Luncheon of the Boating Party by Pierre-Auguste Renoir, 1881

El almuerzo de los remeros

El hombre del sombrero de copa, al fondo, es Charles Ephrussi: banquero, coleccionista, director de la Gazette des Beaux-Arts y uno de los primeros en comprar impresionistas cuando nadie los quería. Fue además uno de los modelos de Charles Swann, el personaje de Proust. Y su colección de doscientos sesenta y cuatro netsuke japoneses — escondida en un colchón por una criada durante el expolio nazi de Viena — es el asunto de La liebre con ojos de ámbar, el libro del ceramista Edmund de Waal, tataranieto de la familia. Las radiografías del cuadro muestran que Renoir lo giró. Ephrussi miraba en otra dirección y el pintor lo hizo volverse hacia el poeta que tiene al lado.

Datos clave

No es un instante: es una construcción

Aquí está el dato que cambia la lectura del cuadro, y viene de la ciencia, no de la anécdota.

El impresionismo se vende como captura de lo fugaz, y este lienzo parece una fotografía de una sobremesa. No lo es. Las radiografías de la Phillips Collection muestran que Renoir desplazó y repintó figuras, giró a Ephrussi para que conversara con Laforgue en vez de mirar a otro lado, y añadió el toldo a rayas en una fase tardía del proceso.

Trabajó en el cuadro entre 1880 y 1881, a lo largo de varias temporadas. Los modelos posaron por separado. Nunca estuvieron los catorce a la vez en esa terraza.

Eso no lo hace menos impresionista: lo hace más interesante. Renoir no pintó una comida: fabricó la idea de una comida, y lo hizo tan bien que ciento cuarenta años después seguimos creyendo que la vimos.

Quién es quién

Las identificaciones las estableció el historiador Julius Meier-Graefe en 1912, y el museo las mantiene.

Aline Charigot, abajo a la izquierda, jugando con el perro. Tenía veintiún años y era costurera, de familia campesina de Borgoña. Renoir se casó con ella en 1890, nueve años después — cuando ya tenían un hijo — y tuvieron tres. El perro no es un perrito cualquiera: es un affenpinscher.

Gustave Caillebotte, abajo a la derecha, sentado del revés a horcajadas en la silla, con camiseta de remero y sombrero de paja. Pintor impresionista, rico, y el hombre que sostuvo económicamente al grupo comprándoles cuadros. Fue el propietario de el Baile en el Moulin de la Galette, que legó al Estado francés. Aquí tenía treinta y dos años y era campeón de regatas.

Alphonse Fournaise hijo, a la izquierda, apoyado en la barandilla, en camiseta y con el brazo flexionado. Hijo del dueño del restaurante.

Alphonsine Fournaise, su hermana, acodada en la barandilla del centro, con sombrero de flores.

Ellen Andrée, en el centro, bebiendo de un vaso. Actriz y modelo profesional: es también la mujer de La absenta de Degas y posó para Manet.

Barón Raoul Barbier, de espaldas, con bombín, hablando con Alphonsine. Antiguo alcalde de Saigón colonial. Jean Renoir, hijo del pintor, dijo que solo le interesaban «los caballos, las mujeres y las barcas».

Charles Ephrussi, de chistera y traje oscuro al fondo — el único vestido de ciudad en toda la escena.

Jules Laforgue, con gorra y chaqueta marrón, hablando con él. Poeta simbolista y secretario personal de Ephrussi. Moriría de tuberculosis a los veintisiete años.

Jeanne Samary, arriba a la derecha, actriz de la Comédie-Française. Paul Lhote y Eugène Pierre Lestringuez, amigos del pintor, la rodean.

Simbolismo y en qué fijarse

La barandilla. Corta el cuadro en diagonal y lo divide en dos: un lado lleno de gente, el otro casi vacío, con el río. Es el eje estructural de toda la composición.

El bodegón. La mesa del primer plano — botellas, copas, uvas, un mantel arrugado — es una naturaleza muerta completa y de altísima calidad, encajada dentro de un cuadro de figuras. Vale por sí sola.

Las camisetas. Los dos hombres en camiseta blanca sin mangas, en primer plano, funcionan como reflectores: recogen la luz que entra por el hueco de la barandilla y la reparten por toda la escena.

El toldo. Rayas rojas y blancas. Filtra la luz y tiñe todo de un dorado cálido — y se añadió tarde, como muestran las radiografías.

La ropa y la clase. Es la lectura social del cuadro. Camisetas de remero y sombreros de paja junto a chisteras y trajes de calle: en la misma mesa hay un aristócrata, un banquero, una costurera, una actriz, un funcionario y el hijo del dueño. En el París de 1881 eso ocurría en muy pocos sitios, y la orilla del Sena era uno de ellos.

Las miradas. Nadie mira al espectador. Cada grupo está absorto en lo suyo, y esa es la razón de que parezca una escena sorprendida.

