Catedral de Notre-Dame
Las gárgolas que todo el mundo fotografía no son medievales. Las quimeras de la galería alta – el pensativo Stryge con la cabeza entre las manos, el pelícano, el elefante – las diseñó Eugène Viollet-le-Duc hacia 1850, en una restauración que reinventó buena parte del edificio: la aguja, la sacristía, decenas de estatuas, el rosetón sur remontado. Cuando en 2019 la aguja se vino abajo en directo, lo que ardía era una obra del siglo XIX. Y cuando en 2024 se reconstruyó «a la idéntica», el modelo fue el de Viollet-le-Duc, no el de la Edad Media. Notre-Dame es un edificio de 1163 que en buena parte es de 1860 y ahora, en parte, de 2024.
Datos clave
- Autores: maestros de obras desconocidos; documentados a partir de 1250 Jean de Chelles y Pierre de Montreuil; restauración de 1844–1864, Jean-Baptiste Lassus y Eugène Viollet-le-Duc
- Fechas: primera piedra en 1163; coro consagrado en 1182; fachada y torres hacia 1250; capillas y transepto hacia 1345
- Técnica: piedra caliza lutetiense, extraída bajo el propio París; cubierta de roble y plomo
- Dimensiones: 128 m de largo, 48 m de ancho; bóveda de la nave a 33 m; torres de 69 m; aguja de 96 m
- Movimiento: Gótico – primero y clásico
- Ubicación: París – Île de la Cité. Propiedad del Estado francés; uso, de la archidiócesis
- Incendio: 15 de abril de 2019. Reapertura: 7 y 8 de diciembre de 2024
¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?
No es la catedral gótica más alta, ni la más grande, ni la más antigua. Es la que estaba en el centro de la capital del reino más poderoso de Europa, la que copiaron las demás, y la que Victor Hugo convirtió en personaje.
Técnicamente es un punto de inflexión. Empezada en 1163, es uno de los primeros edificios en usar arbotantes – arcos exteriores que llevan el empuje de las bóvedas hasta contrafuertes separados del muro – a gran escala. Sin ellos no hay muros finos, y sin muros finos no hay vidrieras. Notre-Dame demostró que se podía construir a treinta y tres metros con paredes de cristal, y el gótico entero es la consecuencia.
Y hay la fachada. Dos torres iguales, tres portales, una galería de reyes, un rosetón: un rectángulo tan equilibrado que parece obvio. Nadie lo había hecho antes y todo el mundo lo hizo después.
Cómo se construyó
Hacia 1160 el obispo Maurice de Sully, hijo de campesinos, decidió que París necesitaba una catedral a la altura de la que Suger acababa de levantar en Saint-Denis. Hizo demoler la anterior, Saint-Étienne, y una parte del barrio de la isla, y trazar una calle nueva – la rue Neuve-Notre-Dame – para llevar los materiales hasta la obra.
La primera piedra se puso en 1163, según la tradición en presencia del papa Alejandro III, entonces refugiado en Francia. Se empezó por el coro, al este, y se avanzó hacia el oeste: el coro se consagró en 1182, la nave estaba cubierta hacia 1200, la fachada occidental se levantó entre 1200 y 1250, y las torres quedaron terminadas hacia 1250. No se construyeron las agujas que las torres debían llevar; nunca se hicieron.
Después vino la segunda campaña: hacia 1225 se cambió la parte alta de la nave para ganar luz – ventanas más grandes, arbotantes más largos –; entre 1250 y 1270, Jean de Chelles y Pierre de Montreuil, los primeros arquitectos con nombre, hicieron las fachadas del transepto con sus rosetones; y hasta 1345 se fueron añadiendo capillas entre los contrafuertes, hasta llenar los lados.
La piedra es caliza de las canteras de París: buena parte de la catedral salió de debajo de la propia ciudad, de las galerías que hoy son las Catacumbas. La cubierta – «el bosque», 1.300 robles cortados hacia 1220 – era la estructura de madera medieval más grande de París, y ardió entera en 2019.
Simbolismo y en qué fijarse
Los tres portales. En el centro, el Juicio Final; a la izquierda, la Virgen; a la derecha, Santa Ana. Cada portal tiene un tímpano, arquivoltas con centenares de figuras, y estatuas en las jambas – muchas de estas últimas son de Viollet-le-Duc, porque las originales se destruyeron en 1793. Es una Biblia de piedra para una ciudad que no leía, y estaba pintada de colores.
La galería de los reyes. Veintiocho estatuas en fila, sobre los portales: los reyes de Judá, antepasados de Cristo. En 1793 los revolucionarios los tomaron por reyes de Francia y los decapitaron. Las cabezas se dieron por perdidas hasta que en 1977, en obras en el patio de un banco, aparecieron veintiuna, enterradas por un monárquico que las había comprado como escombro. Están en el Museo de Cluny, a diez minutos. Las de la fachada son de 1850.
Los tres rosetones. El del oeste, hacia 1225, de 9,6 metros. Los del norte y el sur, de 1250 y 1260, de 12,9 metros, entre los mayores del gótico. El del norte conserva casi todo su vidrio medieval; el del sur lo remontó Viollet-le-Duc en el siglo XIX. Los tres sobrevivieron al incendio.
Los arbotantes. Se ven mejor desde el ábside, en el jardín de la parte trasera: quince metros de vuelo, en un solo arco, sosteniendo el coro. Son de hacia 1230 y están entre los más audaces de Francia.
Las quimeras. En la galería que une las torres, a cuarenta y seis metros. Son del siglo XIX y son, probablemente, lo mejor que Viollet-le-Duc hizo aquí: un bestiario romántico que la Edad Media no había imaginado. Las gárgolas – los caños de desagüe con forma de animal – sí son medievales en concepto, aunque muchas se rehicieron.
La aguja. Noventa y seis metros. La medieval, del siglo XIII, se desmontó en 1786 porque amenazaba ruina. Viollet-le-Duc la rehízo en 1859, más alta, con doce apóstoles de cobre subiendo por ella – y su propio retrato en uno de ellos, santo Tomás, patrón de los arquitectos, mirando hacia arriba. Esa aguja ardió en 2019. La actual es una copia de la de 1859, con los mismos apóstoles: se habían desmontado cuatro días antes del incendio para restaurarlos.
El gallo. En la punta de la aguja. El de 1859 apareció abollado entre los escombros, con sus reliquias intactas – una espina de la Corona, restos de santa Genoveva y san Dionisio –; está en el museo. El nuevo, dorado, con las reliquias y una lista de los dos mil obreros de la reconstrucción, se colocó en diciembre de 2023.
La luz. Antes de 2019 el interior era gris oscuro: siglos de hollín de velas y de contaminación. La limpieza posterior al incendio devolvió a la piedra su color original, un blanco cremoso, y el edificio es hoy más claro de lo que ha sido en doscientos años. Es lo primero que sorprende al entrar.
Contexto histórico
Notre-Dame se levantó mientras París pasaba de ciudad regional a capital de Europa. Felipe Augusto la amuralló, empedró las calles y fundó el Louvre; la universidad, en la orilla izquierda, se convirtió en la primera de Occidente. La catedral fue su aula magna: Tomás de Aquino enseñó en su escuela.
Después fue el escenario. Aquí se celebró la consagración de Enrique VI de Inglaterra como rey de Francia en 1431, en plena guerra de los Cien Años, y la boda de Enrique de Navarra con Margarita de Valois en 1572, seis días antes de la matanza de San Bartolomé. Aquí Napoleón se coronó emperador el 2 de diciembre de 1804, quitándole la corona de las manos al papa – el cuadro de David, en el Louvre, lo cuenta –, con el interior forrado de telas para tapar el estado ruinoso del edificio.
Porque en 1804 Notre-Dame estaba medio destruida. La Revolución la había convertido en Templo de la Razón, había fundido las campanas, decapitado a los reyes de la fachada y vendido el mobiliario. En 1831 Victor Hugo publicó Notre-Dame de Paris con un propósito declarado: salvar el edificio. Funcionó. En 1844 el Estado convocó un concurso, y en 1864 la catedral restaurada de Lassus y Viollet-le-Duc era la que conocemos.
El incendio
El 15 de abril de 2019, lunes santo, a las 18:18, saltó la alarma. Los vigilantes fueron a mirar al sitio equivocado. A las 18:43 volvió a sonar; esta vez vieron el fuego en el desván, bajo la cubierta. A las 19:50 la aguja se dobló y cayó a través de la bóveda del crucero, ante las cámaras de medio mundo.
El bosque ardió entero en unas horas. El plomo de la cubierta, cuatrocientas toneladas, se fundió y cayó. La bóveda aguantó salvo en tres puntos: el crucero, un tramo de la nave y otro del transepto norte. Hacia las 21:30 el fuego llegó a la torre norte, donde cuelgan las campanas sobre una estructura de madera: si ardía, la torre caía, y con ella probablemente la fachada. Los bomberos la salvaron subiendo a la torre con mangueras. A las 3 de la madrugada el incendio estaba controlado.
Un capellán de los bomberos, Jean-Marc Fournier, entró a por la Corona de Espinas, la reliquia comprada por san Luis en 1239, y la sacó. Los rosetones aguantaron. El gran órgano, de 8.000 tubos, se llenó de polvo de plomo pero no ardió. La causa del incendio no se ha determinado: la investigación apunta a un cortocircuito o a un cigarrillo de los obreros de la restauración en curso.
En cuarenta y ocho horas se habían prometido 846 millones de euros de donación, de 340.000 donantes en 150 países. Macron prometió reconstruir en cinco años. Casi nadie lo creyó.
La reconstrucción
Duró cinco años y ocho meses, bajo la dirección del arquitecto jefe de monumentos históricos Philippe Villeneuve, con unos dos mil artesanos: canteros, carpinteros, plomeros, vidrieros, doradores, organeros.
Primero hubo que consolidar: el andamio de la aguja, retorcido por el calor, pesaba doscientas toneladas y amenazaba con caer sobre la bóveda; retirarlo llevó ocho meses. Después, la descontaminación del plomo. Después, la decisión: reconstruir a la idéntica, con las mismas técnicas, o hacer algo nuevo. Hubo propuestas de agujas de cristal, de terrazas verdes, de piscinas. El Estado eligió lo idéntico.
El nuevo bosque se hizo con unos mil doscientos robles de bosques franceses, cortados a hacha por carpinteros que aprendieron las técnicas del siglo XIII para la ocasión. La aguja se rehízo pieza a pieza según los planos de Viollet-le-Duc. La cubierta volvió a ser de plomo, pese a las objeciones.
Reabrió el 7 de diciembre de 2024, con un acto al que asistieron una cincuentena de jefes de Estado, y la primera misa fue el 8. El interior tiene mobiliario nuevo: un altar de bronce de Guillaume Bardet, mil quinientas sillas de Ionna Vautrin, un relicario nuevo para la Corona. El coste rondó los setecientos millones; sobró dinero, que se destina a las obras exteriores que continúan.
Lo que sigue en obras en 2026
La catedral está abierta, pero no terminada.
El ábside y la sacristía se restauran desde 2025, con andamios en la parte trasera. El entorno – la explanada, los jardines, el acceso – se rehace según un proyecto del paisajista belga Bas Smets, previsto para 2027. En febrero de 2026 se completó un nuevo sistema de sonido. Y en septiembre de 2026 la catedral cerró algunos días por trabajos.
Y está la polémica. En 2023 Macron anunció que seis capillas de la nave sur, cuyas vidrieras de Viollet-le-Duc habían sobrevivido intactas al incendio, recibirían vidrieras contemporáneas. Se convocó un concurso, lo ganó la pintora Claire Tabouret con un ciclo sobre Pentecostés, y la Comisión Nacional del Patrimonio – el órgano consultivo del Estado – votó en contra por unanimidad: la Carta de Venecia prohíbe sustituir elementos históricos intactos. Una petición reunió más de doscientas mil firmas. El proyecto siguió adelante. Los modelos a tamaño real se expusieron en el Grand Palais en el invierno de 2025–2026, y la instalación está prevista para diciembre de 2026. Será el mayor cambio en el interior desde el siglo XIX, y las vidrieras de Viollet-le-Duc irán a un museo.
Legado e influencia
Es el modelo del gótico clásico. Chartres, Reims y Amiens la corrigieron; las catedrales inglesas, alemanas y españolas la tradujeron; el neogótico del siglo XIX – Westminster, Colonia terminada, un millar de iglesias en América – la citó.
Y es un personaje literario. Hugo la hizo protagonista, con Quasimodo, Esmeralda y Frollo, y desde 1831 la catedral tiene una biografía que no tienen las demás. De ahí las adaptaciones – Lon Chaney en 1923, Charles Laughton en 1939, Disney en 1996 – y de ahí que el incendio de 2019 se viviera en todo el mundo como una pérdida personal.
La reconstrucción ha dejado un legado propio: una generación de carpinteros que sabe tallar a hacha, canteros formados en la caliza de París, y la demostración de que un edificio del siglo XIII se puede rehacer en cinco años si el dinero llega.
¿Y en España?
El gótico entró en España por Francia, y Notre-Dame está en el origen de las tres grandes catedrales castellanas.
León es la más cercana. Empezada hacia 1255 por el maestro Enrique, que venía de Burgos y de Francia, sigue el modelo de Reims – hija de Notre-Dame – con una radicalidad que ni Reims tuvo: casi no hay muro, y los 1.800 metros cuadrados de vidrieras medievales son el mayor conjunto de España y uno de los tres o cuatro mayores de Europa. Pulchra Leonina, la llaman; «la catedral más francesa de España», dicen los manuales. Y tuvo un problema estructural que Notre-Dame nunca tuvo: los muros eran tan finos que en el siglo XIX hubo que desmontar y reconstruir el crucero.
Burgos, de 1221, importó la planta de Bourges y la fachada de dos torres de París, aunque las agujas caladas son alemanas y del siglo XV. Toledo, de 1226, copió la planta de cinco naves de Notre-Dame – la misma disposición, con doble girola – a escala mayor.
Ver León después de Notre-Dame es ver lo que París había prometido y no llegó a hacer: una catedral de cristal.
Dónde ver la obra hoy
Notre-Dame está en la Île de la Cité, en el centro de París. Metro Cité, línea 4, o Saint-Michel, líneas 4 y RER B y C. Hay tres visitas distintas y conviene distinguirlas.
La catedral.
- Entrada gratuita. Es una iglesia en uso y no cobra.
- Reserva un tramo horario gratuito en la web o la aplicación oficial de la catedral; se abre con dos días de antelación. Sin reserva hay una cola aparte, más lenta, que en temporada alta supera la hora.
- Horario en 2026: de lunes a viernes de 7:50 a 19; los jueves hasta las 22; sábados y domingos de 8:15 a 19:30. Cierra o restringe el acceso durante las misas y las grandes fiestas.
- La primera hora es la mejor. Entre las 8 y las 9:30 la nave está casi vacía. Los jueves después de las 19, también.
- El recorrido es en un solo sentido: entrada por el portal central, nave, girola, salida. Media hora si no hay cola; se puede alargar.
