Little Dancer of Fourteen Years by Edgar Degas, 1881

Pequeña bailarina de catorce años

Cuando la Pequeña bailarina de catorce años se expuso por primera vez en París en 1881, los críticos la calificaron de «bestia» y «monstruo». No porque la figura fuera grotesca, sino porque era demasiado real: pelo humano, falda de tul auténtico, zapatos de raso de verdad. En un mundo acostumbrado al mármol frío y al bronce solemne, aquella niña de cera resultó escandalosamente viva.

Datos clave

  • Artista: Edgar Degas
  • Año: 1881
  • Técnica: Escultura en cera policromada con falda de tul, cinta de satén y pelo natural
  • Dimensiones: 98,9 cm de altura (versión original en cera)
  • Movimiento: Impressionism
  • Ubicación actual: Musée d’Orsay, Paris

¿Qué hace que «Pequeña bailarina de catorce años» sea inolvidable?

La mayoría de las esculturas del siglo XIX buscan la perfección clásica. Degas, sin embargo, decidió capturar algo mucho más incómodo: la verdad cotidiana de una niña pobre que trabaja su cuerpo hasta el límite para sobrevivir.

La modelo se llamaba Marie van Goethem, una joven belga alumna de la Ópera de París. Su familia vivía en la pobreza, y el ballet era una de las pocas vías de ascenso social disponibles para niñas de su condición. Degas lo sabía, y lo plasmó sin idealizarlo.

Por eso la Pequeña bailarina de catorce años resulta tan perturbadora incluso hoy. No es un monumento a la gracia; es un retrato de resistencia y de sacrificio. La barbilla en alto, los hombros echados hacia atrás, los pies en tercera posición: la postura habla de disciplina feroz, no de ligereza etérea.

Además, Degas rompió todas las convenciones al combinar materiales «nobles» con materiales cotidianos. Esa mezcla fue radical. Nadie lo había hecho antes con semejante intención artística.

Contexto histórico

En 1881, el impresionismo llevaba apenas una década sacudiendo el mundo del arte francés. La primera exposición del grupo había tenido lugar en 1874, y los debates sobre qué debía ser el arte moderno seguían encendidos.

Degas participó activamente en las exposiciones impresionistas, aunque nunca se sintió del todo cómodo con esa etiqueta. Le interesaba el movimiento, la luz artificial, el instante capturado, especialmente en el mundo del teatro y el ballet. Sin embargo, su enfoque era más analítico y menos lírico que el de Monet o Renoir.

La sociedad parisina de la época contemplaba a las bailarinas de la Ópera con una mezcla de fascinación y condescendencia. Muchas procedían de familias humildes, y su vida profesional era dura y a menudo precaria. Degas frecuentaba los bastidores del teatro y conocía esa realidad de primera mano.

Por eso la Pequeña bailarina de catorce años fue un golpe directo al corazón de las convenciones artísticas y sociales de su tiempo.

Simbolismo y en qué fijarse

Si algún día te encuentras frente a ella, empieza por su postura. La barbilla levantada puede interpretarse como orgullo, como esfuerzo, o como la pose ensayada de quien lleva horas en clase. ¿Es desafío o agotamiento? Eso lo decides tú.

Fíjate después en sus materiales. La falda de tul es auténtica, igual que la cinta del pelo. Degas los incorporó deliberadamente para borrar la frontera entre el arte y la realidad. En la versión en cera original —la que puedes ver en el Musée d’Orsay— el efecto es aún más inquietante, porque la piel de la figura tiene una tonalidad cálida, casi viva.

Observa también sus rasgos faciales. No son los de una belleza idealizada. Son los de una adolescente ordinaria, con una expresión que mezcla concentración y cansancio. Degas no quiso embellecer nada.

Por último, rodea la figura si puedes. Está concebida para verse desde múltiples ángulos, como si Degas quisiera que capturaras el movimiento dando tú mismo la vuelta.

Sobre Edgar Degas

Edgar Degas nació en París en 1834, en el seno de una familia acomodada con raíces en Italia y Nueva Orleans. Estudió en la École des Beaux-Arts y pasó tiempo en Italia copiando a los maestros del Renacimiento, una experiencia que marcó para siempre su obsesión por el dibujo y la forma.

Sin embargo, Degas no tardó en alejarse de la pintura histórica. Le cautivaban las carreras de caballos, los cafés, los teatros, los lavanderos. En definitiva, la vida moderna en movimiento.

A partir de los años setenta, la pérdida progresiva de la vista lo fue apartando de la pintura. Por eso la escultura ganó un papel central en su obra tardía: modelar con las manos le permitía seguir creando cuando ya no podía ver con claridad. En total, dejó unas 150 esculturas, la mayoría descubiertas tras su muerte en 1917.

La Pequeña bailarina de catorce años fue la única escultura que expuso en vida. Eso ya la convierte en algo excepcional.

Legado e influencia

La recepción inicial fue escandalosa, pero el tiempo le dio la razón a Degas. Hoy la Pequeña bailarina de catorce años se considera un punto de inflexión en la historia de la escultura occidental.

Su uso de materiales mixtos anticipó en décadas las propuestas del arte del siglo XX, desde el assemblage hasta el arte conceptual. Artistas como Louise Bourgeois o incluso las propuestas del arte povera le deben algo a ese gesto de mezclar lo noble con lo cotidiano.

Culturalmente, la figura se ha convertido en un icono. Ha aparecido en portadas de libros, carteles de museos, películas y piezas de moda. En 2021, una versión en bronce se vendió en subasta por más de 41 millones de dólares, lo que la convierte en una de las esculturas más valiosas del mundo.

Sin embargo, su mayor legado quizás sea este: nos obligó a mirar a las bailarinas no como adornos decorativos, sino como trabajadoras con una historia propia.

Dónde ver la obra hoy

La versión original en cera se conserva en el Musée d’Orsay de París, en la quinta planta, dentro de las salas dedicadas a Degas. Es una de las piezas más visitadas del museo, así que conviene llegar a primera hora de la mañana para disfrutarla sin aglomeraciones.

El museo abre de martes a domingo. Los jueves amplía su horario hasta las 21:45, una opción perfecta para visitar con más calma y menos turistas. La entrada general ronda los 16 euros, y es gratuita el primer domingo de cada mes.

Mientras estés allí, no te pierdas las demás esculturas de Degas expuestas en la misma sala, ni sus pasteles de bailarinas. También merece la pena cruzar el Sena y visitar el Musée de l’Orangerie, que alberga otras obras del período impresionista que dialogan perfectamente con el universo de Degas.

Preguntas frecuentes

¿De qué material está hecha la Pequeña bailarina de catorce años?

La versión original, expuesta en el Musée d’Orsay, está esculpida en cera policromada. Incluye una falda de tul real, una cinta de satén en el pelo y cabello humano auténtico. Las numerosas copias que existen en otros museos son fundiciones en bronce realizadas póstumamente.

¿Quién fue la modelo de la escultura?

La modelo fue Marie van Goethem, una joven belga de familia humilde que estudiaba ballet en la Ópera de París. Tenía catorce años cuando Degas la utilizó como referencia para crear la escultura, alrededor de 1880.

¿Por qué causó escándalo cuando se expuso?

En 1881, el público esperaba esculturas idealizadas en mármol o bronce. La figura de cera con materiales reales y rasgos no idealizados rompió todas las convenciones. Algunos críticos la consideraron casi repulsiva por su realismo extremo.

¿Cuántas copias existen de la Pequeña bailarina de catorce años?

Existen alrededor de 28 fundiciones en bronce distribuidas por museos de todo el mundo, entre ellos el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y el Tate Modern de Londres. Sin embargo, solo el Musée d’Orsay conserva la versión original en cera.

¿Cuánto vale la escultura?

En 2021, una versión en bronce de la Pequeña bailarina de catorce años alcanzó en subasta más de 41 millones de dólares, convirtiéndola en una de las esculturas más caras jamás vendidas en el mercado del arte.

Si la historia de esta extraordinaria escultura ha despertado tu curiosidad, te invitamos a explorar otras obras del impresionismo en nuestro sitio. Descubre cómo Degas, Monet, Renoir y sus contemporáneos cambiaron para siempre nuestra manera de mirar el mundo.

Imagen: Pequeña bailarina de catorce años – Edgar Degas (1881). Licencia: Public Domain. Fuente: Wikimedia Commons.

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