El fondo. Entre los árboles, el Sena, unas velas y el puente del ferrocarril de Chatou. La modernidad está ahí, al fondo, y nadie la mira.

Contexto histórico

El canotage — salir a remar los domingos — fue la gran moda del ocio parisino de los años setenta y ochenta. Lo hizo posible el ferrocarril: desde la estación de Saint-Lazare se llegaba a Chatou, Bougival, Argenteuil o Asnières en media hora, y volvía uno a cenar a París.

La Maison Fournaise, en la isla de Chatou, alquilaba barcas, servía comidas y tenía habitaciones. Alphonse Fournaise padre había montado el negocio en 1857. Allí comían remeros, actrices, periodistas y pintores, y era uno de los pocos lugares donde el trato entre clases se relajaba sin escándalo.

Renoir conocía bien la casa: había pintado allí desde mediados de los setenta y tenía habitación.

El cuadro se expuso en la séptima exposición impresionista, en marzo de 1882, y tres críticos lo señalaron como lo mejor de la muestra. Hay un detalle divertido: Renoir no quería participar. Estaba en Italia y después convaleciente en Argelia, y fue su marchante, Durand-Ruel, quien envió sus obras por su cuenta.

Es, además, una obra bisagra. Poco después Renoir rompió con el impresionismo: viajó a Italia, vio a Rafael y a los frescos de Pompeya, y volvió convencido de que había perdido el dibujo. Los años siguientes los dedicó a recuperar el contorno. Este es el último gran cuadro de su etapa impresionista.

Sobre Pierre-Auguste Renoir

Nació en Limoges en 1841 en una familia de sastres y se crió en París. A los trece años entró de aprendiz en una fábrica de porcelana, pintando flores a mano sobre vajilla; cuando el proceso se mecanizó se quedó sin oficio y decidió ser pintor.

En 1862 entró en el taller de Charles Gleyre, donde conoció a Monet, a Sisley y a Bazille. Pasó años de pobreza real.

A diferencia de Monet, obsesionado con el paisaje, a Renoir le interesaba la gente. Escribió que un cuadro debía ser algo agradable, «porque ya hay bastantes cosas fastidiosas en la vida» — una frase que se cita para acusarlo de superficial y que él decía en serio.

La artritis reumatoide le deformó las manos y acabó en silla de ruedas. Siguió pintando con el pincel encajado entre los dedos agarrotados, con un paño en la palma. Murió en Cagnes-sur-Mer el 3 de diciembre de 1919.

Su hijo Jean Renoir fue uno de los grandes directores de cine de la historia, y escribió sobre su padre un libro que es también la fuente de buena parte de lo que sabemos de este cuadro.

Cómo acabó en Washington

Duncan Phillips era heredero de una fortuna del acero y de la banca de Pittsburgh. En 1917 murió su padre y en 1918 su hermano, con dos meses de diferencia. Abrió un museo en su propia casa, en 1921, en memoria de los dos: la Phillips Memorial Gallery, el primer museo de arte moderno de Estados Unidos, cinco años antes que el MoMA.

Llevaba años persiguiendo este cuadro. En 1923 lo compró a la galería Durand-Ruel por 125.000 dólares, una cifra descomunal para la época y la mayor que pagó jamás. Lo llamó «uno de los mejores cuadros del mundo».

La operación estuvo a punto de arruinar la colección: tuvo que escalonar los pagos durante años. Fue una apuesta personal, y convirtió una casa particular de Washington en destino de peregrinación.

Legado e influencia

El cuadro fijó un modelo — el grupo de amigos al aire libre, alrededor de una mesa — que reaparece en toda la pintura posterior y, sobre todo, en el cine y la publicidad. La imagen de «la buena vida» tiene aquí su plantilla.

En Estados Unidos es probablemente el cuadro europeo más querido después de La noche estrellada. Aparece en carteles, portadas, series y hasta en una novela entera — Luncheon of the Boating Party, de Susan Vreeland, de 2007, que reconstruye su gestación.

Y hay un epílogo local: la Maison Fournaise, cerrada en 1906 y abandonada durante décadas, se restauró y volvió a abrir en 1990. Funciona hoy como restaurante y museo, en la isla de Chatou — rebautizada Île des Impressionnistes —, a veinte minutos en RER desde el centro de París. Se puede comer en la misma terraza.

¿Y en España?

Esta forma de vida — la terraza, el grupo de artistas, la mezcla de clases a la orilla del agua — llegó a España por una vía muy concreta, y acabó en un café de Barcelona.

A finales de los años ochenta, dos jóvenes pintores catalanes se instalaron en París: Santiago Rusiñol y Ramón Casas. Entre 1890 y 1892 vivieron, junto a Miquel Utrillo, en una buhardilla del propio Moulin de la Galette, en Montmartre — el local del otro gran cuadro de Renoir.

Allí pintaron a la francesa: Casas hizo Plein air, con una mujer sentada a una mesa de jardín, y Rusiñol sus interiores parisinos. Fueron los dos grandes importadores del modernismo a Cataluña.

Y en 1897 lo llevaron a la práctica. Con Utrillo y Pere Romeu, Casas y Rusiñol fundaron en Barcelona Els Quatre Gats, una cervecería-cabaré copiada directamente de Le Chat Noir de Montmartre: mesas de mármol, tertulia de artistas, espectáculos de sombras chinescas y exposiciones en las paredes.

Allí presidía el famoso cuadro de Casas en el que él y Romeu van en tándem. Y allí, en febrero de 1900, expuso por primera vez un chico de dieciocho años llamado Pablo Picasso, que ocho meses después se marcharía a París.

La cadena es completa: de la terraza de Chatou a un café del carrer Montsió, y de ahí a Picasso. Els Quatre Gats sigue abierto. Los Casas y Rusiñol están en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, y el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid conserva obra de Renoir.

Dónde verlo hoy

Está en The Phillips Collection, 1600 21st Street NW, en el barrio de Dupont Circle, Washington D. C. Metro: estación Dupont Circle, línea roja, salida Q Street.

  • Cierra los lunes. Consulta horarios y precios en la web: han cambiado en los últimos años y hay tarifas distintas entre semana y fin de semana.
  • Es un museo pequeño y doméstico, instalado en parte en la casa familiar de los Phillips. No hay aglomeraciones comparables a las de los museos nacionales del Mall, que están a quince minutos.
  • Siéntate. La sala tiene bancos y el cuadro los merece: catorce personas, un bodegón entero y un paisaje. No se ve en cinco minutos.
  • Empieza por la mesa. Las botellas, las copas y las uvas del primer plano son una naturaleza muerta de primer orden y casi nadie las mira.
  • Después busca a Ephrussi, el único de chistera, al fondo a la izquierda del grupo. Es el hombre al que Renoir dio media vuelta.
  • En el mismo museo: Cézanne, Bonnard, Van Gogh, Matisse, Klee y la Rothko Room, una sala pequeña con cuatro Rothko dispuestos según instrucciones del propio pintor.

Y la terraza existe. La Maison Fournaise, en la Île des Impressionnistes de Chatou, está restaurada y abierta: restaurante en la planta baja, museo arriba, y un paseo señalizado por los lugares que pintaron Renoir, Monet, Sisley y, veinte años después, Derain y Vlaminck, que fundaron el fauvismo en ese mismo pueblo. Se llega en RER A desde el centro de París en unos veinte minutos.

Preguntas frecuentes

¿Es una escena real?

El lugar sí, y las personas también. Pero no ocurrió: Renoir trabajó entre 1880 y 1881, los modelos posaron por separado y nunca coincidieron los catorce. Las radiografías muestran que desplazó figuras, giró a Charles Ephrussi para que mirara hacia el poeta Laforgue y añadió el toldo en una fase tardía.

¿Quién es la mujer del perro?

Aline Charigot, costurera de veintiún años y futura esposa de Renoir: se casaron en 1890, nueve años después, cuando ya tenían un hijo. El perro es un affenpinscher.

¿Quién es el hombre sentado del revés?

Gustave Caillebotte, pintor impresionista, campeón de regatas y mecenas del grupo: compraba obra a sus amigos para que pudieran seguir pintando, y legó al Estado francés la colección que hoy es el núcleo impresionista del Museo de Orsay.

¿Y el del sombrero de copa?

Charles Ephrussi, banquero, coleccionista y director de la Gazette des Beaux-Arts. Fue uno de los modelos del Swann de Proust, y su familia es la protagonista de La liebre con ojos de ámbar, de Edmund de Waal.

¿Dónde está la terraza?

En la Maison Fournaise, en la isla de Chatou, a las afueras de París. El edificio se restauró y reabrió en 1990: hoy es restaurante y museo, y se llega en RER A en unos veinte minutos.

¿Cuánto costó?

Duncan Phillips lo compró en 1923 por 125.000 dólares, la mayor cantidad que pagó nunca por una obra. Tuvo que escalonar los pagos durante años.

¿Cuándo se expuso por primera vez?

En la séptima exposición impresionista, en marzo de 1882. Renoir no quería participar — estaba fuera de Francia y convaleciente —; fue su marchante Durand-Ruel quien envió las obras.

¿Cuál es la relación con el Baile en el Moulin de la Galette?

Son las dos grandes escenas de grupo de Renoir, separadas por cinco años, y Caillebotte aparece en la segunda y fue propietario de la primera. La del Moulin está en el Museo de Orsay; esta, en Washington.

Si esta obra te ha interesado, sigue con Baile en el Moulin de la Galette — el mismo mundo cinco años antes, en Montmartre y sin dinero — y con Un bar del Folies-Bergère, donde Manet pinta la misma sociabilidad parisina desde el lado de quien sirve las copas.

Imagen: Le déjeuner des canotiers – Pierre-Auguste Renoir (1880–1881), The Phillips Collection, Washington D. C. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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