Saturn Devouring His Son by Francisco Goya, 1823

Saturno devorando a su hijo

En agosto de 1874, el fotógrafo Jean Laurent montó un sistema de iluminación eléctrica dentro de una casa en ruinas de Carabanchel y fotografió las catorce pinturas que Goya había dejado en sus paredes. Lo hizo en negativos de colodión húmedo de 27 por 36 centímetros, que había que preparar y revelar en el sitio antes de que se secaran. Aquellas quince placas de cristal se conservan, y son la única prueba de cómo eran estas obras antes de que las arrancaran del muro. Comparadas con lo que hoy cuelga en el Prado, no coinciden. Al Saturno le faltan los ojos que Goya pintó, tiene bordes recortados y, en el lugar donde la fotografía muestra un sexo erecto, hoy hay lo que parece la cabeza de un perro.

Datos clave

  • Artista: Francisco de Goya y Lucientes (1746–1828)
  • Título: no es de Goya. Procede del inventario que su amigo Antonio Brugada hizo de la casa hacia 1828
  • Fecha: 1820–1823
  • Técnica: óleo sobre revoco, trasladado a lienzo mediante strappo entre 1874 y 1878
  • Dimensiones: 143,5 × 81,4 cm, tras el recorte del traslado
  • Serie: las catorce Pinturas negras de la Quinta del Sordo
  • Movimiento: Romanticismo – lo sublime terrible
  • Ubicación: Museo del Prado, Madrid – sala 67, inv. P00763. En el museo desde 1889

Lo que vemos no es lo que Goya pintó

Conviene empezar por aquí, porque cambia la relación con el cuadro.

La operación de arrancar catorce pinturas murales de un muro de yeso y pegarlas a lienzo — el método strappo — fue brutal. Se perdió gran parte de la capa pictórica original, y Salvador Martínez Cubells, restaurador del museo, tuvo que repintar lo que faltaba guiándose por las fotografías de Laurent.

Los ojos de Saturno se destruyeron en el arranque. Los que hoy miran desde el cuadro los pintó Cubells, imitando lo que veía en la fotografía. La imagen más famosa de la pintura española tiene los ojos de un restaurador del siglo XIX.

Y hay más. En el negativo de 1874, el dios tiene un falo erecto, claramente visible. En el Prado no está: en su lugar hay una forma oscura que se ha descrito como la cabeza de un perro. No existe acta que diga quién lo tapó ni cuándo, pero ocurrió entre la fotografía y la entrada en el museo, y el candidato obvio es el propio Cubells. El Saturno fue censurado.

Los bordes también se recortaron. Lo mismo pasó con otras pinturas de la serie: El aquelarre perdió un fragmento entero del lado derecho que sí llegó a trasladarse a lienzo y que hoy no está.

Las fotografías de Laurent se conservan en el Archivo Ruiz Vernacci del Instituto del Patrimonio Cultural de España, y están publicadas. Se pueden comparar, y es el ejercicio más interesante que se puede hacer con esta obra.

Dónde estaba y cómo se veía

Goya compró la Quinta del Sordo en 1819, a los setenta y tres años. Era una casa de dos plantas con quince hectáreas de terreno a orillas del Manzanares, en Carabanchel, entonces las afueras. El nombre no viene de él: ya se llamaba así por un propietario anterior que era sordo, aunque la coincidencia es tan buena que la leyenda se apropió de ella.

Pintó catorce escenas directamente sobre las paredes de dos habitaciones grandes: siete abajo, siete arriba.

El Saturno estaba en el comedor de la planta baja, en la pared este, a la izquierda de la ventana, frente a la puerta de entrada. En la misma sala había Dos viejos comiendo, La romería de San Isidro, Judit y Holofernes, El aquelarre y La Leocadia.

Es decir: Goya comía todos los días delante de esto. Y no comía solo: vivía allí con Leocadia Zorrilla y sus dos hijos.

La casa se demolió en 1909. Hoy no queda nada; el terreno está bajo el barrio de Batán.

Simbolismo y en qué fijarse

Los ojos. Enormes, blancos, sin foco. No hay triunfo ni furia: hay pánico. Es un dios que no puede parar. (Y son de Cubells.)

El cuerpo devorado. En el mito, Saturno se traga a sus hijos recién nacidos, enteros y de un bocado. Aquí la víctima es adulta, está descabezada y le falta el brazo derecho, arrancado a mordiscos. No es una deglución: es antropofagia. Varios estudiosos señalan además que el cuerpo parece femenino.

Las manos. Los dedos se hunden en la carne de la espalda hasta deformarla. Es el detalle que hace física la escena.

El fondo. Negro absoluto, sin espacio ni suelo. No hay contexto: solo el acto. Goya elimina todo lo que permitiría distanciarse.

