Olympia by Édouard Manet, 1863

Olympia (Manet)

La mujer de la derecha se llamaba Laure. Lo sabemos porque Manet lo anotó en una libreta que hoy conserva la Morgan Library de Nueva York: «Laure, très belle négresse, 11 rue de Vintimille, 3e». Vivía a diez minutos a pie del estudio del pintor, posó para él al menos tres veces y Manet le hizo además un retrato individual, hoy en Turín. Durante ciento cincuenta años la historia del arte la llamó «la criada negra» y no se molestó en abrir la libreta. La investigación de Denise Murrell lo cambió en 2018, y en 2019 el Museo de Orsay montó una exposición entera a partir de ese hallazgo.

Datos clave

  • Artista: Édouard Manet (1832–1883)
  • Fecha: pintado en 1863; expuesto en el Salón de París de 1865
  • Técnica: óleo sobre lienzo
  • Dimensiones: 130,5 × 191 cm
  • Modelos: Victorine Meurent y Laure
  • Movimiento: Realismo – la bisagra hacia el arte moderno
  • Ubicación: Museo de Orsay, París – inv. RF 644
  • Ingresó en colección pública en 1890, por suscripción popular organizada por Monet

Las dos mujeres

Este cuadro tiene dos protagonistas y durante siglo y medio solo se habló de una.

Victorine Meurent (1844–1927) empezó a posar a los dieciséis años. Fue la modelo de El almuerzo sobre la hierba, de La cantante callejera, de Mujer con loro y de El ferrocarril: la cara de Manet durante una década.

Y aquí viene lo que casi nadie cuenta: Victorine Meurent era pintora. Estudió, trabajó, y expuso en el Salón de París en 1876, 1879, 1885 y 1904. En 1876, el jurado aceptó su cuadro y rechazó el de Manet.

Durante décadas circuló una leyenda: que acabó alcoholizada, mendigando en la miseria. Es falsa. La investigación documental posterior demostró que vivió muchos años en Colombes, a las afueras de París, con su compañera Marie Dufour, y murió en 1927 a los ochenta y tres años.

Laure apareció en la libreta de direcciones de Manet, que el pintor usaba hacia 1860–62. Aparte de Olympia, posó para Niños en el jardín de las Tullerías y para un retrato suyo, La négresse, hoy en la Pinacoteca Agnelli de Turín.

Vivía en la rue de Vintimille, en un barrio del noveno distrito donde residían escritores y artistas de vanguardia y una comunidad negra pequeña pero visible. La esclavitud se había abolido definitivamente en las colonias francesas en 1848, quince años antes de este cuadro.

La historiadora Denise Murrell dedicó su tesis doctoral a esa figura y la convirtió en la exposición Posing Modernity (Columbia, 2018) y después en Le modèle noir, de Géricault à Matisse (Museo de Orsay, 2019). Su tesis central: este es un cuadro sobre dos mujeres, y no se entiende sin las dos.

Por qué estalló el escándalo

La explicación habitual — «miraba al espectador» — es correcta pero insuficiente. Hubo varias capas.

La cita, y su profanación. La composición es la Venus de Urbino de Tiziano, de 1538, que Manet había copiado en Florencia. Todo el mundo culto la reconoció al instante. Manet tomó la imagen más venerada del desnudo occidental y le quitó la diosa. Eso no es pintar una prostituta: es señalar que la Venus siempre lo fue.

La identificación. Los detalles la sitúan con precisión: la orquídea en el pelo, la cinta negra al cuello con un colgante, la pulsera de oro, el chal de cachemira, la zapatilla que se ha quitado y la que aún lleva puesta, el ramo envuelto en papel que acaba de traer un cliente. Y el nombre. «Olympia» era un nombre profesional corriente entre las cortesanas parisinas, y lo era además por la Olympe de La dama de las camelias de Dumas hijo.

La hipocresía. La prostitución en el París del Segundo Imperio estaba regulada, era masiva y formaba parte de la vida de los mismos burgueses que visitaban el Salón. El problema no era el tema: era que se pudiera reconocer.

Y la pintura. La carne está iluminada de frente, sin claroscuro, en planos casi lisos. Un crítico dijo que parecía un cadáver; otro, que estaba sucia. Manet suprimió el modelado suave que hacía comestible la carne pintada.

La reacción fue física. Hubo intentos de agredir el cuadro con bastones y paraguas, y la administración del Salón acabó recolocándolo en la última sala, colgado muy alto, casi fuera del alcance de la vista.

Lo defendió, casi solo, un periodista de veinticinco años llamado Émile Zola, que escribió que algún día se colgaría en el Louvre. En 1868 Manet le pintó un retrato con una estampa de Olympia en la pared del fondo. Pagó la deuda dentro de un cuadro.

Simbolismo y en qué fijarse

La mano. En la Venus de Tiziano, la mano sobre el pubis es blanda, insinuante. Aquí está tensa, con los dedos rígidos y extendidos. No oculta: bloquea. Es el detalle que más se comentó en 1865.

