Terraza de café por la noche
El cielo de este cuadro tiene fecha. Van Gogh no inventó las estrellas: pintó las constelaciones exactamente como estaban sobre Arlés, y el análisis astronómico posterior permite fechar la escena en la noche del 16 o el 17 de septiembre de 1888, hacia las once. La posición de Acuario lo fija. Es lo contrario de lo que hizo un mes después en la Noche estrellada sobre el Ródano, donde colocó la Osa Mayor en un lugar del cielo donde no podía estar. Aquí miró y copió. La terraza de un café acabó siendo un mapa celeste con hora exacta.
Datos clave
- Artista: Vincent van Gogh (1853–1890)
- Título del museo: Terraza de un café por la noche (Place du Forum). En su primera exposición, en 1891, se llamó Café, le soir
- Fecha: mediados de septiembre de 1888, Arlés
- Técnica: óleo sobre lienzo
- Dimensiones: 80,7 × 65,3 cm
- Sin firmar. Van Gogh lo menciona en tres cartas
- Movimiento: Posimpresionismo
- Ubicación: Museo Kröller-Müller, Otterlo, Países Bajos
Pintado de noche, a oscuras, en la calle
Este es el punto técnico y merece precisión, porque circula una leyenda.
Van Gogh montó el caballete en la esquina noreste de la Place du Forum y pintó en el sitio y de noche, no de memoria ni en el estudio al día siguiente. Lo explicó a su hermana Wil: los colores de noche no son los mismos que de día, y quería los de noche.
La luz con la que trabajó era la del propio café: los mecheros de gas de la terraza. No hay ninguna carta que mencione velas clavadas en el sombrero — esa historia aparece décadas después, en memorias de segunda mano, y se repite sin fuente. Lo que sí escribió es una observación de pintor: que la abundancia de luz de gas, amarilla y naranja, intensifica el azul.
Ahí está el cuadro entero. Van Gogh no está pintando una escena nocturna: está pintando un experimento cromático en el que la luz artificial cálida y el cielo frío se potencian mutuamente.
La noche sin negro
La tradición para pintar de noche era el claroscuro: negros, grises, pardos, y una fuente de luz que recorta formas. Van Gogh la descartó entera.
A su hermana Wil le escribió que había hecho un cuadro de noche sin negro, con nada más que azul, violeta y verde hermosos, y que en ese entorno la plaza iluminada adquiría un amarillo de azufre pálido y de limón verdoso.
Cuenta los negros del cuadro: no hay. Lo que parece negro son azules ultramar muy saturados, violetas y verdes oscuros. La sombra tiene color. Es una decisión que Monet y los impresionistas habían empezado a tomar de día, y que Van Gogh lleva aquí a la situación más difícil posible.
Simbolismo y en qué fijarse
El toldo. Amarillo de azufre, con empaste espeso, es la superficie más luminosa del cuadro y funciona como un sol bajo el cielo estrellado. Es el centro emocional y también el centro compositivo.
Los adoquines. Es la zona más trabajada: cada piedra tiene su toque, y entre ellos corre la luz del café hacia el espectador. Van Gogh los usa como alfombra de entrada.
Las estrellas. Pequeñas, blancas y amarillo pálido, sin los remolinos que vendrían después. Es el primer cielo estrellado de su obra — el motivo que se convertiría en su firma — y aquí todavía es discreto.
El árbol y la calle. A la derecha, la calle se hunde en azul oscuro. El contraste entre la terraza llena y la ciudad vacía sostiene todo el cuadro: hay un lugar iluminado y alrededor no hay nada.
Las figuras. Doce o trece clientes minúsculos, un camarero de blanco en el centro, algunos transeúntes. Están hechos con dos o tres toques cada uno y no tienen rostro.
La ventana en cruz. Al fondo a la derecha, en la fachada, una ventana con parteluz que forma una cruz. Es el detalle sobre el que se ha construido la teoría más discutida del cuadro.
La teoría de la Última Cena
Conviene tratarla con cuidado, porque se ha difundido mucho y no tiene el estatus que se le atribuye.
La propuesta, formulada en 2011 por el investigador independiente Jared Baxter, señala que bajo el toldo hay una figura central de pelo largo vestida de blanco rodeada por doce personas, y que en el fondo aparece una ventana en forma de cruz. Van Gogh, hijo de pastor y antiguo predicador, habría escondido una Última Cena en una terraza de café.
