Pensive Bodhisattva (National Treasure No. 78) by Unknown, 6th century

Bodhisattva pensativo (Tesoro Nacional n.º 78)

El bronce tiene entre dos y cuatro milímetros de espesor. Es la medida que explica por qué esta escultura de ochenta y tres centímetros parece imposible: está hueca, con una pared más fina que una moneda, fundida de una pieza en el siglo VI con moldes de arcilla y un horno de leña. Hay que sostener el metal líquido el tiempo justo para que llene una cavidad de esa delgadez sin romperla ni dejarla incompleta, y después dorar la superficie a fuego con amalgama de mercurio. Ningún taller europeo de la época era capaz de hacer esto.

Datos clave

  • Autor: desconocido
  • Nombre coreano: 금동미륵보살반가사유상 – bangasayusang, «imagen en media postura de loto y contemplación»
  • Fecha: finales del siglo VI
  • Técnica: bronce dorado a fuego, fundido a la cera perdida; pared de 2 a 4 mm
  • Altura: 83,2 cm
  • Movimiento: periodo de los Tres Reinos
  • Ubicación: Museo Nacional de Corea, SeúlSala de la Contemplación Silenciosa, segunda planta
  • Designado Tesoro Nacional en 1962

Una sala construida para dos esculturas

Esto es lo más importante que hay que saber antes de ir, y lo que ninguna guía anterior a 2022 recoge.

El 12 de noviembre de 2021, el Museo Nacional de Corea inauguró la Sala de la Contemplación Silenciosa (사유의 방), un espacio permanente de 439 metros cuadrados construido exclusivamente para exponer los dos bodhisattvas pensativos juntos: este, el Tesoro Nacional n.º 78, y el n.º 83.

Hasta entonces se habían expuesto juntos solo tres veces en toda la historia del museo: en 1986, en 2004 y en 2015. El resto del tiempo se alternaban.

La sala la diseñó el arquitecto Choi Wook, y rompe deliberadamente todas las convenciones museográficas:

  • No hay vitrinas. Las esculturas están al aire, sobre una plataforma elevada, y se pueden rodear por completo.
  • No hay cartelas ni textos en la pared. Ninguna explicación. Si quieres información hay un código QR a la entrada, y nada más.
  • El suelo, las paredes y el techo están ligeramente inclinados, lo que desorienta la percepción de la perspectiva.
  • Los muros están hechos de tierra, carbón, laca, canela y ciprés, y desprenden olor.
  • Del techo cuelgan unas veintiún mil varillas de longitudes distintas, con luz en la punta, que simulan un cielo estrellado.
  • Suena un fondo ambiental en bucle y la luz es muy baja.

El director del museo lo dijo sin rodeos cuando lo anunció: quería que estas dos figuras fueran para Corea lo que la Gioconda es para el Louvre. Funcionó: más de seiscientas sesenta mil personas pasaron por la sala en su primer año.

Qué representa exactamente

Conviene precisar, porque el nombre se usa de forma imprecisa.

Bangasayusang describe una postura, no un personaje: la pierna derecha cruzada sobre la rodilla izquierda, el codo apoyado en esa rodilla y los dedos rozando la mejilla.

El origen iconográfico está en la India: representaba al príncipe Siddhartha — el futuro Buda histórico — meditando sobre el sufrimiento antes de renunciar a su vida de palacio. Es decir, un hombre en el momento de tomar una decisión.

En Corea, y después en Japón, esa postura se asoció a Maitreya, el buda del futuro, que aguarda en un cielo el momento de descender. Las dos lecturas coexisten y el museo no cierra la cuestión.

Lo que sí es seguro es por qué caló allí. El siglo VI coreano era un tiempo de guerra permanente entre tres reinos, y una divinidad que promete un mundo mejor en el futuro tenía un atractivo obvio. El culto a Maitreya fue especialmente fuerte en Silla, donde se vinculó al hwarang, el cuerpo de jóvenes aristócratas guerreros.

Simbolismo y en qué fijarse

La corona. Aquí hay que corregir un error frecuente: la corona de esta pieza no es trilobulada — esa es la del Tesoro Nacional n.º 83, de tres picos, sencilla y lisa. La de esta figura es una «corona de sol y luna», alta y muy elaborada, con un disco y una media luna. Ese motivo es persa, de tradición sasánida, y llegó a Corea por la Ruta de la Seda a través de Asia Central y China. Es la huella de un contacto que recorrió medio continente.

La mano. Los dedos no sostienen la cara: la rozan. La mejilla ni siquiera se deforma. En una escultura de metal es una proeza y es también la idea entera de la obra.

La sonrisa. Mínima, apenas curvada, con los ojos entre abiertos y cerrados. Se compara con la sonrisa arcaica griega, aunque no hay relación de parentesco: son dos tradiciones resolviendo por separado el mismo problema, cómo dar vida a un rostro inmóvil.