La mirada. Sin coquetería y sin vergüenza. Los críticos la describieron como la de alguien que espera al siguiente.

El gato. Negro, erizado, a los pies de la cama, sustituyendo al perrito dormido de Tiziano, que significaba fidelidad conyugal. Y hay más: en el argot francés de la época, como en tantos idiomas, chat designaba el sexo femenino. La broma era transparente.

El ramo. Envuelto en papel, enorme, pintado con una libertad que anticipa el impresionismo. Es el regalo de un cliente, y Olympia ni lo mira.

Las zapatillas. Una puesta, otra caída sobre la cama. Es el único movimiento de la escena.

El chal. De cachemira, bordado, caro. Junto con la pulsera y el ramo, marca su categoría: no es una prostituta de calle, es una cortesana con clientes solventes.

El fondo. Una masa oscura, casi sin profundidad, que empuja a las dos figuras hacia delante. No hay habitación, no hay contexto, no hay salida.

Cómo entró en un museo

Manet nunca vendió este cuadro. Se quedó en su taller hasta su muerte, en 1883, y pasó a su viuda, Suzanne Leenhoff.

En 1889 corrió el rumor de que un comprador estadounidense se lo llevaba. Claude Monet organizó entonces una suscripción pública para comprarlo y regalarlo al Estado francés. Reunió cerca de veinte mil francos entre más de cien donantes — pintores, escritores, coleccionistas — y presionó personalmente al ministro.

El Estado aceptó en 1890, con reservas: lo destinó al Museo del Luxemburgo, que era donde iban los artistas vivos o recientes, no al Louvre.

Pasó al Louvre en 1907, por decisión personal de Georges Clemenceau, entonces presidente del Consejo de Ministros y amigo de Monet. Después fue al Jeu de Paume y, en 1986, al Museo de Orsay.

Zola tenía razón, y tardó cuarenta años en tenerla.

Sobre Édouard Manet

Nació en París en 1832, hijo de un alto funcionario del Ministerio de Justicia. Su padre quería que fuera magistrado; él suspendió dos veces el examen de la Escuela Naval y acabó embarcándose como grumete a Río de Janeiro antes de que la familia cediera.

Estudió seis años con el académico Thomas Couture, con el que discutía constantemente, y copió sin parar en el Louvre: Tiziano, Velázquez, Goya, Hals.

Fue el pintor que más escandalizó a su siglo y el que menos quería escandalizar. No participó nunca en las exposiciones impresionistas, pese a ser amigo y mentor del grupo: seguía presentándose al Salón oficial, año tras año, buscando el reconocimiento de la institución que lo humillaba.

Lo consiguió tarde. Recibió la Legión de Honor en 1881, con cuarenta y nueve años. Murió el 30 de abril de 1883, a los cincuenta y uno, de complicaciones de una sífilis avanzada; le habían amputado una pierna once días antes.

Legado e influencia

Es, para buena parte de la historiografía, el cuadro con el que empieza el arte moderno. No por la técnica, sino por la posición: el artista deja de ofrecer una ilusión y empieza a señalar las reglas del juego.

La lista de respuestas es larga. Cézanne pintó Une moderne Olympia en 1873. Gauguin hizo una copia y compuso su Manao tupapau sobre el mismo esquema. Picasso la parodió de joven — con él mismo y un amigo mirando a una Olympia negra — y sus ecos llegan a Las señoritas de Aviñón. Dubuffet, Larry Rivers, Yasumasa Morimura y decenas más la han reescrito.

Y ha generado una segunda ola, centrada en Laure. Romare Bearden, Faith Ringgold, Mickalene Thomas y Aimé Mpane han reinterpretado el cuadro poniendo a la mujer negra en el centro.

El cuadro sigue provocando. En enero de 2016, la artista luxemburguesa Deborah de Robertis se desnudó delante de él en la sala del Orsay, reproduciendo la pose; fue detenida. Había hecho algo parecido dos años antes ante El origen del mundo de Courbet. Ciento cincuenta años después, sigue habiendo guardias.

¿Y en España?

La conexión es directa, y empieza precisamente con este escándalo.

En agosto de 1865, pocos meses después del Salón, Manet huyó de París. Estaba destrozado por las críticas y se fue a España. Pasó unos diez días, y fueron decisivos.

En el Museo del Prado vio por primera vez originales de Velázquez, a quien solo conocía por copias. Escribió a su amigo Fantin-Latour una carta que se ha citado mil veces: Velázquez es «el pintor de pintores», y añadió que era «el mayor pintor que ha existido». Del Retrato de Pablo de Valladolid dijo que el fondo desaparecía y que solo quedaba el aire alrededor del hombre. Ese fondo sin profundidad es exactamente el de Olympia.

También vio a Goya, y vio corridas de toros, que pintaría después.

Pero la deuda española es anterior al viaje. La maja desnuda de Goya — pintada hacia 1795–1800 — hace exactamente lo mismo que Olympia sesenta años antes: una mujer contemporánea, desnuda, tumbada, sin coartada mitológica, mirando al espectador. Manet la conocía por reproducción, y las dos obras se citan siempre juntas.

La diferencia es el destino. La maja se pintó para el gabinete privado de un ministro y acabó ante la Inquisición; Olympia se colgó en un salón público ante cien mil visitantes. El escándalo español fue clandestino; el francés, masivo.

Manet ya venía de una fase «española»: había pintado a Lola de Valence, bailarina de una compañía madrileña que actuaba en París, y varios cuadros de toreros. La España que pintaba antes de 1865 era de segunda mano; la de después, vista.

En España hay obra suya en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y en el Prado está el Velázquez que le cambió la pintura.

Dónde verla hoy

Está en el Museo de Orsay, esplanade Valéry Giscard d’Estaing, en la orilla izquierda del Sena. Metro Solférino, línea 12, o RER C.

  • Cierra los martes. Abre de martes a domingo de 9:30 a 18; los jueves hasta las 21:45.
  • Entrada general en torno a 16 euros. Gratis para menores de 18 y ciudadanos de la UE hasta 25 años. Primer domingo de mes gratuito para todos.
  • Los jueves después de las 19 el museo se vacía. Es el mejor momento de la semana.
  • Está en la planta baja, en las salas de Manet y el realismo, no en el nivel impresionista. Mucha gente sube directamente al 5 y se la salta.
  • Mírala junto a El almuerzo sobre la hierba, que está cerca: la misma modelo, el mismo año, el mismo escándalo dos años antes.
  • Acércate al ramo. Es la zona más suelta y moderna del cuadro, y anticipa todo el impresionismo que cuelga cuatro plantas más arriba.
  • Y mira a Laure. Está en penumbra, y hay que buscarla. Ese es, exactamente, el problema que la investigación de los últimos años ha puesto sobre la mesa.
  • En el mismo museo: el Baile en el Moulin de la Galette de Renoir, Degas, la Noche estrellada sobre el Ródano y la madre de Whistler.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes son las dos mujeres?

Victorine Meurent, modelo habitual de Manet y pintora ella misma, que expuso en el Salón de París en 1876, 1879, 1885 y 1904 — y que en 1876 fue aceptada el mismo año en que rechazaron a Manet. Y Laure, cuyo nombre y dirección Manet anotó en una libreta: vivía en el número 11 de la rue de Vintimille, a diez minutos de su estudio, y posó para él al menos tres veces.

¿Por qué escandalizó tanto?

Porque reproducía la composición de la Venus de Urbino de Tiziano y le quitaba la diosa; porque los detalles identificaban sin ambigüedad a una cortesana contemporánea; y porque la pintura suprimía el modelado suave que hacía aceptable el desnudo. Hubo intentos de agredir el lienzo y el Salón acabó colgándolo muy alto en la última sala.

¿Qué significa el gato?

Sustituye al perro dormido de Tiziano, que significaba fidelidad conyugal. Está erizado y despierto. Además, en el argot francés de la época chat designaba el sexo femenino, y la alusión era evidente para el público.

¿Cómo llegó al museo?

Manet nunca lo vendió. En 1889, ante el riesgo de que lo comprara un coleccionista estadounidense, Monet organizó una suscripción pública que reunió cerca de veinte mil francos entre más de cien donantes. El Estado lo aceptó en 1890 y lo destinó al Museo del Luxemburgo; pasó al Louvre en 1907 por decisión de Clemenceau, y al Orsay en 1986.

¿Es cierto que Victorine Meurent murió en la miseria?

No. Es una leyenda repetida durante décadas. Vivió muchos años en Colombes, a las afueras de París, con su compañera Marie Dufour, y murió en 1927 a los ochenta y tres años. Fue pintora profesional con obra admitida en el Salón.

¿Qué relación tiene con Goya?

Muy estrecha. La maja desnuda, de hacia 1795–1800, plantea lo mismo sesenta años antes: una mujer contemporánea, desnuda y sin coartada mitológica, que mira al espectador. Manet la conocía por reproducción. Y en agosto de 1865, huyendo del escándalo, viajó a Madrid y vio por fin los originales del Prado.

¿Dónde está en el museo?

En la planta baja, en las salas de Manet y el realismo, no en el nivel impresionista de arriba. Es un error frecuente entre los visitantes.

¿Sigue provocando?

En enero de 2016, la artista Deborah de Robertis se desnudó delante del cuadro reproduciendo la pose y fue detenida. Había hecho algo parecido dos años antes ante El origen del mundo de Courbet, en el mismo museo.

Si esta obra te ha interesado, sigue con La maja desnuda de Goya — el mismo gesto sesenta años antes, en un gabinete privado de Madrid y ante la Inquisición — y con Un bar del Folies-Bergère, el último gran cuadro de Manet, donde vuelve a poner a una mujer que trabaja frente a un cliente que somos nosotros.

Imagen: Olympia – Édouard Manet (1863), Museo de Orsay, París, RF 644. Licencia: Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

Entradas Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *