Almond Blossoms by Vincent van Gogh, 1890

Almendro en flor

Van Gogh lo pintó y después no pudo volver a pintar en dos meses. Terminó el Almendro en flor en febrero de 1890 y sufrió inmediatamente la recaída más larga de su estancia en el manicomio de Saint-Rémy. Cuando se recuperó, los almendros ya habían perdido la flor. Tenía la intención de hacer una serie entera, como las catorce que había pintado en Arlés dos primaveras antes, y se quedó en este único lienzo. Le dolió: escribió a Theo lamentando la temporada perdida. Cinco meses después estaba muerto. El cuadro más sereno que pintó nunca es también el que precede directamente a su peor derrumbe.

Datos clave

  • Artista: Vincent van Gogh (1853–1890)
  • Fecha: febrero de 1890, Saint-Rémy-de-Provence
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 73,3 × 92,4 cm
  • Destinatario: su sobrino y ahijado Vincent Willem van Gogh, nacido el 31 de enero de 1890
  • Movimiento: Posimpresionismo, con influencia directa del grabado japonés
  • Ubicación: Museo Van Gogh, Ámsterdam – inv. s0176V1962, Fundación Vincent van Gogh

La carta que lo puso en marcha

El 31 de enero de 1890, Theo escribió a su hermano desde París para anunciarle que Jo había dado a luz un niño. Y añadió la frase que decidió el cuadro:

«Como te dijimos, le pondremos tu nombre, y hago el deseo de que sea tan decidido y tan valiente como tú.»

Van Gogh llevaba casi un año internado, con crisis recurrentes, y contestó que la noticia le hacía más bien y le daba más placer de lo que podía expresar con palabras. Empezó a pintar de inmediato.

Hay algo que conviene entender de esa frase de Theo. Llamar Vincent al niño era un gesto doble: honraba al hermano y también al abuelo, que se llamaba igual — y había además otro Vincent, un hermano mayor nacido muerto exactamente un año antes que el pintor, cuyo nombre él llevó toda su vida. En esa familia, ese nombre venía cargado.

El cuadro salió de Saint-Rémy hacia París a finales de abril de 1890.

Cómo está pintado

Es lo que distingue esta obra del resto de su producción de esos meses, y tiene una explicación técnica concreta.

Van Gogh pintó primero las ramas y después el cielo, rodeándolas. No aplicó un fondo y encima el árbol: fue encajando el azul entre rama y rama, con una precisión que no se permitía en casi ningún otro cuadro.

Y el fondo no es uniforme. Es la impresión que dan las reproducciones, pero delante del original se distinguen muchos tonos distintos de azul, más claros y más profundos, distribuidos como en un cielo real. El propio museo lo señala como el detalle que hay que buscar.

La pincelada también cambia. En La noche estrellada, pintada en ese mismo edificio nueve meses antes, la materia se retuerce. Aquí es firme, continua, casi caligráfica. Estaba haciendo un regalo y se nota en la mano.

Lo que le debe a Japón

Esto no es una influencia difusa: es una lista de préstamos concretos, y el propio museo los enumera.

El motivo. La rama en flor contra el cielo es un tema clásico del grabado japonés, no de la pintura europea.

El encuadre. Las ramas entran por los cuatro bordes y salen del cuadro. No vemos el árbol: estamos dentro de él. La pintura occidental encuadraba el objeto entero; la estampa japonesa lo cortaba.

El contorno. Las ramas tienen línea oscura de perfil, como los bloques de madera tallada.

La ausencia de horizonte y de sombras. No hay suelo, no hay perspectiva, no hay luz direccional. Es un plano de color con un motivo encima.

Van Gogh había comprado seiscientas sesenta estampas japonesas de golpe en París, en 1887, y las tenía como material de estudio. Escribió a Theo que en el sur de Francia se sentía «como en Japón». El Fuji rojo de Hokusai y la Gran Ola funcionan con exactamente los mismos recursos que este almendro.

Simbolismo y en qué fijarse

El almendro. Es el primer árbol que florece en Provenza, en pleno febrero, cuando todavía hace frío. Por eso es símbolo de vida nueva: florece antes de que llegue la primavera.

Los capullos. Búscalos entre las flores abiertas. Hay flores plenas, flores a medio abrir y botones cerrados. Es el mismo recurso que usó en los girasoles, aunque allí mostraba el final del ciclo y aquí el principio.

Los líquenes. En la corteza, manchas grises y verdosas. El árbol es viejo; las flores son nuevas.

La ausencia de tronco. No hay un centro, no hay un eje. La composición es puramente asimétrica y eso es lo que la hace moderna.

El azul. Pon la cara a medio metro y sigue una rama: verás cómo el tono cambia a un lado y a otro.

La firma. No la hay. Van Gogh firmaba pocos cuadros, y este iba a una casa de la familia.

Contexto histórico

Van Gogh ingresó voluntariamente en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole, un antiguo monasterio en las afueras de Saint-Rémy-de-Provence, en mayo de 1889, cuatro meses después del episodio de la oreja en Arlés. Estuvo un año.

Fue, pese a todo, un año de enorme producción: unas ciento cincuenta pinturas, entre ellas los olivos, los cipreses, los campos de trigo con el muro del jardín y La noche estrellada. Trabajaba entre crisis, y después de cada una tardaba semanas en poder coger un pincel.

En mayo de 1890 salió del asilo, pasó tres días con Theo, Jo y el niño en París — la única vez que vio a su sobrino — y se instaló en Auvers-sur-Oise, bajo la supervisión del doctor Gachet. Murió allí el 29 de julio, a los treinta y siete años, dos días después de dispararse en el pecho.

Theo murió seis meses más tarde, el 25 de enero de 1891, con treinta y tres años. El niño tenía uno.

El cuadro que la familia nunca vendió

Aquí está la parte que cierra la historia, y merece contarse entera.

Al morir Theo, Johanna Bonger — «Jo» — se quedó viuda a los veintiocho años, con un bebé, sin dinero y con unos doscientos cuadros y centenares de dibujos de un pintor del que nadie había oído hablar. Volvió a Holanda, abrió una pensión en Bussum y se puso a trabajar.

Durante los treinta años siguientes organizó exposiciones, vendió cuadros uno a uno para sobrevivir y colocarlos en colecciones importantes, tradujo al inglés y publicó en 1914 la correspondencia completa de Vincent con Theo. Es ella quien construyó la reputación de Van Gogh, y prácticamente todo lo que hoy se sabe de él pasa por su trabajo.

Vendió muchísimos cuadros. Este no lo vendió nunca.

Primero colgó sobre el piano del salón, en París. Después, en Bussum, en el dormitorio que compartían ella y el niño. En una carta del 29 de marzo de 1890, Theo le había contado a Vincent que al pequeño le fascinaba «el árbol en flor que cuelga encima de nuestra cama».

Aquel bebé, Vincent Willem van Gogh (1890–1978), se hizo ingeniero, heredó la colección, la cedió en 1962 a una fundación creada con el Estado holandés y consiguió que se construyera un museo para ella. El Museo Van Gogh abrió en 1973. Él vivió hasta los ochenta y ocho años y llegó a verlo funcionando.

El cuadro que su tío pintó para celebrar su nacimiento es hoy la pieza que más gente se lleva en la memoria al salir de ese edificio.

Legado e influencia

La composición — motivo cortado por los bordes, fondo plano, contorno marcado, asimetría — anticipa el Art Nouveau y llega después a todo el diseño gráfico del siglo XX.

Y hay una segunda vida, más contemporánea. El Almendro en flor es hoy el emblema comercial del museo y uno de los cuadros más reproducidos del mundo: pañuelos, paraguas, fundas de móvil, papel de regalo. En 2020 hubo incluso una colección de moda basada en él.

Esa omnipresencia tiene un efecto secundario que conviene señalar: hace que el cuadro parezca decorativo, y no lo es. Es un objeto pintado por un hombre encerrado, en febrero, para un niño al que apenas conocería, unos meses antes de suicidarse. La reproducción se queda con el azul y pierde todo lo demás.

¿Y en España?

No hay ningún árbol en flor de Van Gogh en España, pero sí hay un Van Gogh de las últimas semanas.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva Les Vessenots en Auvers, un paisaje pintado en mayo de 1890 — es decir, tres meses después de este almendro y dos antes de su muerte —, que perteneció al doctor Gachet, el médico que lo atendió en Auvers. Está en la sala 34 de la primera planta. Los dos cuadros pertenecen prácticamente al mismo momento de su vida.

Y hay un dato que ayuda a entender por qué Van Gogh pintó almendros. España es el segundo productor mundial de almendra, y la floración de febrero — en el Valle del Jerte con los cerezos, en Mallorca y en la Sierra de la Contraviesa con los almendros — es un fenómeno que se puede ver aquí igual que en Provenza. Van Gogh no pintó un motivo exótico: pintó el primer árbol que florece en todo el Mediterráneo.

Para las cartas, existe la edición completa en español. La del 31 de enero de 1890 y la respuesta de Vincent son el mejor comentario sobre este cuadro.

Dónde verlo hoy

Está en el Museo Van Gogh, Museumplein 6, Ámsterdam, en la planta dedicada a los años de Arlés y Saint-Rémy.

  • Solo se venden entradas en línea, con día y hora. No hay taquilla física ni venta en puerta: si llegas sin reserva, no entras. Es la norma más incumplida por los visitantes y la causa de la mayoría de los disgustos.
  • Abre todos los días; los viernes, horario ampliado. Comprueba la web: los horarios cambian por temporada.
  • El museo no presta este cuadro, pero sí lo incluye en sus propias exposiciones temporales, que se montan en el pabellón de cristal. Consulta la ficha de la obra en su web: indica si está en la colección permanente o en una muestra.
  • Ve a primera hora o al final del día. Entre las 11 y las 15 la planta de Arlés es la más congestionada del edificio.
  • Acércate al azul. Es lo que ninguna taza reproduce.
  • En el mismo museo: la versión de los girasoles que se quedó en la familia, la primera versión del dormitorio, Los comedores de patatas y Trigal con cuervos.
  • Un aviso. La noche estrellada sobre el Ródano no está en Ámsterdam: está en el Museo de Orsay, en París. Y La noche estrellada, la de los remolinos, está en el MoMA de Nueva York. Es la confusión más habitual entre quienes visitan este museo.

A cincuenta metros están el Rijksmuseum y el Stedelijk. Y en Saint-Rémy-de-Provence, el monasterio de Saint-Paul-de-Mausole sigue en pie y se visita: se puede ver una reconstrucción de su habitación y el jardín que pintó.

Preguntas frecuentes

¿Por qué lo pintó?

Para celebrar el nacimiento de su sobrino y ahijado Vincent Willem, hijo de Theo y Jo, nacido el 31 de enero de 1890 y llamado así por él. Empezó a pintar en cuanto recibió la carta.

¿Qué pasó después?

Sufrió una recaída que lo dejó sin poder trabajar más de dos meses. Cuando se recuperó, los almendros ya no estaban en flor y no pudo hacer la serie que había planeado. Murió cinco meses más tarde.

¿Dónde colgaba?

Primero sobre el piano del salón de Theo y Jo, en París. Después, tras la muerte de Theo, en el dormitorio que Jo compartía con el niño en Bussum. En marzo de 1890 Theo escribió a Vincent que al pequeño le fascinaba «el árbol en flor que cuelga encima de nuestra cama».

¿Es cierto que el fondo es de un solo azul?

No. Es la impresión que dan las reproducciones, pero Van Gogh usó muchos tonos distintos, como en un cielo real, y pintó el azul rodeando las ramas ya trazadas, en vez de pintar primero el fondo.

¿Qué tiene de japonés?

El motivo de la rama en flor, el encuadre que corta el árbol por los cuatro bordes, el contorno marcado y la supresión del horizonte y de las sombras. Van Gogh había comprado seiscientas sesenta estampas japonesas en París en 1887 y las usaba como material de estudio.

¿Quién fue el niño del cuadro?

Vincent Willem van Gogh (1890–1978), ingeniero. Heredó la colección de su madre, la cedió en 1962 a una fundación creada con el Estado holandés y logró que se construyera el Museo Van Gogh, inaugurado en 1973. Vivió hasta los ochenta y ocho años.

¿Se vendió alguna vez?

Nunca. Johanna Bonger, la viuda de Theo, vendió muchos cuadros de Vincent para sobrevivir y para colocarlos en buenas colecciones, pero este no lo vendió jamás.

¿Hay Van Gogh en España?

Les Vessenots en Auvers, de mayo de 1890, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Es tres meses posterior a este cuadro.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La noche estrellada — pintada en el mismo manicomio nueve meses antes, y exactamente lo contrario de esta en todo — y con La gran ola de Kanagawa, de la tradición de la que salen el encuadre, el contorno y el color plano de estas ramas.

Imagen: Almendro en flor – Vincent van Gogh (febrero de 1890), Museo Van Gogh, Ámsterdam, Fundación Vincent van Gogh. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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