El paño. Cae sobre el pedestal en pliegues profundos y duros, con una geometría más marcada que en la otra figura. Es la parte que delata la fecha más temprana.

El torso desnudo. Sin joyas en el pecho, a diferencia de muchos bodhisattvas chinos contemporáneos. La sobriedad es una decisión coreana.

El pie. El izquierdo cuelga y pisa un pequeño loto. Ese apoyo asimétrico es lo que da a la figura su tensión: parece a punto de levantarse.

Y da la vuelta. Es la única gran escultura del museo que se puede rodear sin cristal. La espalda, los pliegues traseros y el remate de la corona están trabajados igual que el frente.

Contexto histórico

El siglo VI en la península coreana es el de los Tres Reinos: Goguryeo al norte, Baekje al suroeste y Silla al sureste, en guerra casi continua hasta la unificación de 668.

El budismo llegó desde China en el siglo IV y fue adoptado oficialmente por los tres reinos a lo largo del siguiente. No llegó solo: trajo consigo escritura, arquitectura, técnicas de fundición y todo un repertorio de imágenes, y los reyes lo usaron para legitimar su poder.

No se sabe qué reino produjo esta pieza. Se ha atribuido a Silla, a Baekje y a Goguryeo, y la discusión sigue abierta: no apareció en una excavación documentada, sino que entró en la colección por vía comercial, sin contexto arqueológico.

Lo que sí demuestra es el alcance de la red. Un motivo iconográfico persa, un vehículo religioso indio y una técnica metalúrgica china se juntan en un taller de la península coreana, y el resultado no se parece a ninguno de los tres.

El anonimato, y lo que no borra

No hay nombre, ni firma, ni inscripción. En el siglo VI coreano la obra pertenecía al mérito religioso de quien la financiaba y a la comunidad, no al artesano.

Pero el anonimato no es ignorancia total. La pieza dice bastante sobre quien la hizo: dominaba la cera perdida a un nivel que no se alcanza sin décadas de taller, conocía el dorado al mercurio — un proceso tóxico y caro —, y tomó decisiones formales que no copian ningún modelo chino conocido.

Y hay una pista sobre su alcance. En el templo Kōryū-ji de Kioto se conserva un Miroku pensativo del siglo VII, Tesoro Nacional de Japón, de una semejanza extraordinaria con estas piezas. Está tallado en pino rojo, una madera que no se usaba en la escultura japonesa de la época pero sí en Corea. La hipótesis mayoritaria es que llegó desde Silla, como regalo diplomático o de la mano de artesanos coreanos emigrados.

Dos figuras, dos siglos

Verlas juntas es lo que hace valiosa la sala, y conviene saber qué se compara.

Tesoro Nacional n.º 78 Tesoro Nacional n.º 83
Finales del siglo VI Primera mitad del siglo VII
83,2 cm 93,5 cm, la mayor de Corea
Corona de sol y luna, elaborada Corona de tres picos, lisa
Pliegues duros y geométricos Paño blando y sencillo
Rostro anguloso, nariz afilada Rostro redondeado, expresión más suave
Ornamentada Despojada

En medio siglo largo, el arte coreano pasó de la elaboración a la contención. Las dos están en la misma sala, a tres metros una de otra, y ese recorrido se ve de un vistazo.

Legado e influencia

El tipo se difundió por todo el noreste asiático en los siglos VII y VIII, y Corea fue el eslabón entre China y Japón.

Hoy estas figuras son el emblema visual de Corea del Sur, presentes en libros de texto, campañas culturales y regalos diplomáticos. El n.º 83 viajó al Metropolitan de Nueva York como pieza central de una gran exposición sobre Silla.

Y tienen una vida pop inesperada. El museo vende miniaturas de las dos figuras, y cuando RM, del grupo BTS, publicó una foto de la suya en su estudio, se agotaron. Se han convertido en uno de los objetos de recuerdo más vendidos de Corea, en una docena de colores y tamaños.

Pensar sentado: dos maneras

La comparación se hace sola y merece hacerse bien.

El pensador de Rodin, de 1880, representa exactamente el mismo acto — un ser sentado, con la mano en la cara, pensando — y llega a un resultado opuesto en todo.

En Rodin, la barbilla se apoya en el dorso del puño, los músculos de la espalda están contraídos y los dedos de los pies se agarran a la roca. El propio escultor lo explicó: su figura piensa con cada músculo del cuerpo. Pensar es esfuerzo.

Aquí, los dedos rozan la mejilla sin presionarla, el cuerpo está relajado, el pie descansa sobre un loto y la boca sonríe. Pensar es soltar.

Mil trescientos años y diez mil kilómetros separan las dos esculturas, y las dos tienen el mismo tema. Son, probablemente, la mejor comparación disponible entre dos maneras de entender la mente.

¿Y en España?