- El Tesoro, en la sacristía, cuesta 12 euros y se paga en el sitio. Contiene el relicario de la Corona de Espinas.
Las torres.
- Reabrieron en septiembre de 2025 con un recorrido nuevo. Gestión aparte, del Centro de Monumentos Nacionales.
- 16 euros, reserva obligatoria con día y hora. Gratis para menores de 18 y ciudadanos de la UE hasta 25, y el primer domingo de mes de noviembre a marzo.
- 424 escalones sin ascensor. Abiertas todos los días, de 10 a 17:30 en invierno y hasta las 18:30 de abril a septiembre; en julio y agosto, viernes y sábados hasta las 23.
- Se sube a la galería de las quimeras, se pasa por la torre sur junto al bourdon Emmanuel – la campana de trece toneladas de 1686 – y se llega a la cima. Es la vista de la aguja nueva y del bosque nuevo desde arriba.
Y el exterior, que es gratis y no tiene cola: los arbotantes desde el jardín del ábside, los portales desde la explanada, y el punto cero de las carreteras de Francia, una placa en el suelo delante de la fachada.
A cinco minutos, la Sainte-Chapelle, con las vidrieras de 1248 – entrada aparte, con reserva –, y a diez, el Museo de Cluny, con las cabezas de los reyes.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se construyó?
Entre 1163 y 1345, en dos campañas principales. El coro estaba consagrado en 1182, la fachada y las torres terminadas hacia 1250, y las capillas laterales y el transepto hacia 1345. Después vino la restauración de 1844–1864, que cambió mucho, y la reconstrucción de 2019–2024.
¿Qué se perdió en el incendio?
La aguja de 1859, la cubierta medieval de roble – el «bosque» – y su plomo, y tres tramos de bóveda. Se salvaron la estructura, las torres, los tres rosetones, el gran órgano, la Corona de Espinas y las estatuas de la aguja, que se habían retirado días antes.
¿Se reconstruyó igual?
Sí, a la idéntica: la aguja según los planos de Viollet-le-Duc, la cubierta de roble tallado a hacha, el plomo. Lo nuevo es el mobiliario litúrgico, la limpieza de la piedra y, desde diciembre de 2026, seis vidrieras contemporáneas en la nave sur.
¿Es gratis?
La catedral sí. Conviene reservar un tramo horario gratuito en la aplicación oficial. El Tesoro cuesta 12 euros y las torres 16, estas con reserva obligatoria.
¿Se puede subir a las torres?
Sí, desde septiembre de 2025, con un recorrido nuevo: 424 escalones, 16 euros y reserva previa. Se ven las quimeras de cerca, el bourdon y la aguja reconstruida.
¿Las gárgolas son medievales?
Las quimeras de la galería alta, no: son de Viollet-le-Duc, hacia 1850. Las gárgolas propiamente dichas – los desagües – son medievales en concepto, aunque muchas se rehicieron en el siglo XIX.
¿Qué pasa con las vidrieras nuevas?
Seis vidrieras de Claire Tabouret, sobre Pentecostés, sustituirán en diciembre de 2026 a seis vidrieras de Viollet-le-Duc que no sufrieron daños. La Comisión Nacional del Patrimonio votó en contra; el Estado decidió seguir adelante. Las antiguas irán a un museo.
¿Cuál es la catedral española más parecida?
León, empezada hacia 1255 sobre el modelo de Reims, con el mayor conjunto de vidrieras medievales de España. Toledo copió la planta de cinco naves de Notre-Dame; Burgos, la fachada de dos torres.
Si esta obra te ha interesado, sigue con el Panteón de Roma – el otro edificio que sobrevivió porque era iglesia – y con La Gioconda, a quince minutos a pie, en el palacio que Felipe Augusto empezó a construir mientras se levantaban estas torres.
Imagen: Notre-Dame de París, fachada occidental, octubre de 2017 – antes del incendio. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
