El Partenón
El 11 de septiembre de 1380, el rey Pedro IV de Aragón firmó una carta ordenando que doce ballesteros custodiaran la Acrópolis de Atenas, que entonces era suya, porque – escribió en catalán – era «la más rica joya que hay en el mundo». Es el primer documento conocido en que alguien llama al Partenón obra de arte y no templo, iglesia o fortaleza. Lo escribió un rey español, desde Lérida, sobre un edificio que nunca vio.
Datos clave
- Arquitectos: Ictino y Calícrates; dirección escultórica, Fidias
- Fechas: 447–438 a. C. la construcción; 432 a. C. la escultura
- Técnica: mármol pentélico, sin mortero, con grapas de hierro y plomo
- Dimensiones: estilóbato de 69,5 × 30,9 m; columnas de 10,4 m; altura total, 13,7 m; 46 columnas exteriores, 8 por 17
- Movimiento: Arte griego clásico
- Ubicación: Acrópolis de Atenas – esculturas repartidas entre el Museo de la Acrópolis, el Museo Británico y otros seis museos
- Estado: en restauración continua desde 1975; en 2026, sin andamios por primera vez en décadas
¿Qué hace que esta obra sea inolvidable?
Es el edificio más imitado de la historia y el que menos se parece a sus imitaciones. Los templos neoclásicos son rectos; el Partenón no tiene una sola línea recta.
El estilóbato – la plataforma – se curva hacia arriba: seis centímetros en los lados cortos, once en los largos. Las columnas se inclinan hacia dentro unos siete centímetros; si se prolongaran, se juntarían a unos dos kilómetros y medio de altura. Las de las esquinas son cuatro centímetros más gruesas que las demás, porque se ven contra el cielo y parecerían más delgadas. Y cada columna tiene éntasis: un ligero abombamiento a un tercio de su altura, que evita que parezca cóncava.
Nada de esto se nota. Se nota su ausencia: los templos que copian el Partenón sin sus curvas parecen muertos, y el Partenón parece que respira. Los griegos calcularon cómo ve el ojo y construyeron para el ojo, no para la regla.
Y está la escala. No es el templo griego más grande – los de Selinunte, Agrigento y Éfeso lo superaban –, pero es el mejor construido. Las juntas entre bloques son tan finas que no admiten una hoja de papel, y el mármol del Pentélico, a dieciséis kilómetros, se eligió porque contiene hierro y con los siglos se vuelve dorado.
Contexto histórico
En 480 a. C. los persas tomaron Atenas y arrasaron la Acrópolis, incluido un templo a Atenea que estaba a medio construir en el mismo sitio. Los atenienses juraron dejar las ruinas como estaban, en recuerdo. Treinta años después cambiaron de opinión.
La razón fue el dinero. Atenas dirigía la Liga de Delos, una alianza contra Persia a la que las ciudades aportaban una cuota anual. En 454 a. C. el tesoro de la Liga se trasladó de Delos a Atenas, y Pericles decidió gastarlo en la Acrópolis. Los aliados protestaron; Plutarco recoge la respuesta: el dinero era de Atenas mientras Atenas los protegiera. El Partenón se pagó con el tributo de los aliados y sirvió, entre otras cosas, para guardarlo: en la cámara occidental, detrás de la estatua, estaba el tesoro.
La obra empezó en 447. En 438 se consagró la estatua; en 432 se colocó la última escultura de los frontones. Un año después empezó la guerra del Peloponeso, que acabaría con el imperio ateniense. El Partenón es el monumento de un poder que duró poco más que su construcción.
Un detalle sobre el nombre: parthenos significa «virgen», por Atenea Partenos. En el siglo V el nombre designaba probablemente solo una sala del edificio; el conjunto se llamaba, sin más, «el gran templo». Partenón se generalizó después.
Lo que había dentro
La estatua de Atenea, obra de Fidias, medía unos doce metros con el pedestal y era criselefantina: un armazón de madera cubierto de marfil para la piel y de oro para la ropa, las armas y el casco. El oro pesaba unos cuarenta y cuatro talentos, más de mil kilos, y estaba montado en placas desmontables, para que pudiera retirarse y pesarse – y para que en caso de necesidad la ciudad pudiera fundirlo. Pericles lo dijo en la asamblea: era una reserva.
La diosa estaba de pie, con una Victoria alada de dos metros en la mano derecha, el escudo a los pies con una serpiente enroscada, y en el casco una esfinge y dos grifos. Delante había un estanque de agua – Pausanias lo cuenta – que mantenía húmedo el marfil.
La estatua desapareció en la Antigüedad tardía, probablemente llevada a Constantinopla y perdida allí. Se conoce por copias romanas pequeñas y por una reproducción a tamaño real hecha en 1990 en Nashville, en Estados Unidos, dentro de una copia a tamaño real del Partenón construida en 1897.
Simbolismo y en qué fijarse
La decoración escultórica tenía tres niveles, y saber cuáles son ayuda a entender lo que falta.
Las metopas. Noventa y dos paneles cuadrados de alto relieve, entre los triglifos, alrededor de todo el exterior. Cada lado tenía un tema: al este, dioses contra gigantes; al oeste, griegos contra amazonas; al sur, lapitas contra centauros; al norte, la guerra de Troya. Cuatro victorias del orden sobre el caos, que los atenienses de 440 leían como su victoria sobre Persia. Las mejor conservadas, las del sur, están en Londres.
El friso. Ciento sesenta metros de bajo relieve corrido por encima de la columnata interior, con 378 figuras humanas y 245 animales. Representa una procesión – la de las Panateneas, según la lectura tradicional, aunque hay otras – que avanza por los dos lados largos desde la esquina suroeste y converge en el este, donde los dioses, sentados, la reciben. Es la única vez que un templo griego mostró a los ciudadanos en lugar de a los mitos. Está repartido: unos cincuenta metros en Atenas, unos ochenta en Londres, un bloque en el Louvre, fragmentos en Viena, Palermo, Copenhague, Wurzburgo y Múnich.
Los frontones. Al este, el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus; al oeste, la disputa entre Atenea y Poseidón por el Ática. Las figuras eran de bulto redondo, talladas también por detrás, donde nadie las vería. Lo que queda está en Londres y en Atenas; en el edificio no hay nada.
El color. El mármol no estaba desnudo. En 2009 el Museo Británico detectó con luminiscencia infrarroja restos de azul egipcio en las esculturas de Londres, y en 2023 un estudio más amplio encontró azul, púrpura y blanco, y hasta dibujos pintados sobre la ropa. Los fondos de las metopas y del friso eran de color, los triglifos azules, las molduras con motivos rojos y dorados. El Partenón blanco es un invento del siglo XVIII.
La grieta del rayo. En el frontón este, en la parte central que voló en 1687, se distingue el hueco donde estaban las figuras de Zeus y Atenea, perdidas ya en la Antigüedad cuando se abrió un ábside para la iglesia.
Las grapas. Mira los bloques de la columnata: los agujeros cuadrados son de las grapas de hierro originales, selladas con plomo. La restauración de 1898–1933 las sustituyó por hierro sin plomo, que se oxidó y reventó el mármol. Desde 1975 se están sustituyendo todas por titanio.
El andamio. Durante casi cincuenta años la fachada tuvo grúas y andamios. En 2025–2026 se han retirado. Es el mejor momento en medio siglo para verlo.
Dos mil quinientos años de usos
Siglo VI. Convertido en iglesia bizantina, dedicada a la Madre de Dios. Se abre un ábside en el frontón este, se destruyen las esculturas centrales, se tapian las columnas interiores. Fue catedral de Atenas durante ochocientos años.
1204–1458. Catedral católica bajo los francos y, de 1311 a 1388, bajo la Compañía Catalana – los almogávares que habían tomado el ducado de Atenas. Es la época de la carta de Pedro IV. Los catalanes lo llamaban Santa María de Cetines.
1458. Los otomanos toman Atenas. El Partenón se convierte en mezquita, con un minarete en la esquina suroeste. El Erecteion, en harén del gobernador.
26 de septiembre de 1687. El ejército veneciano de Francesco Morosini sitia la Acrópolis. Los otomanos han guardado la pólvora en el Partenón, confiando en que los cristianos no bombardearán una antigua iglesia. Un mortero veneciano, disparado desde la colina de Filopapo, entra por el techo. La explosión mata a unas trescientas personas, derriba veintiocho columnas y parte el edificio en dos. Morosini, al tomar la ciudad, intenta descolgar los caballos de Poseidón del frontón oeste para llevárselos a Venecia; se le caen y se hacen pedazos. Todo lo que se ve hoy es lo que sobrevivió a ese día.
1801–1812. Thomas Bruce, conde de Elgin, embajador británico en Constantinopla, obtiene un permiso otomano cuyo alcance sigue en discusión y hace desmontar y embarcar la mitad del friso, quince metopas y diecisiete figuras de los frontones. En 1816 los vende al Parlamento británico por 35.000 libras, la mitad de lo que le había costado. Están en el Museo Británico desde entonces.
1832. Grecia independiente. Se demuele el minarete y todo lo posterior a la Antigüedad.
1975–hoy. El Servicio de Restauración de la Acrópolis desmonta, limpia y vuelve a montar el edificio pieza a pieza, corrigiendo los errores de 1898–1933 y devolviendo bloques a su sitio original. Es el proyecto de restauración más largo del mundo.
Los mármoles: dónde está la discusión en 2026
Grecia reclama las esculturas de Londres desde su independencia, y oficialmente desde 1983, cuando la ministra Melina Mercouri lo planteó en la UNESCO. El Museo Británico se ampara en una ley de 1963 que le prohíbe desprenderse de su colección.
La situación se ha movido desde 2021. El presidente del museo, George Osborne, y el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, mantienen conversaciones sobre una «asociación» que llevaría las esculturas a Atenas a cambio de préstamos rotatorios de antigüedades griegas a Londres. En diciembre de 2024 el museo calificó las conversaciones de «constructivas»; Osborne dijo que un acuerdo estaba «todavía a cierta distancia». El gobierno británico no piensa cambiar la ley; Grecia no acepta la palabra «préstamo», porque implicaría reconocer la propiedad británica. En septiembre de 2026 no hay acuerdo firmado.
Otros han devuelto: el Vaticano entregó tres fragmentos en 2023, y un museo de Palermo, el llamado fragmento Fagan, en 2022. En el Museo de la Acrópolis, la galería del Partenón tiene los huecos de las piezas de Londres marcados con copias en yeso, blancas, entre los mármoles originales, ocre. Es un argumento en piedra.
Sobre Ictino y Calícrates
Se sabe poco. Plutarco, cinco siglos después, nombra a los dos como arquitectos del Partenón y a Fidias como supervisor general de las obras de Pericles.
Ictino escribió, con un tal Carpión, un tratado sobre el edificio que Vitruvio menciona y que se perdió. Después del Partenón trabajó en el templo de Apolo en Basas, en Arcadia – el primer edificio con una columna corintia – y quizá en el santuario de Eleusis.
Calícrates era el arquitecto oficial de la ciudad: construyó el templo de Atenea Niké, a la entrada de la Acrópolis, y el tramo central de los Muros Largos hasta el Pireo. Es probable que Ictino hiciera el diseño y Calícrates dirigiera la obra.
El sistema de proporciones es de 4:9 – la relación entre el diámetro de las columnas y la distancia entre ellas, entre la anchura y la longitud del estilóbato, entre la altura y la anchura de la fachada. No es el número áureo, que se asocia al Partenón desde el siglo XIX sin base en las medidas.
Legado e influencia
El Partenón se convirtió en modelo en el siglo XVIII, cuando Stuart y Revett lo midieron y publicaron en Londres, en 1762, y cuando los mármoles de Elgin lo hicieron visible en Europa. Antes, el modelo griego era Roma; después fue Atenas.
De ahí salen la fachada del Museo Británico, la Puerta de Brandeburgo, el Walhalla de Baviera – un Partenón entero sobre el Danubio –, el edificio del Tesoro en Washington, la Bolsa de Filadelfia, y en Madrid, el Congreso de los Diputados, cuya fachada de 1850 es un pórtico hexástilo corintio con frontón esculpido. Todos los parlamentos con columnas descienden de este templo, aunque los atenienses no legislaban en él.
Y hay una imagen que lo resume: la Acrópolis iluminada de noche, visible desde toda Atenas. La iluminación actual, de 2020, con luz cálida y sombras calculadas, la diseñó la lumínica Eleftheria Deko para que el edificio se vea como lo veían los atenienses al atardecer.
¿Y en España?
Hay dos conexiones, una histórica y una física.
La histórica es la Compañía Catalana. Entre 1311 y 1388 el ducado de Atenas perteneció a los almogávares y, después, a la Corona de Aragón. El Partenón fue su catedral. Pedro IV el Ceremonioso nunca fue a Atenas, pero en 1380, cuando aceptó el ducado, escribió la carta de los doce ballesteros para proteger la Acrópolis, y la frase – la pus richa joya que al mont sia – es el elogio más antiguo del edificio como monumento. El original está en el Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona.
La física está en Bilbao. El Museo de Reproducciones Artísticas conserva un vaciado en yeso de una parte del friso de las Panateneas, hecho en el siglo XIX a partir de los mármoles de Londres. Es una de las pocas maneras, en España, de ver el friso a la altura de los ojos y de cerca: en el Partenón estaba a doce metros, y en Londres y Atenas está tras una barrera.
Dónde ver la obra hoy
El Partenón está en la Acrópolis de Atenas, a quince minutos a pie de la plaza Sintagma. Metro: Akropoli, línea 2, a cinco minutos de la entrada sur.
- Entrada de 30 euros, con franja horaria obligatoria y límite de 20.000 visitantes al día. Se compra en el portal oficial hhticket.gr; los revendedores cobran más. Gratis para menores de 18 y para ciudadanos de la UE hasta 25 años, con documento.
- Las entradas salen a la venta sesenta días antes. En julio y agosto las franjas de primera hora se agotan con una o dos semanas de antelación.
- Horario: de abril a octubre, de 8 a 20; de noviembre a marzo, de 8 a 17. Cerrado el 1 de enero, el 25 de marzo, el 1 de mayo, el domingo de Pascua y el 25 y 26 de diciembre. Gratis el 6 de marzo, el 18 de abril, el 18 de mayo, el último fin de semana de septiembre, el 28 de octubre y el primer domingo de mes de noviembre a marzo.
- Con más de 40 grados, la Acrópolis cierra entre la una y las cinco de la tarde. Ocurrió varias veces en 2024 y 2025. No hay sombra en la cima ni reembolso.
- Entra por el sur, por la calle Dionysiou Areopagitou, junto al teatro de Dioniso: hay menos cola que en la entrada oeste, y se sube por el flanco donde estuvo la pólvora.
- Franja de las 8. Los cruceros llegan a las 10; entre las 10 y las 2 la explanada es un mercado con sol de plomo.
- Suelas con agarre: el mármol del suelo, pulido por veinticinco siglos de pies, es una pista de hielo.
- No se puede entrar en el templo. Se rodea por un camino a unos metros de las columnas. Trípodes y palos de selfi, prohibidos.
- El billete combinado con el Ágora y otros yacimientos se suprimió en 2025; se compran por separado. En marzo de 2026 el Ministerio lanzó una audioguía digital gratuita.
El Museo de la Acrópolis, al pie de la colina, tiene entrada aparte – unos 20 euros en temporada alta, 10 en invierno – y es imprescindible: la galería superior reproduce las dimensiones del Partenón, con el friso, las metopas y los frontones montados en su posición, y el templo real a la vista por las cristaleras. Las cariátides originales del Erecteion están en la planta baja; las de la colina son copias. Media jornada para los dos.
Preguntas frecuentes
¿Para qué servía?
Era el templo de Atenea Partenos y albergaba su estatua de oro y marfil. También guardaba el tesoro de la Liga de Delos en la cámara occidental, y el oro de la estatua era en sí mismo una reserva. No se celebraban ceremonias dentro: el altar estaba fuera, al este.
¿Por qué está en ruinas?
Por la explosión del 26 de septiembre de 1687: un mortero veneciano alcanzó la pólvora que los otomanos guardaban dentro y voló el centro del edificio. Antes de eso el Partenón estaba casi entero, convertido en mezquita. Después vinieron los expolios, el de Elgin entre ellos.
¿Dónde están las esculturas?
Repartidas. La mitad del friso, quince metopas y la mayor parte de los frontones, en el Museo Británico desde 1816. Casi todo lo demás en el Museo de la Acrópolis. Piezas sueltas en el Louvre, Viena, Copenhague, Palermo, Wurzburgo y Múnich.
¿Volverán los mármoles de Londres?
No hay acuerdo. Grecia y el Museo Británico negocian desde 2021 una fórmula de intercambio, pero la ley británica de 1963 impide la cesión y Grecia no acepta la palabra «préstamo». El Vaticano y Palermo sí han devuelto sus fragmentos.
¿Era blanco?
No. Estaba pintado: fondos azules y rojos en metopas y friso, triglifos azules, molduras de colores, esculturas policromadas. Los análisis de 2009 y 2023 encontraron azul egipcio y púrpura en los mármoles de Londres.
¿Se puede entrar?
No. Se rodea por fuera, a unos metros de las columnas. Está en obras desde 1975 y lo seguirá estando.
¿Cuánto cuesta y cómo se reserva?
30 euros, con franja horaria, en hhticket.gr, hasta sesenta días antes. Hay un límite de 20.000 personas al día. El Museo de la Acrópolis tiene entrada aparte.
¿Qué tiene que ver con España?
Atenas fue de la Corona de Aragón entre 1311 y 1388, y el Partenón su catedral. La carta de Pedro IV de 1380 que llama a la Acrópolis «la más rica joya que hay en el mundo» está en Barcelona. Y en Bilbao hay un vaciado de parte del friso.
Si esta obra te ha interesado, sigue con el Panteón de Roma – seiscientos años posterior, hecho de hormigón, y que sobrevivió entero porque se convirtió en iglesia antes de convertirse en cantera – y con la Victoria de Samotracia, tallada tres siglos después en el mismo mármol de Paros con el que los griegos habían empezado.
Imagen: Partenón – Ictino y Calícrates (447–432 a. C.), Acrópolis de Atenas. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
