido a Zhang Zeduan (siglo XII), Museo del Palacio, Pekín. La imagen muestra la puerta de la ciudad de Bianjing, un fragmento del rollo de 528 cm. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