No hay escultura budista coreana de este rango en España, pero sí hay un paralelo formal muy concreto, y está en Galicia.

Esa sonrisa mínima — leve, cerrada, que parece surgir de dentro — tiene un equivalente famoso en la escultura española: el Daniel del Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago de Compostela, obra del maestro Mateo, terminada hacia 1188.

Es una de las primeras sonrisas de la escultura medieval europea y se la conoce popularmente como «el Daniel sonriente». Seiscientos años después y sin ninguna relación entre las dos tradiciones, un taller románico gallego resolvió el mismo problema de la misma manera: dar vida interior a una piedra mediante una curva mínima de los labios.

El Pórtico se restauró íntegramente entre 2006 y 2018, y la policromía original — que también estaba dorada — volvió a la vista. Se visita con entrada y horario, en grupos limitados.

Para arte coreano en España, el Centro Cultural Coreano del paseo de la Castellana, en Madrid, programa exposiciones todo el año con entrada libre.

Dónde verla hoy

Está en la Sala de la Contemplación Silenciosa, en la segunda planta del edificio principal del Museo Nacional de Corea (국립중앙박물관), Yongsan-gu, Seúl. Metro: línea 4 o línea Gyeongui-Jungang, estación Ichon, salida 2, con acceso cubierto.

  • La colección permanente es gratuita, incluida esta sala. No hace falta reserva.
  • Consulta el horario en la web antes de ir: los días de cierre y los horarios ampliados han cambiado varias veces en los últimos años.
  • Estas dos piezas sí están siempre expuestas, a diferencia de las pinturas sobre papel del museo, que rotan por conservación. La sala es permanente.
  • Rodéalas. No hay vitrina y esa es la razón de ser del espacio. La vista de tres cuartos, desde atrás y a la altura de los ojos cambia por completo la escultura.
  • Quédate más de lo que crees necesario. La sala está diseñada para eso: luz baja, sin textos, sin nada que leer. La gente entra y no se va.
  • Fotografía permitida sin flash.
  • En el mismo museo: Inwangjesaekdo de Jeong Seon, donado en 2021, y los jarrones lunares de porcelana blanca Joseon.
  • A veinte minutos, en el recinto de Gyeongbokgung, el Museo del Palacio Nacional con el Irworobongdo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto mide?

83,2 centímetros. Su compañera, el Tesoro Nacional n.º 83, mide 93,5 cm y es la mayor escultura de este tipo conservada en Corea.

¿Están las dos expuestas a la vez?

Sí, desde el 12 de noviembre de 2021, en la Sala de la Contemplación Silenciosa, un espacio permanente construido para ellas. Antes de esa fecha se habían mostrado juntas solo tres veces: en 1986, 2004 y 2015.

¿Cómo se distingue una de otra?

Por la corona. La n.º 78 lleva una corona alta y elaborada con un disco solar y una media luna, de origen iconográfico persa. La n.º 83 lleva una corona sencilla de tres picos. La n.º 78 es también más angulosa y ornamentada; la n.º 83, más redondeada y despojada.

¿A quién representa?

La postura procede de la iconografía del príncipe Siddhartha meditando sobre el sufrimiento antes de renunciar al mundo. En Corea se asoció a Maitreya, el buda del futuro, especialmente popular en una época de guerra permanente entre los Tres Reinos. Las dos lecturas conviven.

¿Qué tiene de excepcional su fabricación?

La pared de bronce tiene entre dos y cuatro milímetros de espesor. Fundir una pieza hueca de más de ochenta centímetros con ese grosor, en el siglo VI y a la cera perdida, exige un control del proceso que muy pocos talleres del mundo alcanzaban entonces.

¿De qué reino procede?

No se sabe. Se ha atribuido a Silla, a Baekje y a Goguryeo. La pieza no apareció en una excavación documentada, así que carece de contexto arqueológico y la discusión sigue abierta.

¿Qué relación tiene con la escultura japonesa?

El Miroku pensativo del templo Kōryū-ji de Kioto, del siglo VII, es de una semejanza extraordinaria y está tallado en pino rojo, madera habitual en Corea y no en Japón. La hipótesis mayoritaria es que llegó desde el reino de Silla.

¿Hay algo parecido en España?

Nada de esta tradición, pero sí un paralelo formal: el Daniel del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, del maestro Mateo, hacia 1188, célebre por su sonrisa. Dos tradiciones sin contacto resolvieron el mismo problema con el mismo recurso.

Si esta obra te ha interesado, sigue con El pensador de Rodin — la otra gran escultura sobre el acto de pensar, con la conclusión exactamente contraria — y con el jarrón lunar, el otro objeto coreano cuya belleza se basa en quitar en vez de añadir.

Imagen: Bodhisattva pensativo, Tesoro Nacional n.º 78 – autor desconocido, finales del siglo VI, bronce dorado, 83,2 cm. Museo Nacional de Corea, Seúl. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

Entradas Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *