Inwangjesaekdo (Clearing after Rain on Mt. Inwang) by Jeong Seon, 1751

Inwangjesaekdo (Despejando tras la lluvia en el monte Inwang)

Jeong Seon y el poeta Yi Byeong-yeon se conocían desde hacía sesenta años. Habían nacido en el mismo barrio de Seúl, al pie del mismo monte, y no se movieron de allí en toda su vida: uno escribía poemas sobre los paisajes que el otro pintaba, y llevaban décadas intercambiándose versos por dibujos. En el quinto mes intercalar de 1751, Yi Byeong-yeon estaba postrado y moribundo. Jeong Seon, con setenta y cinco años, pintó entonces la montaña que ambos habían mirado toda su vida, empapada y saliendo de la tormenta. Su amigo murió pocos días después. La interpretación más aceptada entre los especialistas coreanos es que este cuadro es eso: la despedida de un hombre a otro, pintada como paisaje.

Datos clave

  • Artista: Jeong Seon (1676–1759), nombre artístico Gyeomjae
  • Nombre coreano: 인왕제색도 Inwangjesaekdo, 仁王霽色圖
  • Fecha: quinto mes intercalar de 1751. El pintor tenía setenta y cinco años
  • Técnica: tinta sobre papel, sin color
  • Dimensiones: 79,2 × 138,2 cm, formato horizontal
  • Movimiento: Pintura Joseon – escuela jingyeong sansuhwa
  • Ubicación: Museo Nacional de Corea, Seúl – donación de la familia Lee, 2021
  • Designado Tesoro Nacional el 6 de agosto de 1984

Por qué la roca es negra

Este es el detalle técnico que define el cuadro y que casi nunca se explica.

El granito del monte Inwang es blanco. Cualquiera que suba hoy a esas laderas lo comprueba: son moles de piedra clara, casi luminosa bajo el sol de Seúl. La pintura tradicional de Asia oriental representaba ese tipo de roca con trazos finos y mucho papel en blanco.

Jeong Seon hizo lo contrario. Cargó el pincel de tinta y aplicó lavados húmedos y oscuros, capa sobre capa, hasta convertir la montaña en una masa casi negra que pesa sobre la mitad superior del papel.

No es un error ni un capricho: es lo que hace la piedra cuando está empapada. El granito mojado se oscurece y brilla. Jeong Seon no pintó el monte Inwang: pintó el monte Inwang bajo la lluvia que acaba de parar, con el agua todavía corriendo por las paredes — y por eso hay cascadas trazadas en blanco descendiendo por la roca.

Es una decisión de observación, no de estilo. Para tomarla hay que haber mirado esa montaña muchas veces, con todos los tiempos.

Este sí se parece a la realidad

Hay una diferencia importante con su otra obra maestra y conviene señalarla.

La mayoría de los paisajes «verdaderos» de Jeong Seon no se parecen demasiado al lugar que representan. Los estudios comparativos de los especialistas coreanos calculan que la semejanza con el sitio real ronda o no llega al cincuenta por ciento: pintaba de memoria, sintetizaba, comprimía vistas imposibles. Geumgangjeondo es el ejemplo extremo: una vista cenital que no existe desde ningún punto.

Inwangjesaekdo es la excepción. Es uno de los dos o tres cuadros suyos que reproducen fielmente lo que se ve. La silueta del monte, los tres bloques principales, la relación entre las masas de roca: todo coincide con la montaña real vista desde el sureste, desde la zona donde él vivía.

La razón es evidente. No necesitaba recordarla: la tenía delante. Y probablemente tampoco quería idealizarla, porque no era un paisaje: era un lugar concreto, cargado de sesenta años de vida compartida.

Simbolismo y en qué fijarse

La niebla. Es papel en blanco, sin una gota de tinta. Ocupa toda la franja media y separa la montaña de la tierra habitada. En la pintura de Asia oriental el vacío no es ausencia: es lo que permite respirar al cuadro.

Las cascadas. Tres hilos blancos bajan por la roca negra. Son agua de lluvia, y son la prueba de que el aguacero acaba de terminar.

La casa. Abajo a la derecha, entre los árboles, un tejado con un patio. Se ha identificado tradicionalmente con la casa de Yi Byeong-yeon, el amigo enfermo — y hay quien la lee como la del propio pintor. Es la única presencia humana del cuadro y está debajo de todo el peso de la montaña.

Los pinos. Emergen de la bruma con sus siluetas características. En la tradición confuciana el pino es símbolo de la virtud que no cede — y en un cuadro pintado para un moribundo, la lectura se impone sola.

El formato. Horizontal, ancho, panorámico. Inusual: la pintura de montaña de Asia oriental suele ser vertical, para que la cima quede arriba y el hombre abajo. Aquí la montaña se extiende en vez de elevarse, y ocupa al espectador de lado a lado.

La inscripción. A la izquierda, con la fecha en el calendario lunar — «último tercio del mes intercalar del año sinmi» — y el sello del pintor. Esa línea es lo que permite datar el cuadro con precisión de días y sostener toda la interpretación.

Qué es el monte Inwang

No es una montaña cualquiera: es una de las cuatro que definen Seúl.

Cuando la dinastía Joseon fundó su capital en 1394, la eligió siguiendo las reglas del pungsu — la geomancia coreana, equivalente del feng shui. El palacio de Gyeongbokgung se colocó con Bugaksan como montaña principal al norte, Naksan como Dragón Azul al este y Inwangsan como Tigre Blanco al oeste.

Pintar el Inwang era pintar uno de los guardianes de la capital. Jeong Seon lo sabía perfectamente, y sus espectadores también.

El barrio a sus pies se llama Seochon, «la aldea del oeste», y allí nacieron, vivieron y murieron tanto el pintor como el poeta. Sigue existiendo, con calles estrechas y casas tradicionales, entre el palacio de Gyeongbokgung y la ladera.

Contexto histórico

Durante siglos, un pintor coreano culto pintaba montañas chinas que no había visto. Era lo prestigioso.

Eso cambió en el siglo XVIII por razones que van más allá del arte. Tras las invasiones japonesas y manchúes, y tras la caída de la dinastía Ming, la élite coreana llegó a una conclusión liberadora: si la China civilizada había desaparecido, Corea era ahora la heredera de esa civilización. A eso se sumó el Silhak, el «aprendizaje práctico», que reivindicaba estudiar la geografía, la lengua y la historia propias.

De ahí nació el jingyeong sansuhwa, el paisaje verdadero, y Jeong Seon fue su inventor y su maestro. Es un género exclusivamente coreano, sin equivalente en China ni en Japón, y nació de la conversación entre un pintor y un poeta que vivían en la misma calle.

Porque el otro fundador del género es Yi Byeong-yeon. El poeta escribía sobre los paisajes de Corea y el pintor los pintaba; se intercambiaban obra sistemáticamente, en un juego que duró décadas y que consta documentado. El paisaje verdadero coreano es el resultado de esa amistad, no de un artista solo.

Sobre Jeong Seon

Nació el 16 de febrero de 1676 en Seúl, en una familia de la nobleza empobrecida, sin fortuna ni padrinos.

A los treinta y siete años ya era el pintor más celebrado de su tiempo, gracias a sus vistas del monte Geumgang, que llegó a pintar alrededor de cien veces. Viajó por toda la península y ocupó cargos provinciales.

Pero volvió siempre al mismo sitio. Vivió casi toda su vida al pie del Inwang, en el barrio donde había nacido, y el monte aparece en su obra una y otra vez, en distintas escalas y momentos.

Murió el 20 de abril de 1759, a los ochenta y tres años, ocho después de este cuadro y de la muerte de su amigo.

Cómo llegó al museo

La obra pasó por colecciones privadas y acabó en manos de Lee Byeong-cheol, fundador de Samsung, y después de su hijo Lee Kun-hee, presidente del grupo.

Lee Kun-hee murió en octubre de 2020 dejando una de las mayores fortunas del mundo y una factura de sucesiones descomunal. En abril de 2021, su familia donó al Estado coreano unas veintitrés mil obras de arte — la mayor donación cultural de la historia del país, conocida allí como «la donación del siglo».

Inwangjesaekdo iba en esa lista. Desde entonces es propiedad pública y se puede ver gratis en el Museo Nacional de Corea.

Y aquí está el detalle que sorprende: Geumgangjeondo, la otra obra maestra de Jeong Seon, Tesoro Nacional n.º 217, designado el mismo día de 1984, quedó expresamente fuera de la donación y sigue en el museo privado de Samsung. Las dos cumbres del mismo pintor están hoy en museos distintos por una decisión de herencia.

Legado e influencia

Jeong Seon abrió el camino que siguió toda la pintura coreana posterior. Kim Hong-do, el gran pintor de la generación siguiente, recibió del rey el encargo de recorrer y documentar el paisaje del país; el jingyeong se convirtió en la corriente dominante del siglo XVIII.

Hoy Inwangjesaekdo es, junto con el Irworobongdo, una de las imágenes que cualquier coreano reconoce sin esfuerzo. Está en libros de texto, en sellos y en la iconografía oficial de la identidad cultural del país.

Y tiene una segunda vida turística: el monte existe, está en el centro de Seúl y se sube en una hora. Hay un sendero señalizado que reproduce el punto de vista aproximado del cuadro. Es raro poder ponerse donde se puso el pintor hace casi tres siglos, y aquí se puede.

¿Y en España?

El planteamiento de este cuadro — un pintor que dedica la vida a la montaña que ve desde su casa — tiene un equivalente español muy preciso, y también está en un museo de la capital.

Aureliano de Beruete (1845–1912) fue abogado, político, crítico e historiador del arte — escribió el primer gran estudio moderno sobre Velázquez — y sobre todo pintor. Discípulo de Carlos de Haes, que había defendido en la Academia que el paisajista debía pintar del natural y representar su propia tierra en vez de copiar modelos italianos.

Beruete pintó la sierra de Guadarrama obsesivamente, docenas de veces, desde los altos de Madrid, en todas las estaciones y con todas las luces. Es la montaña que cierra el horizonte de la capital española, como el Inwang cierra el de Seúl.

Y hay un paralelo más profundo. Aquellas vistas del Guadarrama no eran solo paisaje: formaban parte del «descubrimiento de la sierra» que impulsó la Institución Libre de Enseñanza — Giner de los Ríos, las excursiones, la idea de que conocer el territorio propio era una forma de regenerar el país. Exactamente el mismo argumento que el Silhak coreano, ciento cincuenta años después y a diez mil kilómetros.

Obra de Beruete se conserva en el Museo del Prado. Para arte coreano en España, el Centro Cultural Coreano del paseo de la Castellana, en Madrid, con entrada libre.

Dónde verla hoy

Está en el Museo Nacional de Corea (국립중앙박물관), en Yongsan-gu, Seúl. Metro: línea 4 o línea Gyeongui-Jungang, estación Ichon, salida 2, con acceso directo por un paseo cubierto.

  • La colección permanente es gratuita. Es uno de los museos más grandes del mundo y el sexto más visitado.
  • Abre todos los días; los miércoles y sábados amplía horario hasta la noche. Consulta la web: los días de cierre han cambiado en los últimos años.
  • Comprueba si la obra está expuesta. Es tinta sobre papel del siglo XVIII y rota por conservación, como todas las piezas de este tipo. La ficha en línea del museo lo indica.
  • Mírala de lejos primero. A cuatro metros la montaña se impone como una masa negra sobre la niebla; de cerca aparecen las capas de lavado superpuestas y los trazos secos de los pinos.
  • Busca la casa. Abajo a la derecha, pequeña, entre los árboles. Es el punto emocional del cuadro y el que casi nadie mira.
  • En el mismo museo, el Bodhisattva pensativo en su sala propia, y los jarrones lunares de porcelana blanca Joseon.

Y la montaña. El Inwangsan está a veinte minutos del museo, junto al palacio de Gyeongbokgung. Se sube en una hora larga por senderos señalizados, hay una muralla histórica que lo recorre y desde la cima se ve Seúl entero. El barrio de Seochon, a sus pies, donde vivieron el pintor y el poeta, conserva calles estrechas y casas tradicionales y es hoy una de las zonas más agradables de la ciudad.

Ver el cuadro por la mañana y subir la montaña por la tarde es, probablemente, la mejor jornada de arte que ofrece Seúl. Y si llueve, mejor.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la montaña es negra si el granito del Inwang es blanco?

Porque está mojado. Jeong Seon aplicó lavados de tinta húmeda superpuestos para representar la roca empapada después del aguacero, con el agua todavía cayendo por las paredes en forma de cascadas. Es observación directa, no convención pictórica.

¿Es verdad que lo pintó por un amigo moribundo?

Es la interpretación más aceptada. La inscripción fecha el cuadro en el último tercio del mes intercalar de 1751, y el poeta Yi Byeong-yeon —amigo de Jeong Seon durante sesenta años, vecino del mismo barrio y cofundador con él del género del paisaje verdadero— murió en esos mismos días. La casa del ángulo inferior derecho se identifica tradicionalmente con la suya.

¿Se parece de verdad al monte Inwang?

Sí, y es una excepción en su obra. La mayoría de sus paisajes «verdaderos» se apartan bastante del lugar real porque los pintaba de memoria; este es uno de los dos o tres que reproducen fielmente lo que se ve, probablemente porque lo tenía delante.

¿Qué monte es y por qué importa?

El Inwangsan, en el centro de Seúl. Según la geomancia con que se fundó la capital en 1394, es el «Tigre Blanco» que protege el palacio real por el oeste. Pintarlo no era pintar un paisaje cualquiera.

¿Cómo llegó al Museo Nacional?

Perteneció a la familia Lee, propietaria de Samsung. En abril de 2021, tras la muerte de Lee Kun-hee, sus herederos donaron al Estado unas veintitrés mil obras. Esta iba incluida; Geumgangjeondo, la otra obra maestra del pintor, quedó fuera y sigue en el museo privado del grupo.

¿Se puede subir al monte?

Sí. Está en el centro de Seúl, junto a Gyeongbokgung, tiene senderos señalizados y se sube en poco más de una hora. El barrio de Seochon, donde vivieron Jeong Seon y Yi Byeong-yeon, está a sus pies.

¿Qué significa «Tesoro Nacional n.º 216»?

La designación que recibió el 6 de agosto de 1984, el mismo día que Geumgangjeondo fue designado n.º 217. Corea del Sur suprimió la numeración en noviembre de 2021 para evitar que se interpretara como un ranking, aunque los números siguen usándose.

¿Hay algo parecido en la pintura española?

El planteamiento sí: Aureliano de Beruete pintó la sierra de Guadarrama decenas de veces desde Madrid, como parte del «descubrimiento de la sierra» que impulsó la Institución Libre de Enseñanza — la misma idea de que conocer y representar el territorio propio era una forma de regeneración nacional. Hay obra suya en el Museo del Prado.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Geumgangjeondo — la otra obra maestra de Jeong Seon, diecisiete años anterior, y hoy en un museo distinto por una decisión de herencia — y con el Fuji rojo de Hokusai, el otro gran pintor asiático que dedicó la vida a una montaña.

Imagen: Inwangjesaekdo (인왕제색도) – Jeong Seon (1751), Museo Nacional de Corea, Seúl. Tesoro Nacional. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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