Los argumentos en contra son sólidos. Van Gogh describió este cuadro en tres cartas y no menciona nada religioso. Contar «exactamente doce» figuras requiere decidir a quién se incluye. La figura de blanco es un camarero y su pelo largo es una mancha. Y Van Gogh escribió por esos mismos meses que sentía «una terrible necesidad de religión» y que por eso salía a pintar las estrellas — es decir, que su vía era el cielo, no la alegoría escondida.
El Museo Kröller-Müller no la sostiene, y los especialistas la consideran especulativa. Es interesante y no está probada, y así conviene contarla.
Contexto histórico
Van Gogh llegó a Arlés en febrero de 1888 y pintó allí unas doscientas obras en quince meses. Septiembre de ese año fue el mes en que atacó la noche: primero esta terraza, después el Ródano bajo las estrellas, y en medio El café de noche — un interior de billar, hoy en Yale, que es su contrario exacto: rojo y verde, luz de gas agresiva y el propio Van Gogh escribiendo que había querido expresar «las terribles pasiones humanas» y un sitio donde uno puede arruinarse y volverse loco.
Dos cafés, dos cuadros y dos mundos. Uno acoge; el otro devora.
Era también el mes previo a la llegada de Gauguin, con la Casa Amarilla alquilada y los girasoles recién pintados para decorarla. La expectativa de compañía está en este cuadro tanto como las estrellas.
Sobre Vincent van Gogh
Nació en Zundert, en el Brabante holandés, en 1853, hijo de un pastor protestante. Fue marchante, maestro y predicador antes de empezar a pintar a los veintisiete años.
En diez años produjo unas novecientas pinturas y más de mil dibujos, y vendió casi nada. Vivió del dinero de su hermano Theo, con quien se escribió más de ochocientas cartas — la mejor fuente que existe sobre cualquier pintor, y la razón de que se sepa tanto de este cuadro.
Murió en Auvers-sur-Oise el 29 de julio de 1890, a los treinta y siete años. Fue Johanna Bonger, la viuda de Theo, quien conservó los cuadros y las cartas, las publicó y creó su reputación.
Cómo llegó a un bosque holandés
El Kröller-Müller no es un museo cualquiera y tiene una fundadora con nombre.
Helene Kröller-Müller (1869–1939), esposa de un magnate del comercio de mineral de hierro, empezó a coleccionar en 1907 siguiendo el consejo de un crítico que le dijo que buscara artistas modernos. Apostó por Van Gogh cuando todavía era barato, y reunió casi noventa pinturas y unos ciento ochenta dibujos: la segunda colección del mundo después del museo de Ámsterdam.
La crisis de 1929 arruinó parcialmente el negocio familiar. En 1935 el matrimonio donó la colección y las tierras al Estado holandés a cambio de que se construyera un museo, que abrió en 1938. Helene fue su primera directora y murió al año siguiente.
Por eso el cuadro de una plaza de Provenza cuelga en medio de un parque nacional holandés.
Legado e influencia
Van Gogh convirtió la luz artificial en tema pictórico, y esa línea llega directa al siglo XX. Edward Hopper es el heredero evidente: Nighthawks, de 1942, es la misma operación — un local iluminado, la calle oscura, gente sin rostro — con la conclusión invertida. Donde Van Gogh pinta compañía, Hopper pinta soledad.
La obra es hoy uno de los cuadros más reproducidos del mundo: pósteres, puzles, tazas, fondos de pantalla. Esa omnipresencia tiene un coste — cuesta mirarlo de verdad —, y el empaste del toldo, que ninguna reproducción transmite, es exactamente lo que justifica verlo en persona.
¿Y en España?
No hay ninguna escena nocturna de Van Gogh en España, pero sí hay un Van Gogh de primer orden.
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva Les Vessenots en Auvers, un paisaje de mayo de 1890, de las últimas semanas, que perteneció al doctor Gachet. Está en la sala 34 de la primera planta y es la única manera de ver de cerca en España la pincelada que aquí construye los adoquines.
Y hay una conexión que conviene hacer. El café como tema pictórico es una invención francesa de esos mismos años, y la mejor colección para entenderla en España está en el mismo Thyssen y en el Museo del Prado: los interiores de Manet, Degas y Renoir retratan la misma sociabilidad urbana que Van Gogh encontró en una plaza de provincias.
Para las cartas, existe la edición completa en español con los dibujos incluidos. Las tres en que describe este cuadro son el mejor comentario que se ha escrito sobre él.
Dónde verlo hoy
Está en el Museo Kröller-Müller, dentro del Parque Nacional De Hoge Veluwe, en Otterlo, a una hora larga de Ámsterdam.
