Gran Esfinge de Guiza
La nariz tiene culpable con nombre. En 1378, un sufí llamado Muhammad Sa’im al-Dahr – «el que ayuna perpetuamente» –, alojado en el convento de Sa’id al-Su’ada de El Cairo, subió a la Esfinge y le destrozó la cara porque los campesinos de los alrededores le hacían ofrendas para pedir buenas cosechas. Lo cuenta el historiador al-Maqrizi, que escribía medio siglo después. La gente del lugar lo linchó. Y añade al-Maqrizi que desde entonces la arena invadió los campos, y que todos lo atribuyeron a la mutilación. No fue Napoleón, no fueron los mamelucos, no fueron los británicos. Fue un hombre solo, por motivos religiosos, y la historia registró su nombre.
Datos clave
- Autores: canteros anónimos del Imperio Antiguo
- Nombre árabe: Abu al-Hawl, «el padre del terror»
- Fecha: hacia 2500 a. C., IV dinastía; atribución mayoritaria al reinado de Kefrén
- Técnica: tallada en la roca madre – caliza del propio banco de la meseta –, con añadidos de bloques en las patas y los flancos
- Dimensiones: 73 m de largo, 20 m de alto, 19 m de ancho. El rostro mide unos 4 m de ancho
- Movimiento: Arte del Imperio Antiguo egipcio
- Ubicación: meseta de Guiza, Egipto, junto al templo del valle de Kefrén
- Fragmentos dispersos: trozos de la barba postiza en el Museo Británico y en El Cairo
Qué es exactamente
No es una escultura colocada allí: es un agujero.
Los canteros del Imperio Antiguo excavaron una zanja en forma de U alrededor de un afloramiento de caliza y dejaron en el centro el bloque del que sacaron la figura. La Esfinge y el foso que la rodea son la misma operación. Y los bloques extraídos no se tiraron: se usaron para construir el templo que está justo delante, a sus pies. La estatua y su templo salieron literalmente del mismo hueco.
Eso la convierte en la mayor escultura monolítica del mundo, y explica su principal problema: la caliza de Guiza está estratificada, con capas duras y blandas alternadas. La cabeza está tallada en una capa dura y se ha conservado razonablemente. El cuerpo está en capas blandas y se ha ido descomponiendo desde el principio. Hay reparaciones egipcias antiguas, de la XVIII dinastía, mil años posteriores a la talla. Lleva cuatro mil quinientos años cayéndose y cuatro mil quinientos años siendo reparada.
La teoría del viento
En noviembre de 2023, un equipo del Laboratorio de Matemática Aplicada de la Universidad de Nueva York publicó en Physical Review Fluids un estudio que no buscaba hablar de la Esfinge.
Leif Ristroph y sus colegas investigaban la formación de yardangs: las crestas rocosas que el viento del desierto esculpe a lo largo de milenios, arrancando el material blando y dejando el duro. Para estudiarlas metieron mondas de arcilla blanda con trozos de plástico duro incrustados en un túnel de agua, que simula en horas lo que el viento hace en siglos.
Lo que salió tenía cuello, patas delanteras extendidas, lomo arqueado y cabeza. Cientos de veces. El plástico duro quedaba arriba como una cabeza, y la corriente excavaba por debajo un cuello, y por delante dos patas.
La conclusión no es que la Esfinge sea natural. Ristroph lo dijo con claridad: no hay ninguna duda de que la cara y el detalle son obra humana. La pregunta es cuánto había antes de que llegara el primer cincel. Es posible que los egipcios encontraran en la meseta un montículo que ya parecía un león tumbado y decidieran terminar la faena. El estudio señala además un dato que encaja: la Esfinge está orientada de frente al viento dominante, exactamente como se orientan los yardangs.
La arqueóloga Kathryn Bard, de Boston, lo recibió con cautela: los yardangs que ella conoce en el desierto occidental no se parecen al del laboratorio. El debate sigue.
Simbolismo y en qué fijarse
La orientación. Mira exactamente al este, al sol naciente. En el equinoccio, desde la Esfinge, el sol sale por el horizonte y se pone entre las pirámides de Keops y Kefrén. La meseta entera es un instrumento.
El nemes. El tocado rayado que cae sobre los hombros es exclusivo del faraón. Es lo que convierte a un león con cara de hombre en un retrato de Estado.
El uraeus. Sobre la frente había una cobra erguida, el emblema real. Queda el arranque.
La barba. No la tiene puesta, pero la tuvo: una barba postiza trenzada, probablemente añadida en el Imperio Nuevo, no original. Los fragmentos se conservan en el Museo Británico de Londres y en el Museo Egipcio de El Cairo, y Egipto los ha reclamado.
El color. Quedan restos de pigmento: rojo en la cara, azul y amarillo en el tocado. La Esfinge estuvo pintada, como todo el arte egipcio. Lo que hoy vemos como piedra desnuda es la versión desgastada de un objeto brillante.
La estela. Entre las patas delanteras – no en el pecho – hay una losa de granito rosa de tres metros y medio, colocada hacia 1401 a. C. por Tutmosis IV. Cuenta que, siendo príncipe, se durmió a la sombra de la Esfinge y el dios se le apareció en sueños: le prometió el trono si la liberaba de la arena que la sepultaba hasta el cuello. Es la Estela del Sueño, y es también un anuncio político: Tutmosis no era el heredero natural.
Los agujeros. En la cabeza y los flancos hay cavidades y trincheras de excavaciones antiguas y de sondeos modernos. La de la coronilla es grande y se ve desde el suelo.
Contexto histórico
Hacia 2500 a. C., la IV dinastía llevaba tres generaciones construyendo en Guiza. Keops levantó la Gran Pirámide; su hijo Kefrén, la segunda, y con ella un complejo funerario completo: pirámide, templo alto, calzada procesional de medio kilómetro y templo del valle a la orilla del Nilo.
La Esfinge está incrustada en ese conjunto. Su foso toca la calzada de Kefrén, su templo comparte alineación y técnica constructiva con el templo del valle, y su cara – según los estudios de proporciones – se parece a los retratos de Kefrén. Es el argumento principal de la atribución.
Pero no hay inscripción. Ningún texto del Imperio Antiguo menciona la Esfinge, ni quién la hizo, ni cómo se llamaba. Hay egiptólogos que la atribuyen a Keops, o a Dyedefre – hijo de Keops – como retrato de su padre. La atribución a Kefrén es sólida, no probada.
En el Imperio Nuevo, mil años después, la figura se había convertido en un dios por derecho propio: Horemakhet, «Horus en el horizonte». Se le construyó una capilla, se le hicieron ofrendas y varios faraones la desenterraron. Para entonces nadie recordaba ya quién la había hecho.
Cuatro mil años enterrada
Es lo que más cuesta imaginar viéndola hoy.
La Esfinge está en un foso, y el desierto lo llena. Durante la mayor parte de su existencia solo se ha visto la cabeza. Tutmosis IV la desenterró hacia 1400 a. C.; se volvió a cubrir. Los ptolemaicos y los romanos la limpiaron; se volvió a cubrir. Los grabados y las fotografías del siglo XIX la muestran con la arena a la altura del cuello: los viajeros del Grand Tour se sentaban en su cabeza.
La excavación definitiva la dirigió el egiptólogo francés Émile Baraize entre 1925 y 1936, y fue la primera vez en milenios que la figura completa quedó a la vista. Baraize consolidó también la cabeza con cemento, una intervención que hoy se considera dañina.
Entre 1980 y 1998 hubo varias campañas de restauración, algunas desastrosas – se colocaron bloques de cemento que aceleraron la erosión y hubo que retirarlos – y una final, más cuidadosa, con piedra caliza compatible. En 1988 se desprendió un bloque de setenta kilos del hombro y el episodio forzó a replantear todo el método.
Las cámaras que no aparecen
Conviene tratar esto con precisión, porque es el terreno donde más se exagera.
Lo comprobado: hay cavidades. Los sondeos sísmicos y de radar de los años setenta y noventa detectaron anomalías bajo el foso y junto a las patas. Se han abierto y explorado varios pozos, incluido uno vertical de considerable profundidad en el lomo, y lo que contienen es agua freática, restos de excavaciones antiguas y material de relleno. Nada más.
Lo no comprobado: la «sala de los archivos» de la Atlántida, los túneles hasta la Gran Pirámide, las cámaras selladas con tecnología perdida. Son afirmaciones del ocultismo del siglo XX, popularizadas desde los años treinta, y ninguna excavación las ha respaldado.
La erosión por agua. En 1991 el geólogo Robert Schoch propuso que los surcos verticales del foso los causó la lluvia, lo que obligaría a datar la Esfinge miles de años antes de la IV dinastía, en un Sáhara húmedo. Es una hipótesis publicada y discutida, pero la geología mayoritaria la explica por la alternancia de capas duras y blandas de la propia caliza y por la condensación de sal, y la arqueología no encuentra ninguna civilización capaz de esa obra en las fechas propuestas.
Legado e influencia
La palabra «esfinge» no es egipcia: es griega. Los griegos importaron la figura y la cambiaron de sexo y de carácter – su esfinge es femenina, alada, y mata a quien no resuelve su acertijo. La egipcia es masculina, no vuela y no pregunta nada. El enigma es un añadido griego, y de ahí viene toda la carga metafórica posterior.
Roma se llevó el motivo a los jardines. El Renacimiento lo redescubrió, y la campaña de Napoleón en Egipto, con su equipo de ciento sesenta sabios y la Description de l’Égypte publicada a partir de 1809, desató la egiptomanía: obeliscos en las plazas europeas, esfinges en las verjas, pirámides en los cementerios. Media Europa tiene mobiliario urbano descendiente de este bloque de caliza.
Y hay una leyenda que conviene enterrar: los soldados de Napoleón no le dispararon a la nariz. Existen dibujos anteriores a 1798 que la muestran ya destruida, y el testimonio de al-Maqrizi es de cuatro siglos antes.
¿Y en España?
Hay un templo egipcio auténtico en Madrid, y la razón por la que está allí es una de las mejores historias de la arqueología del siglo XX.
En los años sesenta, la presa de Asuán iba a sumergir Nubia entera y con ella decenas de monumentos. La Unesco lanzó una campaña internacional de salvamento, y España participó de forma destacada: técnicos y arqueólogos españoles trabajaron en el desmontaje y traslado de Abu Simbel y en las excavaciones de urgencia de la zona.
En agradecimiento, en 1968 Egipto regaló a España el templo de Debod, del siglo II a. C., dedicado a Amón e Isis. Se desmontó piedra a piedra, se embarcó, y se reconstruyó en el parque del Oeste de Madrid, junto a la plaza de España, donde se inauguró en 1972. Es el único templo egipcio de acceso público en España y uno de los pocos de Europa. Entrada gratuita.
Para arte egipcio en colección, el Museu Egipci de Barcelona, de la Fundació Arqueològica Clos, tiene más de mil piezas – sarcófagos, momias, estatuaria, ajuares – y es la mejor colección privada de Egipto en el sur de Europa. Y el Museo Arqueológico Nacional de Madrid dedica varias salas a Egipto y Nubia, con material procedente en buena parte de aquellas excavaciones españolas de los años sesenta.
Es decir: la egiptología española no es importada. Está en el país porque el país fue a Egipto a trabajar.
Dónde verla hoy
La Esfinge está en la meseta de Guiza, a unos trece kilómetros del centro de El Cairo, dentro del recinto arqueológico que incluye las tres pirámides.
Y desde 2025 la visita ha cambiado por completo. El Gran Museo Egipcio (GEM) abrió al público el 1 de noviembre de 2025, a menos de dos kilómetros de la Esfinge. Es el mayor museo del mundo dedicado a una sola civilización: más de cien mil piezas, y por primera vez en la historia el ajuar completo de Tutankamón – unas 5.400 piezas – expuesto junto, además de la barca solar de Keops. Sustituye al viejo museo de la plaza Tahrir como destino principal.
- La meseta abre sobre las 8:30. Entra a esa hora: entre las 10 y las 14 el calor y los autocares hacen la visita penosa.
- La entrada al recinto no incluye el interior de las pirámides, que se paga aparte. La Esfinge se ve desde el recinto general y desde la terraza junto al templo del valle; no se puede acceder a las patas ni a la estela salvo con permiso especial.
- El GEM exige reserva con franja horaria y venta en línea. Entrada de adulto extranjero en torno a 28–30 dólares en 2026, con tarifas reducidas para estudiantes y menores. Abre de 9 a 18, con nocturnos hasta las 21 o 22 algunos días. Consulta el portal oficial: es el único autorizado.
- El orden que funciona: meseta a primera hora, comida, museo por la tarde. Al revés, se llega a las pirámides con el sol alto y a la Esfinge con la luz plana.
- La mejor luz es la del amanecer y la del final de la tarde, rasante, que devuelve el relieve a una superficie que a mediodía se aplana por completo.
- El espectáculo nocturno de luz y sonido se hace frente a la Esfinge y es el único momento en que se está cerca de ella sin multitud.
- Cuidado con los guías y los paseos en camello no concertados: el acoso comercial en la meseta es notorio y conviene contratar todo de antemano.
Y si el viaje no entra en los planes: el templo de Debod, en Madrid, es una construcción egipcia real, montada con sus propias piedras, y está a diez minutos andando de la plaza de España.
Preguntas frecuentes
¿Quién le rompió la nariz?
Muhammad Sa’im al-Dahr, un sufí de El Cairo, en 1378, porque los campesinos le hacían ofrendas a la estatua. Lo relata el historiador al-Maqrizi, y la población local lo mató por ello. No fueron los cañones de Napoleón: hay dibujos anteriores a 1798 que la muestran ya sin nariz.
¿Dónde está la barba?
Repartida. Fragmentos de la barba postiza se conservan en el Museo Británico de Londres y en el Museo Egipcio de El Cairo. Egipto ha pedido la devolución de los primeros. La barba, además, probablemente no es original: se le añadió en el Imperio Nuevo.
¿Quién la construyó?
La atribución mayoritaria es al faraón Kefrén, hacia 2500 a. C., por la integración de la Esfinge en su complejo funerario y por el parecido del rostro con sus retratos. No hay ninguna inscripción del Imperio Antiguo que lo confirme, y algunos especialistas proponen a Keops o a Dyedefre.
¿Es verdad que la formó el viento?
En parte, quizá. Un estudio de la Universidad de Nueva York publicado en 2023 demostró en laboratorio que la erosión puede producir formas con cuello, patas y lomo arqueado, y que la Esfinge está orientada frente al viento dominante, como los yardangs. El propio autor subraya que la cara y el detalle son indudablemente humanos. La discusión es cuánto había antes.
¿Hay cámaras secretas debajo?
Hay cavidades, detectadas por sondeos y exploradas: contienen agua, relleno y restos de excavaciones antiguas. Las «salas de los archivos» y los túneles a la Gran Pirámide son afirmaciones del ocultismo del siglo XX sin ningún respaldo arqueológico.
¿Estuvo pintada?
Sí. Quedan restos de rojo en la cara y de azul y amarillo en el tocado. Como toda la escultura egipcia, era una figura de colores vivos.
¿Qué es la estela que tiene entre las patas?
La Estela del Sueño, colocada por Tutmosis IV hacia 1401 a. C. Narra que el dios se le apareció en sueños y le prometió el trono a cambio de desenterrar la Esfinge. Es a la vez un relato religioso y una justificación de una sucesión irregular.
¿Qué ha cambiado en Guiza en 2026?
El Gran Museo Egipcio abrió al público el 1 de noviembre de 2025, a dos kilómetros de la Esfinge, con el ajuar completo de Tutankamón expuesto por primera vez junto. Exige reserva en línea con franja horaria y cambia por completo la planificación de la visita.
¿Hay arte egipcio en España?
Sí. El templo de Debod, en Madrid, es un templo egipcio auténtico regalado por Egipto en 1968 en agradecimiento por la ayuda española al salvamento de los monumentos de Nubia. Además, el Museu Egipci de Barcelona y las salas de Egipto del Museo Arqueológico Nacional.
Si esta obra te ha interesado, sigue con los moái de la isla de Pascua – las otras cabezas colosales talladas en la roca de una isla, y el otro monumento rodeado de teorías que la arqueología no sostiene – y con el Partenón, el otro edificio antiguo cuyos fragmentos siguen repartidos entre el país que lo hizo y el Museo Británico.
Imagen: Gran Esfinge de Guiza, con la pirámide de Micerino al fondo. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.
