Geumgangjeondo (Vista general del monte Geumgang)
En 2021, la familia del magnate Lee Kun-hee — presidente de Samsung, muerto un año antes — donó al Estado coreano unas veintitrés mil obras de arte para pagar el impuesto de sucesiones. Fue la mayor donación cultural de la historia del país. Entre ellas iba Inwangjesaekdo, Tesoro Nacional n.º 216, del mismo pintor. Geumgangjeondo, el n.º 217, quedó fuera de la lista. La prensa coreana lo explicó sin rodeos: por el apego especial que el presidente le tenía — o, dicho de otro modo, porque era demasiado valioso. Las dos obras maestras de Jeong Seon, designadas el mismo día de 1984, están hoy en museos distintos: una es pública y la otra sigue siendo de Samsung.
Datos clave
- Artista: Jeong Seon (1676–1759), nombre artístico Gyeomjae
- Nombre coreano: 금강전도 Geumgangjeondo, 金剛全圖
- Fecha: 1734, décimo año del reinado de Yeongjo. El pintor tenía cincuenta y ocho años
- Técnica: tinta y color ligero sobre papel
- Dimensiones: 130,7 × 94,1 cm
- Movimiento: Pintura de la dinastía Joseon – escuela jingyeong sansuhwa
- Ubicación: Museo Leeum de Arte, Seúl – Fundación Cultural Samsung
- Designado Tesoro Nacional el 6 de agosto de 1984
Un punto de vista que no existe
Conviene empezar por aquí, porque el cuadro parece una vista y no lo es.
No hay ningún lugar desde el que se vea esto. Jeong Seon no subió a una cumbre a dibujar el panorama: sintetizó de memoria, tras años de recorrer el macizo a pie, una vista cenital imposible que abarca el Naegeumgang — el Geumgang interior — entero, con sus valles, templos y cumbres a la vez.
Eso obliga a matizar la etiqueta. Jingyeong sansuhwa se traduce como «pintura de paisaje verdadero», pero «verdadero» no significa «copiado del natural»: significa que el lugar existe, que el pintor lo ha pisado y que lo que representa es esa experiencia acumulada, no una vista instantánea.
La diferencia con Europa es exacta. Monet en Le Havre pintó lo que veía desde una ventana concreta a una hora concreta. Jeong Seon pintó una montaña como quien la recuerda entera.
Las dos mitades del cuadro
Esta es la estructura del cuadro y casi nadie la señala, aunque es visible en cuanto se sabe.
La masa de montañas está partida en dos por una diagonal.
A la izquierda, colinas de tierra, redondeadas, cubiertas de vegetación, pintadas con trazos suaves de «fibra de cáñamo» y acumulaciones de puntos de tinta — la técnica de la escuela del Sur de la pintura china.
A la derecha, agujas de granito, verticales, desnudas y afiladas, pintadas con trazos rectos que caen de arriba abajo, derivados del «golpe de hacha» de la escuela del Norte.
Las dos escuelas chinas eran tradiciones opuestas y enfrentadas, con toda una polémica teórica detrás. Jeong Seon las junta en un mismo papel. No es eclecticismo: es la traducción pictórica del eum-yang — yin y yang —, la tierra blanda y la roca dura, lo femenino y lo masculino, compensándose dentro de un círculo.
Por eso la composición es redonda. El profesor Gang Gwansik la describió como un «planeta Geumgang»: una esfera completa flotando sobre el papel, envuelta en niebla, sin suelo ni horizonte.
Simbolismo y en qué fijarse
Biro, arriba. El pico más alto del macizo corona la composición, en el vértice, y organiza todo lo demás.
El valle central. Un curso de agua — el Manpokdong, el «valle de las diez mil cascadas» — baja en diagonal desde arriba y parte la masa rocosa. Es el eje del cuadro.
Los templos. Entre la arboleda de la izquierda se distinguen tejados: monasterios budistas, con figuras diminutas. El Geumgang tenía más de un centenar de templos y ermitas.
La niebla. No está pintada: es papel en blanco reservado. Separa la montaña del vacío y hace que flote. En la pintura de Asia oriental el blanco no es ausencia, es aire.
El poema. Arriba a la izquierda hay una inscripción caligráfica del propio Jeong Seon, con un poema y su firma. El texto forma parte de la obra, no es una etiqueta: su colocación equilibra la masa de montañas.
Los sellos rojos. Del artista y de propietarios posteriores. Cada uno es una firma de posesión y una capa de historia.
Lo que no hay. Ni un solo nombre de pico escrito sobre el papel, a diferencia de otras vistas suyas del mismo macizo, que funcionaban casi como mapas. Aquí renunció a la función informativa.
Contexto histórico
Durante siglos, un pintor coreano culto pintaba paisajes chinos que no había visto: montañas del Yangtsé, pabellones junto a lagos imaginarios, escenas copiadas de manuales de estampas. Era lo prestigioso. Pintar Corea equivalía a pintar provincia.
En el siglo XVIII eso cambió, y cambió por razones que iban más allá del arte. Tras las invasiones japonesas y manchúes, y tras la caída de la dinastía Ming en China, la élite coreana llegó a una conclusión incómoda y liberadora: si la China civilizada ya no existía, Corea era la heredera de esa civilización. Se llamó Joseon Junghwa, «Corea como centro».
A eso se sumó el Silhak, el «aprendizaje práctico»: una corriente de intelectuales que reivindicaba estudiar la geografía, la agricultura, la lengua y la historia propias en vez de comentar clásicos ajenos.
Jeong Seon es ese movimiento con un pincel en la mano. Y el monte Geumgang era el lugar perfecto para demostrarlo: el paisaje más espectacular de la península, un centro de peregrinación budista desde hacía mil años y un destino al que los letrados viajaban y sobre el que escribían diarios de viaje.
Los coreanos decían que los chinos envidiaban esa montaña: existía un dicho según el cual el mayor deseo de un hombre culto era nacer en Corea para poder ver el Geumgang.
Sobre Jeong Seon
Nació en 1676 en Seúl, en una familia de la nobleza empobrecida. No tuvo fortuna ni contactos de partida, y llegó lejos: fue funcionario provincial y alcanzó el reconocimiento de la corte.
A los treinta y siete años ya era el pintor más celebrado de su tiempo, y lo fue precisamente por sus vistas del Geumgang. Pintó ese macizo alrededor de cien veces a lo largo de su vida, en todas las estaciones, desde todos los ángulos, en álbumes, rollos y hojas sueltas.
Esa obsesión tiene un paralelo exacto al otro lado del mar. Un siglo después, Hokusai haría lo mismo con el monte Fuji: treinta y seis vistas que acabaron siendo cuarenta y seis, más otras cien. Dos pintores, dos montañas sagradas, la misma obsesión. La diferencia es que Hokusai imprimía para el mercado urbano y Jeong Seon pintaba ejemplares únicos para letrados.
Murió en 1759, a los ochenta y tres años. Su otra obra maestra, Inwangjesaekdo, la pintó en 1751, con setenta y cinco.
La montaña hoy
Y aquí está lo que hace este cuadro políticamente vivo.
El monte Geumgang está en Corea del Norte. Quedó al otro lado del paralelo 38 en 1945 y al otro lado de la línea de armisticio en 1953. Para los surcoreanos es un lugar sagrado que no pueden pisar.
Hubo un paréntesis. Entre 1998 y 2008, en el marco de la «política del sol», una empresa surcoreana — Hyundai Asan — operó un complejo turístico al que llegaron a viajar casi dos millones de surcoreanos. Se acabó en julio de 2008, cuando un soldado norcoreano disparó y mató a una turista surcoreana de cincuenta y tres años que había salido de la zona autorizada de madrugada. Seúl suspendió los viajes al día siguiente y no se han reanudado.
En 2019 Kim Jong-un ordenó demoler las instalaciones surcoreanas por considerarlas de mal gusto, y la demolición se ejecutó en los años siguientes.
Así que el paisaje de este cuadro es, para la mayoría de los coreanos, una imagen de algo inaccesible. Eso explica que Geumgangjeondo funcione en Corea del Sur como emblema nacional y también como una forma de nostalgia territorial.
El macizo tiene además cuatro nombres, uno por estación: Geumgangsan en primavera, Bongnaesan en verano, Pungaksan en otoño y Gaegolsan en invierno — «montaña de los huesos desnudos», cuando la nieve y la falta de hojas dejan la roca a la vista. La tradición le atribuye doce mil picos.
Legado e influencia
Jeong Seon fundó una escuela y una manera de mirar. Después de él, pintar Corea dejó de ser menor: Kim Hong-do, el gran pintor de la generación siguiente, recibió del rey Jeongjo el encargo de recorrer el Geumgang y documentarlo, y toda la pintura de paisaje coreana del siglo XVIII y XIX arranca de esta apertura.
Su éxito fue tal que también movió a los cartógrafos: la moda de las vistas del Geumgang impulsó la elaboración de mapas de la zona.
Hoy la imagen está en libros de texto, billetes conmemorativos, sellos y campañas de promoción cultural. Y el término que acuñó — jingyeong, paisaje verdadero — se ha convertido en una categoría de la identidad artística coreana comparable a lo que el ukiyo-e significa para Japón.
¿Y en España?
No hay obra de Jeong Seon en España, pero la discusión que este cuadro resuelve en 1734 se repitió en España ciento veinte años después, casi con los mismos argumentos.
Durante siglos, un paisajista español formado en la Academia pintaba países ideales a la manera italiana: ruinas clásicas, luz dorada, composiciones aprendidas de Claudio de Lorena. Pintar el campo español tal cual era se consideraba pobre.
Eso cambió con Carlos de Haes (1826–1898), belga de nacimiento y español de formación, que en 1857 ganó la cátedra de paisaje de la Escuela de San Fernando. En su discurso de ingreso en la Academia defendió exactamente lo contrario de lo que se enseñaba: que el paisajista debía salir al campo, pintar del natural y representar su propia tierra.
Sacó a sus alumnos a los Picos de Europa, al Guadarrama y a los Pirineos. Su La canal de Mancorbo en los Picos de Europa, de 1876, cuelga en el Museo del Prado y es el equivalente español de lo que Jeong Seon hizo con el Geumgang: una montaña propia, mirada de verdad, pintada sin disfraz italiano.
Para arte coreano en España, el Centro Cultural Coreano del paseo de la Castellana, en Madrid, programa exposiciones todo el año con entrada libre, y el Museo Oriental de Valladolid conserva arte de Asia oriental reunido por los agustinos.
Dónde verla hoy
Aquí hay que corregir un error muy extendido en internet. Este cuadro no está en el Museo Nacional de Corea.
Está en el Museo Leeum de Arte (리움미술관), en el barrio de Hannam-dong, distrito de Yongsan, Seúl. Es el museo privado de la Fundación Cultural Samsung, y su edificio es en sí una visita: tres arquitectos — Mario Botta, Jean Nouvel y Rem Koolhaas — proyectaron cada uno una parte.
- Metro: línea 6, estación Hangangjin, salida 1.
- El Museo 1, obra de Botta, alberga el arte tradicional coreano: treinta y seis piezas designadas Tesoro Nacional, cerámica celadón, buncheong, porcelana blanca y arte budista.
- Comprueba antes de ir si la obra está expuesta. Es tinta y color sobre papel del siglo XVIII: las obras de este tipo rotan por conservación y no están colgadas de forma continua. Consulta la web del museo.
- Reserva en línea. El museo tiene aforo limitado y los horarios han cambiado varias veces en los últimos años.
Y el complemento obligatorio: el Inwangjesaekdo, la otra obra maestra de Jeong Seon, está desde 2021 en el Museo Nacional de Corea, en Yongsan, con entrada gratuita. Ver las dos en el mismo viaje exige dos museos distintos y es una lección involuntaria sobre coleccionismo privado y patrimonio público.
En el Museo Nacional están además el Bodhisattva pensativo y buena parte del arte Joseon; y el Irworobongdo está en el Museo del Palacio Nacional, dentro de Gyeongbokgung.
Preguntas frecuentes
¿Dónde está exactamente?
En el Museo Leeum de Arte de Seúl, propiedad de la Fundación Cultural Samsung. No está en el Museo Nacional de Corea, aunque muchas fuentes lo indiquen así. Cuando la familia Lee donó veintitrés mil obras al Estado en 2021, esta quedó expresamente fuera de la donación.
¿Se ve realmente así el monte Geumgang?
No desde ningún punto concreto. Jeong Seon compuso una vista cenital imposible que abarca el Geumgang interior entero, sintetizada tras años de recorrerlo a pie. «Paisaje verdadero» significa que el lugar existe y que el pintor lo conocía, no que copiara una vista instantánea.
¿Por qué la mitad izquierda parece distinta de la derecha?
Porque lo es. La izquierda son colinas de tierra pintadas con la técnica de la escuela china del Sur — trazos blandos y puntos — y la derecha son agujas de granito pintadas con el «golpe de hacha» de la escuela del Norte. Jeong Seon fundió dos tradiciones enfrentadas para representar el yin y el yang.
¿Se puede visitar la montaña?
Está en Corea del Norte y el acceso es prácticamente imposible. Entre 1998 y 2008 hubo un programa turístico surcoreano por el que pasaron casi dos millones de personas; se suspendió en julio de 2008, cuando un soldado norcoreano mató a tiros a una turista. Las instalaciones fueron demolidas a partir de 2019.
¿Cuántas veces pintó Jeong Seon esta montaña?
Alrededor de cien, en todas las estaciones y desde todos los ángulos. Esta versión, de 1734, es la mayor y la más celebrada.
¿Qué es el «Tesoro Nacional n.º 217»?
La designación que recibió el 6 de agosto de 1984, el mismo día que Inwangjesaekdo fue designado n.º 216. Corea del Sur suprimió la numeración de los Tesoros Nacionales en noviembre de 2021 para evitar que se interpretara como un ranking, aunque los números siguen usándose coloquialmente.
¿Por qué se llama «montaña de diamante»?
Geumgang es la transcripción coreana de vajra, el término sánscrito budista que designa tanto el diamante como el rayo. El macizo tiene además cuatro nombres, uno por estación, y la tradición le atribuye doce mil picos.
¿Hay algo parecido en la pintura española?
El planteamiento sí. Carlos de Haes defendió en 1857, al entrar en la Academia de San Fernando, que el paisajista debía pintar del natural y representar su propia tierra en vez de imitar modelos italianos. Su Canal de Mancorbo en los Picos de Europa, en el Museo del Prado, es el resultado.
Si esta obra te ha interesado, sigue con Inwangjesaekdo — la otra obra maestra de Jeong Seon, pintada con setenta y cinco años y hoy en un museo distinto por una decisión de herencia — y con el Fuji rojo de Hokusai, el otro gran pintor asiático que dedicó la vida a una sola montaña sagrada.
Imagen: Geumgangjeondo (금강전도) – Jeong Seon (1734), Museo Leeum de Arte, Seúl. Tesoro Nacional. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