- Hay que pagar dos entradas: la del parque nacional y la del museo. Se compran juntas y conviene reservar en línea en verano.
- El museo cierra los lunes, salvo festivos. El parque abre todos los días, con horarios que cambian según la estación.
- Las bicicletas blancas del parque son gratuitas y hay unas mil ochocientas repartidas por los aparcamientos y accesos. Se cogen, se usan y se dejan. Es la forma habitual de llegar al museo desde la entrada.
- Reserva el día entero. Además de la colección — noventa Van Gogh, Seurat, Mondrian, Picasso —, hay un jardín de esculturas de veinticinco hectáreas, uno de los mayores de Europa, con Rodin, Moore, Dubuffet y Serra.
- El cuadro rota. El museo alterna su exposición de Van Gogh y lo presta a muestras internacionales. Comprueba la ficha de la obra en su web antes de viajar: la web indica si está expuesta.
- Mira el toldo en ángulo. El empaste proyecta sombra propia; es la parte del cuadro que cambia por completo al verla en directo.
Y en Arlés, una advertencia
Aquí hay que ser claro, porque todas las guías siguen recomendándolo.
El local amarillo de la Place du Forum que aparece en todas las fotos de turistas — llamado Café la Nuit o Café Van Gogh — está cerrado desde julio de 2023 por un asunto judicial: sus gestores fueron condenados por fraude fiscal, con inhabilitación para dirigir empresas, una pena suspendida de prisión y una quiebra personal. El local sigue en pie, pintado de amarillo y con las verjas cerradas.
Y hay una segunda precisión: la fachada que se fotografía es una recreación de los años noventa, pintada para parecerse al cuadro. Van Gogh pintó ese emplazamiento, sí, pero el edificio que se ve hoy fue rehecho para el turismo, no conservado.
La esquina noreste de la plaza, donde él puso el caballete, sí es la misma y sí se puede pisar. La Fundación Van Gogh de Arlés, a cinco minutos, es la visita que merece la pena, junto con el recorrido señalizado por los lugares que pintó en la ciudad.
Preguntas frecuentes
¿Se puede fechar el cuadro por las estrellas?
Sí. Van Gogh pintó las constelaciones tal como estaban sobre Arlés, y la posición de Acuario permite situar la escena en la noche del 16 o el 17 de septiembre de 1888, hacia las once. Es el reverso de lo que hizo en la Noche estrellada sobre el Ródano, donde puso la Osa Mayor donde no correspondía.
¿Lo pintó con velas en el sombrero?
No hay ninguna carta que lo diga. Pintó en la plaza, de noche, con la luz de gas del propio café. Él mismo anotó que la abundancia de luz de gas, amarilla y naranja, intensifica el azul.
¿Es verdad que no hay negro?
Sí. Van Gogh escribió a su hermana Wil que había hecho un cuadro de noche sin negro, solo con azules, violetas y verdes. Lo que parece negro son azules muy saturados.
¿Esconde una Última Cena?
Es una hipótesis de 2011, basada en la figura central de blanco, doce personas alrededor y una ventana en forma de cruz. Van Gogh describió el cuadro en tres cartas y no menciona nada religioso, el museo no la sostiene y los especialistas la consideran especulativa.
¿Existe el café?
El local amarillo de la Place du Forum está cerrado desde julio de 2023 por condenas de fraude fiscal contra sus gestores, y su fachada es una recreación de los años noventa hecha para parecerse al cuadro. La esquina desde la que Van Gogh pintó sí es la misma.
¿Por qué está en un bosque de los Países Bajos?
Porque lo compró Helene Kröller-Müller, que reunió casi noventa Van Gogh cuando todavía eran baratos y en 1935 donó la colección al Estado holandés a cambio de que se construyera un museo en sus tierras. Abrió en 1938 y ella fue su primera directora.
¿Está siempre expuesto?
No necesariamente. El museo rota su colección de Van Gogh y presta obras a exposiciones internacionales. Consulta la ficha en su web antes de viajar.
¿Hay Van Gogh en España?
Les Vessenots en Auvers, de 1890, en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Ninguna obra nocturna.
Si esta obra te ha interesado, sigue con La noche estrellada sobre el Ródano — pintada un mes después, a dos minutos de allí, con el cielo esta vez inventado — y con Los girasoles, la decoración que preparaba en esas mismas semanas para la habitación de Gauguin.
Imagen: Terraza de un café por la noche (Place du Forum) – Vincent van Gogh (septiembre de 1888), Museo Kröller-Müller, Otterlo. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