La pincelada. De cerca es materia sucia aplicada con brocha, casi sin dibujo. A un metro se recompone. Es el mismo procedimiento que en los fusilamientos del tres de mayo, llevado al extremo.

El formato. Vertical y estrecho, porque era un panel de pared entre una ventana y una esquina, no un cuadro pensado para un caballete.

Contexto histórico

1820–1823 son los tres años del Trienio Liberal: el pronunciamiento de Riego obligó a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812, y España vivió un paréntesis constitucional que terminó en 1823 cuando los Cien Mil Hijos de San Luis — un ejército francés enviado por la Santa Alianza — restauraron el absolutismo.

Goya era liberal, había pasado por un tribunal de purificación después de la guerra y sabía lo que venía. En 1823 cedió la Quinta a su nieto Mariano — probablemente para protegerla de una confiscación — y en 1824 pidió permiso para ir a Francia «a tomar las aguas». Nunca volvió.

Tenía además setenta y cuatro años, estaba sordo desde hacía tres décadas, y en 1819 había sufrido una enfermedad tan grave que se dio por muerto; la recuperación la dejó pintada en el Autorretrato con el doctor Arrieta, con una dedicatoria de agradecimiento.

Todo eso está en el aire de estas paredes, pero Goya no explicó nunca ninguna de las catorce pinturas, ni las mencionó en una sola carta.

Las lecturas, ordenadas

El tiempo. Saturno es Cronos, y Cronos se confundió desde la Antigüedad con chronos, el tiempo. El tiempo devora lo que engendra. Es la lectura clásica, la que usó Rubens en el Saturno que cuelga en el mismo Prado, a pocas salas de distancia — y que Goya conocía bien.

El poder. El Estado o el rey devorando a sus súbditos. Encaja con la fecha y con la biografía política de Goya, y es la lectura más repetida.

Lo personal. Goya tuvo siete hijos y solo uno llegó a adulto. Es un dato que se cita mucho y del que no se puede deducir nada con seguridad.

Fernando VII. Una propuesta reciente del investigador Juan José Barragán identifica al dios con el rey. Es una hipótesis publicada y discutida, no un consenso.

Y una precaución general: ninguna de estas lecturas está confirmada, porque no hay una sola palabra del pintor sobre ellas. Los títulos mismos son de Brugada, un amigo que inventarió la casa después.

La duda sobre la autoría

Hay que mencionarla porque circula y porque es seria, aunque minoritaria.

En 2003, el historiador Juan José Junquera sostuvo que las Pinturas negras no son de Goya sino de su hijo Javier, argumentando que la segunda planta de la Quinta no existía cuando Goya vivió allí — se habría añadido después —, de modo que las siete pinturas de arriba no pudo hacerlas él, y por coherencia tampoco las de abajo.

La tesis provocó un debate académico considerable. Nigel Glendinning, el mayor especialista británico en Goya, la refutó punto por punto en 2004, y el Museo del Prado mantiene la atribución tradicional. La mayoría de los goyistas la rechaza.

Pero el episodio dejó algo útil: obligó a revisar toda la documentación de la casa y de las obras, y de ahí salió buena parte de lo que hoy sabemos sobre el traslado y los repintes.

Sobre Francisco de Goya

Nació en Fuendetodos, Zaragoza, en 1746, hijo de un dorador. La Academia de San Fernando lo rechazó dos veces. Empezó pintando cartones alegres para la Real Fábrica de Tapices y llegó a pintor de cámara del rey en 1799.

Pintó las majas para Godoy, retrató a la familia de Carlos IV con una franqueza que todavía se discute, y grabó los Caprichos. En 1793 una enfermedad lo dejó sordo a los cuarenta y seis años; vivió treinta y cinco más sin oír nada.

Durante la Guerra de la Independencia grabó Los desastres de la guerra y pintó los dos lienzos de mayo. Después vinieron estas paredes.

Se marchó a Burdeos en 1824, con setenta y ocho años, y murió allí el 16 de abril de 1828. Siguió trabajando hasta el final: en Francia hizo litografías y pintó La lechera de Burdeos. Está enterrado en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, bajo la cúpula que él mismo pintó al fresco en 1798.

Legado e influencia

Las Pinturas negras estuvieron cincuenta años sin que casi nadie las viera, en una casa privada de las afueras. Cuando llegaron al Prado en 1889, la pintura europea ya había cambiado y de repente se entendieron.

Los expresionistas alemanes reconocieron a un precursor. Los surrealistas lo reclamaron. Francis Bacon — el pintor que dedicó su carrera a la boca abierta y la carne deformada — citó a Goya repetidamente.

Y hay una descendencia que Goya no habría imaginado: el Saturno es hoy un icono del terror visual contemporáneo, presente en portadas de discos, cine, videojuegos y series. Es la imagen que se usa cuando algo tiene que dar miedo sin explicación.

Conviene subrayar la ironía: una pintura que nadie encargó, que nadie pagó, que su autor nunca mencionó y que estuvo medio siglo en una pared de un comedor privado, es hoy más reconocible que casi cualquier obra maestra por encargo.

Dónde verlo hoy

Está en el Museo del Prado, en la sala 67 de la planta baja, con el resto de las Pinturas negras. Comprueba el plano a la entrada: el museo reorganiza.

  • Horario: de lunes a sábado de 10 a 20; domingos y festivos de 10 a 19. No cierra los lunes.
  • Precio: 15 euros. Gratuita para menores de 18 y estudiantes de la UE hasta los 25.
  • Las dos últimas horas son gratuitas todos los días — de 18 a 20 de lunes a sábado, de 17 a 19 los domingos —, no solo los lunes. No se reserva: hay cola en la puerta de Goya desde una hora antes.
  • Entra a las 10. La sala de las Pinturas negras es estrecha y a mediodía cuesta ponerse a menos de tres metros.
  • Míralas como una serie, no como cuadros sueltos. El Prado las cuelga aproximadamente según su disposición original en las dos habitaciones. Saber que La romería de San Isidro y El aquelarre ocupaban la misma pared que el Saturno cambia la experiencia.
  • Acércate. De cerca es materia casi abstracta; a tres metros se recompone. Ese vaivén es la obra.
  • En el mismo museo: El tres de mayo y El dos de mayo en la sala 64, las majas arriba, y El jardín de las delicias del Bosco, el otro gran catálogo de pesadillas de la casa.

Y dos sitios más en Madrid. La ermita de San Antonio de la Florida, junto al Manzanares: la cúpula que Goya pintó en 1798 y su tumba, con entrada gratuita. Y el parque de la Bombilla, en la otra orilla, desde donde se ve aproximadamente la zona donde estuvo la Quinta del Sordo, hoy desaparecida.

Preguntas frecuentes

¿Es cierto que el cuadro no es como lo pintó Goya?

En parte, sí. El traslado del muro al lienzo entre 1874 y 1878 destruyó mucha materia original, y el restaurador Martínez Cubells repintó lo perdido guiándose por las fotografías de Jean Laurent de 1874. Los ojos de Saturno, entre otras cosas, son suyos. Además se recortaron los bordes y desapareció el falo erecto que la fotografía muestra con claridad.

¿Existen las fotografías originales?

Sí. Quince negativos de vidrio al colodión húmedo, de 27 × 36 cm, tomados por Jean Laurent en agosto de 1874 con iluminación eléctrica, se conservan en el Archivo Ruiz Vernacci del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Son la única prueba del estado anterior al traslado.

¿Dónde estaba originalmente?

En el comedor de la planta baja de la Quinta del Sordo, en Carabanchel, sobre la pared este, a la izquierda de la ventana. Goya comía delante de ella. La casa se demolió en 1909.

¿Por qué se llama así?

El título no es de Goya, que nunca habló de estas pinturas. Procede del inventario de la casa que hizo hacia 1828 su amigo Antonio Brugada. Lo mismo ocurre con los títulos de las otras trece.

¿Qué significa?

No hay respuesta cerrada. Las lecturas principales son el tiempo que devora lo que crea, el poder que destruye a sus súbditos y, en una propuesta reciente, un retrato de Fernando VII. Ninguna está confirmada, porque no existe una sola palabra del pintor al respecto.

¿Es verdad que se duda de que las pintara Goya?

Hay una hipótesis de 2003, de Juan José Junquera, que las atribuye a su hijo Javier alegando que la segunda planta de la casa no existía en vida del pintor. Fue refutada en 2004 por Nigel Glendinning y la mayoría de los especialistas la rechaza. El Prado mantiene la atribución a Goya.

¿Cómo llegó al Prado?

El barón Émile d’Erlanger, un banquero francés, compró la casa en 1873 y mandó arrancar las pinturas para venderlas. Las expuso en la Exposición Universal de París de 1878 y no encontró comprador. En 1881 las cedió al Estado español, y se exponen en el Prado desde 1889.

¿Cuánto mide?

143,5 × 81,4 cm en su estado actual, ya recortado. Es un formato vertical porque era un panel de pared entre una ventana y una esquina, no un cuadro de caballete.

Si esta obra te ha interesado, sigue con El tres de mayo de 1808 — el mismo hombre nueve años antes, todavía con un encargo y un público — y con El jardín de las delicias del Bosco, el otro infierno del Prado, pintado trescientos años antes y con exactamente el propósito contrario: entretener a los invitados de un palacio.

Imagen: Saturno – Francisco de Goya (1820–1823), Museo del Prado. Pintura mural trasladada a lienzo en 1874–1878. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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